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Si sientes miedo tal vez te suceda esto…

Este artículo va dedicado a todas aquellas personas que me han consultado por sus temores varios, ya sea miedo a la muerte, a las enfermedades, a que ocurran accidentes, a que su familia les ocurra una tragedia, entre otros.

 

En un artículo anterior les comenté sobre la vulnerabilidad al daño relacionado al miedo a la pobreza, ahora veremos específicamentevulnerabilidad al daño la vulnerabilidad aplicada a los miedos en general, especialmente a las catástrofes. Les dejo aquí el artículo anterior https://psicologiapositivauruguay.com/2015/12/07/seguridad-financiera-o-miedo-a-la-pobreza/

La vulnerabilidad está asociada a la ansiedad, a una sensación de que algo terrible va a suceder, quien lo padece suele exagerar la magnitud de los riesgos en general y además la persona se cree muy poco capaz de afrontar las tragedias.

Existen cuatro tipos de vulnerabilidad al daño y se puede tener más de uno:

  1. Salud y enfermedades: Suelen ser personas hipocondríacas, preocupadas obsesivamente por la salud y enfermedades. También dentro de este grupo encontramos a aquellos sujetos quienes suelen tener ataques de pánico y se preocupan demasiado por las señales de su cuerpo, ya sean palpitaciones, sudoraciones, etc.
  2. Peligro: Sujetos que ven al mundo como un lugar hostil y sumamente peligroso, quienes padecen una exagerada preocupación tanto por su propia seguridad como por la de los seres a quien ama. Pueden ser padres que tengan miedo a que sus hijos les ocurra algo, hijos quienes temen por la vida de sus padres, personas quienes encuentran inseguridad en todas partes. Suelen tener un temor inmenso cuando están lejos de su hogar, son hiper alertas. Temen a los accidentes o catástrofes naturales. Una trampa extenuante que desgasta ya que no se puede bajar la guardia temiendo a que algo terrible ocurra.
  3. Pobreza: Sujetos extremadamente preocupados por el dinero, quienes tienen un miedo nada realista de que lo perderán todo y hasta podrían convertirse en indigentes.
  4. Pérdida del control: Temores relacionados a lo psicológico, ya sea padecer un ataque de pánico, volverse locos o perder el control de las situaciones. Quienes temen perder el control de su propio cuerpo temerán los desmayos o mareos.

Si te sientes identificado con alguna de estas situaciones, el primer paso es que comprendas que no es algo real, o si está basado en algo real estará completamente desproporcionado y te hará sentir mal y preocupado.

Querrás convencerte de que tienes razón de sentir miedo, pero eso solamente refuerza este esquema y hará que te estanques y te enfermes. Esto que has leído le sucede a miles de personas, no eres el único.

La manera de poder lidiar con esto necesariamente es un tratamiento psicológico, que de acuerdo a la gravedad de tu miedo puede llegar a ser un tratamiento a largo plazo. No dudes en buscar ayuda y volver a tomar el control de tu vida. El miedo es una fantasía que te destruye, escapa de esa pesadilla y sé libre.

¿Te Gustaría Que Trabajáramos Contigo Para Potenciar Tu Bienestar Emocional y Tu Optimismo?

 

¿Tienes miedo a ser feliz?

miedo a ser feliz¿Crees que cuando las cosas están demasiado bien vas a bajar la guardia? ¿No tienes emociones positivas o te cuesta sostenerlas? ¿No te emocionas con tus proyectos? ¿Si eres feliz algo malo puede suceder? ¿Piensas que no mereces ser feliz?

Los investigadores Mohsen Joshanloo y Dan Weijers comparten sus hallazgos sobre esta temática en su trabajo Fear of happiness across cultures: A review of where and why are people afraid of happiness  (Miedo a la felicidad en las distintas culturas: Una revisión de dónde y por qué las personas le temen a la felicidad).

El miedo a la felicidad se puede definir como una creencia relativamente estable donde se considera que el acercarse a la felicidad, el sentirla, debe ser evitado a toda costa por diversos argumentos que estas personas poseen. En algunos sujetos este miedo es más fuerte que  en otros, algunos solamente tratan de evitar la sensación de gran felicidad, otros quieren evitar  todo contacto con el sentirse bien.

En muchas culturas se cree que perseguir la felicidad extrema debería ser algo que no debería intentarse, ya que probablemente conduzca a la infelicidad, incluso algunas personas piensan ser que feliz convierte en malo a un individuo.

Las razones más frecuentes que encontramos para temerle a la felicidad son las siguientes:

  • Ser feliz hace que cosas malas te sucedan. Existe la creencia distorsionada de que si eres feliz pueden sucederte cosas negativas como infelicidad, sufrimiento, muerte.  Estas ideas se sostienen en varias culturas gracias a las religiones, que abierta o sutilmente , nos dan a entender que ser feliz es soberbio, negativo y que seguramente vas a atraer a la desgracia si te sientes bien.
  • Ser feliz te convierte en mala persona. En Islam no ven bien el reírse, consideran que la felicidad se asocia a la superficialidad, la falta de inteligencia y lo vulgar. Además creen que quienes son felices están lejos de Dios. En las culturas occidentales también existe esta noción de que las personas que no se quejan y lamentan no comprenden lo perdido que está el mundo y todas las desgracias que habitan en él. También se sostiene la noción de que no merecemos ser felices cuando observamos que otras personas más merecedoras que nosotras (ante nuestra mirada)  no están siendo felices. Existe cierto romanticismo ante la idea de la melancolía y la tristeza, como si éstas fueran los portales hacia la creatividad y la máxima expresión. Parecería que el sufrimiento es necesario para crear un carácter fuerte.
  • Expresar la felicidad es malo para ti y para los demás. Las personas temen que si expresan su felicidad serán víctimas de la envidia de los otros o que vamos a hacer sentir mal a quien no es tan feliz en su vida.
  • Perseguir la felicidad es malo para ti y los otros. El deseo ser feliz se considera egoísta y eso traería consecuencias negativas para el bienestar de los demás, como convertirnos en personas crueles, violentas, orgullosas, ambiciosas, aburridas.

Esta investigación arroja entre sus conclusiones que tendríamos que tener en consideración que la felicidad podría no ser una necesidad universal o que cada cultura debería tener su propia definición de felicidad. Sin duda esta investigación abre las puertas a continuar trabajando y tomar en consideración las consecuencias que estos miedos generan tanto a nivel individual como social.

Personalmente considero que ser feliz tiene consecuencias mucho más positivas y enriquecedoras que quedarse estancados en el miedo, la queja o la falsa humildad. Sin duda un campo a continuar trabajando.

¿Creen que estos miedos tienen coherencia? ¿Cuál es su opinión acerca de esta investigación? Espero sus comentarios.

 

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Cómo perder el miedo a hablar en público

Cómo perder el miedo a hablar en públicoMuchas personas padecen este miedo a hablar en público. Sentir ansiedad el día anterior a una charla y quizás un poquito de miedo antes de salir a enfrentarse a la audiencia es algo natural, por lo tanto no tendríamos que preocuparnos.  Un miedo moderado incluso nos hace estar más alertas y hasta puede ser positivo, nos brinda adrenalina y podemos llegar a vivir la situación como una aventura. Sin embargo, a veces el miedo es demasiado intenso y termina entorpeciéndonos; es aquí cuando debemos actuar.

Al tener una conversación cara a cara con otra persona emitimos y recibimos señales del otro. Cuando nos enfrentamos a una audiencia, y sobre todo si ésta es numerosa, estamos enfrentados a un universo de rostros y un vacío en la comunicación, no hay respuesta usualmente del otro lado (a menos que hagamos chistes en el medio) hasta que termina la charla.

El silencio que se genera del otro lado puede enfrentarnos con nuestros pensamientos negativos, nuestras dudas acerca de nuestro conocimiento o la ansiedad que puede provocarnos creer que vamos a perder el hilo de la charla. Todo esto puede conducirnos a olvidarnos de lo que queríamos comunicar.

¿Qué podemos hacer cuando tenemos que hablar en público?

Seamos auténticos. Conectemos con los demás desde las emociones. Seamos vivaces y no tengamos miedo de expresar nuestro punto de vista. Las historias, anécdotas y por supuesto el humor mantienen el discurso vívido y a la audiencia capturada.

Estemos preparados. Conocer muy bien el material que queremos transmitir y cómo queremos hacerlo nos va a hacer sentir más seguros. La práctica hace al maestro. No nos atiborremos de información, intentemos ser claros y concisos acerca de las temáticas principales.

Practiquemos los tiempos. Hablar frente a un espejo, ver nuestros gestos, practicar nuestras pausas y saber cuánto tiempo nos lleva transmitir lo que queremos es importante.

El público no es nuestro enemigo. La audiencia es simplemente un grupo de personas, seres humanos como todos y si están ahí es porque quieren escucharnos. En caso de que tengamos que hablar “obligados” en una clase, simplemente piensa que tus compañeros están en la misma situación que tú y nadie te juzgará tan despiadadamente como crees.

Utilizar técnicas de rejalación. Ya sea relajación respiratoria, musculatoria, realizar clases de yoga o ejercicio físico para descargar la energía extra, todo será útil.

Así que es hora de salir al ruedo y poner en práctica lo aprendido.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

¿Qué es la agorafobia?

¿Qué es la agorafobia?

La palabra agorafobia denomina el miedo intenso a los espacios abiertos, proviene del griego, agora ( Plaza Pública donde  se reunían a debatir).  Pertenece  a los trastornos de ansiedad  y se caracteriza por un miedo intenso a salir solo del hogar o alejarse del mismo, a estar en lugares donde hay multitudes, a sentirse en un sitio donde la persona crea  difícil escapar o recibir ayuda. Los síntomas que caracterizan a este trastorno son la falta de aire, el aumento de la frecuencia cardíaca, temblor en las piernas, mareos o náuseas, entre otros, que aparecen cuando se enfrentan a una de las situaciones previamente mencionadas.

La agorafobia puede estar acompañada o no por un trastorno de angustia. Las crisis de angustia básicamente es una aparición temporal y aislada de miedo y malestar intenso que puede ser acompañado por distintos síntomas como las sudoraciones, la sensación de volverse loco, despersonalización, sofocaciones, etc. O puede darse acompañada de un ataque de pánico.

Por supuesto que las situaciones que provocan la fobia intensa tienden a evitarse y muchas veces las personas necesitan de alguien de confianza que los ayude a realizar determinadas actividades para que puedan sentirse más seguras.

Las causas de la agorafobia son aún desconocidas, existen teorías que afirman que el pánico o la angustia puede deberse a un comportamiento aprendido. La agorafobia algunas veces se suscita cuando una persona ha padecido con anterioridad una crisis de angustia y comienza a tener miedo de situaciones que podrían conducir al sujeto a otra crisis. Sí podemos decir que las fobias son adquiridas por el condicionamiento y se mantienen gracias a la evitación, por lo tanto, para poder superarlas es necesario re aprender algunas creencias para poder sustituir las que están estorbando.

Todos podemos desarrollar un trastorno de angustia o pánico, en la generalidad comienza alrededor de los 25 años y suele ser más común en mujeres que en hombres.

Quienes padecen pánico o angustia a veces sienten miedo de sufrir una enfermedad seria o temen estar muriendo. Gracias a los exámenes físicos se pueden descartar enfermedades médicas y descubrir si lo que se esconde detrás de esto es un malestar específicamente psicológico.

El tratamiento recomendado en estos casos es farmacológico y psicológico, la terapia cognitivo conductual ha demostrado ser efectiva en el caso de las fobias. El objetivo de la terapia será aumentar el control de los sentimientos, reconocer y reemplazar pensamientos que generan angustia o miedo, relajarse y aprender a manejar la ansiedad ante las situaciones consideradas por la persona como disparadoras de su fobia. Lo importante es tratar lo antes posible el padecimiento para que sea más sencillo poder lidiar con las creencias limitantes.

Este trastorno puede llegar a ser incapacitante ya que entorpece el desempeño de las tareas habituales, laborales, familiares o sociales, así que si lo padeces o conoces a alguien que lo sufre, no duden en consultar con un profesional de la salud. 

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Trastorno de personalidad por dependencia

Trastorno de personalidad por dependencia

El trastorno de personalidad por dependencia nos habla de personas que tienen una conducta sumisa y dependiente en diversos contextos. Ellos se sienten incapaces de tomar las decisiones del día a día, necesitan del consejo y aprobación ajena de una manera desmedida. Es muy difícil para ellos hacer proyectos por sí mismos, siempre ceden ante el otro con tal de no estar solos.  Al sufrir una ruptura amorosa se sienten desolados y siempre les ronda un sentimiento de temor al abandono. La crítica y la desaprobación los destroza, temen al rechazo y buscan aceptación de manera continua. No confían en sí mismos y minimizan sus capacidades y fortalezas.

Van por la vida esperando que los demás tomen decisiones por ellos, son capaces de soportar cosas que les desagradan o con las cuales no están de acuerdo simplemente para agradar a los demás.

Este trastorno puede presentarse en relación a otros, como la depresión, donde se potenciaría la falta de iniciativa y la dificultad para tomar decisiones. También puede relacionarse con  la ansiedad, ya que  para su supervivencia cuentan con las otras personas, son propensos a la angustia de separación y se preocupan por sentirse potencialmente abandonados.  Al enfrentarse a nuevas responsabilidades, las cuales no se creen capaces de asumir, pueden producirse crisis de angustia. Otros problemas que pueden presentarse son las quejas somáticas,  el alcoholismo y otros abusos de sustancias.

Ellos se ven a sí mismos desvalidos e incapaces de enfrentarse al  mundo, les parece un lugar hostil y peligroso, por eso creen que la solución es que alguien los cuide y proteja. No les importa dejar de lado sus propios deseos con tal de tener a alguien a su lado feliz y contento. Al apoyarse siempre en otro, la persona limita severamente sus posibilidades de aprender a ser asertivos, resolver problemas por sí mismos y tomar decisiones. También temen ser más independientes, porque creen que si lo logran serán abandonados.

El dependiente evita el conflicto, sus opiniones no las consideran válidas, y se apega demasiado al otro, hasta el punto muchas veces de “asfixiarlo”. Las creencias subyacentes del trastorno son: “no puedo”, “nunca seré capaz de hacer eso” y “soy demasiado débil”.

El tratamiento adecuado para estos casos es la terapia cognitivo conductual, para que la persona pueda aprender a ser más independiente sin que vea esto como amenazante, que deje de lado las creencias limitantes de que no puede valerse por sí misma. Es un tratamiento psicológico intenso, pero con paciencia y esfuerzo por parte de la persona se puede salir adelante.

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Hipocondría: La creencia de estar enfermo

Se conoce como hipocondría al trastorno que lleva a la persona a interpretar ciertos síntomas físicos como enfermedad cuando enHipocondría: La creencia de estar enfermo realidad no lo son. Cuando el individuo cree tener determinada enfermedad, basada en malas interpretaciones de su cuerpo (una palpitación puede ser un ataque cardíaco, un pinchazo puede desencadenar la creencia de que tiene una enfermedad mortal) hay un intento casi angustioso de su parte para intentar que sus síntomas desaparezcan, ya que hasta se pueden despertar el temor de  morir a causa de lo que cree padecer. Las enfermedades que más suelen temer son el cáncer, sida o enfermedades coronarias.

Una de las razones por las cuales esta patología puede despertarse es porque hay un velo de negación en cuanto a lo que es enfermedad y muerte en la sociedad en general. Las enfermedades, además del dolor físico y psíquico que generan, muchas veces también son fuentes de aislamiento y rechazo por parte de los demás. El dolor se muestra como algo sumamente difícil de superar y esa creencia siempre es alimentada por frases que parecen inocentes como “esto es demasiado difícil para mí, yo no voy a superarlo nunca”. Un factor de prevención bien podría ser información adecuada acerca de nuestro cuerpo, enfrentarse a estas realidades de muerte, enfermedad y dolor no desde la catástrofe, sino desde un enfoque más maduro y desde la aceptación de que estos elementos son parte de la vida en general pero que podemos ser lo suficientemente fuertes para utilizar las adversidades a nuestro favor.

En las personas hipocondríacas se genera mucho miedo y ansiedad injustificadas. En esa búsqueda por tener síntomas la persona se va a sugestionar, cualquier sensación del cuerpo será malinterpretada o se sugestionará al punto de que si no tiene comezón, por ejemplo, el cuerpo le comenzará a picar, o le dolerá la cabeza, o se sentirá mareado. Sin quererlo, el sujeto va cayendo en la propia trampa de su mente.

Usualmente los hipocondríacos cuyos casos son más severos no recurren a un doctor, por el simple miedo del diagnostico que este le puede ofrecer, van creyendo que tienen algo peligroso para su salud y prefieren no saberlo. La persona no es conciente de que su problema es psicológico, esto puede llegar a desencadenar que vayan de médico en médico buscando la solución a su problema físico inexistente.

El tratamiento psicológico consiste en ayudar a la persona a perder esas creencias de miedo y ansiedad ante la enfermedad. Se le va a exigir que no acuda más al doctor, que evite charlar sobre enfermedades. Se le va a hacer entender a la persona que le quite fuerza a las sensaciones de su cuerpo, que se aleje de esas malas interpretaciones. Es la propia ansiedad, ligada a la creencia de estar enfermo, la culpable de que se despierten los temores hacia la enfermedad. Se trabaja en mejorar la autoestima, en fortalecerse en todas las áreas para evitar en un futuro situaciones donde se dispare nuevamente este miedo.

Si reconoces estos síntomas en ti, busca ayuda profesional de inmediato, es algo que puedes superar con el tratamiento adecuado.

 

 

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La paranoia

La paranoia

El término paranoia se utiliza en psiquiatría para describir a los individuos que vivencian delirios referidos a su persona, donde ellos son el centro de sus historias. Entre los delirios más frecuentes encontramos aquellos donde la persona se siente perseguida (pueden estar tramando algo en contra de su persona), a veces se sienten elegidos para una misión importante en la tierra, hay delirios de reinvindicación (querellantes, idealistas, inventores), delirios pasionales (celotípicos, erotomaníacos), temen ser usados.

Los delirios del paranoico tienen coherencia interna (por más que a veces no sean coherentes en la realidad, están muy bien armados), algunos delirios están tan bien delineados que hasta pueden convencer a otra persona de la certeza del mismo. Se basan mucho en el mecanismo interpretativo, están atentos a la señales y datos que pueden provenir del exterior.  El individuo se siente mirado, cuestionado por todos.

Estos delirios son infundados, creen en ellos firmemente y es difícil convencerlos de la falsedad de su creencia, son  preocupantes, persistentes en el tiempo, además de interferir en el relacionamiento social.

Quienes padecen de estos delirios suelen ser personas con características de personalidad soberbia, hostil, narcisista, son rígidos, autoritarios, intolerantes, fríos,  son altamente desconfiados y con baja autoestima.  En sus delirios podemos encontrar aspectos de su personalidad que les desagradan y no quieren aceptar, como ciertos impulsos, fantasías, temores, frustraciones, que terminan proyectando hacia el entorno.

El tratamiento es más bien psiquiátrico, ya que su gran desconfianza en los demás hace difícil poder generar empatía con el psicólogo y por lo tanto permitirse ser ayudado.

Así que si conoces a alguien a quien puedas ayudar, o tú te sientes atacado, no dudes en consultar con un profesional para poder salir adelante.

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