El amor desde la mirada de la Psicología Positiva

pareja enamorada

Hoy hablemos de amor…el de verdad.

 

En otras ocasiones ya he mencionado a la Dra. Barbara Fredrickson, quien es una distinguida profesora de Psicología de la Universidad de Carolina del Norte. Ella se ha dedicado sin descanso por más de 20 años al estudio científico de las emociones específicamente positivas (uno de los pilares del bienestar).

Para esta investigadora el amor es una emoción positiva, una relación interpersonal además de una experiencia de intercambio social de una o más emociones positivas.

Al igual que el resto de las emociones positivas, el amor puede ser fugaz, es una emoción breve, un micro momento de bienestar, el secreto del mismo es que es renovable y es por eso que la sabiduría popular siempre nos dice que el amor es como una planta que debemos regar siempre.

El amor no es un sentimiento incondicional, tampoco es eterno ni necesariamente exclusivo, podemos amar a más de una persona, ese momento de conexión incluso podemos sentirlo con un extraño, lo que diferencia un vínculo casual de uno más profundo es el peso de la historia compartida y las oportunidades que tenemos de renovar esa emoción una y otra vez.

El amor nos nutre en todos los sentidos, mientras más lo sentimos, más queremos experimentarlo. Si dejamos que esta emoción esté presente seremos personas más sabias, más saludables, más felices y más espirituales.  El amor es tan poderoso que incluso puede afectarnos positiva o negativamente a nivel celular. Si estamos embebidos en esta emoción podemos sentirnos conectados con todos y con todo, seremos capaces de ser parte de algo más grande que nosotros mismos.

El amor es pura conexión, ocurre gracias a la resonancia positiva que implica tres eventos:

  • El compartir una o varias emociones positivas con otra persona
  • Una sincronización entre nuestras conductas y bioquímica con las de la otra persona
  • Invertir en el bienestar del otro para que ambos sean beneficiados.

Gracias a la resonancia positiva nos convertimos en algún punto el reflejo y la extensión de otro ser humano. El amor no pertenece a una persona en particular, sino que éste fluye entre todas las personas involucradas.

Cuando estamos realmente conectados con el otro es como si estuviéramos en sincronía con el cerebro de la otra persona. El amor se manifiesta a través de la sonrisa, gestos corporales amistosos, el asentimiento y el acercamiento físico

El amor nos transforma y está en nuestras manos decidir construirlo. Amar es un arte, una habilidad que podemos ir desarrollando mediante la práctica de diversas técnicas. Ser honesto con nosotros es un primer paso, ser conciente de nuestras limitaciones y valorar nuestras cualidades positivas nos acerca más a realmente respetarnos y cuidarnos.

El amor es COMPASIÓN, es tener empatía hacia el otro y comprender su dolor. Las experiencias dolorosas por las cuales debemos atravesar pueden ser oportunidades para despertar nuestra esperanza y fortalecer nuestra resiliencia.

La compasión nos empuja a realizar acciones, ya sean estas pequeñas o grandes. Podemos demostrar compasión simplemente estando junto a alguien, escuchándolo, sosteniendo su mano. O podemos hacer actos más complejos como quizás recaudar dinero para alguien. De esta manera, una situación dolorosa se convierte en oportunidad para los involucrados de transformar la experiencia en amor.

En nuestra rutina diaria podemos encontrarnos con incontables oportunidades de demostrar compasión hacia los demás. Incluso estando inmersos en nuestras tareas cotidianas, podemos ser capaces de ayudar, quizás sea simplemente dejando pasar a alguien primero en la cola del supermercado, o darnos el tiempo para charlar con alguien que está sentando solo y taciturno en una plaza. Realizando estas sencillas prácticas de simplemente estar más atentos a lo que las personas a nuestro alrededor están vivenciando, ya nos podemos llegar a sentir más abiertos a nivel emocional y conectados. Podemos comenzar a vivir momentos que cambien positivamente a los demás y a nosotros mismos en el proceso.

 

¿Cuáles son los beneficios del amor?

 

El amor crea recursos que beneficia directamente a nuestra salud, nuestros lazos sociales, nuestra personalidad y mejora nuestra resiliencia. Es un ida y vuelta recíproco, los micro momentos de resonancia positiva ayudan particularmente en estas áreas y estas áreas nos permiten que podamos experimentar más micro momentos.

El amor nos conduce a ser la mejor versión de nosotros mismos,Nuestras acciones y atención están en mejor sintonía con las personas que están a nuestro alrededor. Experimentamos más calma, estamos más abiertos y somos más amistosos.

El amor tiene el poder de reestructurar nuestro sistema neuronal, conduciéndonos a que podamos experimentar lazos sociales fuertes y además vernos motivados a implementar hábitos saludables.

El amor nos protege, nos ayuda a decirle adiós a esos sentimientos de soledad. Los beneficios son compartidos, no solamente yo me veo beneficiado con la resonancia positiva, sino que también la persona con quien la estoy vivenciando. Nos hace estar más atentos a las necesidades de los demás y los protegemos.

Nos brinda reacciones positivas automáticas hacia aquellas personas con quienes hemos compartido estos hermosos micro momentos. Las interacciones con amigos y compañeros de trabajo se convierten en algo más disfrutable. Las conversaciones que compartimos son más significativas y profundas.

El amor, como dice Fredrickson, es nuestra emoción más suprema, tiene el don de inspirar todo aquello que hacemos, sentimos, pensamos y también en lo que nos podemos llegar a convertir.

En Psicologia Positiva no se habla solo del querer, sino se trabaja desde la mirada del amor como emoción positiva que está en nosotros invitar a nuestras vidas, podemos amar con pasión, profundamente, a un hermano, a un vecino, a una mascota. Esta emoción no se esconde solo tras los besos de los enamorados, sino que es una emoción tan magnífica que podemos sentirla todo el tiempo, con todos los hermanos de nuestra tierra.

El amor nos hace seres más compasivos y alegres, más completos y respetuosos, nos beneficia de numerosas maneras y depende de nosotros continuar alimentando experiencias que nos acerquen a vivirlo todos los días como el amor se merece.

 

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¿Quieres ser más feliz? Sé optimista

Quiero recordarte uno de los mejores trucos para ser más feliz, vivir más tiempo y con menos preocupaciones. Sí, estoy hablando de una de las mejores habilidades que podemos desarrollar en pos de nuestro
bienestar, el importante y tan necesario optimismo.

optimista inteligenteEn artículos anteriores ya hemos hablado de lo qué significa ser un optimista inteligente y he compartido contigo tips para incrementar el mismo, hoy veremos las razones por las cuales es tan relevante aprender a ser un verdadero optimista.

Quiero comentarte acerca de cómo es que piensa un optimista inteligente, analicemos sus pensamientos nutritivos:

  • Lo bueno que me sucede es permanente, se volverá a repetir: tienen confianza en sí mismos y sus capacidades, por eso tienen la certeza de que sí hicieron que ocurriera algo bueno, son perfectamente capaces de obtener ese mismo resultado una y otra vez.
  • Lo malo que me sucede es temporal: afortunadamente lo malo siempre se termina y ellos lo saben.
  • Las cosas buenas contagian las cosas que no funcionan: sin importar las crueles
    vicisitudes que deban atravesar, ellos saben que siempre hay algo que funciona, ya sea su familia o su salud, el trabajo o una pareja, aquello que funcione será el sostén para inspirarse a aceptar y crecer en la adversidad. Concentrarse en lo que sí tenemos en el amplio sentido de la palabra, nos brinda la fuerza que necesitamos para sobrellevar aquello que nos falta (PD: siempre te faltará algo).
  • Las cosas malas se quedan en una sola área, no contagian el resto: siguiendo con la línea anterior, cuando existe una cosa que arruina nuestra felicidad, va a quedarse circunscripta en una sola área. Pudieron haberme despedido, pero tengo a mi pareja, pude haber tenido un quebranto de salud pero tengo mis vínculos, lo malo se queda en una sola área, quietito, sin molestar al resto y el optimista a pesar de eso malo que le sucede, puede continuar siendo feliz.
  • Cuando algo sale mal o me peleo con alguien puede ser mi responsabilidad, la de los demás o de la situación: el optimista es flexible, tomará responsabilidad cuando le corresponda, sabrá cuando no sentirse culpable si en verdad no tuvo nada que ver. No cae en la manipulación de los demás, sabe decir que no y entiende que los límites son absolutamente necesarios y saludables en todos los vínculos y en todos los ámbitos.

Por supuesto que la persona pesimista piensa y se comporta exactamente de la manera
opuesta a lo aquí descripto, cuidado si te ves identificado con lo opuesto, ya que el pesimismo es el camino rápido hacia la tristeza, el fracaso, las enfermedades y la ausencia de disfrute de tu vida en general.

No es tu culpa ser pesimista, el cerebro, los medios de comunicación, la educación y hastanuestra familia pueden contribuir a desarrollar el pesimismo. Pero una vez que sabes que has caído en una trampa, que te has comprado un discurso poco atractivo y desalentador, es ahí cuando puedes decir basta y abrir tus ojos hacia una nueva realidad.

Uno de los grandes secretos del optimismo es el énfasis que pone en las cosas que ya posees, las experiencias que vive y los vínculos positivos que mantiene. No es necesario ser el más rico, ni el más exitoso, ni el más hermoso. Las metas extrínsecas como el dinero y la fama suelen hacer a las personas más miserables.

Solemos buscar la felicidad en el afuera, en tener cosas, nos vemos fácilmente seducidos por la superficialidad y el consumo. Y el problema con este pensamiento es que jamás tendremos todo, siempre nos faltará algo. También creemos que nuestra felicidad depende de cómo actúen los demás con nosotros, y la realidad es que no podemos controlar ni debemos controlar a nadie. El control que poseemos sobre lo externo es débil, tenemos más incidencia en controlarnos a nosotros mismos, nuestra actitud y nuestros pensamientos (con entrenamiento, pero se puede) que controlar las circunstancias de la vida que pueden sorprendernos en cualquier momento.

Cuando logramos enfocamos en el ser, en nuestro crecimiento personal, en el poder las
relaciones positivas y nuestro sentimiento de pertenencia a la comunidad o una buena causa, estamos pavimentando con seguridad el camino hacia el bienestar más profundo y auténtico. Nuestro cerebro puede ser un “músculo” que perfectamente podría ser nuestro mejor amigo, más allá de su predisposición evolutiva a protegernos, potenciar nuestra ansiedad y tener una tendencia natural a enfocarse más en lo negativo que en lo positivo, también es cierto que las neuronas que más desarrollamos somos las que más utilizamos.

Esto quiere decir que si nos entrenamos en ver el lado hermoso de la vida, nos permitimos sentir la conexión con el resto de las personas y abandonamos la postura de ser víctimas para convertirnos en escritores de nuestra propia historia, vamos a tener menor depresión, ansiedad y envidia.

Somos los creadores y responsables de nuestra felicidad, y esto no es algo que debe ser
tomado como algo negativo, sino como liberador. Somos escultores de nuestra vida, tenemos potencial para ser mejores, y ser mejores no quiere decir que debamos ser perfectos, simplemente haz lo mejor que puedas con las herramientas que posees y poco a poco irás adquiriendo más, irás avanzando más. A tu ritmo, sin auto exigirte, sin culparte. Tal vez no te enseñaron a ser feliz, pero jamás es tarde para aprender.

El optimismo te ayuda a ser perseverante, y la perseverancia es un don exquisito. Quizás no te hayas puesto a pensar en la importancia de esta fortaleza, pero realmente quien más persevera es el que triunfa, tarde o temprano logra su objetivo y eso enriquece su autoestima.

La perseverancia es hermana de la paciencia, a mí entender. Una potencia la otra, los grandes hitos de nuestra historia personal llevan tiempo y cuidadosamente debemos construirlos para poder disfrutar de las recompensas.

Así que recuerda, si quieres ser más feliz practica con tenacidad el optimismo. He compartido contigo los pensamientos y actitudes de las personas optimistas, léelos, imprímelos, tenlos presentes cuando las cosas no salgan exactamente como querías, conviértelos en tuyos y verás cómo el mundo, cómo tus relaciones, cómo tu experiencia en general, se aleja de las pesadillas para entrar en el éxtasis y paz del bienestar.

 

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El imperio de la Soledad

Este artículo fue escrito exclusivamente para los suscriptores de http://psicologiapositiva.com.uy/newsletter/ Sin embargo, es una temática tan compleja que me interesa conocer más miradas sobre el asunto. Pasa, lee y reflexiona conmigo

Hoy quiero que reflexionemos juntos sobre un tema que es bastante preocupante hoy en día y crece rápidamente, como una epidemia que destruye sin misericordia todo a su paso. Estoy hablando de la soledad. Y no de la soledad que se elige para pensar, para disfrutar con nosotros mismos, esa soledad que enriquece el alma. Estoy hablando de la otra, la que te hace sentir mal, la que te quita el sueño por las noches o es capaz de borrar tu linda sonrisa.

¿Cómo puede ser que un mundo tan hiperconectado las personas cada vez están más alejadas? ¿Por qué hay tantos divorcios? ¿Por qué no se invierte el tiempo en amigos y relaciones de calidad? ¿Por qué nadie se hace el tiempo para lo que verdad importa en vez de perderlo en las tonterías que el mundo te trata de vender?

Creo que existen demasiadas respuestas, solo me ocurrieron algunas, pero tal vez puedas ayudarme a pensar más allá y me encantaría que lo hicieras.

Algunas de las razones con las cuales me he encontrado en mi experiencia clínica son las siguientes:

A veces estás solo por falta de habilidades sociales, ya sea porque eres demasiado tímido o padeces de ansiedad social. Al no saber comunicarte correctamente con los demás o no ser muy hábil con tu inteligencia emocional, evitarás situaciones sociales, conocer nuevas personas, actividades donde en algún punto te sientas expuesto. Esto suele desembocar en pocos amigos y en no tener oportunidades suficientes para enamorarte.

A veces estás solo porque eres poco tolerante. Tal vez eres demasiado caprichoso y siempre quieres salirte con la tuya o te has acostumbrado a vivir solo y a no compartir. Cuando eres demasiado rígido y exigente eso puede cansar a la gente de tu entorno.

A veces eres demasiado pasivo. No sabes tomar la iniciativa, permaneces en las sombras y no quieres molestar. Por ejemplo, no llamas a nadie, no te acercas a la persona que te gusta, no eres capaz de decir lo que sientes, todo por temor a ser pesado. Pero esta actitud en extremo es leída por los demás como que eres una persona que no tiene interés por nada, alguien incapaz de tomar decisiones.

Puede ser que seas demasiado sacrificado, casi mártir. Todos son más importantes que tú, entonces sacrificas tu vida por tus padres, en muchas ocasiones. Te quedas con ellos, no sales con nadie, los cuidas hasta el último aliento, eso hace que tu vida sea hipotecada por la de ellos y cuando ya no están, miras a tu alrededor y no has podido construir nada para ti. No sabes ni por dónde empezar, entonces sueles no hacer nada y quedarte así. Pero tú ya no tienes a nadie que cuide de ti.

Puedes quedarte solo por ser perezoso, las relaciones positivas requieren de tiempo y energía, de que salgas al mundo y conozcas nuevas personas que puedan contribuir a tu vida. Nada vas a lograr encerrado en tu casa mirando series.

Tal vez estás solo porque te escudas detrás de una pantalla. Creo que la tecnología es genial y me encanta, pero si se usa de la manera incorrecta, es tu mejor arma para autodestruirte socialmente. Si tu círculo de amigos se reduce a tus grupos de whatsapp o a los “amigos” de Facebook, o los followers de Insatagram o Twitter, etc, etc, etc, no estaría siendo suficiente. Los vínculos se potencian con miradas, con contacto real, el amor se construye con abrazos y caricias. La pantalla alienante, hiptoniza, anestesia, te evita el contacto con la realidad, donde la vida realmente sucede.

Como podrás ver esto es solo una pequeña porción de la verdad, creo que es un tema muy complejo que requiere de un análisis profundo y por eso tu opinión me importa. Me gustaría que me escribieras y me dieras tu versión de las cosas, ¿por qué hay tanta soledad en el mundo? ¿Por qué crees que estás solo? Cuéntame tu historia, escríbeme si quieres a mariana.alvez@psicologiapositiva.com.uy

¡Que tengas una excelente semana! Y recuerda que nosotros construimos lo virtual en real mediante nuestro Club de Optimistas, actividades optimistas y variados talleres que realizamos.

 

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No me dejes…la trampa del abandono

miedo

La trampa vital del abandono, como lo plantea Jeffrey Young, está relacionada con la creencia de que perderás a las personas que amas ya sea porque morirán o porque te querrán dejar. Sientes que estás condenado a un abismo de soledad eterno.

 

Genera mucha desesperación en el terreno vincular, no importa qué tan bien te vaya en tus relaciones, crees que todas van a fracasar. Sientes que no eres importante y que los demás no se percatan de tu ausencia.

Esta trampa suele comenzar en el primer año de vida, antes de que exista el lenguaje. Eres muy sensible y puedes leer que te dejarán en situaciones que no lo ameritan. La sola idea de que te dejen activa esta trampa.

Cuando alguien se va, primero aparece el miedo, el pánico y la ansiedad. Luego aparece la tristeza, que puede escalar hacia una depresión. Por último, si esa persoan regresa, la ira se hace presente.

 

Existen dos tipos de abandono

  • El que proviene de un entorno exageradamente seguro y sobre protector: En este caso suele estar presente también la trampa de la dependencia, son personas que creen que no pueden sobrevivir sin ayuda, por lo que se encuentran en una búsqueda constante de figuras poderosas que dirijan toda su vida
  • El que se genera gracias a un ambiente emocionalmente inestable donde no hay nadie de forma permanente quien atendienda al niño. Hay una inestabilidad en las emociones que se sienten por los distintos miembros de la familia. Son personas que se sienten vacías cuando pierden a quienes aman, los demás les dan calma y tranquilidad. No se teme tanto a la soledad como a la pérdida.

 

Cómo se origina

  • Puedes tener una predisposición biológica a la ansiedad de separación o dificultad para estar en soledad
  • Uno de tus padres murió o te abandonó cuando eras joven
  • Tu madre estuvo enferma cuando eras niño o te separaron de ella durante un tiempo muy prolongado
  • Tuviste varias figuras maternas, por ejemplo sucesión de niñeras, lo cual genera inestabilidad
  • Tu madre era emocionalmente inestable, se deprimía, se enojaba a menudo
  • Tus padres se divorciaron cuando eras pequeño o se peleaban demasiado, temías que tu familia se separara
  • Tus padres o uno de ellos te ignoraba
  • Tu familia te sobreprotegió
  • Nunca supiste manejar las dificultades propias de un niño

Algunas personas que sufren de abandono lo afrontan evitando las relaciones íntimas, prefieren la soledad antes que pasar otra vez por el proceso de pérdida.

Peligro en el amor

Tus parejas pueden tener algunas de estas características:

  • Te involucras con personas que ya están comprometidas
  • Tu pareja no tiene el tiempo suficiente para dedicartelo
  • Tu pareja puede ser muy inestable, tiene problemas de alcohol, enfermedades psiquiátricas o adicciones
  • Tu pareja es inmadura y no quiere comprometerse, puede ser infiel
  • Tu pareja es contradictoria, a veces se muestra cariñosa, a veces desaparece y actúa como si no fueras de importancia

Las relaciones amorosas inestables te resultan cómodas y familiares porque es lo que has vivido, pero la inestabilidad mantiene viva la trampa del abandono y eso te genera aún más atracción. En tu elección de pareja, inconcientemente siempre revives el abandono.

Incluso si tienes una relación amorosa estable, pueden surgir ciertas actitudes como evitar demasiada conexión por miedo a perder a la persona, sentir miedo de que esa persona muera, eres posesivo, tu vida gira en torno a esa persona, algunas veces abandonas al otro para castigarlo por aquellas veces que no ha estado para ti.

El desapego es la manera de contra atacar este abandono, es negar la necesidad de relacionarse o mostrarse como si no necesitaramos al otro. Una parte de ti quiere la intimidad, otra está enojada por abandonos anteriores. Puedes recién comenzar una relación y sentir que el otro ya no está.

Si el abandono es demasiado fuerte, puede afectar incluso otras áreas, no solamente a nivel amoroso, sino a nivel laboral y de amistades.

Si te sientes identificado con lo aquí leído el tratamiento indicado es la terapia de esquemas, una mirada integradora que combina estrategias y teorías de distintos cuerpos teóricos del mundo de la psicología.

El primer paso es conocerte, a partir de ahí, todo cambio o mejora es posible.

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Forjarse en la adversidad

 “Los guerreros de la antigüedad luchaban para conquistar y defender tierras. Los guerreros de la actualidad son los que luchan para cambiar sus circunstancias”

Los héroes de la vida real se llaman Juan, María, Carlos, José…Eres tú, soy yo. Somos construirse.pngverdaderos guerreros que debemos atravesar un maremoto de circunstancias, algunas buenas, otras no tanto, debemos vivir en esta montaña rusa de emociones llamada vida.

La realidad es que nadie puede escapar a la adversidad. Tarde o temprano nuestro mundo se puede tambalear por una pérdida, un despido, una ruptura, un accidente, una enfermedad. Y así es nuestro camino, con todo lo bueno y con todo lo malo que se irá delineando en nuestro transitar.

Tal vez nadie se detiene a pensar en lo afortunados que somos cuando tenemos la oportunidad de enfrentarnos a un temblor emocional. Incluso en inglés hay una frase         que reza “a blessing in disguise” (una bendición disfrazada) haciendo alusión a que eso terrible que estás viviendo en realidad puede ser algo bueno si lo dejamos madurar.

Tú querido lector a esta altura ya sabes que me dedico a la Psicología Positiva, el estudio científico de la  felicidad y el bienestar, e incluso en nuestra corriente damos un espacio importante al crecimiento que conlleva el dolor, llamado resiliencia en algunas oportunidades y crecimiento postraumático en otras.

La resiliencia es la habilidad que tenemos de sobreponernos a las adversidades que nos tocaron en suerte atravesar. Es una capacidad inherente al ser humano, dinámica y universal. La misma no siempre se muestra de la misma manera, es un proceso que se construye en  constante interacción entre las personas  y su entorno.

Las personas resilientes buscan activamente tener desafíos que los lleven al límite, quieren expandir su horizonte. Seres hambrientos de experiencias y aventureros. Logran encontrar significado en sus fracasos, para ellos son aprendizajes.

Ser resiliente te ayudará a mantener la cabeza fría y tomar decisiones acertadas en los momentos de crisis, es una capacidad que resulta esencial para ser exitoso, ya que incide directamente en tu nivel de perseverancia, siempre necesaria para alcanzar nuestras metas más preciadas.

Si eres resiliente verás que sabes manejar tus emociones de una manera saludable, no te enojas con frecuencia y además piensas antes de actuar. Eres una persona empática, capaz de comprender el dolor de los demás y ponerte en su lugar. Eres una persona optimista, que confía en sí misma y en su capacidad de salir adelante. También eres una persona humilde que si está en aprietos no teme pedir ayuda, todos necesitamos aliados y no es de cobardes pedir una mano cuando lo necesitamos.

Tú puedes desarrollar la Resiliencia mediante:

  • Disfrutar de tus vínculos afectivos
  • Potenciar una visión favorable de ti mismo
  • Confiar en tus capacidades y fortalezas
  • Planificar proyectos y metas de manera realista
  • Manejar los impulsos
  • Evaluarte a ti mismo con más justicia, no seas tu juez más severo

Tú puedes aprender a ser más resiliente, a aceptar tus circunstancias y a cambiar aquello que está en su control. Un verdadero guerrero conoce cuando debe luchar y cuando debe aceptar y desapegarse.

“Un buen guerrero no se queja de sus cicatrices, ni de sus fracasos, ni de sus errores; es consciente de que han sido necesarios para crecer y aprender”.

El crecimiento postraumático está asociado al crecimiento que sobreviene luego de haber transitado un hecho donde tu vida estuvo en riesgo o sufriste un ataque físico. La palabra crecimiento implica que la persona creció más allá de su nivel de funcionamiento previo, dicho de otra manera, la persona evolucionó emocionalmente.

Superar una adversidad, querido guerrero, es también permitirte sentir la fuerte convicción de que eres mejor de lo que eras antes de ella. “Lo que no te mata, te fortalece”. Podrás perder batallas, pero no la guerra. El dolor puede golpearte, marearte, tragarte, pero no vencerte, no si no se lo permites.

“Todo hombre debería perder una batalla en su juventud, para no perder la guerra cuando sea viejo “George R.R. Martin.

Las investigaciones han demostrado que quienes han sufrido alguna adversidad muestran fortalezas más intensas comparados con aquellos quienes no han experimentado nada.  Así que cada vez que algo no sale como quieres, cuando no logras alcanzar lo que te has propuesto, cuando sabes que por más que ames a alguien no puedes cambiarlo, cuando debes transitar una enfermedad, cuando debes aceptar la muerte y soltar, cuando una etapa culmina, cada vez que te enfrentes a los demonios saldrás más fuerte.

Aquella persona que jamás ha sufrido no es afortunada, será débil. Porque aprender de la adversidad implica que eres un guerrero de la vida, que posees una sabiduría que los demás no tienen, que sabes desdramatizar las tonterías de la cotidianeidad, que te permites asombrarte y divertirte como niño, que eres capaz de salir airoso de complejas batallas. Cada día, simplemente, eres más fuerte.

El dolor te hace crecer como ser humano, te desarrolla emocional y psicológicamente. Las personas más sabias no son las que tienen más años, sino quienes han vivido más experiencias fuertes y han salido victoriosos. Y ser victorioso no necesariamente es vencer, a veces es simplemente aprender.

Quienes han vivido una experiencia traumática y son lo suficientemente humildes para aprender de ella, sienten un mayor aprecio por la vida. Se sienten enérgicas y con ganas de hacer muchas cosas, son más fuertes espiritual y emocionalmente, se vinculan con los demás de una manera más profunda. Son personas compasivas y comprensivas. Saben qué es lo que es realmente importante en el mundo, prima más el desarrollo espiritual y psicológico que el material.

 

“A veces no te das cuenta de tus propias fortalezas hasta que te encaras con tu mayor debilidad”-Susan Gale.

Querido lector, quiero que te des el permiso para convertirte en guerrero a partir de hoy mismo. No insultes a la vida por los dolores con los cuales te golpea, quiero que agradezcas y te permitas potenciarte en la adversidad. Nadie escapa a los caprichos del destino, todos tenemos nuestras batallas con la cuales lidiar.

Las crisis son necesarias para tu crecimiento, no son obstáculos necesariamente, no si reinterpretas estos acontecimientos a tu favor.

La esperanza es lo que te sostiene durante los peores momentos, debes tener esa fe inamovible de que podrás salir adelante o al menos hacer que esa situación tenga un sentido para ti.

Respétate,  cuida tus necesidades. No temas enfrentarte a emociones fuertes, son necesarias para construir tu carácter. Decide dedicar tu fuerza en lo mucho o poco que puedes controlar, recuerda que la actitud es algo que concientemente elegimos.

No temas forjarte en la adversidad, porque aquellos que pasamos por lo peor, somos como el ave fénix. Renace de las cenizas, aprende de tu dolor, hazte poderoso en el proceso, aprecia la vida con todo lo maravilloso y desafiante que implica. Esparce tu sabiduría y tu amor.

 

Si quieres trabajar en tu Resiliencia, tanto a nivel laboral como personal, te recomiendo conozcas nuestro programa http://psicologiapositiva.com.uy/resilienciaorganizacional/

 

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La felicidad es una cuestión de actitud

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La felicidad es interior, una cuestión de elegir pensar de determinada manera, de cultivar nuestro optimismo, de aprender del dolor, de permitirnos crecer, en definitiva, podríamos decir que la felicidad es una cuestión de actitud.

 

Ciertas conductas, emociones y pensamientos nos van a acercar o alejar de nuestra gloriosa meta, reflexionemos acerca de cómo tendríamos que elegir actuar, cómo pensar, qué dejar ir, para brindarnos el permiso de ser más felices.

Aprendamos a desdramatizar la cotidianeidad. Tantas situaciones, discusiones, problemáticas, pueden ser solucionadas si tan sólo intentamos verlas desde una perspectiva más objetiva, racional y empática. Vamos a cuestionar lo que nosotros interpretamos de determinadas situaciones que nos hacen daño, si reflexionamos seguramente podremos ver que muchas situaciones son más inocentes de lo que consideramos en un principio.

Perderle el miedo a establecer límites saludables. Los límites claros son vitales en todo vínculo, nos protege a nosotros y establecemos parámetros para poder comunicarnos con honestidad y comodidad. Debemos evitar sentirnos culpables cuando decimos que  NO, porque a hay veces que es necesario que nos tomemos un tiempo para nosotros o simplemente no podemos ser de ayuda en esa circunstancia. Hay que aprender a priorizar, ciertos favores a veces se van de las manos o se convierten en imposición por parte del resto y eso nos hace sentir culpables cuando no podemos rescatar a todo el mundo. Decir que no sin culpa, cuidando nuestro tiempo, respetando nuestro estado de ánimo nos ayuda a sentirnos más en paz. 

Focalizarnos en el presente. Esto nos habilita a disfrutar el momento en toda su intensidad. Nuestra mente es media tramposa y nos hace creer que preocuparnos en exceso por algo nos va a terminar ayudando, cuando en realidad hace todo lo contrario. Por más que nos obsesionemos pensando en todas las cosas que tenemos que hacer, el pensar no nos llevará a ninguna parte. Si no podemos hacer algo en este momento, entonces concentrémonos en lo que sí podemos hacer y en la medida de lo posible disfrutarlo.

No todo es personal.  Puede sucedernos que tengamos que lidiar con gente malhumorada, negativa, o que simplemente están enojados con el mundo. Por eso debemos aprender a ignorar ciertos comentarios, a quitarle fuerza a ciertas palabras, si siempre dejamos que los demás tengan el poder sobre nuestra autoestima vamos a ser propensos a que nos hagan sentir culpables o tristes. Tenemos que tener bien en claro quiénes somos y cuánto valemos. También aprender a dejar ir ciertas palabras que las personas dicen producto de su frustración interna.

Lo perfecto no existe. Si somos concientes de que es mejor hacer las cosas que no hacer nada esperando la perfección inexistente, nos veremos más satisfechos con lo que hacemos y además haremos más cosas.

Toleremos nuestros defectos y los defectos de los demás.  Nosotros tenemos defectos, nos equivocamos, somos capaces de herir a alguien sin querer. Los demás se comportan del mismo modo, son tan humanos como nosotros. Seamos realistas en cuanto a las expectativas que tenemos de los demás, no podemos moldear a nadie de acuerdo a nuestro capricho, tenemos que aprender a aceptar a las personas que amamos tal cual son.

Cultivemos nuestro optimismo. Si bien tanto el pesimismo como el optimismo tienen componentes genéticos en juego, no debemos olvidar que también son estilos de pensamiento que pueden ser aprendidos. Si seguimos estos consejos, si cuidamos nuestra manera de interpretar lo que nos sucede, si tenemos la humildad suficiente para entender que no siempre tenemos razón y comprendemos que tenemos que concentrarnos en aquellas cosas que sí podemos controlar y soltar aquellas que no, vamos a poder disfrutar de los beneficios de esta hermosa virtud.

Las investigaciones en el campo de la Psicología Positiva han demostrado que quienes son optimistas pueden disfrutar de las siguientes consecuencias:

Las personas optimistas obtienen mayores logros que las pesimistas, gozan de una mejor salud  y se cuidan más, también viven más tiempo. Los optimistas son perseverantes y ven los obstáculos de la vida como oportunidades de lucha y crecimiento, confían en sus habilidades y su capacidad para alcanzar el éxito. No permiten que los hechos negativos cotidianos los derroten fácilmente, se protegen del estrés siendo concientes de que sí algo bueno han logrado podrán obtener cada vez más cosas en su futuro.

 
La felicidad no es algo inalcanzable, no es solamente ese gran momento único de estallido emocional gigantesco, en realidad la felicidad la podemos encontrar todos los días, en cada momento con los pequeños detalles, con las pequeñas victorias que obtenemos a diario. Celebremos los pequeños milagros que nos rodean, como las personas que nos aman, las risas que compartimos, las películas que miramos, los helados que disfrutamos.

Prestemos atención a las cosas que sí funcionan, quizás sea nuestra salud, o nuestro trabajo, o nuestra pareja. Siempre hay un área que funciona, si pensamos cuidadosamente siempre vamos a encontrar algo de lo cual estar agradecidos y el secreto es saber encontrar fortaleza en aquello que sí funciona y ser capaces de esparcirlo positivamente al resto de nuestras áreas.

La felicidad en última instancia es una elección, es elegir mirar las cosas desde otro ángulo, es escoger lo que nos hace bien, es permitirnos amarnos y estar orgullosos de nosotros.

No es una sola cosa la que brinda bienestar, sino la sumatoria de pequeños actos, actitudes y vínculos lo que nos acerca a una nueva manera de pensar. ¿Qué actitud vas a elegir hoy?

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Desapego y Aceptación

Cuando una relación se termina, cuando nos desvinculamos de un empleo, cuando debemos afrontar una enfermedad, cuando perdemos a alguien, cuando una meta no se cumple, todas situaciones por las cuales los mortales deberemos transitar. Situaciones que podemos aprender a manejar mejor gracias al desapego y la aceptación.

 

soltarEste término del desapego ha sido ampliamente utilizado en el ámbito del desarrollo personal y alude a la liberación, al dejar ir, aunque no desde la resignación, sino desde la paz y nuestra sabiduría interior.

Cada uno es responsable de sí mismo y por lo tanto debemos hacernos responsables de nuestras actitudes y nuestras decisiones, pero no desde un lugar de autocastigo, sino desde un lugar de amor, paciencia y también de libertad.

El desapego es el arte de diferenciar el mundo exterior del mundo interior, es lo que nos habilita a no dejarnos influenciar negativamente por los demás, nos permite aprender a escuchar nuestra voz interior en lugar de la ajena.

La sabiduría de saber diferenciar aquello que podemos cambiar y lo que no, nos permite ser más libres y no perder el tiempo en preocuparnos o atormentarnos por aquello que no está bajo nuestro dominio.

Debemos aceptar nuestra realidad. Es lo que es por ahora, hay cosas que no podemos cambiar y otras que sí, quedarnos en aquello que no cambia es torturarnos.  Siempre podemos trabajar para aprender a manejar nuestras emociones y pensamientos, si bien no es tarea sencilla, vale la pena el trabajo para lograr esto.

El desapego también está relacionado con vivir el aquí y ahora, hacer las cosas y luego desapegarnos del resultado, sabiendo que si tienen que cumplirse así será. Hacer lo que esté en nuestras manos y luego esperar sin obsesionarnos pensando enfermizamente en eso.

Para poner en práctica el desapego podemos comenzar siendo concientes de quiénes somos y cuál es nuestro propósito en la vida. Acercarnos a nuestra espiritualidad, entendida esta en su amplio sentido y no atada a ninguna creencia religiosa en particular.

Entre los beneficios del desapego encontramos calma, una sensación de paz interior, la libertad para encontrar soluciones a nuestros problemas, transitar por el duelo necesario y luego crecer a partir de él.

Nos debemos desapegar desde la honestidad, de manera abierta y siempre con el compromiso y nuestra voluntad de intentarlo. Si nos desapegamos, estamos en una mejor posición para trabajar sobre nuestras emociones de dolor o resentimiento.

Para mí el tema del desapego también está muy relacionado con la aceptación. En la terapia dialéctica conductual, donde se pone el énfasis en la aceptación y la validación de las emociones para desde ahí acercarnos a un cambio, se habla de aceptación radical.

La aceptación radical tiene que ver con una aceptación COMPLETA Y ABSOLUTA. Es cuando aceptamos algo desde lo más profundo de nuestro ser. Cuando lo aceptamos en nuestra mente, en nuestro corazón e incluso en nuestro cuerpo. Cuando logramos aceptar algo radicalmente no estamos luchando contra eso, dejamos de luchar contra la realidad y contra lo que no podemos cambiar. Es soltar también.

Tiene que ver con un concepto interno que deberíamos darnos el derecho de sentir.  Para ponerlo en práctica podemos pensar en todas aquellas situaciones donde aceptamos algo completamente.

Cuando alcanzamos la aceptación podemos sentir que estamos dejando ir la lucha, la resistencia, simplemente dejamos ir aquello que nos había obsesionado. Si logramos este estado también nos podemos sentir más centrados, libres y en paz.

Incluso aunque podamos llegar a sentir aún cierta tristeza, si elegimos soltar sentiremos como si un peso hubiese sido quitado de nuestros hombros. Vamos a poder finalmente avanzar, para salir adelante es importante aprender a dejar ir aquello que nos estanca en todo sentido.

El dolor es dolor, pero la agonía y el sufrimiento, son el dolor más la no aceptación. La aceptación radical convierte el sufrimiento en mero dolor, algo que podemos aprender a manejar y utilizar a nuestro favor. El dolor permite crecimiento y maduración, tenemos que darle su espacio y abrazarlo.

Aceptemos que la situación que genera dolor tiene una causa a veces no manejable por nosotros. Esto es lo opuesto de decir ¿por qué a mí? Evitemos sentirnos víctimas desamparadas, vamos a ser victoriosos creadores y entender que lo que nos sucede también es parte de lo que nos construye y nos fortalece.

Intentemos aceptar una situación incluso aunque no conozcamos del todo las causas que la generaron. Y si somos lo suficientemente afortunados de conocer las causas que iniciaron determinada situación, quizás hasta podamos evitar vivir la misma experiencia en un futuro o al menos podremos comprenderla. Intentemos aceptar y seguir adelante, construir algo diferente desde nuestro poder.

Aceptemos que la vida vale la pena vivirla incluso aunque debamos sufrir a veces. Si no existiera el dolor, ¿cómo sabríamos que somos felices? Si no existiera aquello que no está en nuestro control, ¿cómo podríamos discernir que sí podemos cambiar y que no? ¿Cómo podríamos alcanzar esa sabiduría interna?

Estos dos conceptos trabajados hoy son muy útiles a la hora de avanzar en nuestra vida, a vivir desde el presente y aprender del pasado sin estancarnos en él. Te invito a que los utilices, ¡a crecer se ha dicho!

 

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