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Los riesgos que deberíamos correr

La vida es un constante cambio, vivimos en el caos de la incertidumbre y está bien. Los vaivenes emocionales, los vaivenes Los riesgos que deberíamos corrermateriales, de relaciones, de lugares, son parte del movimiento, del crecimiento. Si estamos vivos sentimos todo lo bueno y todo lo malo. Si estamos vivos las cosas cambian, lo deseemos o no, para bien o para mal, el secreto está en aprender a colocar el cuerpo y el corazón en ese nuevo lugar.

Tomar riesgos, vivir la vida como una aventura, perderle el miedo a perder, son características de las personas felices. ¿Sabían que la gente optimista toma riesgos a menudo? ¿Cuáles son los riesgos que valen la pena correr? Vamos a analizar algunos.

Comenzar una relación. Cuando nos enamoramos nunca sabemos qué es lo que sucederá, si bien el amor es una emoción positiva renovable, si no trabajamos en ella tiende a desaparecer o fracasar fácilmente. Vivamos con intensidad el amor, siempre y cuando sigamos los parámetros de las relaciones positivas, nadie que nos haga daño merece que lo tengamos a nuestro lado, el costo emocional es demasiado elevado.

Ser nosotros mismos. Siempre hablamos de ser la mejor versión de nosotros mismos, pero cuidado, esto no significa que tenemos que cambiar nuestra esencia, por el contrario, es saber identificar qué es lo fuerte en nosotros para potenciarlo. Si existe algo que creemos conveniente cambiar, ya sea por motivos de salud física o mental, lo haremos desde el amor, desde la paciencia, no desde el enojo o la rabia. Aceptemos quienes somos, veamos lo que somos capaces de hacer y trabajemos en nosotros, a favor de nosotros y de quienes nos rodean.

Ayudar a los demás sin esperar nada a cambio. Muchas veces nos quejamos de que no recibimos de los demás lo que nosotros damos, pero el punto es que los otros nos brindan lo que pueden y que no necesariamente va a ser exactamente eso que esperábamos. Caemos en el error de creer que los demás van a pensar igual que nosotros y eso no es verdad, todos somos diferentes y le damos valor a distintas cosas. Si queremos ayudar a alguien que sea de manera desinteresada, no esperando algo a cambio de manera solapada, ya que seguramente nos vamos a ver desilusionados. El hecho de ayudar de una manera profunda nos brinda felicidad por sí mismo.

Somos responsables de nuestra felicidad. Admitir esto es obligarnos salir de una zona cómoda, en última instancia, nuestras actitudes y pensamientos, nuestra manera de interpretar el mundo y lo que nos sucede es lo que determina nuestra felicidad. Si nos ubicamos en una posición negativa nada de todo lo que funciona en nuestra vida nos parecerá suficiente, siempre tendremos a culpabilizarnos y no veremos que somos capaces de ser diferentes. ¿Cómo ser protagonistas y no víctimas? Si alguien nos hace daño de manera irreparable, nos alejamos. Si un trabajo llegó a colmar nuestra paciencia y se ha convertido en una fuente de malestar, nos vamos. Si algo de nosotros nos incomoda, lo pulimos. De la queja no nace nada, la acción es lo que nos empuja a lo que queremos.

Aceptemos el dolor. Como la vida es constante cambio, vendrán momentos malos, difíciles, de pérdidas, donde tendremos que apelar a nuestra fortaleza interna más que nunca y aprender de esas experiencias. El dolor nos hace madurar, nos da fuerza, es necesario.

Arriesguémonos a fracasar. ¿Cómo vamos a aprender a hacer las cosas de la manera correcta si no nos equivocamos? Equivocarse es la oportunidad para aprender, para perfeccionarnos. Si no nos desafiamos a menudo, perdemos la chance de tener más habilidades, de lidiar con las contrariedades de manera más efectiva. Cosas muy buenas aparecen cuando perdemos el miedo a fracasar. Quien no arriesga no gana, reza el dicho. Si nos estancamos nos perdemos mucho más de lo que creemos protegernos al no hacer nada.

Tomemos el riesgo de dejar ir el pasado. Muchas personas se quedan estancadas creyendo que el mejor momento de sus vidas ya sucedió, que jamás volverán a sentirse tan plenas o felices como en aquel entonces, o como con aquella persona que ya no está. Y esto no es cierto.  Cada día es una nueva oportunidad para comenzar de nuevo, para conocer a alguien, para marcar una nueva historia. No necesariamente ya vivimos lo mejor, seguramente queda mucho más por experimentar y mientras antes tomemos riesgos, mientras antes dejemos ir los miedos, más experiencias positivas y enriquecedoras nos encontraremos en nuestro camino.

Y ustedes, ¿cuáles son los riesgos que quieren tomar?

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Cómo potenciar la confianza en uno mismo

Cómo potenciar la confianza en uno mismo

¿Qué significa tener confianza en uno mismo? Significa ser capaces de tener una visión positiva de nosotros con una base realista, poder entender cuáles son nuestras habilidades y explotarlas a nuestro favor. Saber distinguir qué es lo que se puede controlar y qué es lo que no. Las personas con confianza son inquietas a la hora de aprender algo nuevo y no se detienen si es necesario desarrollar una nueva habilidad para cumplir con sus objetivos. Los fracasos los viven como experiencias de aprendizaje y se aventuran con nuevos proyectos, a pesar del miedo al rechazo de los demás o el riesgo en el cual están incurriendo. Son hábiles a la hora de enfrentarse a las responsabilidades y los cambios que la vida trae aparejados.

¿Estas características les parecen familiares? Sí, son las mismas que describen a una persona optimista. Esto quiere decir que uno de los pasos para tener más confianza en nosotros es cultivar nuestro optimismo, y en esta web encontrarán varios artículos para potenciar esta bella cualidad.

Otro pilar fundamental en el tema de tener confianza en nosotros es cuidar nuestra autoestima, entendida ésta como el conjunto de percepciones, creencias, la imagen y la valoración que tenemos de nosotros mismos. La autoestima se genera gracias al aporte de varios factores, entre ellos si sufrimos de experiencias de aceptación o rechazo en nuestra infancia, si pudimos contar con un buen apoyo familiar y social o estos faltaron. Si tenemos una visión de nosotros mismos distorsionada o somos demasiado autoexigentes vamos a condenarnos a sufrir, ya que vamos a limitarnos, no nos vamos a dar el permiso para vivir nuevas experiencias y desafiarnos y seguramente fracasemos por la falta de confianza que esto nos genera. Vean por favor profecía autocumplida.

Algunas pautas para mejorar nuestra autoestima y por ende la confianza en nosotros mismos serían las siguientes:

Ser quien eres. Aprecia las fortalezas y cualidades que tienes y utilízalas a tu favor, no intentes ser alguien más, simplemente potencia lo que sí existe en ti. A veces creemos que tenemos que ser más simpáticos, llamar más la atención, o actuar de maneras que no nos nacen porque traicionan nuestra esencia, eso no es necesario. Lo mejor es conocernos, apreciarnos y ver en qué áreas somos fuertes para contagiar esa sensación a las demás áreas.

No generalizar. Si hemos fracasado en el pasado o las cosas no han salido exactamente como esperábamos, eso no quiere decir que no podamos lograrlo más adelante. Equivocarnos es parte de la vida y caer en el error no necesariamente implica que siempre va a volver a sucedernos.

No minimizar. Tendemos a despreciar lo bueno o los éxitos que hemos tenido, nos encaprichamos en poner la luz en lo terrible que nos sucede. Siempre hay algo que funciona, que nos da alegría y es ahí donde tenemos que concentrarnos. Tenemos cosas, personas o experiencias de las cuales estar agradecidos, jamás las olvidemos ni las despreciemos, porque son las mismas cosas que tendrían toda la importancia del mundo si las perdiéramos.

Aceptarnos. Con lo bueno y con lo malo, ser concientes de que tenemos defectos pero también cualidades. Los cambios nacen del amor a nosotros mismos, primero nos aceptamos, luego nos “pulimos” y mejoramos.

Cumplir nuestras promesas. Elaborar proyectos, grandes o pequeños, e intentar por todos los medios cumplirlos. A medida de que vemos que somos capaces de lograr lo que nos proponemos (siempre comencemos con metas pequeñas) vamos generando más confianza en nosotros y podemos sentirnos sanamente orgullosos de lo que estamos haciendo.

Y por supuesto no se olviden de cultivar siempre el optimismo inteligente, realista, aquel que nos hace cuestionar nuestros pensamientos negativos, nos empuja a creer en nosotros, nos ayuda a aprender del dolor y nos brinda esperanza.

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Cómo desarrollar nuestra empatía

Cómo desarrollar la empatíaLa empatía es la habilidad de  sentir las emociones de los otros como si fuesen propias. Es distinta de la simpatía, en el sentido de que esta última nos permite sentir los mismos estados emocionales que los demás sin importar si los comprendemos o no, es un proceso netamente emocional.  La empatía, por su parte, además de involucrar nuestras propias emociones también nos permite una comprensión desde el plano mental,  sentimiento y raciocinio juegan de la mano. La empatía incluye la comprensión de las perspectivas, pensamientos, deseos y creencias ajenos. Al sentirla somos mejores leyendo a los demás, logramos captar las sutiles señales que indican lo que ellos están necesitando o deseando.

Desde que somos pequeños nuestros vínculos primarios nos acercan a la empatía, aunque ésta continua desarrollándose por el resto de nuestra vida. Es una herramienta excelente que puede acercarnos a la transformación social.

¿Qué podemos hacer para desarrollar nuestras habilidades empáticas?

Una actividad interesante es hablar con extraños. Cuando estamos esperando el autobús, cuando vemos a alguien cabizbajo, si podemos ayudar a alguien en el supermercado, todas estas pequeñas actitudes pueden contribuir a que desarrollemos más interés  por el otro, curiosidad, así como oportunidades de practicar nuestro altruismo.

Seamos cuidadosos con los prejuicios. Abracemos la diferencia e investiguemos acerca de nuestras ideas, a veces repetimos las cosas como loros sin realmente tener la información de fondo. Te invito a pensar en todas aquellas cosas que nos unen a los demás, no en las cosas que nos separan. Siempre tenemos que ser cuidadosos con los críticas, jamás tenemos toda la información de una situación como para juzgar a alguien, el contexto lo es todo y si bien existen cosas poco justificables, al menos pueden llegar a ser más comprensibles si estamos receptivos.

Vamos a “ponernos en los zapatos del otro”. Intentemos sentir, pensar, observar, como si fuéramos otra persona. Hagamos cosas distintas, escuchemos opiniones diversas, aceptemos la diferencia.

Aprendamos a escuchar. A escuchar propiamente dicho, no quedarnos perdidos en nuestro propio discurso pensando qué es lo que le tenemos que responder a la persona. Una escucha activa implica concentrarnos realmente en lo que el otro nos está compartiendo, tratando de discernir en qué estado emocional se encuentra en este momento. Tenemos que permitirnos un poquito de vulnerabilidad, mostrarnos cómo somos para poder generar un vínculo con el otro.

Juguemos con nuestra imaginación. Imaginemos cómo piensan los demás, podemos descubrir muchas cosas interesantes si jugamos a pensar como otra persona, con distintas perspectivas, con distintas fortalezas.

La empatía es fundamental en todos los ámbitos, en todas las relaciones. Es vital para que seamos más humanos, más comprensivos, más sensibles y podamos disfrutar de nuestras relaciones a un nivel más íntimo. Toma estos consejos, aplícalos en tu vida diaria y sigue viviendo una vida con sentido.

 

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Cómo volver a confiar

Cómo volver a confiar

Una vez que nos han traicionado, es muy difícil que nos permitamos volver a confiar en alguien. Aunque si caemos en esta actitud de estar a la defensiva, también sufrimos, ya que creamos una muralla emocional tan gigantesca que nos aleja de volver a sentir y entregarnos.

Simplemente no es justo que dejemos de confiar en alguien más por lo que nos ha sucedido en el pasado. La confianza en realidad es un hermoso regalo que todos poseemos, es nuestra habilidad para creer que las cosas van a suceder como queremos o mejor, que nuestro vínculo tiene posibilidades.

Al confiar en otras personas tenemos fé en ellas, confiamos en que las decisiones que tomen van a ser respetuosas, amorosas y que esa persona va a cuidarnos en el amplio sentido de la palabra. Queremos que nos amen con honestidad. Cuando confiamos en nosotros confiamos en nuestras capacidades, nuestras decisiones. Nos amamos, nos tomamos en cuenta y sobre todo nos respetamos en nuestras necesidades, sin pasar a nadie por encima. Para conducirnos en la vida, lo hacemos sobre la base de valores firmes e integridad.

En esos momentos muy tristes cuando somos traicionados, tendemos a culparnos, “nunca debí haber confiado en esta persona, cómo pude haberme equivocado tanto, fue todo una gran pérdida de tiempo” La realidad es que nuestra naturaleza es muy amable en ese sentido, nosotros nacemos creyendo en el otro, la desconfianza es algo que vamos aprendiendo con el tiempo. No hay nada de malo en ser prudente, pero la desconfianza absoluta, el creer que ya nos van a traicionar de antemano, solamente hace que encasillemos a los demás y quizás nos perdamos de una excelente oportunidad para simplemente ser feliz junto a alguien más.

Nosotros somos seres completos, los demás agregan alegría a nuestra vida y está comprobado que tener vínculos positivos nos hacen sentir muy bien. Pero nadie puede darte amor sino sabes amarte a ti primero y tampoco nadie puede quitarte nada que ya poseas a nivel emocional, si te han traicionado no eres menos, no tienen derecho a quitarte tu alegría ni tu habilidad para confiar. Si alguien no actúa de acuerdo a tus expectativas no quiere decir que seas un tonto ingenuo, podemos sobrevivir a la decepción, en todo caso, las malas experiencias que tenemos con los demás se pueden convertir en experiencias de aprendizaje. No tenemos que culparnos por haber confiado en alguien que no estuvo a la altura de la situación, en realidad tendríamos que sentir pena por alguien que no sabe compartir saludablemente un vínculo e intentar dejar ir a esta persona de nuestra vida, si ya ha demostrado que no hay oportunidad de cambio genuina.

La confianza es vital para cualquier relación, no podemos vincularnos con los demás desde la premisa de que nos van a traicionar. No es justo que una persona que aparece en nuestra vida por primera vez, deba pagar las consecuencias de nuestros monstruos del pasado. Ya con nuestra sabiduría encima, intentando ser lo más objetivos posibles, podemos evaluar con más facilidad las intenciones de los demás. Cuidémonos, pero no desde la paranoia total. Tal vez esta nueva persona pueda sorprendernos si tan sólo se lo permitimos. 

Aprendamos a reconocer a las personas confiables. Seamos observadores, pensemos cómo esa persona trata a los demás, pensemos si su manera de ser cambia cuando está en público. Al comenzar un nuevo vínculo en cualquier ámbito, tenemos que ser cuidadosos y no entregarnos 100% de inmediato, vayamos evaluando el terreno con cautela. Compartiremos detalles sin importancia de nuestra vida y esperaremos a ver cómo reacciona, ¿es alguien que le gusta repartir chismes, ha respetado nuestra privacidad? Si en pequeñas cosas ya hay una falta de respeto, seguramente con situaciones más importantes la traición estará presente. 

Si nos han traicionado y estamos convencidos de que nos va a volver a suceder, seguramente vamos a tener razón. Estaremos tan alertas que cualquier señal inocente denunciará “una traición”, vamos a ver lo que queremos ver. Estas actitudes van a agotarnos y también a la otra persona, que quizás por despecho termine comportándose de la manera que tanto temíamos.

Nosotros nos merecemos buenas relaciones, personas en quienes podamos confiar plenamente, tenemos que saber que merecemos lo mejor. Si somos honestos esperemos lo mismo de nuestros vínculos.

Jamás podremos controlar las acciones de los demás, pero sí podemos controlar cómo vamos a responder a estas situaciones. No interesa si nos han traicionado, eso no quiere decir que no seamos inteligentes, ni capaces, ni buenos, simplemente caímos en las manos equivocadas por esperar lo mejor del otro. No es tonto de nuestra parte esperar lo mejor, es que a veces lamentablemente las cosas no resultan cómo uno las espera.

Aprendamos a movernos por la vida con confianza en nosotros mismos, siempre tratando de dar lo mejor, sabiéndonos merecedores de amor y respeto, evitemos enojarnos por haber sido ingenuos con alguien, en realidad poder confiar es una habilidad estupenda que no es justo que la perdamos por situaciones que no fueron dignas de nosotros. Siempre existe alguien que vale la pena, solamente tenemos que darle la oportunidad de que nos lo demuestren.

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Creencias

Cuando nos convencemos a nosotros mismos que somos capaces de lograr determinada cosa, nuestra mente se siente más motivada aCreencias intentar realizar las acciones necesarias para concretar nuestra intención. La creencia absoluta en nosotros es el motor fundamental para que nos movamos hacia el cambio.

Como les había mencionado en un artículo anterior, el poder de la sugestión y la mente es muy poderoso. Si creemos que no podemos llevar a cabo determinada tarea entonces vamos a tener razón, porque inconscientemente vamos a conspirar contra nosotros mismos.

¿Y de donde surge este creer en nosotros? Algunas personas son ingenuas, ni por un segundo se pusieron a pensar que de repente la meta que habían deseado era demasiado alocada para lograrla, y quizás, por no haber tenido ese “no” de antemano, fueron tras su sueño y lo consiguieron a pesar de las probabilidades.

El verdadero optimista por ejemplo, al saber que una vez logró algo, va a extender esta sensación al resto de las experiencias. El pensamiento sería “si lo logré una vez, ¿por qué no voy a lograrlo de nuevo?” Las cosas buenas se expanden por el resto de las situaciones como pólvora, una buena actitud que les aconsejo apliquen.

Algunas veces el creer en nosotros mismos es como si ya viniera programado en nosotros, quizás tuvimos una familia que siempre nos incitó a confiar en nosotros, o tenemos una espiritualidad muy fuerte que nos ha servido de guía.

Otras veces el simple hecho de que otra persona confíe en nosotros ya nos da energía para salir adelante. Si no podemos creer pero alguien más nos demuestra que valemos la pena, podemos extraer motivación de este hecho para poder generar ese empuje de confianza que nos hacía falta.

Y quizás una de las maneras más poderosas de generar una creencia, proviene simplemente de la , fé en nuestras capacidades, actitudes y la convicción asboluta de que somos capaces de lograrlo. En este caso la esperanza juega un rol fundamental.

¿De dónde crees que provienen tus creencias de éxito y fracaso? ¿Eres capaz de generar nuevas? Por supuesto que sí, es hora de hacer el intento.

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La aceptación radical…Un camino hacia la paz mental

Ante determinadas situaciones de la vida que no podemos cambiar, esas cosas que nos golpean y que no podemos controlar, lo mejorLa aceptación radical...un camino hacia la paz mental que podemos hacer es aprender a aceptar la realidad. Muchas veces nos negamos a lo que nos sucede, nos quedamos atascados en una posición obstinada que en realidad no va a conducir a nada bueno. Es hora de comenzar a dejar ir, a soltar, a entender que si bien ciertas situaciones siempre nos dolerán, pueden dolernos menos si nos enfocamos desde otro lugar.

En DBT (terapia dialéctica-comportamental) nos hablan del concepto de aceptación radical. Esta aceptación para ser efectiva, debe ser completa y absoluta, aceptar algo con todas las letras. Aceptarlo en nuestra mente, nuestro espíritu, nuestro corazón. Al aceptar algo radicalmente dejamos de luchar contra lo imposible, contra los molinos de viento que nos creamos.

La aceptación debe ser sentida en cada fibra de tu ser. Para poder comprender mejor el concepto, concéntrate en alguna situación donde realmente hayas aceptado algo completamente, pudo haber sido la muerte de un ser querido, un despido, una ruptura, algo que te haya causado inmenso dolor y que no podías controlar porque no dependía de ti.  Cuando tengas ese recuerdo, piérdete en la pacífica sensación de dejar ir la lucha, de dejar ir las obsesiones y caprichos con respecto a esa situación.

Por supuesto que puedes sentir cierta tristeza, pero el peso de antes será quitado de tus hombros, te vas a sentir más centrado, más libre. A veces el dolor más profundo es la combinación entre el dolor que nos genera determinado hecho más la no aceptación del mismo. Aceptando algo, tienes el poder de convertir la agonía y el sufrimiento en un dolor más pequeño, más manejable, menos asfixiante.

Aceptar nuestra realidad, lo que es nuestra verdad en el aquí y ahora, nos ayuda a entender lo que no podemos cambiar. Quedarnos prendidos en lo que no podemos cambiar solamente es una tortura.

Todas las situaciones nacen de una causa, causas que muchas veces no son manejables por nosotros. No nos castiguemos pensando ¿por qué a mí? Porque la realidad es que todos tenemos nuestra carga que soportar en algún momento u otro de nuestras vidas. Nadie se salva del dolor ni de las pérdidas. Aceptar esto es conectarnos con un estado de paz mental.

La verdad es que la vida siempre vale la pena vivirla, incluso aunque a veces esté salpicada con ciertas situaciones que nos generan tristeza. Si no existiera el dolor no podríamos entender lo que es la felicidad, opuestos que debemos vivir constantemente. Al menos desde la aceptación la vida no es tan compleja, nos ayuda a alcanzar calma. Y no todo es tragedia si podemos transitar nuestra existencia desde el disfrute y la aceptación.

Quiero invitarte a que intentes aceptar esas experiencias que han sido dolorosas, que las veas como instancias de aprendizaje, de fortalecimiento, aceptar la vida en su completa totalidad con todo lo maravilloso que hay en ella, con todo lo terrible que nos puede llegar a pasar. Siendo humanos, viviendo una experiencia intensa es como nos desarrollamos y nos convertimos en mejores personas. El dolor tiene el poder de destruirte o construirte. Podemos vivir desde la negación y la obstinación, o desde la paz y la aceptación. Podemos elegir nuestro camino.

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¿Y si vivimos una vida sin remordimientos?

¿Y si vivimos una vida sin remordimientos?La vida se ha hecho para disfrutarla, pero lamentablemente solemos olvidarnos de esta premisa y día a día vamos transitando nuestro camino y en vez de sembrar aventuras vamos sembrando remordimientos.

¿Cuáles les parece que son los remordimientos más comunes? Creo que podríamos poner en el número uno de la lista el tema de vivir de acuerdo a los deseos de los demás en vez de los propios. Caemos en la trampa de dejar contento a todo el mundo, olvidándonos por completo de lo que queremos, dejando atrás metas y sueños que no hemos cumplido por las dudas de que los demás no estuvieran de acuerdo o porque nos dijeron que no podíamos.  A veces apagamos trazos de nuestra personalidad con la ilusión de que el otro vale más que yo, lo cual es erróneo, los demás no son menos ni más importantes que tú, una vida en extremo vivida para los demás es tan negativa como una vivida exclusivamente egoísta. La respuesta es el equilibrio y la honestidad con uno mismo.

Quizás otro remordimiento podría ser el haber trabajado demasiado duro. El trabajo puede brindarnos muchas satisfacciones, en especial si es algo que amamos o que nos ha costado esfuerzo alcanzar. Sin embargo, cuando el trabajo se vuelve tan obsesivo podemos dejar de lado cosas realmente importantes, como nuestra familia o amigos. El tiempo de ocio y de compañía es tan importante como el de trabajo, sé que a veces es complicado, pero intenta equilibrar tu tiempo de manera tal que al menos puedas pasar un poco de tiempo de calidad con aquellos que amas.

Siempre sé honesto con lo que sientes por los demás, no dejes que los días se escapen sin decirle a alguien lo importante que es para ti, si tienes un problema que resolver háblalo también. Las discusiones más saludables son aquellas que se hablan en el momento preciso y llegan a una conclusión. Siempre que se hable con respeto podemos decirle al otro lo que estamos sintiendo.

No dejes escapar a tus amigos. Hoy en día vivimos tan atareados con nuestras actividades que muchas veces caemos en la pereza de ver poco a nuestros amigos, o caemos en el orgullo de no responder a aquellos que siempre nos dicen que no cuando los invitamos. No esperes a que ellos aparezcan, ve tú a buscarlos. Hay que escaparse un poco de la rutina y nada mejor que pasar un buen momento con esos amigos que adoras, aunque a veces se pierdan.

Dense el permiso para ser feliz, la felicidad es una elección, no depende de lo afortunado que eres o todas las cosas que has logrado necesariamente, es un cúmulo de situaciones, sentimientos e interpretaciones. Evita aguardar hasta que el momento sea perfecto para disfrutar, toma el ahora y disfrútalo ya, ¿qué más estás esperando?

Tu vida es un regalo aunque a veces no puedas verlo, apréciala, cuídala, y sobre todo amala. Tu destino no tiene que ser un conjunto de remordimientos, puede ser un puñado de buenos recuerdos, muchas sonrisas y felicidad. A no perder el tiempo y comienza a vivir hoy.

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