Herramientas psicológicas para superar una crisis

Herramientas Psicológicas para superar una crisisCuando estás atravesando un mal momento, cuando te sientes absolutamente perdido, solo y angustiado, en medio de una crisis, debes apelar a una serie de recursos tanto internos como externos para poder liberarte.

A continuación voy a compartir contigo una serie de estrategias que tienes que tener presente a la hora de escaparte de este poderoso laberinto emocional.

Es importante que desarrolles tu capacidad de poder estar solo y a gusto contigo. Hay que darse el tiempo para descubrirse, apreciarse, aceptarse. Realizar tareas que te mantengan entretenido, al menos por breves momentos. 

Cultiva la capacidad de calmarte. Piensa qué estrategias te son útiles para relajarte, puede ser escuchar música, mirar una película, salir a caminar, bailar, cualquier actividad que permita conectarte con esa paz interior que estás buscando. Hablate a ti mismo con respeto y cariño.

Cuidado con el odio que sientes hacia ti. No tomes las críticas del exterior o ciertas situaciones de rechazo como verdades absolutas, aprende a disputar lo que el exterior te devuelve.

No tengas miedo de buscar ayuda. Apoyo familiar, de amigos, apoyo profesional, son útiles a la hora de hablar, desahogarse, distraerse o simplemente sentir contención.

Lo malo siempre termina. Si bien ahora puedes estar atravesando un momento muy complejo no quiere decir que sea eterno, siempre puedes escoger tu actitud ante lo que te sucede. Céntrate en lo que sí está funcionando en el aquí y ahora, sea lo que sea.

Abraza los cambios. Los cambios son positivos, a lo largo de la vida atravesaras distintas etapas,  creciendo, desarrollándote a nivel personal. Siéntelos como un desafío divertido.

¿Qué es lo que esta crisis te puede enseñar? Cuando transitas situaciones dolorosas muchas veces tienes que apelar a la parte más fuerte y sabia que hay en ti, te percatarás  de fortalezas que creías que no tenías.  Las crisis pueden abrirte los ojos y hacerte apreciar más la vida o a quienes te rodean. Puedes intentar extraer conocimiento, aprendizaje de estas circunstancias. 

Confía en tu capacidad. Sabes que siempre podrás contar contigo mismo. Que los cambios nazcan del amor y la paciencia hacia ti, sé tu mejor amigo y no temas ponerte en primer lugar y establecer límites con los demás para protegerte. 

Aférrate a la esperanza.

Que el buen humor sea tu aliado

Estas estrategias pueden servirte a la hora de superar un momento de angustia intenso. ¿Qué otras estrategias crees que puedes utilizar? Nos gustaría leer tu opinión.



¿Te Gustaría Que Trabajáramos Contigo Para Potenciar Tu Bienestar Emocional y Tu Optimismo?

 

Cómo protegernos del pesimismo ajeno

Cómo protegernos del pesimismo ajeno

La mejor manera de poder protegernos del pesimismo ajeno es aprendiendo a ser optimistas nosotros. Cuando nosotros tenemos en claro nuestras creencias, cómo queremos desenvolvernos en la vida, cómo queremos actuar, cuáles son las mejores estrategias para poder ser establemente felices, nada puede fallar. Por supuesto que tendremos nuestros malos días como todo el mundo, o tendremos situaciones difíciles que afrontar, aunque con las herramientas adecuadas siempre podemos volver a nuestro estado de calma y plenitud.

El pesimista comienza diciendo no puedo, es muy difícil, fácil decirlo pero… En su manera de pensar no hay cabida para las posibilidades, para los nuevos intentos, para la esperanza, para la creación de oportunidades. Se estanca, mira con desprecio o desconfianza a quien sí puede, a quién piensa diferente, cuestiona hasta el cansancio, descreído, sin fe. Estas actitudes nocivas lo afectan a él y también a las personas que lo rodean, aunque no suele ser demasiado conciente de esto.

Si de antemano sabemos que vamos a fracasar en algo, ¿para qué perder nuestra energía en intentarlo? El pesimista no elige ser así, es lo que conoce, lo familiar, lo que ha aprendido, su manera particular de ver el mundo. Creo que por eso es tan importante que siempre nos demos un minuto para cuestionarnos, para reflexionar acerca de nuestras acciones. Si no estamos dónde ni cómo queremos, algo debió haber sucedido, las cosas no pasan porque sí, siempre tomamos decisiones, todo el tiempo, y a veces sin darnos cuenta, tomamos las decisiones equivocadas que van a terminar afectándonos de alguna manera.

Nosotros tenemos que ser cuidadosos de nuestras actitudes, de nuestras respuestas, somos los responsables de nosotros mismos y jamás vamos a cambiar a nadie que no desee cambiar. Tampoco caigamos en la excusa de que porque ciertas personas de nuestro alrededor no nos apoyan, entonces dejamos de lado lo que realmente queremos hacer con nuestra vida. Más allá de las adversidades, los contratiempos o la falta de apoyo de aquellos de quienes queremos, tenemos que ser concientes de que quiénes pueden controlar sus decisiones y sus acciones somos nosotros. Nadie puede vivir por ti.

Como optimistas, tenemos que comprender que cada uno tiene derecho a pensar a su manera, respetemos las diferencias. Cuando alguien te dice que no puedes es porque en algún punto está intentando protegerte de su propio fracaso. Los pesimistas no creen que ni ellos ni nadie puede con los desafíos o la “mala suerte”, es más fuerte para ellos pensar de esta manera. Si tratamos de convencerlos de lo contrario no va a tener sentido, los estamos invadiendo y vamos a caer en una discusión que no va a llevar a nada. Si algún día quieren aprender a pensar de otra manera será su decisión, pero no podemos andar forzando ni imponiendo nuestro punto de vista a nadie.

No tomemos sus comentarios a modo personal, si no nos están dando apoyo en un proyecto o creen que estamos locos por intentar algo nuevo, o por no preocuparnos en exceso, comprende que tenemos modos diferentes de ver la vida.

Creo que sería estupendo que pudiéramos contagiar de optimismo al mundo, pero no todo el mundo está preparado para el desafío. Todos tenemos procesos distintos, momentos particulares, y tenemos que respetarlo. A veces incluso en el pesimista hay un destello de optimismo, una necesidad de cambiar que poco a poco se torna imperiosa.

Sé que existen personas que constantemente están brindando un refuerzo negativo, que más que pesimistas creo que aquí entramos en el terreno de la frustración y el descontento general por la vida. De estas personas que constantemente nos están atacando de una manera u otra, sí hay que cuidarse. Existirán vínculos que podamos dejar de lado si no nos ayudan en nuestra búsqueda de crecimiento personal. En otros casos, como pueden serlo el de los familiares cercanos, tendremos que plantearnos un vínculo más superficial y no siempre compartir con ellos nuestros proyectos, ideas, sueños y demás cosas importantes.

De todas maneras insisto que la mejor manera de protegerse es plantarse firme en el optimismo de cada uno, en todo el tiempo intentar cultivarlo, aprender, hacer cosas diferentes, rodearnos de personas que nos sumen, cuidarnos, amarnos, aprender a poner límites saludables, a alejarnos de la culpa. Un montón de actitudes que debemos asumir a partir de hoy y para siempre, nuestros escudos positivos en un mar de negatividad que fácilmente podemos aprender a sortear si elegimos nuestra manera de pensar.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Insomnio: la incomodidad que aletea en la noche

Insomnio: La incomodidad que aletea en la nocheEl insomnio, mal que aqueja en su mayoría a mujeres y ancianos, es la incapacidad o dificultad para dormir por diversas razones. Inevitablemente esto genera agotamiento y perjudica la calidad de vida de aquellos quienes padecen este trastorno.

El insomnio no solamente es molesto durante la noche, cuando entramos en esa desesperación por dormir y no lo logramos, sino que al día siguiente también debemos sufrir las consecuencias de este mal descansar.

Existen varias razones por las cuales lo podemos padecer y vamos a mencionar algunas de ellas. El insomnio puede ser producto de unos hábitos poco saludables y una “mala higiene” del sueño. Los hábitos negativos de una persona pueden alterar el sueño, como por ejemplo la ausencia de horarios estables para irse a dormir, levantarse a cualquier hora, acostarse demasiado lleno o con hambre. El no desayunar también puede afectar el ciclo vigilia-sueño.

Cuando abusamos de sustancias estimulantes como el café, el té, refrescos azucarados, fármacos, alcohol, también podemos estar alimentando nuestro trastorno del sueño.

El insomnio psicofisiológico es el que sucede cuando asociamos nuestra habitación y nuestra cama con el estar despiertos. Muchas veces se dispara gracias a una situación estresante por la cual hayamos atravesado, insomnio que suele remitir sólo aunque a veces perdura más de la cuenta.

Ciertas alteraciones psiquiátricas se asocian con el insomnio. Se podría decir que tres de cuatro pacientes con insomnio crónico tienen como causa un trastorno psiquiátrico. Entre los más habituales encontramos una fuerte depresión, ansiedad, dependencia de sustancias o psicosis. 

Para el correcto tratamiento de este trastorno del sueño, lo importante es identificar la causa que lo está provocando.

En algunas situaciones tendremos que recurrir al tratamiento farmacológico. La utilización de hipnóticos en realidad no son aconsejados en los casos de insomnio crónico. Deben tomarse no más de dos  o tres veces por semana, de lo contrario nuestro cuerpo se va a acostumbrar al fármaco y dejará de hacer efecto. 

El tratamiento psicológico cognitivo conductual trabaja desde el enfoque de que la persona insomne ha perdido el automatismo que habilita el paso desde la vigilia al sueño y las herramientas psíquicas adecuadas para defenderse de situaciones que pueden perturbar el sueño, están alteradas.

Dentro de las técnicas más utilizadas desde este tratamiento psicológico tenemos la relajación (respiración conciente, yoga, meditación), el estímulo control (fortalecer la relación entre la cama y el dormitorio como un lugar netamente de descanso), y la reducción del sueño.

Así que si estás atravesando por este molesto trastorno, no dudes en consultar con un especialista, Morfeo te espera con los brazos abiertos.

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Yo quiero ser feliz, ¿y usted?

La felicidad en última instancia es una elección, es elegir mirar las cosas desde otro ángulo, es escoger lo que nos hace bien, esYo quiero ser feliz ¿y usted? permitirnos amarnos y estar orgullosos de nosotros. No es una sola cosa la que brinda bienestar, sino la sumatoria de pequeños actos, actitudes y vínculos lo que nos acerca a una nueva manera de pensar. 

Siempre digo que tenemos que intentar ser la mejor versión de nosotros mismos, y nada mejor para comenzar que simplemente intentando ser esa persona. A veces caemos en la tentación de mentirnos, nos mentimos acerca de lo que realmente queremos por temor a fracasar o por temor al rechazo. Intentemos descubrir nuestro potencial, intentemos descubrir nuestra pasión, lo que realmente nos motiva. No temamos hacer cosas diferentes, el que nunca intenta nada jamás se equivoca, pero tampoco jamás aprende ni logra nada. 

Seamos concientes de aquellas cosas que podemos o no controlar. Si perdemos nuestras fuerzas intentando cambiar a alguien quien no quiere cambiar o luchar contra una situación donde no controlamos todas las variables, nos vamos quedando sin energía psíquica para otras cosas que sí dependen de nuestro control.

El pasado influye pero no tiene por qué condenar nuestro presente, es hora de dejarlo ir, dejar atrás las culpas, los reproches sin sentido. Sigue construyendo desde el ahora para tener cimientos fuertes para tu futuro.

Bríndate permiso para ser optimista, usualmente si pensamos que el resultado será el mejor, tendremos razón. Quizás no salga algo exactamente como lo esperamos, pero puede ser el puntapié inicial para otras ideas. Una vez leí que los proyectos hay que transformarlos, ¿y por qué no? Tal vez una situación no haya salido tal cual la planeaste, pero eso no quiere decir que evites intentarlo desde otro enfoque. Jamás los esfuerzos son en vano.

Sé generoso con tu tiempo, tu energía y tu disposición, aunque no te extralimites. Recuerda que tienes que ser honesto con lo que sientes y si estás atravesando un mal momento, primero cuídate a ti mismo antes de solucionar problemas ajenos.

Sé valiente, si quieres ser la mejor versión de ti mismo tienes que escoger hacer la acción correcta, no la más sencilla. Ve tras tus sueños, sé perseverante, admite tus errores y aprende de ellos, cuida tus vínculos, sé agradecido con todo lo que ya posees y camina siempre hacia adelante. Elige ser feliz, nadie dijo que fuera sencillo, aunque sí es posible. Al final del día, sólo depende de nosotros y lo que estemos dispuestos a hacer para lograrlo.

 

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Invitación a la charla PADRES TÓXICOS (Uruguay)

Invitación a la charla PADRES TÓXICOS

 

 

Aquí les comparto un breve resumen de los distintos padres tóxicos que existen:

 

TÓXICOS CONTROLADORES

El terror a que ya no sean necesarios, motiva a los padres controladores a asegurarse de que sus hijos continúen necesitándolos eternamente. El rol parental es todo para estos padres, no saben ser otra cosa. El control toma la forma de preocupación, le dicen a sus hijos que hacen las cosas por su bien. El control puede ser sutil, escondido bajo “sabios consejos” o puede ser directo, con amenazas.

 

TÓXICOS MANIPULADORES:

Los padres manipuladores son tan hábiles en ocultar sus verdaderas intenciones, que sus hijos viven en un mundo de confusión constante. De alguna manera saben que los han engañado, pero no pueden entender cómo. A veces esta manipulación suele presentarse como una ayuda muy bienintencionada, pero que esconde otra intención detrás. ¿Cómo podemos ser malos con alguien que se muestra tan bueno con nosotros? Los padres manipuladores a veces utilizan a sus propios hijos, unos en contra de otros.

 

TÓXICOS QUE HIEREN CON SUS PALABRAS

Insultos,  comentarios que nos humillan, críticas crueles. Quienes eligen el maltrato verbal pueden hacerlo de una manera abierta, directa, que busca degradar a sus hijos. Otros lo hacen en forma más indirecta, mediante burlas, sarcasmos, apodos insultantes y humillaciones sutiles.

 

TÓXICOS COMPETITIVOS:

La necesidad que tienen algunos padres de aplastar a sus hijos emocionalmente, es porque ellos han sido personas frustradas en su vida y si ellos no pudieron, entonces sus hijos tampoco.  Es como si estos padres no quisieran ser superados en su nivel de felicidad y tratan de impedir que sus hijos sean mejores. Sus hijos tendrán dificultad en destacarse en la vida, siempre autosaboteándose en sus proyectos para no superarse.

 

TÓXICOS PERFECCIONISTAS

Existen padres que son demasiado exigentes con sus hijos, colocan en ellos expectativas imposibles, desean en algún punto que ese hijo perfecto convierta a toda la familia en perfecta. Imponen a sus hijos objetivos inalcanzables, expectativas imposibles y reglas cambiantes.

 

TÓXICOS QUE GOLPEAN

Muchos padres no pueden controlar el impulso de golpear a sus hijos, se frustran y se descargan con ellos. El maltrato físico no es justificable y un niño solamente se asusta ante este abuso y no es una manera saludable de poner límites. Estos tóxicos ven a sus hijos como si fueran una especie de sustituto parental, quienes tendrán la responsabilidad de colmar necesidades emocionales de las cuales carecieron.

Como les mencioné en el post anterior, estas actitudes traen consecuencias negativas para ese niño que luego se convierte en adulto y muchas personas continúan eternamente bajo el poder de estos tóxicos, no logrando ser libres, ni independientes emocionalmente, faltos de confianza y seguridad en sí mismos. 

Es importante aprender a identificar si hemos sido víctimas de alguno de estos diversos abusos y cómo podemos cambiar nuestras emociones para finalmente poder vivir una vida con una mejor calidad. Los espero el 17, toda la información se encuentra en la imagen compartida.

 

 

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Cómo volver a confiar

Cómo volver a confiar

Una vez que nos han traicionado, es muy difícil que nos permitamos volver a confiar en alguien. Aunque si caemos en esta actitud de estar a la defensiva, también sufrimos, ya que creamos una muralla emocional tan gigantesca que nos aleja de volver a sentir y entregarnos.

Simplemente no es justo que dejemos de confiar en alguien más por lo que nos ha sucedido en el pasado. La confianza en realidad es un hermoso regalo que todos poseemos, es nuestra habilidad para creer que las cosas van a suceder como queremos o mejor, que nuestro vínculo tiene posibilidades.

Al confiar en otras personas tenemos fé en ellas, confiamos en que las decisiones que tomen van a ser respetuosas, amorosas y que esa persona va a cuidarnos en el amplio sentido de la palabra. Queremos que nos amen con honestidad. Cuando confiamos en nosotros confiamos en nuestras capacidades, nuestras decisiones. Nos amamos, nos tomamos en cuenta y sobre todo nos respetamos en nuestras necesidades, sin pasar a nadie por encima. Para conducirnos en la vida, lo hacemos sobre la base de valores firmes e integridad.

En esos momentos muy tristes cuando somos traicionados, tendemos a culparnos, “nunca debí haber confiado en esta persona, cómo pude haberme equivocado tanto, fue todo una gran pérdida de tiempo” La realidad es que nuestra naturaleza es muy amable en ese sentido, nosotros nacemos creyendo en el otro, la desconfianza es algo que vamos aprendiendo con el tiempo. No hay nada de malo en ser prudente, pero la desconfianza absoluta, el creer que ya nos van a traicionar de antemano, solamente hace que encasillemos a los demás y quizás nos perdamos de una excelente oportunidad para simplemente ser feliz junto a alguien más.

Nosotros somos seres completos, los demás agregan alegría a nuestra vida y está comprobado que tener vínculos positivos nos hacen sentir muy bien. Pero nadie puede darte amor sino sabes amarte a ti primero y tampoco nadie puede quitarte nada que ya poseas a nivel emocional, si te han traicionado no eres menos, no tienen derecho a quitarte tu alegría ni tu habilidad para confiar. Si alguien no actúa de acuerdo a tus expectativas no quiere decir que seas un tonto ingenuo, podemos sobrevivir a la decepción, en todo caso, las malas experiencias que tenemos con los demás se pueden convertir en experiencias de aprendizaje. No tenemos que culparnos por haber confiado en alguien que no estuvo a la altura de la situación, en realidad tendríamos que sentir pena por alguien que no sabe compartir saludablemente un vínculo e intentar dejar ir a esta persona de nuestra vida, si ya ha demostrado que no hay oportunidad de cambio genuina.

La confianza es vital para cualquier relación, no podemos vincularnos con los demás desde la premisa de que nos van a traicionar. No es justo que una persona que aparece en nuestra vida por primera vez, deba pagar las consecuencias de nuestros monstruos del pasado. Ya con nuestra sabiduría encima, intentando ser lo más objetivos posibles, podemos evaluar con más facilidad las intenciones de los demás. Cuidémonos, pero no desde la paranoia total. Tal vez esta nueva persona pueda sorprendernos si tan sólo se lo permitimos. 

Aprendamos a reconocer a las personas confiables. Seamos observadores, pensemos cómo esa persona trata a los demás, pensemos si su manera de ser cambia cuando está en público. Al comenzar un nuevo vínculo en cualquier ámbito, tenemos que ser cuidadosos y no entregarnos 100% de inmediato, vayamos evaluando el terreno con cautela. Compartiremos detalles sin importancia de nuestra vida y esperaremos a ver cómo reacciona, ¿es alguien que le gusta repartir chismes, ha respetado nuestra privacidad? Si en pequeñas cosas ya hay una falta de respeto, seguramente con situaciones más importantes la traición estará presente. 

Si nos han traicionado y estamos convencidos de que nos va a volver a suceder, seguramente vamos a tener razón. Estaremos tan alertas que cualquier señal inocente denunciará “una traición”, vamos a ver lo que queremos ver. Estas actitudes van a agotarnos y también a la otra persona, que quizás por despecho termine comportándose de la manera que tanto temíamos.

Nosotros nos merecemos buenas relaciones, personas en quienes podamos confiar plenamente, tenemos que saber que merecemos lo mejor. Si somos honestos esperemos lo mismo de nuestros vínculos.

Jamás podremos controlar las acciones de los demás, pero sí podemos controlar cómo vamos a responder a estas situaciones. No interesa si nos han traicionado, eso no quiere decir que no seamos inteligentes, ni capaces, ni buenos, simplemente caímos en las manos equivocadas por esperar lo mejor del otro. No es tonto de nuestra parte esperar lo mejor, es que a veces lamentablemente las cosas no resultan cómo uno las espera.

Aprendamos a movernos por la vida con confianza en nosotros mismos, siempre tratando de dar lo mejor, sabiéndonos merecedores de amor y respeto, evitemos enojarnos por haber sido ingenuos con alguien, en realidad poder confiar es una habilidad estupenda que no es justo que la perdamos por situaciones que no fueron dignas de nosotros. Siempre existe alguien que vale la pena, solamente tenemos que darle la oportunidad de que nos lo demuestren.

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Cómo actúan y piensan las personas felices

Cómo actúan y piensan las personas felicesEn el artículo de hoy les voy a compartir unos lineamientos comunes a las personas felices. Estas conductas y pensamientos nos ayudan a sentirnos más plenos, a cuidarnos, respetarnos y sobre todo disfrutar del momento y de las posibilidades. 

Como les he mencionado con anterioridad, el establecer límites claros es importante en todo vínculo saludable, nos protege a nosotros y establecemos parámetros para poder comunicarnos con honestidad y comodidad. Debemos evitar sentirnos culpables cuando decimos que NO, porque a hay veces que es necesario que nos tomemos un tiempo para nosotros o simplemente no podemos ser de ayuda en ese momento. Tenemos que ser responsables de nuestra vida y también tenemos problemas que atender, no siempre podemos estar ahí para los demás, lo que no significa que seamos unos monstruos por eso. Hay que aprender a priorizar, ciertos favores a veces se van de las manos o se convierten en imposición por parte del resto y eso nos hace sentir culpables cuando no podemos rescatar a todo el mundo. Decir que no sin culpa, cuidando nuestro tiempo, respetando nuestro estado de ánimo nos ayuda a sentirnos más en paz. 

Focalizarnos en el presente nos habilita a disfrutar el momento en toda su intensidad. Nuestra mente es media tramposa y nos hace creer que preocuparnos en exceso por algo nos va a terminar ayudando, cuando en realidad hace todo lo contrario. Por más que nos obsesionemos pensando en todas las cosas que tenemos que hacer, el pensar no nos llevará a ninguna parte. Si no puedes hacer algo en este momento, entonces concéntrate en lo que sí puedes hacer y en la medida de lo posible disfrútalo. Déjate llevar por esa hermosa conversación, o ese día de sol, o el ejercicio que estás realizando. Si en vez de dejarnos llevar por el ahora siempre estamos pensando en nuestro próximo paso, evitamos realmente sumergirnos en esa experiencia que estamos viviendo. 

Aprendamos a no tomarnos todo a modo personal, puede sucedernos que durante el día tengamos que lidiar con gente malhumorada, negativa, o que simplemente están enojados con el mundo y tú pagas las consecuencias. Por eso debemos aprender a ignorar ciertos comentarios, a quitarle fuerza a ciertas palabras, si siempre dejamos que los demás tengan el poder sobre nuestra autoestima vamos a ser propensos a que nos hagan sentir culpables o tristes. Tenemos que tener bien en claro quiénes somos y cuánto valemos. 

Quitémosle importancia a las cosas que no tienen importancia. Se te hizo tarde, no sonó el despertador, te manchaste tu camisa, perdiste la corbata, el perro te gruñó, etc. Los pequeños detalles irritantes de la rutina se convierten en verdaderas tragedias si le prestamos más atención de la que merecen. Ante estas tonterías lo mejor que podemos hacer es reírnos, quitarle fuerza, y seguir con nuestra vida y las cosas que realmente valen la pena. 

La felicidad está en todas partes. La felicidad no es algo inalcanzable, ese gran momento único de estallido emocional gigantesco, en realidad la felicidad la podemos encontrar todos los días, en cada momento con los pequeños detalles, las pequeñas victorias que obtenemos todos los días. Celebremos los pequeños milagros que tenemos a diario, como las personas que nos aman, las risas que compartimos, las películas que miramos, los helados que disfrutamos. Prestemos atención a las cosas que sí funcionan, quizás sea nuestra salud, o nuestro trabajo, o nuestra pareja. Siempre hay un área que funciona, si pensamos cuidadosamente siempre vamos a encontrar algo de lo cual estar agradecidos.

Evita estancarte en la queja. Quejarse no lleva a nadie a ninguna parte, es un espiral infinito que solamente nos hace sentir peor. Pensar no es hacer, tratemos de cambiar esa situación que no nos agrada, configuremos un plan maestro para salirnos de determinado problema. Apelemos a nuestra creatividad, a nuestra paciencia o simplemente pidamos ayuda.  

Lo perfecto no existe. Si somos concientes de que es mejor hacer las cosas que no hacer nada esperando la perfección inexistente, nos veremos más satisfechos con lo que hacemos y además haremos más cosas. A veces la búsqueda de la perfección nos paraliza porque en lo profundo sabemos que es inalcanzable. Los momentos bonitos, sin alcanzar la perfección, son los que tenemos que aprender a valorar.

Toleremos nuestros defectos y los defectos de los demás. Siguiendo con el punto anterior, como nada es perfecto, nadie es perfecto tampoco. Nosotros siempre tenemos algún defecto, nos equivocamos, somos capaces de herir a alguien sin querer. Los demás se comportan del mismo modo, son tan humanos como nosotros. Seamos realistas en cuanto a las expectativas que tenemos de los demás, no podemos moldear a nadie de acuerdo a nuestro capricho, tenemos que aprender a aceptar a las personas que amamos tal cual son.

La felicidad nace de nuestro interior, de cómo interpretamos las situaciones, de cómo aprendemos a apreciar la vida en sus múltiples facetas. Las personas felices podemos ser nosotros si comenzamos a practicar estos pasos. 

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¿Por qué nos da miedo enamorarnos?

A veces enamorarse simplemente nos resulta aterrador, el entrar en una íntima sintonía con el otro nos deja expuestos y sobre todo ¿Por qué nos da miedo enamorarnos?muy vulnerables. Es un juego donde por un lado encontramos “el te amo y quiero entregarme a ti” y por otro hallamos el miedo atroz a que esa relación termine y nos rechacen.

La salud puede verse beneficiada siempre y cuando nos involucremos en vínculos positivos. La vulnerabilidad que le demostramos a quienes amamos no tiene que ser desde la sumisión ni la debilidad, debemos mostrarnos honestos, demostrarle al otro quienes somos en realidad y demostrar nuestros sentimientos.

La vulnerabilidad, la sensibilidad, es parte de nuestro diario vivir. En todo tipo de relaciones siempre estamos expuestos, nos tocan vivir casos de personas que sufren, o situaciones laborales complejas. Situaciones donde nos tenemos que entregar al otro, o el otro se tiene que entregar a nosotros de alguna manera. Todos en algún punto necesitamos contención y ser vulnerables con aquellos que han demostrado estar ahí para nosotros, en realidad es algo necesario y de alguna manera casi inevitable.

Le tenemos miedo a la vulnerabilidad porque creemos que si alguien nos ve débiles, o descubre nuestra verdadera esencia nos va a rechazar. ¿Pero que mejor que alguien nos acepte tal cual somos? Siendo honestos con lo que sentimos, con lo que queremos, con lo que pensamos, no teniendo que moldear nuestra personalidad simplemente para encajar.

Teniendo un dialogo abierto con el otro podemos lidiar con nuestras emociones de una manera más eficaz, si hay situaciones de duda, de miedos, de conflicto, tenemos que hablarlo tranquilamente e intentar llegar a una conclusión con el otro.

Al ser abiertos con las personas con quienes nos vinculamos, nuestras relaciones mejoran y se tornan positivas. Todos los humanos nos sentimos atraídos a la autenticidad, nos genera comodidad y seguridad. Si sabemos que nuestra pareja es abierta, se muestra vulnerable con nosotros, no nos oculta sus sentimientos, de esta manera nos está brindando el permiso para poder hacer lo mismo, mostrar nuestro verdadero ser.

La vulnerabilidad por supuesto que puede llevarnos a salir lastimados, si nos abrimos a la persona incorrecta. En ciertas situaciones confiamos en la persona equivocada, aunque esto no quiere decir que si nos lastimaron una vez nos va a volver a suceder. Quizás una manera para saber si vale la pena demostrar quiénes somos, desnudar nuestra verdad y entregar nuestro corazón a alguien, es teniendo en cuenta cómo es la otra persona conmigo. ¿Es honesta? ¿Me toma en cuenta en sus decisiones? ¿Cómo es con sus amigos? ¿Me habla sobre lo que siente?

El amor también es un lugar donde yo me muestro tal cual soy y amo a otro que también es vulnerable y con defectos. Vale la pena entregarse a la intimidad, el conectarse profundamente con alguien. Las grandes cosas de la vida requieren coraje de nuestra parte y cuando queremos algo grande, tendremos que asumir el riesgo. Quizás salgamos lastimados, quizás salgamos victoriosos, sin duda vale la pena intentarlo. También aprendamos de las malas experiencias y poco a poco iremos delineando cómo involucrarnos en una relación sana de pareja. Enamorarse es hermoso y siempre existirá alguien que nos adore tal cual somos.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Nota para el Diario El País: Furiosos sin control

Nota para el Diario El Pais: Furiosos sin control

Y como ustedes saben gracias a mi trabajo he participado en la radio, los diarios y la televisión, así que quería compartir con ustedes esta nota donde también participo publicada el día de hoy. Escrita por Leonel García aquí les dejo Furiosos sin control

Baja tolerancia a la frustración, entender todo como un ataque personal y no saber ponerse en el lugar del otro, alimentan los ataques de ira. Cada vez hay más personas que piden ayuda.

Primer caso: «J» (23) no puede digerir que su novia haya preferido salir con sus amigas que ir al cine con él. Mientras camina refunfuñando por la calle, un transeúnte le roza el hombro. Estalla. Qué-hacés-que-no-mirás, rechaza disculparse, pelea. «J» termina con una nariz rota. Segundo caso: «L» (30) está furiosa porque su pareja no le atiende el celular ni los 10 mensajes de texto que le manda en hilera. «Debe estar con otra este hijo de puta»,piensa. Explota. La ropa del susodicho vuela por la ventana. Cuando llega, lo primero que hace es contarle que no pudo atenderla porque estaba manejando; lo segundo es abandonarla de inmediato. Tercer caso: a «M» (35) le salta la térmica seguido. Cada vez que sus hijos no le hacen caso o no logra ponerse de acuerdo con su esposa, comienza a ponerse colorado, las manos le tiemblan y se le tensan los músculos. Grita e insulta. Esta conducta no se limita al hogar: él es comerciante y los empleados le duran poco; a uno de ellos le llegó a pegar.

Los dos primeros casos han pasado por la consulta de la psicóloga Mariana Alvez, especialista en Psicología Positiva. El tercero es de su colega Verónica Orrico, terapeuta cognitivo-conductual e integrante de la Clínica Psinco. Ambas sostienen que la ira (o furia, o bronca, o enojo) es una emoción básica, adaptativa, inevitable y justificada en ocasiones, que puede ayudar al individuo a pararse mejor en el mundo que le rodea: manifestar su disgusto, reclamar y obtener un cambio, afrontar una situación adversa, posicionarse mejor ante la vida y los suyos, sobrevivir. El tema es cuando esta situación se pasa de la raya, cuando ante un episodio inesperado o desagradable la persona explota, «salta», perdiendo el control y realizando comportamientos dañinos para los demás y para consigo mismo, a veces ante cuestiones que para otros individuos representan apenas una incomodidad.

«Para los estallidos de ira no importa tanto qué es lo que está pasando, sino cómo la persona interpreta lo que está pasando», sostiene Orrico. Un ejemplo claro es el del tránsito: no todos reaccionan igual ni se ponen nerviosos en un embotellamiento; no todos son Michael Douglas en Un día de furia. En las personas irascibles, continúa Orrico, «hay una tendencia a `personalizar` la situación»; o sea, interpretar la conducta del otro como una acción destinada a perjudicarle. Suelen ser personas con esquemas muy rígidos de lo que debe ser la realidad. Los causantes son mucho más culturales y familiares que genéticos, y también son propensos a estos ataques «los individuos que se caracterizan por su baja tolerancia a la frustración», sentencia Alvez. Este último elemento es fundamental.

TOLERANCIA. Darío Ibarra, psicoanalista especializado en cuestiones de género, asegura que el manejo de la bronca depende de cada persona en función de su salud mental y -nuevamente- «su tolerancia a la frustración». Es por este motivo que, así como los hombres son mucho más victimarios que víctimas en situaciones de violencia doméstica, también son mucho más comunes en ellos los casos de ataques de ira, cuestiones que aunque tengan ciertas componentes similares no pueden tomarse como análogas (ver aparte).

«Eso se debe a patrones culturales. A la mujer se le educa más para reprimir y soportar la frustración; entonces, los hombres tenemos menos capacidad de tolerarla», indica Ibarra. Alvez agrega a la crianza en «familias caóticas», donde para la resolución de problemas prima «la manipulación, la violencia o la culpa», antes que una comunicación acertada, como caldo de cultivo para los iracundos.

Estos comportamientos pueden derivar no solo en agresividad y violencia, sino en despidos, pérdida de pareja (de hecho, las explosiones en este ámbito son los disparadores de la mayoría de las consultas con los profesionales), lesiones y problemas con la ley. Así como hay manifestaciones fisiológicas de los ataques de ira -activación del sistema nervioso, aumento de la frecuencia cardíaca, presión arterial y tensión muscular, además de incrementar la producción de adrenalina-, también hay, según consignan distintos expertos en portales sobre el tema, posibles consecuencias negativas para la salud, como más chance de sufrir problemas cardiovasculares o infartos cerebrales.Y, si bien estos estallidos existieron siempre, los expertos tienen la sensación -no mensurada- de que cada vez ocurren con más frecuencia, o que cada vez están más presentes en los consultorios. O que, al menos, como una consecuencia positiva de una realidad desagradable, cada vez son más quienes quieren aprender a controlarse.

CAMBIOS. Según Alvez, el ciclo del ataque de ira inicia por una etapa de intensificación, en la que se presentan las señales del estallido; le sigue la explosión en sí; y, finalmente, está la postexplosión, con las consecuencias poco agradables de haber cedido a ese impulso (insultar a un ser querido, golpear una pared, romper un artículo del hogar, agredir a alguien y un largo etcétera). Para Orrico, si la persona es capaz de aprender a detectar los síntomas que preceden a los estallidos, como temblor en las manos o ponerse colorado tiene más posibilidades de aprender a controlarse.

Hay cosas para tener bien claras. No vale la excusa «así es él/ella» para explicar una conducta explosiva. «Eso llega a ser una forma de justificar la violencia. `Él es calentón, dejalo`. O una mujer: `Soy temperamental, soy así`. Eso lo único que justifica es el no saber manejar la frustración. Y es creer que no se puede cambiar la personalidad».

Salvo en casos en que la persona sufre de patologías psíquicas severas, el tratamiento psicoterapéutico, a veces combinado con ansiolíticos y antidepresivos, y las técnicas de control de ira (ver aparte) suelen tener buenos resultados. Estas van desde algo tan básico como contar hasta diez o respirar hondo, hasta otras actividades que requerirán una participación más proactiva del individuo, desde ya la parte más difícil de la recuperación.

También se debe despersonalizar la causa del enojo. «Tenemos que intentar modificar el pensamiento de `estoy siendo atacado` por preguntarnos `¿realmente me están atacando?`», señala Alvez. «Aprender a controlar el enojo significa ser libres, libres de la opresión que nuestras emociones ejercen sobre nosotros y libres de esos pensamientos limitantes que solo nos meten en problemas», concluye.

Trabajar con la empatía, ponerse en el lugar del otro, es otra de las herramientas fundamentales. «Eso ayuda a ver las cosas desde otra perspectiva. La regla de oro sería tan sencilla como tratar al otro como te gustaría que te traten así», resume Orrico. Tan sencillo y tan difícil.

CUENTE HASTA DIEZ Y RESPIRE PROFUNDO

Aunque los ataques de ira son tan viejos como el hombre, el concepto anger management (control de ira) es de reciente data. El DSM-IV, algo así como la Biblia de los trastornos psiquiátricos, no incluye nada relativo a los trastornos de la ira. Sin embargo, cada vez más gente consulta por casos y cada vez hay más websites dedicados al tema. «Es como el bullying en la escuela. Siempre existió, solo que ahora se le pone nombre a una cuestión que estaba naturalizada», resume Darío Ibarra. Aquí hay algunas recomendaciones y técnicas para mantener el control cuando se venga el estallido.

Apelar a técnicas de relajación. Entre ellas está respirar lentamente, de forma pausada y no hiperventilar.

Practicar la comunicación asertiva, con afrontamiento y resolución de problemas, apelando a habilidades de negociación.

Separar lo que le sucede a la otra persona de lo que le sucede a uno. Despersonalizar la situación, poder generar empatía.

Apelar a la psicoterapia. Si es necesario trabajar en la capacidad de soportar frustraciones, problema que puede haber comenzado en la infancia.

Redirigir la energía. Hacer ejercicios o escribir tus sensaciones en un cuaderno o blog.

El simple acto de respirar profundo y contar hasta 10 permite un «tiempo de espera» que evita tensionar más una situación.

Detectar cuáles son las señales físicas que preceden los ataques de ira, y evitar decir algo en ese momento. De seguro lo vas a lamentar.

(Fuente: psicólogos Mariana Alvez, Darío Ibarra y Verónica Orrico, y portal http://www.ControlDeLaIra.com)

UN PRIMER PASO HACIA LA VIOLENCIA

La psicóloga Verónica Orrico diferencia la ira de la agresividad y de la violencia doméstica. La segunda la define como una conducta que busca provocar daño intencional a otras personas; la tercera, según ella, pretende lograr la sumisión del otro apelando a diferentes tácticas como amenazas, insultos o agresiones físicas. «La ira es una emoción que puede favorecer la aparición de la agresividad y la violencia. Pero una persona que sufre ataques de ira no necesariamente busca la dominación del otro. La persona violenta suele actuar así en su familia y fuera de ella tiene una imagen distinta. La persona que no maneja bien su ira no la puede controlar en ninguna parte».

En cambio, para Darío Ibarra, quien trabaja con hombres golpeadores, la diferencia es muy sutil. «Una persona impulsiva, que siempre saca la ira para afuera está ejerciendo violencia, no vamos a diferenciar si es física o psíquica».

Fuente: http://www.elpais.com.uy/suplemento/ds/furiosos-sin-control/sds_670793_121021.html

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

La Risoterapia y sus beneficios

La Risoterapia y sus beneficios

En la Risoterapia se utilizan una serie de técnicas variadas involucrando a la risa, como expresión corporal, danza, juegos, masajes, entre otras. Su propósito es la relajación, potenciar  la capacidad de sentir, de amar, despertar nuestra creatividad, hacernos sentir mejor, potenciar el buen humor, despertar todos los beneficios físicos y psicológicos que la risa posee.

Si tuviéramos que marcar un inicio en la historia de la Risoterapia, podríamos decir que el concepto de que la risa es beneficiosa ya se trabajaba desde la antigüedad, encontrando pruebas de esto en las obras de los filósofos.

En distintas culturas encontramos que la risa se conecta con lo espiritual, como un método de meditación incluso. Existe una creencia hindú que nos dice que reírse al menos una hora tiene efectos más profundos para el cuerpo que realizar cuatro horas de yoga.  La risa parecería ser un excelente método para tener la soberbia a raya, ya que quien sabe reírse de uno mismo y aceptarse no cae en la fanfarronería.

Muchas personas importantes en el ámbito de la medicina recomendaron la risa como una herramienta para aliviar el dolor y sentirse mejor. En épocas más contemporáneas encontramos la historia de Patch Adams, quién promovió el uso de la Risoterapia en hospitales para el tratamiento de las patologías.

Ha sido ampliamente comprobado por los científicos que la carcajada brinda muchos beneficios, como eliminar el estrés, oficiar de lifting natural para las arrugas, eliminar tensiones, ansiedad, depresión, dolores en general. Cuando nos reímos liberamos en nuestro organismo un importante número de endorfinas, logrando que alcancemos un estado de bienestar profundo.

Mediante la variedad de técnicas con las cuales este método cuenta, se intenta erradicar bloqueos emocionales, mentales, físicos, habilitar nuestro crecimiento personal. Es un espacio para aprender a disfrutarnos, a vivir desde el presente. 

Aquí en Uruguay ustedes pueden contactarse con http://www.saludarte.org.uy/ por esta técnica.

Invitemos a la risa, que sea parte de nuestra rutina, de nuestros días. A la vida no hay que tomársela tan en serio, vivamosla como un juego desafiante lleno de posibilidades.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com