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La paranoia

La paranoia

El término paranoia se utiliza en psiquiatría para describir a los individuos que vivencian delirios referidos a su persona, donde ellos son el centro de sus historias. Entre los delirios más frecuentes encontramos aquellos donde la persona se siente perseguida (pueden estar tramando algo en contra de su persona), a veces se sienten elegidos para una misión importante en la tierra, hay delirios de reinvindicación (querellantes, idealistas, inventores), delirios pasionales (celotípicos, erotomaníacos), temen ser usados.

Los delirios del paranoico tienen coherencia interna (por más que a veces no sean coherentes en la realidad, están muy bien armados), algunos delirios están tan bien delineados que hasta pueden convencer a otra persona de la certeza del mismo. Se basan mucho en el mecanismo interpretativo, están atentos a la señales y datos que pueden provenir del exterior.  El individuo se siente mirado, cuestionado por todos.

Estos delirios son infundados, creen en ellos firmemente y es difícil convencerlos de la falsedad de su creencia, son  preocupantes, persistentes en el tiempo, además de interferir en el relacionamiento social.

Quienes padecen de estos delirios suelen ser personas con características de personalidad soberbia, hostil, narcisista, son rígidos, autoritarios, intolerantes, fríos,  son altamente desconfiados y con baja autoestima.  En sus delirios podemos encontrar aspectos de su personalidad que les desagradan y no quieren aceptar, como ciertos impulsos, fantasías, temores, frustraciones, que terminan proyectando hacia el entorno.

El tratamiento es más bien psiquiátrico, ya que su gran desconfianza en los demás hace difícil poder generar empatía con el psicólogo y por lo tanto permitirse ser ayudado.

Así que si conoces a alguien a quien puedas ayudar, o tú te sientes atacado, no dudes en consultar con un profesional para poder salir adelante.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Infieles…¿destrucción o desesperación?

Una de las peores traiciones en una pareja es la infidelidad, duele, molesta, atenta contra Infieles...¿destrucción o desesperación?nuestra autoestima. Nos preguntamos qué hicimos para merecer eso, ¿por qué no somos suficiente para el otro?  Por supuesto que lo tomamos demasiado personal, pero aunque parezca serlo, hay muchas razones de fondo que pueden explicar este hecho, donde a veces sí somos responsables y otras no. Las consecuencias de la infidelidad usualmente se caracterizan por ser un choque contra nuestra integridad, podemos sentir un enojo incontrolable, mucha humillación y además nos sentiremos menos ante la imagen idealizada y temida del amante. Pasemos a reflexionar sobre este tema.

El amor tiene muchas fases, jamás es estático. Podemos amar a alguien muchísimo, luego ese amor va perdiendo fuerza, perdemos interés, eso le puede pasar a nuestra pareja también, pueden existir etapas donde solamente deseemos estar con nuestra persona amada, es una montaña rusa de sentimientos variados. Usualmente cuando la fase inicial culmina, la etapa de enamoramiento, y la idealización del otro comienza a desvanecerse aquí pueden surgir ciertos problemas. La persona de la que nos habíamos enamorado parece no ser la misma, ¡ha cambiado! Aunque en la realidad por supuesto que siempre fue la misma persona, solamente que antes no lo podíamos ver porque no queríamos o la otra persona hizo uso de su mejor galantería por un tiempo limitado poco sostenible (clásico en toda conquista).

Cuando esta idealización culmina puedes sentirte estafado, tus días se inundan con cosas que te desagradan de tu supuesta media naranja, cada vez estás más decepcionado con lo que encuentras y esa decepción en algunas circunstancias, sino termina en un ruptura definitiva, puede conducirnos a una infidelidad. Por un lado, mantenemos junto a nosotros a nuestra pareja, esa persona que todavía algo nos hace sentir, por otro, complementamos las carencias de nuestro amado con alguien externo, como si esto fuera posible.

Las relaciones simbióticas, esas relaciones donde no existe nada más que la pareja, donde cada uno vive y respira por el otro, suelen ser tan asfixiantes que inconscientemente a veces no queda otra manera de alejarse un poco de ese vínculo que incluyendo a un tercero. El amor para ser saludable no implica el sacrificio de nuestra individualidad.

Cuidado con los celos desmedidos, las acusaciones sin final pueden agotar a nuestro amado, pueden llegar a sentirse tan incomprendidos e impotentes ante esta situación injusta que puede llegar a generar una especie de venganza de parte del inocente para darnos razones certeras, “no  confías en mí pues ahora tendrás razón”.

La vida sexual debe ser activa, es un componente vital para nuestras relaciones amorosas, no caigan en la rutina y siempre intenten continuar seduciéndose, jugando, brindando al otro la seguridad de que sigue siendo un objeto de deseo ante nuestros ojos.

Muchas personas se dejan absorber únicamente por las responsabilidades ya sea con su familia de origen (padres, hermanos), el trabajo, proyectos personales. Si bien todos estos espacios son válidos y por supuesto que se deben mantener, debemos estar atentos a que nuestra vida no gire únicamente alrededor de otras cosas que poco tienen que ver con nuestra pareja. Los problemas siempre existen, no deben ser más importantes que demostrarle tu cariño y respeto a esa persona que dices amar. Todo en su posible equilibrio mantendrá a todas las partes satisfechas, incluyéndote a ti

Ciertos sujetos muy inseguros, podrán sentirse con una autoestima elevada si se demuestran a sí mismos que son capaces de tener varias aventuras. La infidelidad pasa a ser motivo de alarde para sí mismo y sus amistades.

En otras ocasiones la infidelidad es netamente del otro, pasa por un deseo propio de conquista, de sentirse deseado, hasta puede convertirse en patológica por la necesidad de repetir esta conducta infinitas veces. No interesa que tan maravillosa sea nuestra relación ni que tan espectacular sean las relaciones sexuales, es un deseo del otro por experimentar nuevas sensaciones como la de entrar en juegos prohibidos.

Existen circunstancias donde la infidelidad es una manera de castigar al otro, denigrándolo. Ya sea por conflictos sin resolver dentro de la misma pareja o por ser una personalidad un tanto más perversa que busca obtener el control del otro mediante la humillación. La posibilidad de ser atractivo y tener potencial para atraer a varias personas, es una ostentación de poder en la pareja.

¿Se puede prevenir la infidelidad?

Aunque hagas todos los esfuerzos por mantener una relación sana, esa decisión no siempre estará bajo tu control. De todas maneras, hay ciertas decisiones que pueden tomar juntos para crear una pareja donde exista comunicación, fidelidad y sobre todo felicidad.

La vida en común no puede ser descuidada, más allá de que tengamos cosas importantes que hacer siempre tendremos que dedicarle tiempo de calidad a nuestra pareja. Esto es señal de interés y respeto a las necesidades emocionales de quien amamos.

Nunca dejes de hacer sentir al otro importante, hazle notar que es una de tus prioridades y vas a estar ahí para cuando te necesite, ya sea para disfrutar o para compartir determinados temas que los involucren a ambos o a uno sólo de ustedes.

Conoce a la persona que amas, preocúpate por escuchar sus ideas, sus sueños, intenta ser un aliado y no un enemigo en la concreción de sus metas personales.

Ya es ampliamente conocido que la rutina agota y la falta de comunicación solamente lleva a confusiones. Jamás asumas nada, ante la duda tu obligación es preguntar. Las mujeres usualmente cometemos un error frecuentemente y es el de asumir que el otro tiene que leernos la mente, a los hombres hay que hablarles claro, nada de entrar en juegos porque cansa y confunde. Si queremos que haga o no haga determinada cosa por nosotras debemos amablemente hacérselo saber, el resultado: ambos estarán satisfechos.

¿Qué sucede cuando la infidelidad se concreta?

Tienes la opción de continuar o de abandonar a tu pareja. Existen ciertas circunstancias que tendrán una enorme influencia en esta decisión como el hecho de haber invertido mucho tiempo y amor en esa relación, pueden haber hijos de por medio o intereses económicos. Sea cuál sea tu opción, debes ser cuidadoso, no dejes que sean los factores externos quienes te hagan quedar estático en algo que no te agrada.

Si tu sientes que en realidad esta infidelidad fue causada por algo en lo cual sí tienes control y ambos sienten aún vivo el amor y muchos anhelos de apostar por la relación, tendrás que poco a poco dejar ir el resentimiento y los reproches, los cuestionarios interminables y las acusaciones. No será un camino sencillo, pero sí el amor existe de verdad valdrá la pena y a pesar del dolor sufrido, pueden comenzar de nuevo si así lo desean, con mucho tiempo y paciencia irán construyendo una relación más sólida.

También es importante distinguir que perdonar no es la mejor opción cuando nos enfrentamos con personas que seguramente volverán a repetir este patrón, ya que entraremos en un circulo vicioso de destrucción de nuestro amor propio.  El engañado se sentirá agobiado por las continuas sospechas, intentará descubrir la verdad a como de lugar pero esta nunca es suficiente, porque incluso si se confirma una nueva infidelidad se vuelve a dejar pasar para comenzar de nuevo con este tortuoso proceso. Existirán las comparaciones con el supuesto amante, seguramente pensaremos que es más atractivo, más inteligente, ¿qué tiene que no tenga yo? El engañado pasa a ocupar un rol inferior en la pareja.

Medita con cuidado cuál será el camino a elegir, siéntete responsable de las cosas que tú generas en la pareja pero no te hagas cargo de deseos que provienen únicamente del otro.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Pautas para manejar conflictos

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Cuando mantenemos una relación cercana con otra persona así como nos es posible conocer aspectos suyos que nos agraden, también tenemos mayor oportunidad de encontrar otros que nos desagraden. Teniendo lugar desencuentros y hasta conflictos de intereses. ¿Pero qué tan cautelosos somos a la hora de emitir juicios e intentar establecer acuerdos? ¿Y cómo reaccionamos cuando nos realizan planteos que no nos simpatizan?

Si en verdad queremos dar lugar a un proceso de cambio con los demás, nuestras críticas deberán ser constructivas comprendiendo en primer lugar, respeto. El cual por supuesto, va más allá de expresarse con un lenguaje educado y evitar insinuaciones hirientes y sin contenido.

La crítica respetuosa significa asimismo, explicar claramente nuestro punto de vista, argumentar por qué pensamos lo que pensamos y sentimos lo que sentimos, invitando al otro a ponerse en nuestro lugar. De esta forma, es muy probable que la otra parte tenga la misma actitud para con nosotros, pudiendo así tener lugar una interacción constructiva que apunte al entendimiento y al pensar juntos. Siendo mucho más factible entonces, lograr mejores resultados y un relacionamiento más cooperativo.

Al enfrentar una situación en la que te sientes muy molesto por la actitud de otra persona, lo mejor que puedes hacer es calmarte antes de actuar. Controlar el enojo te permitirá disminuir significativamente las posibilidades de cometer errores y terminar diciendo o haciendo cosas con las que en realidad no te sientas identificado o no desees cultivar. Luego, antes de entablar diálogo, piensa bien qué es lo que quieres comunicar y qué objetivo deseas alcanzar con ello. Una vez tengas estos dos puntos en claro, estarás en condiciones de preguntarte acerca de la estrategia más conveniente para iniciar el diálogo y favorecer la receptividad del otro.

Si resulta que eres tú el blanco de críticas agresivas, fíjate si simplemente se trata de una agresión o si en realidad tu interlocutor está queriendo realizar sugerencias sólo que las plantea erróneamente. Si sucede este último, reformulen juntos su planteo de manera que quede claro lo que pretende y lo innecesario de transmitirlo agresivamente. En caso de que critique aspectos de ti que en realidad no le incumben, como tu personalidad, para disminuir la tensión y no hacer viable una discusión puedes por ejemplo, preguntarle en qué le afectan.

Resolviendo diferencias

Algunas tácticas que ayudan a resolver conflictos y son plausibles de adaptarse a distintos tipos de relaciones tales como laborales, amistosas, de pareja u otras son;

* Expresarse de forma no intimidatoria: permite alejarse del terreno de las amenazas.

* Comparar: según sus puntos de vista, ¿qué ha cambiado y desde cuándo?, ¿quiénes son los más afectados y cómo se procede entonces?

* Analizar la energía: en caso de tratarse de una discusión acalorada, donde ambas partes ponen mucha energía en hacer prevalecer lo que piensan, es conveniente preguntarse a qué se debe esa demostración emotiva tan notoria. A pesar de que quizás en un primer momento la respuesta a esta pregunta pueda parecerte obvia, si realmente indagan en este punto pueden encontrar cosas que no esperaban que surgieran.

* Recordar aspectos positivos: ante la dificultad de entendimiento es importante no olvidar las cosas que se tienen en común y que hacen elegir pasar tiempo juntos. En el caso de relaciones amistosas o amorosas, es necesario recordar lo que los unió, lo que se valora del otro. Si se trata de tu trabajo, piensa en las cosas que te agradan del mismo y qué podrías hacer para extender esa sensación de satisfacción a otras tareas. Esto ayudará a salir de los aspectos negativos y a encaminarse  hacia soluciones constructivas.

* Contemplar diferentes soluciones: planteando ambas partes posibles alternativas para salir del conflicto y considerando lo más detalladamente posible qué consecuencias habrían y cómo creen que sería su relacionamiento si efectivamente se produjeran esas modificaciones. Luego amplíen el contexto, e imaginen qué repercusiones tendrían esos cambios en quienes forman parte de su entorno y cómo se sentirían con eso, ya que todas nuestras interacciones están interconectadas. Si se realizó el paso anterior, es considerablemente más probable que las propuestas de solución sean más positivas y reemplacen argumentos trillados.

A fin de que se produzca un acuerdo, es necesario que ambas partes estén dispuestas a avanzar. Los objetivos del acuerdo en muchos casos, promueven una transformación de la relación.

Adicción al trabajo: cómo detectarla y qué hacer

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En el mundo globalizado actual, no es nada extraño ver de cerca personas que trabajan muchas horas con quizás más de un empleo, teniendo que “correr” para cumplir con plazos. Puede que tú mismo te consideres una de ellas. Tampoco es inusual encontrar quienes le otorguen a su vida profesional una gran dedicación que va creciendo cada vez más hasta ser evidente que es excesiva. Posiblemente hayas escuchado el tan sonado término workaholic o adicto al trabajo en relación a esa temática. ¿Pero de qué se trata?

El trabajo es una actividad que requiere cierta dedicación para lograr resultados favorables, a cambio de lo que se perciben ingresos económicos o al menos otro tipo de ganancia, acompañada de prestigio y reconocimiento social tanto en el ambiente laboral como fuera de él. Si bien las tareas que se realizan al trabajar quizás no sean placenteras por sí mismas, sí pueden serlo sus consecuencias. El poder y los logros que se alcanzan son los aspectos más adictivos.

Una característica distintiva de la adicción al trabajo, es no tener un objeto específico que gratifique inmediatamente. Es el placer indirecto el que puede volverse adictivo.

El sujeto puede percatarse de que su dedicación es desmedida, sin por eso reconocer que se trata de una enfermedad. Suele experimentar sentimientos de profunda soledad, irritabilidad y angustia al alejarse por alguna circunstancia de sus deberes laborales. Esto ocurre por ejemplo, durante los fines de semana donde el tiempo libre le resulta interminable.

Piensa prácticamente todo el tiempo en su trabajo. Su gran miedo a  fallar como profesional suele generarle pesadillas. Pone todo de sí para optimizar su desempeño y encontrar soluciones a los problemas de la empresa, ya sean éstos reales o imaginarios. Son muy comunes las fantasías acerca de cómo interactuar con sus colegas pero especialmente con sus jefes. Al preguntarle su opinión en el trabajo, acostumbra a darla con un entusiasmo exagerado.

Parece un experto en encontrar excusas para no disminuir ni mucho menos detener, su actividad laboral explicando por ejemplo, lo imprescindible que es su presencia en su puesto o que teme ser despedido, entre otras.

La persona que tiene esta adicción, siente una necesidad incontenible de dedicar todo su tiempo al trabajo convirtiéndolo en el centro de su vida, reduciendo considerablemente o incluso suprimiendo otras áreas como la personal o familiar.

La familia es el la primera en notar y sentir las consecuencias de la adicción. Es muy común que la salud mental de los hijos y/o de la pareja se vea afectada, a causa de tener que lidiar con las crisis de cólera y el tan frecuente mal humor del adicto. Su relación con el núcleo familiar se va tornando cada vez más autoritaria, tratándolos de modo similar a sus subordinados en la empresa. En ella el relacionamiento cordial con los jefes tarda más en verse afectado.

Empero, no puede escapar del estrés por lo que el rendimiento profesional desciende, lo que también provoca que la actitud hacia él por parte de colegas y jefes cambie.

En el ambiente social se destaca su falta de control siendo probablemente uno de los factores, el muy elevado consumo de sustancias como el café, tranquilizantes, alcohol pudiendo llegar a la cocaína. Todas consumidas con la intención de dominar el desgaste físico y emocional. Lo que por su parte, puede desembocar en trastorno psicosomático, depresión, alcoholismo o toxicomanía.

El psiquiatra estadounidense Dr. Rohrlich en su descripción de perfiles característicos de las personas adictas al trabajo, destaca cinco como los más habituales:

*el sumamente ambicioso acostumbrado a luchar con muy pocos límites para promoverse e imponer sus ideas.

*el competitivo que necesita sentirse por encima de los compañeros.

* el inseguro, busca la aprobación de los jefes para incrementar su autoestima.

*el que se culpa, quien con una actitud masoquista necesita de la sobrecarga de trabajo como un refuerzo negativo para revivir viejos castigos.

* el aislado, quien no cuenta con lazos amistosos y familiares sólidos, encuentra en el ambiente profesional la interacción en una comunidad que tanto desea.

Más allá de que el adicto no suela presentarse en la consulta psicológica por iniciativa propia, y aunque el proceso no sea instantáneo ni sencillo, salir de la adicción al trabajo por supuesto que es posible. Antes de que tengan lugar los cambios en el comportamiento y por supuesto en su vínculo con el trabajo, es necesario analizar las raíces de esa adicción en el individuo. Uno de los aspectos sobre los que es usual que se trabaje en la terapia, es el miedo a las relaciones afectivas. Muchos de los puntos que se abordan son los mismos que en el tratamiento de otras adicciones, tales como reconectarse con sus sentimientos, o reconocer que su conducta tiene consecuencias no sólo para él mismo sino también para sus seres queridos y su entorno.

Probables medidas a tomar como la reducción progresiva de las horas laborales, la nueva diagramación del tiempo o la realización de diferentes actividades, requerirán del apoyo y participación del núcleo familiar.

Asimismo, será necesario atender otro tipo de adicciones relacionadas como el alcoholismo u otras mencionadas anteriormente, en caso de que tengan lugar.

No obstante, el primer paso como siempre, es reconocer que se tiene un problema y que se necesita trabajar con un profesional para resolverlo.

Emociones positivas en los niños

Los niños pequeños suelen experimentar diversas emociones positivas y estas son ampliables, acumulativas y permanentes. Además de lo agradable que es experimentar estas emociones, también contribuyen al crecimiento y a la optimización de los recursos físicos, sociales y cognitivos. Despierta la necesidad de explorar y así el niño comienza a dominar las situaciones y su entorno. Este dominio va induciendo nuevas sensaciones positivas que a su vez lo impulsan a continuar explorando y a tener más dominio, se convierte así en un espiral ascendente de emociones placenteras.

Los padres deben centrarse en aumentar los rasgos positivos y no solamente preocuparse por los rasgos negativos. Martin E.P Seligman nos propone en su libro La auténtica felicidad técnicas para incrementar las emociones positivas en los niños. Él nos aconseja que los padres deben dormir con su bebé durante los primeros meses de vida. Esto tiene como finalidad la creación de vínculos de amor fuertes. Cuando el bebé despierta lo primero que ve es el rostro de sus padres, lo que generará más seguridad y además, en el caso de los progenitores que deben trabajar, es una oportunidad para compartir más momentos con el pequeño. Usualmente son las madres quienes tienen un vínculo más fuerte con el bebé, pero de esta manera el padre puede también participar de una manera más activa,  no sintiendose excluido e incluso puede contribuir positivamente a la unión sentimental de la pareja.

Los juegos sincrónicos son juegos interactivos entre padres e hijos que pueden ser puestos en práctica en cualquier situación. Las capacidades que tiene un bebé van ampliándose casi semanalmente y los juguetes se convierten en herramientas para nuevos desafíos que inspirarán la fluidez y el sentimiento de logro. Las cajas de cartón, los bloques de construcción y hasta los diarios y revistas, son útiles para experimentar y divertirse al mismo tiempo. Cuando vean a su hijo absorto en un juego, traten de no cortar su inspiración con brusquedad, es recomendable que diez minutos antes de que deban terminar de jugar se los ponga sobre aviso, asi le darán tiempo de finalizar con alegría y no sobresalto.

Deben ser cuidadosos con la utilización exagerada de la palabra NO, es necesario utilizarlo para implementar límites o alertar sobre un peligro, pero usualmente los padres utilizan este término indiscriminadamente para aquellas cosas que les resultan molestas del pequeño, en vez de solamente darles el uso que corresponde. Por ejemplo, puede resultarnos molesto que el niño nos pida un montón de juguetes cada vez que hacemos las compras. Para evitar un no rotundo, podríamos simplemente decirle que anotaremos ese juguete para la lista de navidad o para su cumpleaños. Si está peleando con su hermano, golpeandolo, podríamos decirle que eso le duele al hermano y que jueguen despacio para que ambos se diviertan. Los “no” sólo deben ser utilizados cuando realmente los pequeños se encuentren ante un peligro, cuando una actitud simplemente sea molesta, pensemos en maneras alternativas de llamarle la atención sin recurrir necesariamente a la negativa. Si los niños se acostumbran a escuchar el no a cada instante, se convertirán en personas pasivas, con falta de iniciativa.

En cuanto al elogio y al castigo hay que tener en cuenta el postulado de la estima positiva. No se puede elogiar al niño porque sí, debió haber hecho algo para ganarselo. Si se entregan elogios desmedidos que nada tengan que ver con el dominio que el niño ejerce en alguna tarea, estamos debilitandolo de cierta manera. Se lo festejará de acuerdo al logro obtenido, a mayores logros, como decir su primer palabra por ejemplo, mayores elogios. El amor y el cariño sí deben ser incondicional, pero no así los halagos. Cuando es necesario imponerle un castigo a un pequeño, hay que centrarse en la conducta negativa, si rompió el jarrón centremonos en el jarrón, no acompañe el reto con “no sirves para nada, eres un inútil, siempre estas rompiendo todo”. El niño debe tener sumamente claro el motivo por el cual está siendo castigado y cuando él se comporte de manera caprichosa, se puede pensar en maneras alternativas de calmarlo sin recurrir al castigo. Una buena comunicación con el pequeño y la claridad de los límites ayudarán a controlar los caprichos infantiles.

La rivalidad entre hermanos es algo en extremo frecuente. Una manera efectiva de lidiar con la misma, se basa en hacer sentir a los hermanos mayores importantes, haciendole participar en el cuidado del bebé, haciendole entender que los padres tienen suficiente amor para todos. La rivalidad surge cuando los niños se sienten amenazados ante la idea de que ahora se los amará menos, pero una vez que les aseguremos que esto no es así mediante nuestros actos y una cuota de confianza en ellos, la rivalidad ya no será un inconveniente.

Antes de que el niño vaya a dormir es el momento ideal para compartir un lindo momento con los padres. Es la oportunidad que tienen los pequeños para recordar todas las cosas que hicieron durante el día y concentrarse en las experiencias positivas que vivieron. El estado de ánimo negativo no puede sobrevivir en alguien que está repleto de buenos recuerdos y creencias positivas. Los últimos pensamientos antes de entrar al mundo de los sueños deben ser imágenes bonitas, de alegría, para que nos aseguremos que duerman tranquilos y disfruten a pleno el descanso.

Un niño positivo es un niño feliz y será un adulto fuerte emocionalmente, seguro de sí mismo y que verá la vida de una manera alegre, alguien que podrá defender sus ideales y salir airoso ante los inconvenientes de la vida adulta.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Amor con violencia no es amor

al amor con violencia no es amor

Había una vez una princesa que estaba enamorada de un ogro, pero este ogro no era simpático ni dulce como el de la película, era un verdadero monstruo que golpeaba a su amada. Y la princesa inocente lloraraba en su palacio, esperando en vano que su amor cambiara y que aquella golpiza fuera en verdad la última, como los susurros que escapaban de los labios grotescos prometían sin descanso.

No es desconocido que muchas mujeres viven situaciones de violencia extremas, en algunos casos tan intensas que incluso pueden provocar la muerte. ¿Por qué las mujeres caen en esta situación? ¿Por qué algunas mujeres se empecinan en creer mentiras?

Existen distintas razones por las cuales las mujeres se ven involucradas en una situación abusiva. A veces los problemas económicos hacen que alguien esté junto a su pareja sin importar las consecuencias, porque el marcharse significaría no tener un lugar a dónde ir, perder el techo sobre su cabeza, perder la comodidad financiera el agunos casos. Estas mujeres tendrían que preguntarse qué tan factible es permanecer víctima del dinero, sabiendo que sus vidas hasta corren peligro así como la de sus hijos, es imperante que se busque ayuda ya sea con familiares o con instituciones. No crean que están seguras junto a un hombre violento, lo impredecible está a la orden del día y lo mejor es actuar rápido. Bajo ningún concepto dejen que el dinero sea una atadura a alguien así, por todos los medios intenten encontrar la ayuda necesaria, siempre habrá alguien dispuesto a dar una mano, no hay lugar para el orgullo cuando la integridad física y psíquica están comprometidas.

Las mujeres que permanecen junto a un hombre golpeador pueden estar actuando así por razones inconcientes. Una baja autoestima será quien engañara a la mujer haciendole creer que nunca nadie más que ese hombre la amara, por lo cual vale la pena soportar cualquier tortura para poder disfrutar de al menos unas migajas de amor y paz cuando él lo decida. Ellas creeran las falsas promesas de que jamás se repetirá la agresión, un juego engañoso donde en el fondo ambos saben la verdad, pero trae una calma momentánea hasta el próximo incidente. Una incapacidad para poner límites y problemas provenientes de la infancia también contribuirán a esta cárcel emocional.

La violencia va más allá de lo físico, el menosprecio mediante palabras también genera sentimientos desagradables y consecuencias psicológicas importantes. Los insultos con el tiempo incluso pueden convertirse en golpes y en algunos casos extremos pueden desembocar en la muerte.

Las mujeres siente humillación e impotencia y muchas veces intentando apartarse de la lástima o el desprecio de su entorno, son capaces de callar lo que está sucediendo en la intimidad de su hogar. El miedo a que su pareja haga algo al respecto si la mujer decide hablar, es otro disparador para permanecer en este estado de mutismo cómplice y doloroso.

En la violencia familiar  los ciclos de tranquilidad se reducen en duración con el paso del tiempo, los episodios violentos iran aumentando en intensidad y frecuencia. Debemos estar atentas a los niveles de stress del agresor, quien podrá actuar de una manera más peligrosa si es alcohólico, consume drogas, se ha quedado sin trabajo, está enfermo, etc.

Ahora veremos el perfil del hombre golpeador. Usualmente nos encontramos con un hombre que en su infancia también ha sido víctima de malos tratos o ha sido testigo de los mismos. Sus padres fueron rígidos en la crianza o alentaron que el niño reaccionara con violencia en la resolución de problemas, también pudo haber sido criado de manera tal que se acostumbró a que todos sus caprichos fuesen cumplidos de una manera egocéntrica, comportamiento que permanece en la vida adulta.

¿Que elementos están participando en la personalidad de este hombre? Puede haber una necesidad extrema de ejercer poder sobre su pareja, esta necesidad de control absoluto está ligada a una baja autoestima y sentimientos de inseguridad, vulnerabilidad e incluso ineptitud. Intentará dominar a la mujer por un deseo enfermizo de ser lo único en su vida, hay una dependencia emocional profunda hacia el otro, que lo empujara a un estado de ansiedad cada vez que la más ínfima posibilidad de separación se perciba. Estos hombres no toleran que su pareja exprese afecto hacia otras personas, incluyendo a sus propios hijos. El agresor es callado, no habla sobre sus problemas, tiene muy en claro cuáles son las flaquezas de su pareja, ignora las consecuencias de sus actos y racionaliza los mismos, convenciendose a sí mismo que no ha hecho nada malo o que la situación de violencia no volverá a repetirse.

Algunas señales de alarma para detectar a estos hombres se dan ya desde el noviazgo, las cuales pueden ser pasadas por alto gracias a la etapa de enamoramiento que nos conduce a idealizar al otro, señales como el exagerado control sobre sus parejas y exigencias en cuanto a puntualidad o vestimenta. Estos hombres pueden ejercer un poder económico sobre su esposa, llevando el control desmedido de los gastos del hogar o incluso haciendo sentir inferior al otro por no estar aportando el mismo sueldo o más al hogar.

Lamentablemente, los niños son los testigos silenciosos de este maltrato, incluso aunque no padezcan físicamente de los abusos, en su mente se irá grabando lo que viven cada día. Ellos vivirán el conflicto de percibir a sus padres como fuente de confusión, resentimiento, se ama a su padre, pero él lastima a su madre, algo difícil de procesar en el psiquismo del pequeño. Podría ocurrir también que el niño se identifique con el agresor creyendo que debido a que la madre no tolera los abusos, la pareja terminara en divorcio y el padre se vera forzado a abandonar su casa. En estos niños es común encontrar ciertas reacciones como trastornos de aprendizaje, problemas de integración social o stress post-traumático.

Mujer, no puedes arriesgarte por más tiempo busca ayuda de inmediato y no dudes en consultar a un psicólogo para trabajar sobre las heridas emocionales producidas por este abuso.

Aquí comparto unos links sobre instituciones que podrán ser de ayuda en estos casos.

 

No dejes que la princesa que hay en ti muera cada día un poco más por alguien que no sabe apreciar lo que encontró en su camino.

Cuando los celos conspiran contra el amor

Cuando los celos conspiran contra el amor

Es bonito tener a alguien que nos cele un poco, nos sentimos importantes cuando vemos que todavía causamos ese efecto en nuestra pareja, aunque cuando los celos se convierten en una obsesión que consume es cuando nuestra relación cae en un peligroso juego del cual es complicado escapar.

¿Qué es lo que motiva los celos? Los celos surgen de diversas fuentes, una de las más relevantes es la baja autoestima, la persona celosa piensa que no es lo suficientemente buena para merecer el amor de su pareja, por lo tanto el resultado más obvio es que será abandonado por alguien mejor. El entorno familiar también contribuye a este miedo, si el sujeto proviene de una familia donde la moneda corriente eran las actitudes celosas de sus padres entre sí, es posible que el patrón se repita en la vida adulta de este individuo. Si se han experimentado historia de traiciones, el pasado tendrá un peso fuerte alimentando al miedo en el presente.  Personas quienes padecen trastornos de personalidad como los histriónicos, paranoides y narcicistas son más propensas a padecer de celotipia (celos irracionales, intensos, obsesivos e infundados)

Es natural que deseemos ser  únicos, los celos incluso pueden ser  naturales en determinadas ocasiones, como en el matrimonio al motivar a mantener viva la pasión de la pareja. O cuando sentimos tristeza ante la inclusión de un tercero, demostrando que no somos tan únicos ni irremplazables como creíamos.

Aunque también los celos pueden ser vistos como un símbolo de violencia, de posesión desmedida hacia el otro donde esa persona que amamos pasa a ser un mero objeto que debe seguir nuestros caprichos al pie de la letra. Las exigencias, las demandas, desbordan ahogando el afecto de quien padece este castigo.

Los celos son la manifestación de la ansiedad ante la posible pérdida de nuestro objeto de  amor, causando diversas reacciones que algunos casos incluso pueden llegar a ser violentas y desmedidas. Surgen ideas constantemente de que nuestro amado está con otra persona, hasta pueden interpretarse como incriminatorios pequeños detalles inocentes de nuestra pareja, generándose aún más vigilancia y control.

Entre las características de un celoso veremos que esa persona tiene una necesidad abrumadora de controlar al otro en su modo de vestirse, hasta en el más mínimo movimiento. Cada salida a solas de su pareja será una guerra, ya que la imaginación del celoso echara a volar. Es soberbio creyendo que él es el único que posee la verdad y que conoce más a su pareja que ella misma.

Los celos son tan variados como los individuos que los padecen. Así veremos que hombres o mujeres depresivas tendrán reacciones depresivas ante las discusiones por celos. En las personas responsables y dinámicas estas reacciones serán más intensas y fuertes. Los tímidos callaran sus celos, llevando el dolor escondido en su interior. Las personas irritables y coléricas demostraran sus celos mediante actos despiadados que someterán a la persona que aman.

A nivel biológico, la glándula que más influencia posee en los celos es la Tiroides, trayendo consigo tanto manifestaciones somáticas diversas como alteraciones psíquicas y de comportamiento.

Quienes deben tolerar una pareja celosa deben esforzarse muchísimo en la comunicación, demostrándole todo el tiempo al otro de que no  hay nada que temer, haciendo hincapié en el amor que se tienen. No cedas y no caigas en el juego del celoso, si continuamente estás brindando explicaciones, estás alimentando su obsesión. Sé honesto y claro con lo que sientes, en especial cuando te sientes atacado por el excesivo control o las acusaciones carentes de fundamento. Exige su confianza, así como tú le brindas la tuya.

Si tú eres el celoso piensa y confía en el amor de tu pareja, trabajando en tu autoestima, con el pleno conocimiento de que tú vales lo suficiente como para que alguien no te traicione. Ten una vida rica en proyectos y actividades que te causen placer, no hagas que tu vida entera gire en torno al otro, eso solamente generará más inseguridad en ti. Ante situaciones que puedan despertar tus celos, debes reflexionar si tu reacción es válida o está siendo por completo desmedida e irracional. Ten cuidado con los celos, ya que por tu temor de no perder al otro, en realidad estarás actuando de una manera tal que puedes peligrar de verdad el amor que tu pareja te profesa, no conquistaras a nadie bajo presión ni amenazas, si alguien ha escogido estar contigo no será gracias a tu vigilancia extrema.

Me gustaría compartir una historia con ustedes, para que puedan continuar reflexionando sobre este tema.  El amor sin libertad no existe y el  intento de dominar al otro lo único que provoca es que ese bello sentimiento que sentíamos en un principio se vaya desvaneciendo hasta convertirse en menos que una sombra, un recuerdo.

Inseguridad

Siempre fui sumamente insegura. Cuando salía de mi casa revisaba mi bolso al menos tres veces para cerciorarme de que no había perdido las llaves. Luego de pagar algo, revisaba si mi billetera estaba conmigo o la había dejado olvidada. Si cerraba la puerta de mi casa, intentaba abrirla solamente para saber si realmente la había cerrado.

Probablemente algunos psicólogos tildarían éstas conductas características de personas obsesivo-compulsivas, o algo por el estilo, pero en realidad todo esto se debe a mi inquietante, molesta y abrumadora inseguridad. Pero mis locuras no finalizan aquí, aún no he confesado mi más tortuosa espina: la desconfianza. No solamente me cuesta muchísimo confiar en las personas, sino que creo que cada hombre de esta tierra es una serpiente dispuesta a traicionar ante la menor oportunidad.

Quizás algunos de ustedes pueden llegar a pensar que me estoy refiriendo a ese cierto temor que una mujer enamorada experimenta, después de todo es bastante lógico que se tema, un poco solamente, perder a la persona que se ama. Bueno… no exactamente. Porque mi miedo es gigantesco, sobrepasa los límites del más puro terror. Es un pavor absoluto a ser traicionada, utilizada, vilmente lastimada.

Como podrán imaginarse jamás me fue sencillo mantener una relación, no duraban nunca más de tres o cuatro meses. Todos, y me refiero a absolutamente todos, los pobres desdichados que tuvieron la desgracia de involucrarse conmigo fueron alejados por mi indescriptible temor.

Y fue así que me quedé sola y triste. Sentía que no tenía otra salida que renunciar al amor, ya que cada vez que un hombre se me acercaba, yo escapaba. Temía que ese pudiera ser el comienzo de otro desafortunado capítulo de mi patética novela de relaciones.

Sin embargo, el destino me tenía preparada una más que grata sorpresa. Gracias a una de mis mejores amigas, conocí un hombre perfecto para mí. Era la criatura más insegura, celosa y obsesiva de este planeta, en otras palabras, nada más ni nada menos que mi alma gemela.

Comenzamos a salir y de inmediato nos dimos cuenta de que éramos el uno para el otro. Nos necesitábamos mucho, el tiempo que estábamos juntos no nos parecía suficiente, deseábamos amarnos con locura todo el tiempo y en la cama…¿Qué les puedo decir? En la cama éramos imparables.

Que ironía que tiene la vida, aunque ustedes no lo crean, mi novio comenzó a comportarse de un modo aún más que extraño que el mío. Porque si yo tenía una personalidad que rayaba en la locura, el sin duda alguna me superaba. Jamás se me hubiera ocurrido siquiera…esta vez era yo quien comenzaba a sentirse agobiada en la relación.

Todo comenzó muy sutilmente, tanto que ni siquiera me di cuenta. Al principio su pedido fue que no saliéramos separados, a todo sitio que yo iba él me seguía como mi fiel sombra. Ésto me complacía, porque él hacía lo mismo, lo cual me permitía tenerlo vigilado y así calmar un poco mi paranoia.

Después comenzó a percatarse de que yo llamaba demasiado la atención de los hombres. A veces era cierto que mi cuerpo era víctima de lascivas miradas, pero cuando no lo era, mi novio se encargaba de inventarlas. Su “dulce petición” fue que dejara de utilizar ropas ceñidas que resaltasen generosamente mis atributos. Obedecerlo esta vez me resultó un poco más difícil, ya que debo admitir que me fascinaba utilizar ese tipo de ropa.

Al poco tiempo, el desdichado maquillaje cayó presa de sus prohibiciones. Mi novio ya no me pedía generosamente las cosas, ahora me las imponía, y si yo osaba hacer lo contrario, su enojo podía durar días haciendo intolerable su compañía. Así que también debí ceder. Era otra persona, nadie me reconocía…Y comenzó la guerra.

Mi inseguridad y temor de ser traicionada me hizo pensar que él solamente me quería dominar para que fuera su trofeo (clásica actitud masculina, nos exigen todo pero nunca dejan de hacer lo que les place). Sentía que era yo quien hacía todos los sacrificios, mientras él no había cambiado ni un ápice su acostumbrado modo de vida. Fue cuando decidí que ya era tiempo de que las cosas cambiaran. También comencé a hacerle miles de peticiones: que dejara de ver a su mejor amiga, que evitara todo contacto tanto físico como verbal con las mujeres, que cambiara su modo de vestir e incluso le prohibí que se cortara el cabello. Por supuesto que ante mis reclamos más prohibiciones surgieron por su parte.

Nuestra psicótica  relación estaba atada a una innumerable lista de reglas. Si no las obedecíamos sabíamos que pagaríamos muy caro las consecuencias. Si él no me hacía caso, yo simplemente buscaba alguna manera de vengarme y hacerlo sufrir. Si yo ignoraba el reglamento, él se encargaba de hacerme la vida miserable.

Así fue que nuestra relación se volvió insoportable. Cuando él decía que lo agobiaban mis pedidos, yo decía que él me tenía harta y que él había sido el verdadero culpable del origen de todas aquellos sagrados mandamientos. Conclusión: volvíamos dócilmente a atenernos a las cadenas que nosotros mismos nos habíamos impuesto.

Pero un día ya no pude más. Lo cité en un restaurante y le dije que debíamos terminar. Entre miles de reproches y lágrimas me fui de aquel lugar, comenzando a arrepentirme casi de inmediato de lo que había hecho.

Apenas habían transcurrido tres días desde nuestro triste encuentro cuando él se comunicó conmigo y me citó en una dirección que no conocía. Al llegar a aquel inhóspito lugar, un terreno vacío, desierto y escalofriante, lo encontré.

– Mi amor, te estaba esperando, temía que no vinieras- me dijo en un tono más dulce que la mismísima miel.

Yo corrí a sus brazos y comencé a llorar.

– Soy una tonta, nunca debí haber terminado contigo, te amo tanto.

– Ven conmigo.

Él me tomó de la mano y me condujo a un pequeño galpón abandonado. Entramos y el cerró aquel inmenso portón con llave. Comencé a asustarme un poco, pero su apasionado besó me calmó. Poco después, ante mis ojos interrogantes, él arrojó la llave por una pequeñísima hendidura en una de las paredes de aquel recinto. Si hubiéramos querido recuperarla nos hubiera resultado imposible.

– ¿Qué estás haciendo?

– Aquí nadie nos encontrará jamás. Aquí nunca habrán hombres que quieran arrebatarte de mí, no más ropas provocadoras, ni maquillajes innecesarios. No más amigos, nadie que nos moleste. Seremos sólo tú y  yo por siempre.

Casi me desmayó del terror. En aquel lugar tan remoto las chances de que nos encontraran era mínimas, para no decir imposibles. Moriríamos de hambre y sed en cuestión de días. Sin embargo, la razón ya no importó. Todos mis lógicos pensamientos fueron desechados por la maravillosa oportunidad que mi amado me estaba ofreciendo. Él también estaba renunciando a todo, ya no tendría que preocuparme por nada, porque por más que quisiera traicionarme jamás podría. Una inmensa sonrisa iluminó mi rostro haciendo desaparecer mi mueca de preocupación. Caminé lentamente hacia él y lo abracé. Cerré los ojos y suspiré.

– Es el mejor obsequio que podías hacerme. Gracias, te amo.

Permanecimos abrazados por horas y horas, y cuando el hambre comenzó a aguijonearnos insistentemente, no nos importó. Él y yo estábamos juntos, él me pertenecía por entero y no podría escapar nunca, ¿qué más podría pedir para ser feliz?