Focalización en los otros. Cuando los demás importan más que tú

Las trampas vitales determinan cómo pensamos, sentimos, actuamos y nos relacionamos con los demás. Conllevan sentimientos intensos tales como la ira, la tristeza y la ansiedad, e incluso cuando parece que lo tenemos todo, somos incapaces de saborear la vida o de valorar nuestros éxitos. Hablemos de la focalización en los otros.

El aspecto central de la subyugación está en la convicción de que tienes que agradar a todos, familia, amigos, pareja, compañeros de trabajo y a veces hasta desconocidos. Probablemente la única excepción a esta regla eres tú mismo, todos tienen derechos menos tú.

El sentimiento de subyugación te hace sentir la vida como una carga. La constante necesidad de satisfacer a los demás es una gran responsabilidad que te agota.

Tienes dificultades en establecer límites a las demandas de los demás. Te enorgulleces de ser capaz de servir a los otros, de ayudarlos y estar atento a sus necesidades.

Te cuesta mantener tus opiniones y defender tus puntos de vista, no sabes con claridad quién eres, siempre dejas de lado tus necesidades y eso va generando una silenciosa rabia en ti.

Existen dos motivaciones principales para permitir el control de los demás sobre ti:

  • Sacrificio: Las personas que se autosacrifican se sienten responsables del bienestar de los otros. Cuando eras niño, quizá cargaste con la responsabilidad del bienestar físico o emocional de alguna persona cercana a ti. Sientes empatía e intentas mejorar las cosas para todos. Cada vez que actúas y te comportas de una manera distinta de lo que dicta la subyugación, te sientes culpable Y CADA VEZ QUE TE SIENTES CULPABLE, VUELVES A AUTOSACRIFICARTE. Para aliviar los sentimientos de culpa, te subyugas con una energía renovada y así una vez más entierras los sentimientos de ira. Tendrás que aprender a tolerar la culpa para poder cambiar.
  • Sumisión: Te sometes al proceso involuntariamente. No importa si en la actualidad puedes escoger o no, te sientes como si no tuvieras elección. Cuando eras niño te subyugaste para evitar el castigo o el abandono. Había una amenaza presente en el proceso de subyugación. Casi siempre estás enfadado, aunque no reconoces la ira que sientes. Crees que es peligroso y equivocado expresar los sentimientos de rabia, y por tanto los niegas y los suprimes

Esta trampa vital puede surgir por la presencia de situaciones tales como el control que tus padres ejercieron sobre ti, los castigos caprichosos, frialdad emocional de tu entorno, haberte tenido que hacer cargo emocionalmente de alguien, te usaron como confidente, no respetaban tus opiniones ni derechos.

La focalización en los otros hará que tengas una tendencia a elegir parejas que pueden llegar a no ser saludables para ti como personas dominantes o narcisistas, irritables, controladoras, manipuladoras, adictas, o dependientes.

Para poder comenzar a escapar de las trampas vitales es necesario hacer terapia de esquemas, donde se combinan técnicas cognitivas y experienciales para poder trabajar tanto los pensamientos como las emociones.

Si reconoces este patrón por favor pide ayuda, tú vales y vivir una vida de sacrificio no te hará feliz.

Puedes acceder a más material en IGTV con el usuario @psicopositivauy

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Muy feliz año 2021

Les deseo un año lleno de esperanza, optimismo y paciencia, para crearse, reconstruirse y descubrir nuevas oportunidades

Algunos consejos para seguir creciendo:

  • Haz cosas por los demás, no te ciegues en tu propio dolor y brinda una mano, una escucha a alguien
  • Más que nunca fortalece tu sistema inmune, come bien y muévete
  • Siempre aprende nuevas cosas, mantiene tu cerebro activo y te brindará herramientas útiles para crecer a nivel personal o profesional
  • Ten metas pequeñas, de corto plazo, que te hagan sentir bien contigo mismo
  • Concéntrate en las cosas que sí funcionan, sin importar si son pocas o modestas
  • Haz trabajo honorario si lo sientes
  • Forma parte de una comunidad, aunque sea online

Muy feliz año y jamás olvides de construir tu felicidad, un pequeño paso a la vez.

Tú también eres especial

Hoy quiero compartir contigo un pequeño cuento que habla sobre el amor propio.

Hoy quiero compartir contigo un pequeño cuento que habla sobre el amor propio.

Érase una vez un búho joven, especial y maravilloso; aunque él no lo sabía. Tenía un lindo plumaje que con el pasar del tiempo se volvía cada vez más blanco y blanco. ¡Tan blanco como la nieve!

El búho vivía la mayoría del año en el extremo del mundo, cerca del polo ártico, en una región tan fría que pocos animales pueden sobrevivir allí. Cuando llegaba el invierno, el pequeño tenía que volar miles de kilómetros hasta encontrar tierras más cálidas dónde buscar alimento. 

En su primer viaje lejano, siendo joven y fuerte, voló tanto que pudo llegar hasta el trópico, donde el calor dura todo el año. En ese territorio encontró un bosque con muchas aves, todas nuevas para él. El joven búho comenzó a compararse con cada una de ellas, admirando aquellas aves tan coloridas y diferentes a él.

Primero, observó con sus grandes ojos, a la guacamaya macao, con sus vivos colores amarillo, azul y rojo. Le pareció divertido poder tener plumas como la bandera de un país.

Luego, vio un gracioso loro arcoíris que posaba en la copa de un árbol, con su linda cabeza azul y roja, y sus alas de un verde encendido. Aunque le pareció un animal bastante ruidoso y siempre habían más de dos haciendo bulla.

Otro día admiró al tucán pico iris, un ave muy elegante con un hermoso cuerpo negro y amarillo. Tenía un pico muy largo, en el que estaban pintados casi todos los colores del arcoíris.

El joven búho, al compararse con las demás aves, sentía que no era tan especial como aquellos pájaros llamativos. Quería saber por qué a él le faltaba algo de color en su plumaje. Así que decidió volar al árbol donde posaba su abuelo, un viejo búho que parecía saberlo todo. 

—Abuelo ¿Por qué no tengo un plumaje tan colorido como las otras aves? ­—preguntó el joven.

—Si no tienes el plumaje de tantos colores es que no lo necesitas —respondió el abuelo, esperando que con su breve respuesta, el joven quedara satisfecho.

— Pero… ¡Yo quiero plumas de muchos colores!

—Tú eres un búho blanco de nieve y no un ave tropical —dijo el abuelo—. Los búhos somos diferentes; mientras más blanco sea nuestro plumaje más podemos vivir, porque nos escondemos en la nieve y así escapamos de los cazadores. De no ser por el color de nuestras plumas ya hubiéramos desaparecido como lo han hecho cientos de aves, o estaríamos prisioneros en una jaula en cualquier lugar del mundo. 

—Yo quiero ser especial como esas aves —le respondió el joven al abuelo mientras miraba con tristeza sus plumas blancas.

—Tú ya eres un ave muy especial —dijo el viejo búho—, tienes unas plumas tan suaves que te permiten volar en silencio y así ser el mejor cazador. Además, tus alas son tan fuertes que puedes volar miles de kilómetros sin cansarte. ¡Tú eres único! —dijo el abuelo muy orgulloso de su nieto.

El joven pensó un largo rato, mientras comprendía lo que el abuelo le había dicho: ¡Tú eres único!¡Tú eres muy especial!... lo repetía en su cabeza una y otra vez… Luego rompió el silencio con gran emoción:

—¡Ya entiendo! ¡Ahora lo comprendo! —dijo mientras sonreía por su gran descubrimiento—, aunque no tenga plumas de los colores del arcoíris, con mis fuertes alas puedo volar hasta él. 

Todos nosotros tenemos algo único y especial, eso que hace a nuestra esencia más pura. Sin embargo, bajo el peso de los comentarios de los demás, malas experiencias o ciertos fracasos, podemos fácilmente olvidar nuestro poder interior.

La autoestima, esta palabra tan importante y mal utilizada, es un escudo precioso ante la adversidad. Cuando aprendes a estar en paz contigo mismo, ya dejas de enfocarte en el exterior. Y la llave maestra a la felicidad reside en cómo interpretamos lo que nos ocurre, si le damos el dominio al afuera o logramos estar felices a pesar de todo lo que nos suceda.

Si te amas de verdad, si vas más allá de las exigencias desmedidas, las críticas, el estancarse, el auto sabotearse, el no cuidarse, verás cómo te conviertes en quien en verdad puedes ser.

Jamás lo olvides, tú también eres especial

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Encuentra tu propósito

El propósito y sentido de la vida es el cuarto pilar del bienestar, la vía más profunda de alcanzar la felicidad y la más compleja de llevar a cabo. Cuando sabemos qué es lo que nos hace vibrar podremos florecer ante la adversidad.

Martin Seligman nos dice que una vida con sentido es la que pasa a formar parte de algo más elevado que nosotros, y cuanto más elevado sea ese algo, más sentido tendrá nuestra existencia. Sin embargo, el propósito es un término muy subjetivo, que atañe a cada uno de nosotros y suele ser complejo de descifrar.

Un ejercicio que puedes realizar para acercarte al mismo es el siguiente:

Descubre tu misión: Tu misión te pone en contacto con el propósito que quieres conseguir en esta vida, define cual va a ser tu aporte a la humanidad; la huella que dejaras en los otros y por el cual serás recordado. Permite que afloren cualidades que tienes, los dones con los que has venido y tus habilidades naturales. Estas capacidades innatas te muestran las actividades en las que puedes desarrollarte con facilidad, te conectan con lo que te gusta hacer, te hacen sentir que eres útil, que tienes algo para dar a la comunidad. Algunas preguntas que pueden orientarte para encontrarlas son:

  • ¿Cual es el propósito más grande con el que deseas comprometerte?
  • ¿Que legado te gustaría dejar en este mundo?
  • ¿A través de qué capacidades puedes expresarte?
  • ¿Qué te apasiona hacer?

Construye tu visión: La visión es esa imagen interna que te conecta con tus sueños. ¿que sueños tienes pendientes?, ¿cómo te ves en un futuro? La visión es lo que te permite visualizar cómo quieres ser en un futuro como individuo, cual es el estado al que deseas llegar y que situación quieres hacer realidad. Te guía para alcanzar ese estado deseado. Tu visión te conecta con la orientación que quieres darle a tu vida. Algunas preguntas que pueden guiarte para encontrar tu visión son:

  • ¿Qué aspiras llegar a ser?
  • Qué estado deseas lograr?
  • ¿Qué capacidades te gustaría desarrollar?
  • ¿En qué ámbito te gustaría desplegarlas?
  • ¿Cómo te ves de aquí a unos años?
  • ¿Que situación te gustaría hacer realidad?

Valores: Los valores son las pautas que orientan nuestro comportamiento y nos permiten realizarnos como personas. Nos facilitan la ejecución de determinadas acciones y nos restringen en otras. Nos permite restringir entre lo bueno y lo malo. Nos guían en nuestras elecciones y nuestros intereses. Cuando conocemos los valores de una persona, podemos predecir su comportamiento Un vínculo de confianza se construye cuando se comparten los mismos valores

¿Qué valores te guían para lograr tus objetivos laborales?

  • ¿Qué valores están presentes en tu relación de pareja?
  • ¿Cuales son los valores que imperan en tu familia?
  • ¿Qué valores pones en juego en tus amistades?
  • Construye tu propio marco de valores

Para tener un buena calidad de vida y vivirla con un sentido, es necesario poner en practica nuestras habilidades, talentos y conocimientos, enfocados a una meta especifica para poder ayudar a otras personas de forma directa o indirecta.

Lo importante es tener esa brújula interna que nos vaya guiando para que no perdamos el camino, porque sabemos que tenemos un destino a donde ir y que debemos disfrutar del trayecto para sentirnos plenos.

Pon manos a la obra y acércate a tu propósito. Toda existencia tiene sentido, solamente hace falta descubrirlo.

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Inspírate

Hablemos de la emoción positiva inspiración. Ella aparece cuando tenemos ideas, comprendemos las cosas desde otra perspectiva, cuando nos embarcamos con entusiasmo a una tarea, cuando nos perdemos en la belleza, la verdad o nuestra percepción de lo divino.

La inspiración está asociada a la motivación, es evocada y nos empuja a ir más allá de lo mundano con nuestras ideas. De alguna forma, nos ayuda a trascender a través de nuestra creación.

Podemos despertarla de varias formas y su utilidad es variada, podemos encontrar inspiración para crear algo novedoso, una obra de arte, pero también puede utilizarse para concretar objetivos o resolver problemáticas diarias.

La inspiración suele estar dentro de ti, producto de viejas ideas, cosas que has leído, aprendido, escuchado, experiencias, emociones, con las cuales debes conectar para motivarte y actuar. Prepárate para liberarla, veamos algunas técnicas:

Escucha música que toque tu corazón: esto es muy variado, no solamente la música clásica puede tener este efecto en ti, quizás si escuchas música celta, indígena, obras musicales actuales, ciertos cantantes con quienes puedes conectar, ahí abrirás una puerta de emoción que seguramente despierte a la inspiración.

Lee todo lo que puedas y sobre diversos temas: Sé que muchas personas no han cultivado este hábito, pero es un perfecto aliado para nutrir tu cerebro y trabajar la creatividad.

Investigar sobre lo que te interesa: Si existe una temática de tu interés o quieres aprender una nueva técnica, dedica al menos unos minutos o una hora al día en profundizar en ello.

Anota tus ideas: Te recomiendo tengas contigo un block de notas para escribir todas las cosas que se te ocurren, algunas seguramente pueden ser insumos para proyectos de algún tipo. No las juzgues, escribe lo que sea y luego verás si puedes hacer algo con ello. Es mejor escribir a mano que utilizar medios electrónicos.

Construye tu ambiente inspirador: Puede ser un pequeño rincón de tu hogar donde puedas poner frases que te gusten, o tenga colores que te agraden, lo que sea con tu impronta personal. Si tiene luz natural mejor aún. Será tu refugio para conectar con tu creador interno.

Curiosidad: Prueba cosas distintas, camina por lugares diferentes, habla con personas con ideas distintas a las tuyas.

La inspiración también puede ser alimentada mediante ciertos mentores que elijas, ya sean autores que te gusten, conferencistas que suelas escuchar, personajes de la historia o un familiar cuya historia de vida admires.

La inspiración susurra en tu espíritu para acercarte a la grandeza, y esta puede ser tan maravillosa y simple como crear ideas para ser más feliz.

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La culpa patológica

La culpa es una emoción que busca reparar, hiciste un daño, te haces responsable, pides perdón e intentas hacer algo al respecto. Sin embargo, existe un tipo de culpa patológica que en lugar de crear un espacio sano de responsabilidad emocional, se convierte en una cruel jueza que te castiga sin piedad.

La experimentas habitualmente, convirtiéndose en un sentimiento muy fuerte e invasivo  que dificulta el día a día, dejas de ser funcional y te afecta en distintas áreas. En ocasiones, puedes sentirte culpable simplemente por imaginar un daño, aunque en la práctica jamás lo llevarías a cabo.

El sentimiento de culpa puede desembocar con facilidad en tristeza, vergüenza, ansiedad,  generando un cúmulo de emociones que te hace sentir mal y que además se retroalimentan entre sí dificultando su identificación y por consiguiente su superación. Se manifiesta de forma física (dolores en el pecho, estómago, presión en la cabeza y molestias en la espalda) de forma emocional (irritabilidad, nerviosismo, tristeza) y de forma cognitiva (autoreproches, autoacusaciones y pensamientos destructivos de la autoestima y valía de uno mismo).

En ciertos trastornos psicológicos la culpa está muy presente. Uno de los más frecuentes es la depresión. Bajo ese estado, es muy usual que la persona tienda a autorrecriminarse, a sentirse culpable de estar deprimida y no poder sentir como lo hacen otros.

También presente en los trastornos obsesivo-compulsivos, en las fobias y en las adicciones. Aquí la culpa funciona como factor de constante castigo emocional, que generalmente agrava el problema central.

¿Cómo superar la culpa patólogica?

Responsabilidad: Consiste en diferenciar mi responsabilidad, la del otro o la situación. Bajo los efectos de los sentimientos de culpa asumimos responsabilidades que en ocasiones ni si quiera nos corresponden. La clave reside en realizar una reatribución de la responsabilidad de lo sucedido, brindar a cada uno lo que le corresponde y no asumir toda la responsabilidad de las cosas. Requiere de un análisis cuidadoso y objetivo de la situación.

Acepta que puedes cometer errores: Los errores forman parte de las experiencias de la vida y puedes utilizarlo como clave del aprendizaje y cambio. Piensa en tu contexto, cuando eres joven tiendes a equivocarte más en algunas cosas emocionales porque estás aprendiendo, a veces pasa que más allá de la edad cronológica hay una inmadurez emocional que también puedes trabajar. Trata de reparar el daño contigo mismo, porque el castigo eterno te paraliza y no te ayuda ni a ti ni al otro.

Expresa la culpa: No reprimas ni ocultes la culpa. Las palabras permiten romper ese aislamiento y quiebran el bucle interminable de castigo. Es más, quizás el que nos escucha pueda ayudarnos a encontrar solución.

Debes ser cuidadoso con tus trampas mentales: Tanto las del tipo “debería…” o “tendría que”, y aquellas que son de pensamiento polarizado (todo – nada, bien – mal). Las del tipo debería son exigencias o normas internas que nos atribuimos a nosotros mismos, y si no las cumplimos aparecerá el sentimiento de culpa destructivo. Cambia ese lenguaje interno de autoexigencia y mandato, por otro más suave, y cercano a uno mismo (“me hubiese gustado”, “me gustaría…” “Desearía… deseo…”). Y en la vida casi nada es blanco o negro, el contexto de nuestra vida y de las situaciones tamiza muchas de las cosas que nos ocurren, intenta ser conciente de esto.

El perdón: Cuando te percatas que quizás dañaste a alguien, tienes la oportunidad de pedir perdón por ello. Busca alternativas para reparar el daño, pide disculpas a la persona afectada y sobre todas las cosas perdónate a ti mismo, esto proporciona un gran alivio y sobre todo abre las ventanas a emociones más positivas.

Aléjate de la culpa que castiga y paraliza, si tu emoción no repara entonces no tiene sentido que te aferres a ella.

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El arte de venderte

En este artículo voy a compartirte cómo saber “venderte” a ti mismo, ya seas un emprendedor o estés buscando trabajo como dependiente.

Si estás aplicando para una empresa un aspecto importante es conocerla, al menos de forma básica.

Utiliza ropa formal, muestra una postura corporal abierta y relajada. Por ejemplo, no te cruces de brazos, mira a los ojos, sonríe.

Muéstrate seguro, intenta fluir a la hora de hablar de tus fortalezas, ­si conoces una cualidad tuya que te destaque habla sobre ella. A algunas personas le cuesta mucho hablar de sí mismas porque temen caer en la soberbia, pero la humildad exagerada no es una buena aliada a la hora de mostrar tus mejores herramientas.

Te recomiendo que escribas un mini guion con lo que deseas transmitir de ti mismo y lo practiques frente a un espejo cuantas veces sea necesario. Esto no quieres decir que debes repetirlo como loro, solo debes tener en claro los conceptos principales para que no te olvides de expresar lo positivo de ti. Tener en claro tus fortalezas, habilidades y talentos, te hará ver como un mejor candidato.

No temas hablar de tus debilidades, nadie es perfecto. Inténtalo hacer de una manera que las mismas jueguen a tu favor, por ejemplo, “soy una persona un poco ansiosa, pero utilizo esa energía para llegar a tiempo con los deadlines, evito postergar”.

Cuando te consulten por el tema del salario, tus aspiraciones salariales no deben ser demasiado elevadas ni tampoco demasiado bajas. Un buen punto de referencia es que averigües los laudos que pagan en tu país por determinadas tareas o si tienes conocidos en puestos similares preguntarles acerca de su salario.

Si eres emprendedor y estas intentando atraer clientes, algo que te recomiendo es trabajar mucho tu marca personal. Encontrar tu propia voz y ser lo más auténtico posible en todas tus comunicaciones. Lo natural, lo honesto, es más atractivo y te permite conectar mejor con tu público.

Tu público tiene que sentirse a gusto contigo, no seas exagerado en tu forma de vender, piensa en lo que el otro necesita, escúchalo.

Fideliza tus clientes, una vez que compren un producto o servicio, haz un seguimiento al menos via mail. Construye tu tribu, averigua qué es lo que necesita.

Tu postura corporal, el tono de tu voz, deben ser amables, estás al servicio del otro y lo que el cliente necesita es lo más importante en ese momento, siempre que haya respeto de ambas partes.

Escucha más de lo que hablas, pregunta qué es lo que está buscando.

Si conectas con la otra persona, te verás a ti mismo imitando sus gestos, acompaña su energía, su forma de hablar, la velocidad con la que se expresa.

Lo mejor es que seas genuino y esto llega gracias al autoconocimiento, dedica tiempo a descubrir lo fuerte que hay en ti, que es lo que te hace especial, donde hay más talento y disfrute. Haz cosas que estén alineadas con tu ser y disfrutarás el proceso.

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El pesimismo: Tu peor enemigo

¿Te has puesto a pensar cuanto te estás perdiendo de la vida por atascarte a una manera de interpretar la realidad nociva?

El pesimismo hará que tus pensamientos giren en torno a catástrofes, crearás en tu mente los peores escenarios posibles.

En el fondo estás absolutamente convencido de que nada de lo que hagas servirá para tener una vida mejor, de que tus acciones poco valen y que además no eres lo suficientemente competente. Seguramente te preguntas a menudo, ¿para qué voy a intentarlo si de todas maneras no funcionará?

Te preparas para lo peor y para el fracaso, estás tan convencido que tu mente crea trampas para ti todo el tiempo, ¿sabes por qué? Porque tu mente se prepara para hacerte caso. Si crees que no puedes, pues tendrás toda la razón del mundo.

Inconscientemente te sabotearás, no hablarás en el momento preciso, dejarás pasar oportunidades, tendrás un sabor amargo de sueños rotos porque has entrenado a tu cabeza para perder.

El pesimismo te genera mal humor, pocos vínculos, menos satisfacción por tu vida y además entorpece tu recuperación cuando estás enfermo.

También te afecta a nivel laboral, tu actitud pesimista disminuye la productividad y destruye tu motivación. ¿Sabías que puedes contagiar tu pesimismo? Sé que no lo haces a propósito, pero piensa en las veces en que tu amigo viene con una idea entusiasmado y tú lo traes violentamente a tierra. O cuando un hijo quiere hacer algo diferente a lo que crees correcto, o tal vez cuando sientes que ser feliz es tonto y que el mundo es un lugar espantoso.

Todos esos pensamientos se traslucen en tu modo de vida, en tus comportamientos, en tus palabras, en tus sentimientos.

Esto no es tu culpa. De una parte de él es responsable la genética, de otra tu entorno que te ha educado y también las experiencias dolorosas por las cuales has atravesado.

El pesimismo no es tu mejor amigo, no te evita sufrir, no te protege de la tragedia, no te prepara para lo peor, no te hace sentir seguro. Puede ser una cruel sirena que te agobia con sus falsos cantos de protección, pero en realidad es tu enemigo, tu visión distorsionada de la realidad que hace que todo lo hermoso no sea suficiente.

Si no cambias tu manera de interpretar tu realidad te alejarás del bienestar, del éxito, del disfrute, de una mejor calidad de vínculos interpersonales, te alejarás de las emociones positivas y te costará encontrarle un sentido a tu existencia. Además te enfermará, ya que te empuja a tener conductas nocivas y afecta tu sistema inmunológico.

Afortunadamente se puede aprender a ser optimista y con paciencia, puedes trasformar la perspectiva vital que has ido construyendo todos estos años.

¿Sabes que te convierte en un optimista inteligente? Te invito a leer los artículos del blog, a ver los videos que comparto en youtube (usuario @psicopositivauy), en las estrategias que comparto en Intagram (@psicopositivauy) y por supuesto, también podes visitar nuestro Centro en Pocitos para las sesiones presenciales.

Que nada te impida conectarte con la felicidad que mereces.

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Ser vulnerable es tu fortaleza

Aceptar nuestra vulnerabilidad en lugar de tratar de ocultarla es la  mejor manera de adaptarse a la realidad- David Viscott

Si te dejas llevar por su definición, esta palabra te genera rechazo, proviene del latín vulnerabilis. Compuesta por vulnus, que significa ‘herida’, y el sufijo –abilis,  posibilidad; por lo tanto, significa mayor probabilidad de ser herido.Con semejante definición nadie se sentiría cómodo, pero esta cualidad encierra más que lo que su etimología nos quiere transmitir.

En general, las personas no desean demostrarse débiles, ni que necesitan ayuda, o que sienten emociones que las desbordan. Sin embargo, todas estas situaciones nos ocurren a todos, todo el tiempo.

La vulnerabilidad tiene mala prensa, nadie desea ver cómo las personas se hunden aplastados por situaciones del pasado o presente, no queremos gente que se queje o que sea una víctima. Intentamos mostrarnos como super poderosos para evitar el rechazo de los demás, una gigante mentira.

Darnos el permiso para mostrarnos vulnerables es un obsequio precioso, aceptar que tenemos defectos, dolores, batallas o heridas que intentamos reparar, pero de alguna forma siguen estando ahí.

Llorar, pedir ayuda, sentir angustia, incertidumbre, no te hace menos persona, te hace más humano.

Esto no quiere decir que no puedas superarte, aprender, seguir adelante, reconstruirte, pero incluso aunque hagas todo esto, la vida puede moverte tu armada estantería y tirarla al suelo y es ahí que es bueno permitir que alguien nos cuide, nos sostenga, así como nosotros lo haremos cuando estemos bien.

Expresar el dolor, admitir la derrota, aceptar que puedes sentir miedo, serán cosas necesarias en tu camino de reconexión con tus verdaderas necesidades. Hacer visible lo que intentas ocultar, es liberarte.

Deja de ser un personaje todo el tiempo y encuéntrate a ti mismo, te sorprendería saber toda la gente que está esperando conocerte de verdad.

Recordar el pasado, hablar sobre lo que has sufrido, observarlo, sentirlo, muchas veces es necesario para finalmente liberarlo.

Siente compasión por ti, también has sido vapuleado por los reveses del destino, todos lo hemos sido en mayor o menor medida. La clave es aceptarlo y seguir adelante, no sin antes recordar que no eres omnipotente, que también te desbordarás, que también a veces necesitarás que alguien te tienda una mano de amor.

Vive la amplia gama de emociones de las cuales hemos sido dotados, llora, grita, patalea, drena la tristeza y cuando la tormenta cese, que lo hará, siembra emociones positivas y bienestar sobre los escombros del desastre, sigue adelante… hasta la próxima vez.

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La vida no da descanso

Deseamos una vida sencilla, sin altibajos, ni problemas, aunque esto no es realista, ya que nuestra existencia está plagada de contratiempos y aventuras que debemos atravesar a diario, en mayor o menor medida.

Varias veces he repetido la importancia de las adversidades, ya que construyen nuestro carácter y nos ayudan a generar nuevos recursos cognitivos y emocionales. Pero más allá de esto, debemos aceptar que las adversidades no son opcionales, sino más bien obligatorias, en el sentido de que nadie escapa de ellas.

Por eso, ya que van a ocurrir lo queramos o no, creo que la mejor opción es ponerle energía y aprender de los errores o las dificultades para crecer como seres humanos. Si nos quedamos estancados preguntándonos ¿por qué a mí? O furiosos ante la sensación de injusticia, no podemos avanzar emocionalmente.

Cuando la incomodidad o la tragedia toquen nuestra puerta, algunos consejos para lidiar con ello:

  • Claridad: Observa tu desafío de la manera más objetiva posible, es lo que es, no lo que me gustaría que sea. Quizás no pueda verlo ahora, pero lo que está sucediendo tiene su razón de ser.
  • Gratitud: Quizás exista algo en este momento que puedas agradecer, este desafío, ¿de qué forma te hace crecer?
  • Empatía: Si logras escapar de la sensación de que eres una víctima, puedes convertir tu dolor en una manera de comprender a los demás que también están sufriendo, e incluso podrás ayudarlos. Los actos de bondad te brindan sensación de propósito, la forma más profunda de conectarte con la felicidad.
  • Ten paciencia y amor hacia ti mismo: No te sobreexijas en este momento difícil, haz lo mejor que puedas con lo que tienes. Date el tiempo necesario para sanar y no temas pedir ayuda.

No te autocompadezcas, convierte el desafío en oportunidad y crecimiento. Verás como cada vez resultará más sencillo si te brindas el momento de procesarlo de una forma más optimista y esperanzadora.

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