La tiranía de la felicidad

Deseo que seas feliz, pero no como te lo imponen. Escapa a la tiranía y descubre tu verdad

Como experta en Psicología Positiva, me duele mucho cómo bastardean el término de la felicidad. La misma se ha convertido en un mero objeto de consumo, con la consecuente proliferación de estrategias de marketing alrededor de la misma.

Venden la idea de una felicidad superflua, perfecta, o te presionan a buscarla donde no está. Creo que hay una serie de problemas alrededor de esta temática que finalmente terminan por alejarte de ella, en lugar de ayudarte a encontrarla.

¿Qué es la felicidad?

Primero tendríamos que definirla. Ella no es alegría, no es euforia, no estar enérgico todo el tiempo. No es comprar cosas sin sentido, o ser famoso, o ser rico. No es quien tenga más seguidores, el mejor cuerpo, o el más inteligente.

La felicidad es mucho más simple y si compras un ideal inalcanzable, solamente encontrarás frustración. Es verdad que este concepto tiene mucho de individual, pero de todas formas, las investigaciones se han puesto de acuerdo en ciertos factores que se repiten en todas las personas felices.

Las maneras más profundas de alcanzarla son dos, una es encontrar propósito y sentido en tu vida, un motivo para levantarte. En general esto está asociado a formar parte de algo más grande que uno mismo, ayudar a los demás. Invertir tu tiempo en aliviar a alguien de alguna forma es un camino asegurado para brindar sentido a tu existencia.

La otra vía son las relaciones interpersonales positivas, ya que necesitamos vincularnos también por un tema de supervivencia enraizado en nuestro cerebro desde el principio de los tiempos. Pero hago hincapié en positivas, si solamente tenemos vínculos tóxicos que nos asfixian, esto hace más daño que bien.

Luego existen otras vías más sencillas para generar bienestar, como activar las diez emociones positivas, reconocer tus habilidades y talentos y poder ponerlos en juego, tener metas que te desarrollen como persona y lograr alcanzarlas.

De todas formas, las primeras que te comenté son las más intensas y eficientes. Cuando nos movemos por el egoísmo, la necesidad de solamente estar bien nosotros, de cegarnos con nuestro propio dolor, más difícil se hace alcanzar lo que tanto deseamos.

Si quieres amor, bríndalo, si necesitas ayuda, préstala. Si estás absorto en tu dolor solamente te hundes en un espiral de desesperación y sinsentido.

La verdadera felicidad está asociada con la calma del ser. Con la sensación de que todo está bien, de que todo es suficiente. Es mantener el asombro y la gratitud en las cosas más sencillas, ya que ellas te acercarán a lo más grandioso sin darte cuenta.

No te presiones

La felicidad no tiene que ser una obligación, es tu propio camino y quizás seas feliz sin darte cuenta. Muchas veces tienes todo resuelto y no puedes verlo, por la ansiedad impuesta de que necesariamente tienes que tener más. Más amigos, más parejas, más aventuras, más viajes, más dinero, más belleza, etc. Y esto no es verdad, quien eres es suficiente y si deseas mejorar algo, que sea tu personalidad, tus defectos, tu visión negativa, tus hábitos de salud, sin entrar en deseos de perfección alocada.

El desearlo no es suficiente

Solamente leer frases motivacionales, esperar que mágicamente las cosas se solucionen, pensar en exceso, preocuparse, no son acciones reales. Uno debe trabajar activamente por su felicidad, construirla día a día, decisión a decisión. Cada uno sabe lo que le brinda más paz y calma, ve por esas experiencias.

No escapes al dolor

Es necesario llorar, estar mal, hacer el duelo por las cosas que corresponden. Hay que transitarlo y el sufrimiento se irá apagando. A veces hay que construir nuevos caminos para poder salir del mismo de una forma saludable, encontrar tu propósito te ayudará en esto.

Evita compararte con los demás

Tu vida es valiosa, tu eres valioso. Intenta alejarte de esas comparaciones terribles, porque mientras tu estás mirando a alguien quien crees que tiene todo, otros te están mirando a ti pensando exactamente lo mismo. Con la única persona con quien debes competir, a quien debes mejorar es  a ti mismo.

Valora quien eres y lo que ya posees

Si tienes un techo bajo tu cabeza y comida, ya eres mucho más afortunado de lo que crees. Ahora puedes incorporar cosas nuevas, sin presionarte.

Aléjate de los ideales alocados que te quieren imponer, solamente hacen daño. Sé incrédulo ante la aparente felicidad de las redes, la vida que debes nutrir es la tuya. Olvida lo que crees que necesitas para ser feliz y haz lo increíble con lo que ya está presente. Sé cada día lo mejor que puedas, desde el amor, hacia ti mismo y los demás.

Crea una vida feliz y con sentido, comienza a construirla desde ahora.

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Aprende de la angustia y líbrate de ella

Hablemos de angustia, qué es y algunas estrategias para tenerla bajo control

La angustia ha sido un tema ampliamente estudiado por la filosofía y las distintas corrientes psicológicas. Etimológicamente proviene del término alemán angst y de la palabra germana eng. Este concepto hace referencia a algo angosto o estrecho, es decir, a malestar y apuro.

La angustia es universalmente vivenciada por las personas, su efecto paraliza, estremece, es una emoción harto compleja, desagradable, incluso difusa. Aparece ante una amenaza real o imaginaria las más de las veces. Provoca terribles consecuencias a nivel psíquico y físico.

Está asociada a situaciones de desesperación, donde la persona no se siente capaz de controlar sus actos. Si bien ciertos niveles de angustia son necesarios y adaptativos, cuando hablamos de su cara patológica, la misma es desproporcionada, visceral, recurrente e imaginaria muchas veces, imaginando situaciones horribles cuando estas no existen.

Existe un estado de indefensión que lo aprisiona, conduciendo a un deterioro mental, interpersonal y físico.

La angustia conduce a la ansiedad, la potencia. La ansiedad es la tarjeta de presentación de un malestar más profundo (García Nieto, 2019). Hoy en día se ve alimentada por los deseos que nos imponen de afuera, nos obligan a encajar en ideales de belleza, de perfección, de status social y económico que nos presionan, estándares obviamente innecesarios para nuestra verdadera felicidad.

El deseo de inmediatez, de autoconvencernos de que estamos incompletos, de que necesitamos más de lo que realmente necesitamos, es una trampa excelente para angustiarnos cada día un poco más. La idealización que se hace de las vidas ajenas, cuando la gente solamente muestra lo que desean que veas.

Para poder escapar de la angustia, nos ponemos en continuo movimiento, no nos permitimos reflexionar, estar con nosotros mismos, quizás ni siquiera disfrutar de nuestra propia presencia o darnos el permiso para generar un vacío de aburrimiento, que habilita un pensamiento más profundo. Nos asustamos de nuestra propia existencia y creemos que estamos vacíos, cuando tenemos tanto, tanto para dar.

Dato interesante

Desde el ámbito de la psicobiología nos dicen que el complejo GABA está asociado a los receptores específicos para las benzodiacepinas; y los sistemas de neurotransmisión noradrenérgica y serotonínica están vinculados a la psicobiología de la angustia, queda aún investigación por realizar en este terreno.

¿Qué podemos hacer con la angustia?

Primero aprender a nutrir nuestra mente, meditar, conectarnos con el dolor, aprender de él. Diferenciar los pensamientos reales de las mentiras que nuestra cabeza constantemente nos está susurrando cruelmente.

  • No hay que escapar de la angustia, hay que aprender a reconocerla y muchas veces transitarla
  • Ser conciente de los pensamientos pesimistas que te atormentan
  • Prestar atención a tu respiración, a tu existencia
  • Reconoce cuánto vales como persona y la importancia de que estés aquí con nosotros
  • Buscar un propósito en tu vida, una causa que sea más grande que tu
  • Realizar pequeños actos de bondad a diario, que son un mimo para el corazón
  • Dejar ir el odio y el rencor
  • Amar más, en el amplio sentido de la palabra
  • Cuidarte siempre, aunque no lo desees, aunque creas que no lo merezcas
  • Concentrarte en brindar lo que deseas para ti, si deseas amor, bríndalo, si quieres ayuda, ayuda tu mismo. Cuando nos concentramos más en brindar que en recibir, nos alejamos de la demanda excesiva y patológica en la que solemos caer.

La angustia también te está diciendo algo, conéctate contigo, pide ayuda de ser necesario, pero no seas indiferente. Cuando el alma grita, hay que escucharla.

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El rol de la compasión en tu sanación

Quiero hablarte de la compasión y la autocompasión y por qué estos conceptos son necesarios para desarrollarte a nivel emocional.

La compasión está relacionada con la sensibilidad de percibir tanto al dolor ajeno como el propio. Su objetivo es el intento de aliviar o prevenir malestares. Permite aliviarte y crear calma personal. Es una aliada a la hora de profundizar en las relaciones positivas y nutre el amor hacia los otros y hacia ti mismo.

Los términos de compasión y aún más autocompasión, generan prejuicios y los confundimos con la lástima en su connotación negativa. Es como si estuviera mal tener en consideración tus emociones, perdonarte o ayudarte a levantarte, es como si fuera algo de débiles.

La autocompasión es el amor que nos dispensamos a nosotros cuando nos frustramos, nos equivocamos, hicimos algo malo, nos avergonzamos o nos criticamos despiadadamente. Implica un acto de conectar con nuestros pensamientos, con escucharnos con más claridad, libre de prejuicios, con amor y respeto. Es un instrumento para el autocuidado y sobre todo para la sanación emocional.

Estos conceptos involucran aspectos cognitivos, emocionales y conductuales. Cuando percibes el sufrimiento del otro, habrá en ti un impulso emocional para aliviarlo. Tu pensamiento se activa a través de la atención que proporcionas a la otra persona, el análisis del padecimiento y el reconocimiento de que tienes herramientas para ayudar al otro de alguna forma. El comportamiento se manifiesta a través del acto de comprometerte y actuar para intentar eliminar o calmar el dolor.

Señales de alerta

Lamentablemente, la autocompasión a veces la tenemos poco desarrollada, sobre todo cuando se trata de perdonarnos.

Algunas señales tienen que ver con no darte el lugar que te corresponde, es excelente ayudar a los demás, pero tú también tienes que estar fuerte y sano para poder llevar a cabo esta noble labor.

También es necesario establecer límites saludables, de lo contrario las demandas excesivas de algunas personas te agotarán  y drenaran tu energía psíquica y emocional.

Puedes ser demasiado autoexigente, perdonando a todos menos a ti mismo, es como si tuvieras que ser invencible, jamás equivocarte y además criticarte sin piedad si fallas.

Para mejorar la autocompasión

Para comenzar a trabajar en ella, debes ser muy conciente de tu diálogo interno, ¿cómo te hablas a ti mismo? ¿Cuándo te juzgas? ¿Qué lenguaje utilizas contigo mismo? ¿Te menosprecias, te castigas? ¿Qué palabras dulces y amables puedes dispensarte?

Háblate como si fueras un amigo. Un ejercicio que propongo a mis consultantes el siguiente:

-Imagina que tu historia no es tuya, sino la de alguien más. Ese amigo viene a contarte sus penurias, su contexto, sus limitaciones, sus aciertos y desaciertos. ¿Le dirías a él lo mismo que te estás diciendo a ti? ¿Por qué si es la historia de alguien más se puede tener compasión, pero cuando es la tuya es como si fueras la peor persona de la tierra?

Todos nos equivocamos, nadie es perfecto, pero en lugar de castigarnos por nuestros errores o quedarnos estancados en el pasado, debemos caminar construyendo un mejor futuro y aprendiendo de las cosas que hemos hecho mal o de las atrocidades por las cuales tuviste que atravesar.

El dolor sin aprendizaje es en vano y es una trampa excelente para quedarte estancado en el castigo en lugar de hacer algo productivo.

Así que trátate con amor, trata a los demás con amor, sé paciente, protégete de aquellos que te hacen daño emocionalmente y sobre todo, comienza en casa. Porque a veces los peores enemigos, los encuentras del otro lado del espejo.

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El rol de la soledad en los desórdenes alimenticios

Las emociones negativas juegan un rol fundamental a la hora de tener una relación patológica con la comida. Veamos que sucede con la soledad, tanto real como percibida, en los desórdenes alimenticios en general.

Para el siguiente artículo te voy a compartir algunas conclusiones que extraje de la revisión sistemática realizada por Martha Peaslee Levine, en Loneliness and Eating disorders (Soledad y desórdenes alimenticios).

Los desórdenes alimenticios tienen una funcionalidad, la mente siempre tiene una intencionalidad positiva aunque nos lastime. La enfermedad muchas veces es percibida como una amiga, algo que jamás te falla cuando todos los demás lo hicieron. Estos desórdenes hacen que la persona pueda majestuosamente escapar de las emociones, anestesiándose. De alguna forma, también está forzando a su cuerpo a decir lo que ella misma no puede expresar.

Como dato interesante te quiero compartir que el revestimiento del sistema digestivo tiene las mismas raíces de desarrollo que la piel, así que el acto de comer nos brinda una especie de masaje interno, convirtiendo a la comida en algo que nos consuela, que nos alivia.

Las emociones y pensamientos negativos que más presentes están son: el enojo, la tristeza, el miedo, el estrés, el agotamiento mental, la devaluación y menosprecio, la sensación de estar abrumado, el aburrimiento, las preocupaciones, y por supuesto la soledad.

Cuando la compulsión de comer aparece bajo estas circunstancias, se vuelve mucho más complejo de manejar. Todas las adicciones tienen como meta tener las emociones bajo control, y por ende, la vida en sí misma.

EL ROL DE LA SOLEDAD

Debes saber que la soledad cumple también una función vital para nuestra supervivencia, algo que hemos heredado de nuestros antepasados. La soledad existe como dolor emocional para protegerte de estar aislado en la realidad. Es una alarma que te dice cuando los lazos de protección están por desaparecer. Somos seres sociales, gregarios, para protegernos de los peligros del mundo. Y nuestro cerebro ama la supervivencia, los demás juegan un papel importante para brindarnos una sensación de pertenencia, de sostén emocional  y de cuidados.

La soledad puede ser real, en el sentido de que realmente careces de vínculos, o también puede ser percibida, te sientes solo a pesar de estar rodeado de personas (esto en general pasa por no tener trabajadas las habilidades sociales, entre otros factores más profundos). También ocurre que a veces tienes vínculos, pero los mismos son tóxicos, entonces tampoco estarían contribuyendo a tu bienestar.

Comer, cuando te sientes solo, de alguna forma reemplaza las conexiones sociales que no posees, o que crees no tener. Recrea una sensación de alegría, que pudiste haber sentido en el pasado o que la estás generando ahora con esta acción.

La soledad es un tema complejo, pero muchas veces se alimenta por los propios demonios que creas. El pesimismo, la ansiedad social, una autoestima demasiado baja, un modo de apego ansioso, contribuyen a que mantengas tus creencias negativas.

Cuando percibes que estas solo, te sientes inseguro, viendo el mundo como un lugar únicamente cruel y fijándote solamente en lo negativo la sociedad.

Si asumes que has sido rechazado, fomentarás la idea de que no vale la pena intentar conectarse con los demás y seguramente evitarás futuros intentos. El miedo te encierra en su jaula y no te permite actuar.

 Si te sientes con poca competencia o que no vales demasiado, crees que los demás no querrán acercarse a ti o son falsos cuando lo hacen. También puedes caer en conductas como anteponer las ideas o necesidades de los demás antes que las tuyas, buscando desesperadamente aceptación. A las personas con desordenes alimenticios les cuesta creer que sí pueden existir relaciones positivas, íntimas y estables.

Considero que en terapia este es un punto muy interesante para trabajar en pos de la sanación de la persona, el sentirse conectado, amado, respetado y sobre todo que el individuo pueda revalorizarse, calmará la necesidad de ahogar sus emociones con la mala relación que tiene con la comida, como medio de castigo para su cuerpo.

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Cuando tu vida te frustra

Hoy quiero que reflexionemos juntos acerca de esta sensación que muchos padecen, además veremos cómo aprender a salir de ella.

Un gran error que puedes llegar a cometer con frecuencia, es el hecho de compararte con los demás. En varias ocasiones te he comentado lo terrible que esto es, ya que estás siendo injusto contigo mismo. Nadie tiene tu vida, tu energía, tu potencial, tus oportunidades o fracasos, tus tiempos, entonces ya lo sabes. Con la única persona que debes compararte es contigo, lo repetiré hasta el cansancio porque es cierto.

Intenta dejar de mirar al costado, de pensar en todo lo que todavía no tienes, ya que esto alimenta a un monstruo insaciable de rechazo, inferioridad y gigantesca frustración. Cada vez que tengas la tentación de hacerlo, simplemente vuelve a centrarte en las cosas en las que has sido exitoso, no importa que tan sencillas sean.

Recuerda que tienes el poder de hacer cosas estupendas, si primero comienzas por creerlo. De nada sirve que todos te digan lo increíble que eres, si tú mismo eres incapaz de verlo. Todo comienza con una fe inamovible en ti mismo que se construye a través de mini logros. ¿Cuál es el pequeño paso que puedes dar hoy?

El nivel de exigencia siempre dependerá de tus circunstancias, por ejemplo, para una persona depresiva levantarse de la cama es un logro gigantesco, para alguien salvar un examen, para otro aprender a sanar con la comida. Todos tenemos desafíos y son propios, por eso las comparaciones son tan tontas.

No pierdas el tiempo soñando con los zapatos de otro, ponte los tuyos y comprende tus limitaciones de tiempo, de salud, de energía, de lo que quieras, tenlas en cuenta y aférrate a tus fortalezas. Mientras más te perdones por tus fallos y más te concentres en lo que haces bien, tu autoestima irá sanando.

A veces en la frustración que sientes, puedes llegar a envidiar las cualidades positivas de los demás. Pero te invito a que des una vuelta de tuerca a esta situación, y despiertes la admiración. Piensa en las cualidades, actitudes, que te gustaría despertar a ti, modela los comportamientos de quien te llama la atención. Si alguien puede hacer algo, tú también puedes hacerlo.

Puede suceder que aún no estés donde quieras estar y esto también hará que te sientas mal. Sin embargo, debes entender que los cambios requieren de tiempo y si perseveras lo suficiente, muchos de tus sueños se harán realidad. La paciencia ha de ser cultivada.

Dentro de lo razonable, hay un millón de cosas que puedes hacer si te das el permiso para intentarlo. Además, debes ser conciente de todas las cosas que ya están funcionando, seguramente llevas más ventaja de lo que crees.

Espero que entiendas que la frustración es temporal, no es un buen lugar para anidar. Abre tus alas y construye tu felicidad, que con pequeños pasos, es mucho más sencilla de alcanzar de lo que piensas.

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¿Incapaz de asimilar tus logros? El síndrome del impostor

También conocido como síndrome del fraude, esta trampa psicológica cuestiona tus habilidades, tus preciados éxitos y tus capacidades. Sientes que no mereces lo que has construido.

A pesar de que laboral y profesionalmente eres una persona exitosa, una parte tuya siente que no mereces lo que has obtenido. Eres quien minimiza sus capacidades y logros, sientes que eres un vendedor de humo cuando en verdad eres mucho más capaz de lo que crees.

Cuando se te da la oportunidad de demostrar tus habilidades y conocimientos, temes que descubran que eres un desastre o que no eres tan experto en un área como los demás te ven.

El problema con ese síndrome es que puede perjudicar terriblemente tu desarrollo profesional. Ya que al no creerte suficiente ni capaz, dejarás pasar oportunidades de crecimiento, te moverás siempre dentro de zonas de comodidad, o te sentirás aterrado ante la posibilidad de equivocarte en algo.

Este síndrome fue estudiado por primera vez alrededor del año 1978, gracias a las investigaciones de la Dra Clance. Ella se percató que varios alumnos destacados tenían dudas gigantescas acerca de su capacidad y jamás se permitían celebrar apropiadamente sus logros.

Incluso en personas con mucha experiencia, conocimiento y especialización sobre una temática, podemos observar esta distorsión. Ellos jamás se sienten lo suficientemente preparados. El síndrome suele afectar a aquellas personas que más potencial poseen.

El síndrome del impostor suele ser más frecuente en las mujeres, uno de sus orígenes lo encontramos en familias muy exigentes y perfeccionistas, familias que no permiten celebrar los logros apropiadamente y castigan el fracaso.

Podemos observar en estos casos, ciertas conductas negativas que afectan a las personas como por ejemplo:

  • Falsa humildad: tener miedo de sentirse orgulloso por los logros profesionales o personales, considerando que el orgullo es algo nefasto, temor a ser arrogante.
  • Autosabotaje: menospreciar logros, evitar oportunidades nuevas que contribuyan al éxito laboral, paralizarse y no moverse hacia lo que uno desea.
  • Autoexigencia desmedida: si no es perfecto, entonces no lo hago. Colocar metas inalcanzables solo para frustrarme. No me permito equivocarme.
  • Todo es mi responsabilidad: aceptar más tareas de las que puedo manejar, aceptar situaciones porque me siento culpable. Sentir que puedo con todo y cuando esto no es así, castigarme. Saturarme a menudo.

¿Cómo escapar de esta trampa?

  • Recupera tu confianza: permítete ser conciente de todo tu potencial, de tu esfuerzo, de tu valor. Recuerda situaciones donde has sido exitoso y has contribuido a mejorar.
  • Identifica todos los pensamientos pesimistas y escribelos. Todo lo que cruza por tu cabeza no es cierto, recuerda que si te sientes impostor no es verdad, es solo una trampa mental que te está nublando y no te deja ver quien realmente eres. Busca pruebas en la realidad, las personas que te han contratado, felicitado, quienes han estado conformes contigo, quienes te recomiendan.
  • Piensa en tus fortalezas, escribe todos tus éxitos y deja la vergüenza y la falsa humildad de lado, por un momento. No hay nada de malo en sentirte orgulloso de quien eres y lo lejos que has llegado.
  • Dile sí a las nuevas oportunidades. Si tienes una chance de brillar, hazlo. Quizás debas prepararte un poco más, aprender algo nuevo, pero si alguien puede hacerlo, ese eres tu y créeme, sabes más de lo que piensas.

Y si necesitas más ayuda, sabes donde encontrarme.

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Pasos para mejorar tu autoestima

En este artículo te comparto unos consejos prácticos para amarte como te corresponde.

La autoestima es la valoración que haces de ti mismo en base a tus pensamientos, sentimientos y experiencias. Está relacionada con la autoimagen (concepto que tienes de ti) y la autoaceptación(el reconocimiento propio de tus cualidades y defectos).

La autoestima alta es algo difícil de obtener y debes trabajar para sanarla. ¿Cómo puedes mejorarla?

Enfócate en tus virtudes

En general, las personas son muy buenas a la hora de ver sus errores, pero les cuesta concentrarse en sus fortalezas. Y es precisamente aquí donde más esfuerzo hay que hacer. Si eres talentoso en algo, o tienes alguna pasión o habilidad en particular, debes trabajar para cultivarla y así te sentirás orgulloso de ti.

Piensa de una forma optimista

Valora tu realidad con justicia, no todo es un desastre. Concéntrate en aquello que sí funciona, trabaja la confianza en ti mismo, desafíate de una forma razonable, nunca dejes de aprender, y recuerda que todo lo malo, siempre termina.

Ponte metas realistas

Las metas para que seas eficaces y no termines frustrándote, deben tener una cuota de realidad. Ten en consideración tu contexto, tu edad, tus capacidades, tus oportunidades, tus limitaciones. No te compares con nadie más que contigo mismo y desde ahí construye tus objetivos.

Perdónate

Como todo ser humano que se precie de tal, te equivocarás. Asume tus errores, intenta repararlos si es posible, pero no te castigues por ellos. Los verdaderos cambios nacen del amor y no del odio, si te enojas contigo pierdes a tu mejor amigo.

Trátate con respeto

Ten en claro que te mereces ser tratado con respeto siempre y sobre todo por ti, háblate con paciencia, desde la compasión. No te castigues y aprende a escuchar qué es lo que realmente necesitas.

Regálate tiempo

Para no saturarte y caer bajo las garras de la ansiedad, debes saber cuando parar. Si estás demasiado agotado tus barreras psicológicas bajan y no puedes manejar eficientemente tus emociones. Mímate con actividades placenteras, descansa todo lo que puedas, y ten un espacio para recuperar energía. Tu mente te lo agradecerá.

Espero que comiences aplicar estos trucos para sentirte mejor. Nos leemos pronto.

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Lo que no sabías acerca de la crisis de los 20

Si tienes entre 20 y 30 años este artículo es para ti, hoy hablaremos de la crisis del cuarto de vida.

Este término fue acuñado por la autora Abby Wilner, se define como una especie de apatía hacia la vida. Es un malestar constante que intentas tapar, una incomodidad que no sabes cómo explicar.

El mismo se produce gracias a diversos factores. La energía de la adolescencia se va apagando cuando el sistema hormonal se regula. Las exigencias del mundo adulto pueden ahogarte y saturarte, te puedes ver atrapado en un trabajo que no te agrada.

Te das cuenta que tus necesidades a nivel emocional son diferentes y más complejas. Incluso tus amistades van cambiando, ya no todos son tus amigos, hay que ganarse el título con más esfuerzo.

El futuro se percibe incierto, no sabes exactamente qué es lo que quieres ni hacia donde vas. Esto puede emocionarte, pero también asustarte. La necesidad por crear un vínculo afectivo más estable y duradero comienza a aparecer.

Lo económico suele ser otra problemática, muchos adultos jóvenes no pueden independizarse debido a los sueldos bajos que perciben, esto los frustra además de que seguir viviendo con tus padres a cierta edad es complejo, ya que sin querer esto te infantiliza y retrasa tu madurez.

Deseas encontrar un trabajo donde puedas sentirte realizado, y esto no suele ser sencillo.

El miedo a crecer está presente y hace que mantengas algunas conductas adolescentes.

Para comenzar a lidiar con esta crisis, te recomiendo que te brindes el permiso para ser cambiante. Hay veces que crees que puedes con todo y otras no, y eso está bien.

No hay nada de malo en crecer, aprender a ser más fuerte a nivel emocional, aprender a vincularte desde un lugar más saludable y con límites que te protejan.

Entiende que la vida jamás es exactamente como deseamos, pero las cosas que van surgiendo en el camino quizás eran precisamente las que necesitabas para ser feliz.

No dramatices tu existencia, el buen humor será tu aliado para transitar los momentos amargos.

Activa tu optimismo (jamás dejes de hacerlo).

Sé conciente de cuáles son tus verdaderas prioridades, no lo que te imponen los demás, tu familia, la sociedad, haz algo que te brinde sentido de propósito y lucha por ello.

Como toda crisis pasará y saldrás fortalecido de este proceso y si necesitas hablar con alguien ya sabes donde encontrarme.

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Sana la relación contigo mismo

Como reza el dicho, amarte es una aventura que dura toda la vida, y para poder hacer esto realidad, debes crear tus propios rituales para alimentar una autoestima saludable que te brindará paz

Primer paso fundamental, debes aprender a aceptarte. No existe la perfección, así que no la busques, simplemente bríndate el permiso para ser tu mejor versión, pero sin exigencias alocadas.

Puedes mejorar, pero desde el amor hacia ti mismo. Tus defectos y tus virtudes son quienes te conforman como ser humano, focalízate en tus fortalezas mientras trabajas con cariño en tus partes más oscuras.

Otra cosa muy importante, es que debes ser tu mejor amigo. Basta de criticarte sin sentido, seguramente ya tengas bastante personas en tu entorno que hacen muy bien ese trabajo. Cuida la forma en cómo te hablas, en cómo te tratas, en cómo te mimas. Sí, también es tu responsabilidad brindarte amor.

Debes cuidarte, no solamente en lo físico, no solamente en lo mental, sino también en la forma en que te relacionas con los otros. Tienes derecho a decir que no, a respetar tu tiempo, a estar a solas, a no intentar salvar a todos cuando primero debes aprender a salvarte a ti mismo.

No pierdas la inocencia, la capacidad de asombro, disfruta de la vida, juega como un niño, no te avergüences de todas las cosas con un poco menos de seriedad y despertar el buen humor en tu vida.

Y sobre todas las cosas, sé muy paciente contigo, porque en el camino hacia el despertar de felicidad, tendrás muchos traspiés, son parte del proceso de cambio, así que no te asustes, ni te enojes, cambiar es complejo pero vale mucho la pena.

Comienza día a día a aplicar estas herramientas y verás cómo muchas comienzan a automatizarse en ti.

Amate, respétate, conéctate con tu ser. ¿Estás preparado?

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El desgarrador miedo al fracaso

Conoce la trampa vital del fracaso y cómo está estorbando tu potencial

Si posees este esquema lo habitual es que te sientas un fracasado y sueles compararte demasiado con los demás. Sin importar el éxito que alcances, tu interior refleja pesadumbre porque no lo consideras suficiente.

En cualquier caso, no importa cuál sea tu posición actual o el nivel de rendimiento, el mundo interior es el mismo. Independientemente del éxito que parezca que tengas, la mayor parte del tiempo te sientes un fracasado.

El fracaso se refuerza gracias a la evitación que te impide realizar los pasos necesarios para mejorar y avanzar en las cosas que deseas. Evitarás desarrollar nuevas habilidades, enfrentarte a tareas distintas o asumir responsabilidades.

Sientes que tus esfuerzos son en vano, por lo tanto sueles hacer las cosas mal, llegar tarde, distraerte, para reforzar la idea de que no eres suficiente.

Tienes la tendencia a exagerar lo negativo y minimizar lo positivo, borrando las pruebas de que eres una persona capaz y eficiente. Puedes sentirte deprimido por tus fracasos  y ves pocas esperanzas de cambiar.

¿Cómo se crea esta trampa?

1) Uno de tus padres (o ambos) fue muy crítico con tu rendimiento en general. Te llamaban perezoso, tonto, inútil, fracasado. Puede estar presente el maltrato tanto psíquico como físico.

2) Tus padres fueron exitosos y sientes que no puedes alcanzar sus estándares de exigencia. Y fue así que te diste por vencido.

3) Sentías tus padres no se preocupaban de sí eras exitoso en lo que te proponías. También pudo haber estado presente la competencia, tus padres de alguna forma te transmitieron que no era bueno que fueras mejor que ellos.

4) Te sentiste inferior al compararte con otros niños en tu infancia. Quizás tuviste dificultades emocionales o físicas que te hacían sentir distinto. No querías intentar hacer cosas para evitar ser humillado por tus amigos.

 5) Te comparaban constantemente con tus hermanos y sentiste que ellos eran mejores que tú y que jamás podrías estar a su altura.

6) Ausencia de límites parentales y falta de construcción de autodisciplina.

Las expectativas que tienes de fracaso se conviertes en una profecía autocumplida.

Consecuencias del fracaso como trampa vital

Puedes llegar a conseguir trabajo pero sueles ser despedido por retrasarte a menudo, tener un pobre rendimiento o problemas con la puntualidad. Te cuesta comprometerte con el trabajo, la profesión y el estudio. Temes tomar decisiones en el ámbito laboral. Te sientes un impostor, que no sabes lo suficiente y que engañas a los demás. Exageras tus errores y minimizas tu éxito.

Puedes buscar parejas de éxito y vivir a través de ellos, mientras estás paralizado. No das los pasos necesarios que te permitan superarte y refuerzas todo el tiempo una visión incompetente de ti mismo.

Algunas personas buscan compensar de algún modo esta sensación de fracaso, los hombres pueden llegar a ser buenos deportistas o hábiles en la seducción, las mujeres suelen tener una buena apariencia o se preocupan en exceso por los demás.

Si te sientes identificado con esta trampa, te invitamos a conocer nuestra terapia para comenzar a cambiar estas creencias y poder convertirte en la verdadera versión de ti mismo, la que no cree en las mentiras del fracaso. Jamás olvides que el fracaso no es tu enemigo, es un paso necesario para el camino hacia el éxito.

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