Ese sentimiento de impotencia

Ese sentimiento de impotencia

Nuestra vida es una suma de decisiones, tanto buenas como malas. Muchas veces, sin sospecharlo siquiera, vamos cabando nuestra propia tumba con el rumbo que elegimos tomar. Sucede, nos equivocamos todo el tiempo, lamentablemente nadie tiene una bola de cristal mágica que pueda ayudarnos a ser más sabios de lo que somos, sin embargo, una vez que nos vemos atrapados en una situación desagradable es cuando más tenemos que actuar sin juzgarnos.

Estar en una relación amorosa de dependencia, un trabajo que odiamos pero a la vez necesitamos, vivir con personas que prometían ser una cosa y son otras, endeudarnos, enfermarnos gravemente por haber descuidado nuestra salud,  etc. Todas situaciones horribles que nos generan dolor pero lo que es más, nos van generando impotencia. Esa sensación de que no hay manera de escaparnos no importa lo que hagamos, una sensación intensa de pura desesperación, de desolación. Y sumado a esto, está entrelazado nuestro sentimiento de que no valemos nada, de que somos unos tontos, de que no podemos hacer nada bien, y en vez de ayudarnos o intentar encontrar una salida, nos entristecemos, lloramos, nos reprochamos constantemente, gritamos y no llegamos a nada.

En estos momentos extremos de nuestra vida es cuando tenemos que apelar a nuestro raciocinio más que nunca, a nuestra frialdad, olvidarnos que somos nosotros las víctimas de esa situación que jamás hubiesemos imaginado. Una vez que logramos calmarnos lo suficiente para poder ver la situación como si se tratara de un tercero a quien queremos dar una mano, tenemos que analizar cuidadosamente las herramientas con las que contamos para poder vislumbrar una salida, por pequeña que sea. Pensemos en las alternativas, en cuál podría ser el paso a seguir más conveniente dadas las circunstancias, ¿existe alguna manera factible de tomar otro camino en este momento?

Supongamos que estamos en un trabajo que detestamos y nos carcome por dentro tener que ir cada día al mismo lugar, ver a la misma gente a quien no apreciamos, ser humillados por jefes frívolos, un lugar despreciable del que no podemos escapar…por ahora. Lo primero que tenemos que hacer es pensar en las posibilidades reales de cambiar de trabajo, utilizar nuestro talento o nuestras habilidades para buscar trabajo de maneras creativas o incluso ir armando nuestro pequeño negocio a modo de ingreso extra. Piensa qué es lo que tú puedes ofrecer para que el mundo vea todo lo maravilloso que eres.

Aquellas circunstancias que escapan por completo de nuestro control tienen que poco a poco ir perdiendo el poder que tienen sobre nosotros, si bien es cierto que no las podemos cambiar, al menos podemos intentar cambiarnos a nosotros mismos para que no nos afecten tanto. Pero en aquellos pequeños detalles sobre los que sí tenemos control, es en eso donde debemos aferrarnos para poder rescatarnos.

Hay que aprender a perdonarse por las equivocaciones cometidas, no castigarnos ni insultarnos por haber tomado el camino menos conveniente para nosotros, pensar fríamente cuál es el paso factible y más rápido para comenzar a inclinar la balanza de la vida a nuestro favor, no caigamos en la tentación de nuevamente tomar decisiones impulsivas que no conducen a nada. Medita cuidadosamente el paso a seguir, pide ayuda de ser necesario, los demás pueden tener una visión más objetiva y brindarnos ideas que quizás no podamos percibir por nosotros mismos. Ve tu vida desde otra perspectiva, no te abrumes por el sentimiento de impotencia que solamente nublara tu juicio y te atara indefinidamente a la situación actual. Usa tu potencial, tus fortalezas, para continuar planeando el gran escape.

Sé que estos consejos quizás parezcan triviales cuando estás hundido en la angustia, pero he comprobado que sirven a la perfección. No estás solo en este mundo y siempre se puede salir adelante, la solución está a tu alcance, solamente debes aprender a buscarla con paciencia.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Pautas para manejar conflictos

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Cuando mantenemos una relación cercana con otra persona así como nos es posible conocer aspectos suyos que nos agraden, también tenemos mayor oportunidad de encontrar otros que nos desagraden. Teniendo lugar desencuentros y hasta conflictos de intereses. ¿Pero qué tan cautelosos somos a la hora de emitir juicios e intentar establecer acuerdos? ¿Y cómo reaccionamos cuando nos realizan planteos que no nos simpatizan?

Si en verdad queremos dar lugar a un proceso de cambio con los demás, nuestras críticas deberán ser constructivas comprendiendo en primer lugar, respeto. El cual por supuesto, va más allá de expresarse con un lenguaje educado y evitar insinuaciones hirientes y sin contenido.

La crítica respetuosa significa asimismo, explicar claramente nuestro punto de vista, argumentar por qué pensamos lo que pensamos y sentimos lo que sentimos, invitando al otro a ponerse en nuestro lugar. De esta forma, es muy probable que la otra parte tenga la misma actitud para con nosotros, pudiendo así tener lugar una interacción constructiva que apunte al entendimiento y al pensar juntos. Siendo mucho más factible entonces, lograr mejores resultados y un relacionamiento más cooperativo.

Al enfrentar una situación en la que te sientes muy molesto por la actitud de otra persona, lo mejor que puedes hacer es calmarte antes de actuar. Controlar el enojo te permitirá disminuir significativamente las posibilidades de cometer errores y terminar diciendo o haciendo cosas con las que en realidad no te sientas identificado o no desees cultivar. Luego, antes de entablar diálogo, piensa bien qué es lo que quieres comunicar y qué objetivo deseas alcanzar con ello. Una vez tengas estos dos puntos en claro, estarás en condiciones de preguntarte acerca de la estrategia más conveniente para iniciar el diálogo y favorecer la receptividad del otro.

Si resulta que eres tú el blanco de críticas agresivas, fíjate si simplemente se trata de una agresión o si en realidad tu interlocutor está queriendo realizar sugerencias sólo que las plantea erróneamente. Si sucede este último, reformulen juntos su planteo de manera que quede claro lo que pretende y lo innecesario de transmitirlo agresivamente. En caso de que critique aspectos de ti que en realidad no le incumben, como tu personalidad, para disminuir la tensión y no hacer viable una discusión puedes por ejemplo, preguntarle en qué le afectan.

Resolviendo diferencias

Algunas tácticas que ayudan a resolver conflictos y son plausibles de adaptarse a distintos tipos de relaciones tales como laborales, amistosas, de pareja u otras son;

* Expresarse de forma no intimidatoria: permite alejarse del terreno de las amenazas.

* Comparar: según sus puntos de vista, ¿qué ha cambiado y desde cuándo?, ¿quiénes son los más afectados y cómo se procede entonces?

* Analizar la energía: en caso de tratarse de una discusión acalorada, donde ambas partes ponen mucha energía en hacer prevalecer lo que piensan, es conveniente preguntarse a qué se debe esa demostración emotiva tan notoria. A pesar de que quizás en un primer momento la respuesta a esta pregunta pueda parecerte obvia, si realmente indagan en este punto pueden encontrar cosas que no esperaban que surgieran.

* Recordar aspectos positivos: ante la dificultad de entendimiento es importante no olvidar las cosas que se tienen en común y que hacen elegir pasar tiempo juntos. En el caso de relaciones amistosas o amorosas, es necesario recordar lo que los unió, lo que se valora del otro. Si se trata de tu trabajo, piensa en las cosas que te agradan del mismo y qué podrías hacer para extender esa sensación de satisfacción a otras tareas. Esto ayudará a salir de los aspectos negativos y a encaminarse  hacia soluciones constructivas.

* Contemplar diferentes soluciones: planteando ambas partes posibles alternativas para salir del conflicto y considerando lo más detalladamente posible qué consecuencias habrían y cómo creen que sería su relacionamiento si efectivamente se produjeran esas modificaciones. Luego amplíen el contexto, e imaginen qué repercusiones tendrían esos cambios en quienes forman parte de su entorno y cómo se sentirían con eso, ya que todas nuestras interacciones están interconectadas. Si se realizó el paso anterior, es considerablemente más probable que las propuestas de solución sean más positivas y reemplacen argumentos trillados.

A fin de que se produzca un acuerdo, es necesario que ambas partes estén dispuestas a avanzar. Los objetivos del acuerdo en muchos casos, promueven una transformación de la relación.

Un tip de felicidad

Martin Seligman y sus colaboradores llevaron a cabo un experimento, todo comenzó cuando en medio de una de sus clases en la universidad se suscitó un apasionado debate acerca de qué era lo que producía más felicidad, si enfrascarse en actividades netamente placenteras o realizar un acto de caridad, ayudar a alguien de alguna manera.

Los estudiantes se sorprendieron al descubrir que en realidad las actividades que más le causaron alegría fueron aquellas que exigieron un uso de sus fortalezas personales en pos del beneficio de otra persona.

La diferencia entre estos actos radica en que realizar un acto de bondad es una gratificación y no un placer. Es un acto que nos conduce a explotar nuestras fortalezas, es un compromiso total con el otro. Todos poseemos fortalezas características que utilizadas a diario van condimentando nuestra rutina con alegría.

Una joven estudiante comentaba que había ayudado a su sobrino a relizar su tarea de aritmética y luego de haber realizado aquel acto, por el resto del día estuvo sonriendo, se sintió más perceptiva hacia los demás y la gente se sintió cómoda con ella.

Para ayudar no se necesitan actos heróicos, ni donaciones estrafalarias, el secreto radica en las cosas más sencillas. Una sola palabra incluso puede lograr la diferencia. Hacerle sentir a los demás que valoramos sus logros, que no están solos, una sonrisa, un cálido saludo, el respeto, un sinfín de oportunidades se nos presentan a lo largo del día para hacer la diferencia.

Hasta podríamos pensar que el acto de la bondad es un tanto egoísta en el sentido de que nosotros también nos vemos beneficiados, pero hay que tener en cuenta que un poco de egoísmo nunca está de sobra, en especial cuando también hacemos sentir especial a alguien.

La verdadera felicidad radica en vivir una vida con sentido, sirviendo a algo, teniendo un propósito. Podemos comenzar hoy mismo a trazar el camino hacia una vida más alegre y completa, sólo necesitamos una palabra, un gesto, y estaremos dirigiéndonos hacia nuestra meta más preciada.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Mejorando la asertividad

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Una persona asertiva es alguien que al comunicarse, sabe mantener un buen balance entre respetar las opiniones ajenas sin dejar de decir lo que piensa. Su sentimiento de valía no depende del trato que recibe, ni acostumbra demostrar una actitud agresiva culpando a los demás de sus propios errores.

Los problemas de asertividad, suelen estar relacionados con baja autoestima, en este caso es usual que la persona experimente demasiado temor a herir o enemistarse con los demás, todo lo cual por supuesto, está ligado a una pauta de comportamiento acorde e interiorizada.

Alguien poco asertivo, es más propenso a la ansiedad, a la frustración y al estrés, ya que siente serias dificultades para lograr sus metas, de ahí que muchas veces intente complacer a todos. De esta manera, es usual que se le presenten contradicciones entre lo que hace y lo que quiere conseguir.

¿Cómo cambiar la situación?

Será necesario analizar las creencias acerca de nosotros mismos, observando qué tanto y cómo nos están resultando perjudiciales. Se apuntará entonces, a trabajar el autoconcepto y los esquemas mentales haciéndolos más realistas. Durante la terapia sin duda, puede trabajarse con éxito la percepción distorsionada de las cosas.

Algo que no debe olvidarse es que como seres humanos tenemos derechos, como el de ser respetados, expresar nuestras ideas, que nos digan la verdad, a no ser perfectos, a decidir por nosotros mismos, entre otros. Puede parecer obvio, pero sin una verdadera conciencia de ellos no podemos hacerlos valer en la práctica. A modo de ejemplo, el comportamiento es plausible de ser analizado objetivamente e incluso modificado, por tanto, podemos admitir críticas hacia nuestros hábitos o conductas, pero no hacia nosotros como personas.

Algunas técnicas que pueden emplearse en una terapia tanto convencional como online son,  el entrenamiento en mensajes asertivos, así como en manejar críticas, entre otros.   Un sujeto que se quiere y se respeta a sí mismo, está en condiciones de querer sanamente a los demás.

El perdón (parte 2)

Siempre existirá alguien que nos lastime y está en nosotros cómo decidir reacionar. Perdonar a alguien puede ser uno de los retos más complicados pero si podemos lograrlo, podremos finalmente sentirnos liberados.

Cuando perdonamos a alguien podemos sentirnos mejor, dejar ir esa sed de venganza, comenzar desde cero y emprender nuevas metas sin desgastarnos emocionalmente por ese enojo.  Son los pensamientos negativos intensos y cotidinanos sobre nuestro pasado los culpables de sentirnos infelices y sin paz.

Tenemos nuestras razones para aferrarnos a nuestra rabia,  en algunos casos se considera que perdonar es injusto, ya que quien nos ha hecho daño debe pagar por su transgresión de la peor manera.

Everett Worthington propone un ejercicio llamado REACE que consiste en lo siguiente: Primero debemos pensar en el daño realizado de la manera más objetiva posible.

Luego hay que sintonizarnos con nuestro sentimiento de empatía, coloquemonos en el lugar del otro y tratemos de entender por qué hizo lo que hizo, cuál pudo haber sido su motivación, es posible tal vez que haya tenido en parte razón, quizás nosotros hicimos algo para herir sus sentimientos primero. Piensa en todos los posibles escenarios.

Permitámonos sentir nuestro altruismo, piensa en aquella situación donde tú has sido el que ha cometido un error del cual estás arrepentido y deseaste el perdón con todas tus ansias. El perdón es un obsequio que no solamente hará feliz a otra persona, sino también a ti mismo.

Si decides perdonar debes comprometerte a hacerlo, ya sea escribiendo una carta o comentando tu decisión a alguien.

Y no puedes dejar ir el perdón, debes “engancharte” a él. No se trata de olvidar lo sucedido pero sí de mirarlo desde otra perspectiva, comprendiendo que no somos perfectos y que a veces somos dañados no por maldad, sino por mera equivocación humana.

Practica este ejercicio de amor y comienza a vivir de una manera más tranquila y significativa.

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El perdón (parte 1)

He mencionado con anterioridad la importancia del perdón. El perdón puede parecer algo muy altruista, sin embargo, yo considero que en cierta manera es un tanto egoísta en la medida de que quienes realmente se liberan de una carga emocional importante cuando perdonamos somos nosotros.

El resentimiento hacia los demás va creciendo en nuestro ser lentamente, es como un veneno insidioso que nos repleta de odio y nos hace perder  fuerza. Toda esa rabia acumulada sin descarga se va convirtiendo en una reserva de energía que nos distraeará de poder dedicarle  el tiempo a algo más importante.

El acto de perdonar incluso puede considerarse un acto de amor, pero no únicamente hacia nuestro prójimo sino también hacia nosotros.

No debemos olvidarnos de la importancia de perdonarnos y en http://www.thepowerofforgiveness.com/index.html podemos encontrar ejercicios para lograr este cometido.

Lo primero que debemos hacer es escribir detalladamente un evento que nos haya sucedido donde sea necesario que nos perdonemos a nosotros. Tenemos que ser concientes de nuestro dolor, de nuestra angustia. Hay que releer lo que escribimos y preguntarnos ¿hace mucho que nos sentimos así? ¿Esto afecta nuestra vida o la manera en que interactuamos con los otros?

A veces es necesario que realicemos estos ejercicios con ayuda, asi que no dudes en contactarte con un amigo o un profesional para poder ayudarte con este proceso. Debes hacer el duelo e intentar ir más allá del rencor, nadie es perfecto y si puedes perdonar a los demás por no serlo, con más razón debes perdonarte a ti mismo. Hay que dejar ir las emociones negativas relacionadas con el evento, admite que eres una buena persona que no mereces ser castigada o sufrir.

Una vez realizado esto, toma la lista que has escrito y quémala como un símbolo de que estás dejando ir el dolor, el rencor, esa rabia que te paraliza y te empuja a auto castigarte sin misericordia.

Continúa con tu vida dejando atrás aquel odio y si el evento resurge  recuerda que ya te has perdonado a ti mismo y has sido lo suficientemente sabio para valorarte y saber que nada bueno nace de presionarte o despreciarte.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Autoestima desde la infancia

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En numerosas ocasiones, tanto Mariana como yo hemos empleado la palabra autoestima en el marco de diferentes temáticas. ¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de autoestima? Amor a uno mismo, es en lo primero que piensan muchas personas al escuchar este término. Esta vez nos detendremos en el mismo para ahondar sobre su significado y construcción desde las primeras etapas de nuestra vida.

No podemos hablar de autoestima sin definir antes qué es el autoconcepto; cómo la persona se representa mentalmente a sí misma. Siendo la autoestima, la evaluación que hace de esa representación.

El autoconcepto como descripción mental comprende las áreas cognitiva, comportamental y afectiva. Por consiguiente abarca otras áreas como son la laboral, académica, familiar, apariencia física, relacionamiento social, así como la ética y la moral.

Por tanto, un sujeto puede aprobarse ampliamente como profesional al mismo tiempo que desaprobarse en sus habilidades sociales.

Esa valoración que realizamos de nosotros mismos parte de una comparación que hacemos con respecto a un patrón de conducta ideal aprendido así como auto impuesto. Si es un patrón excesivamente elevado, las propias evaluaciones rara vez podrán alcanzarlo, lo que conlleva una predisposición a la baja autoestima.

Primeros años de vida

En los primeros años de la infancia, los juicios de valor que el niño realiza acerca de lo que percibe sobre sí mismo y los demás, son esenciales tanto para su conducta como para la configuración de su autoconcepto. Aquí juega un papel fundamental la evaluación tanto explícita como implícita que los padres hagan sobre el comportamiento del infante.

A través de premios o castigos, los padres van enseñando a sus hijos cuáles conductas son las aceptables y cuáles no. Si los castigos son moderados y firmes, pero sin agresividad y generalizaciones, no habría lugar para que se generara un autoconcepto pobre que diera lugar a su vez a un déficit de autoestima.

Los factores determinantes para la influencia de los castigos sobre la autoestima son; la frecuencia y consistencia de los mismos, qué tan usual sea su asociación con la agresividad, la no diferenciación por parte de los padres de una conducta específica ante un estímulo por parte del niño y de la identidad global del mismo, y finalmente, el hecho de que los padres establezcan normas de comportamiento que se basen en criterios personales tales como gustos o cuestiones de necesidad.

En la escuela

El ambiente escolar, en especial el relacionamiento con los docentes, tiene un peso importante en la construcción del autoconcepto. Investigaciones como la de Entwisle y Hayduck han demostrado que el nivel de autoestima del maestro repercute en el rendimiento de los estudiantes. Ello se debe a que tiende a desempeñar su rol de forma distante, fomentar actividades competitivas o individualistas, sirviendo asimismo de modelo a imitar por parte de los alumnos.

Autocontrol

Es un factor que influye positivamente en la autoestima infantil, ya que al ver que pueden controlar sus emociones y conducta se sienten más seguros y capaces. Ello se debe a que el autocontrol da lugar a la vez que fortalece la independencia y la capacidad de elección. Cuando los niños pueden planificar su conducta así como las estrategias para lograr sus objetivos, se ven a si mismos y son vistos por los demás, como personas más responsables y maduras, obteniendo también la posibilidad de ir participando cada vez más en actividades sociales donde se los valore positivamente. Todo lo cual, redunda en un autoconcepto y autoestima más positivos.

Las estrategias de autocontrol los ayudan a manejar mejor la influencia de factores externos reemplazándolos por la planificación interna. Esta percepción propia de control aumenta la probabilidad de poner en práctica respuestas adecuadas.

Si ello no ocurre, la idea de que no se es capaz puede asociarse a depresión, ansiedad o sentirse indefenso.

Fortaleciendo el autocontrol

La habilidad de resolver problemas de forma independiente, tiene una repercusión directa en la autoestima infantil. Fomentar el aprendizaje de este tipo de estrategias no implica indicar respuestas exactas frente a determinadas situaciones, sino enseñar al pequeño a considerar distintas posibles soluciones ante una situación problema, evaluar los elementos que están a su alcance para optar por la medida más conveniente y finalmente analizar cuáles serán las consecuencias de sus acciones.  Dicha enseñanza puede estructurarse entonces, básicamente en 5 pasos;

1)     ¿Qué se debería hacer ante el problema?

2)     Considerar todas las posibilidades reales de actuar

3)     Evaluar las diferentes alternativas

4)     Elegir la más conveniente

5)     Poner en práctica la solución escogida y luego verificar los resultados y consecuencias.

Como integrantes de la sociedad, desde la infancia somos objeto de exigencias que en mayor o menor medida significan potenciales amenazas a la autoestima. Prevenir carencias en la misma en esa temprana época de la vida, ayuda a una adaptación mayor y mejor frente a las demandas del entorno que nos rodea.

Realiza tus metas

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 “No hay nada tan poderoso como una idea a la que le ha llegado su hora”, ésta célebre frase del poeta, novelista y dramaturgo francés Víctor Hugo, nos invita en esta ocasión, a pensar el tema que abordaremos hoy: la realización de las ideas, en especial aquellas relacionadas con proyectos laborales. Esas ideas que tenemos, puede que desde hace mucho tiempo, que de tanto acariciarlas en nuestra mente se han convertido en metas. Pero hoy no sólo reflexionaremos acerca de nuestras acciones para volverlas realidad, sino también, acerca de qué cosas nos ayudan a hacerlo sobre todo, cuando estamos atravesando situaciones difíciles.

Quizás en este momento te estés preguntando por qué en tu trabajo promovieron a ese compañero, siendo que tú trabajas el doble y con un menor salario. O capaz te encuentres en cualquier otro escenario relativamente similar que te implique una desventaja para mejorar tu nivel de vida. Si es así, tengo una noticia para darte; dejar de sentirte un 0 a la izquierda es una decisión que puedes tomar hoy.

 La sociedad desde nuestra infancia siempre se encarga de establecer ciertas barreras. A modo de ejemplo puede citarse el caso de los juguetes, muchos de los cuales están diseñados exclusivamente para niños y otros para niñas. Pero tampoco olvidemos que en gran medida está en nosotros permitir o no que nos limiten. Si las circunstancias o alguien intentan ponerte al margen, no aceptes quedarte en ese papel. Es justo ahí, donde debemos hacer surgir esa rebeldía que llevamos dentro y empujarnos a salir de la situación.   

 Un error muy usual y también muy comprensible cuando se está atravesando por un mal momento, es pensar que las dificultades no van a tener fin, el cual suele ir de la mano con otro, el dejar de tener esperanza. En este mundo nada es para siempre, el dolor también termina. Cuando comenzamos a realizar una nueva rutina de ejercicio nos sentimos adoloridos, pero luego ganamos en fuerza. Si capitalizamos la experiencia, así como los músculos se fortalecen al ejercitarse también podremos fortalecernos mentalmente.

 Es muy normal sentir tristeza e intentar reconfortarnos de alguna manera cuando nos sucede algo malo. Las emociones negativas son una parte de la vida que es necesario enfrentar, a todos nos ocurren contrariedades por las que tenemos que atravesar. Pero luego de los primeros momentos de desazón e incluso de desahogo, ten cuidado entonces, de no estar tomando el autocompadecimiento como una forma errónea de reconfortarte. Errónea, porque si bien al principio puede parecernos que nos ofrece algún consuelo, el pensar una y otra vez lo injusto de las circunstancias no aporta en nada a su solución, al contrario. Pensarse como un “pobre de mí”, caer en el derrotismo, es precisamente lo que cierra las puertas.

 El punto no es en absoluto asumir una actitud sádica con uno mismo, sino el calmarse y de forma lo más objetiva posible, analizar cómo fue que se dieron las cosas, qué papel jugó uno en los acontecimientos, y si cometimos errores cómo fue que nos tropezamos en primer lugar. Como seres falibles que somos, equivocaciones vamos a cometer siempre, pero procuremos asegurarnos de que no sean las mismas.

Cuando emprendemos un nuevo camino, es esperable que no todo nos salga bien, pero también recuerda que quien no hace nada tampoco gana nada. Vayamos entonces, madurando con cada experiencia, valorando y analizando las enseñanzas que nos brinda.

 También es necesario considerar, que muchas veces en medio de la tormenta, no siempre se cuenta con suficiente claridad como para discernir solos cuáles son las actitudes más convenientes a tomar para salir de una situación o tornar las circunstancias a nuestro favor. De hecho, en numerosas ocasiones ni siquiera con la ayuda de amigos o familiares es posible vislumbrar la salida. En tales casos, se hace necesaria la ayuda profesional, como la que pone a tu disposición la Lic. Mariana Alvez Guerra mediante la modalidad de consejo psicológico online.

 Cuando tus acciones te estén dando buenos resultados, luego de celebrar como mereces, también piensa en cuáles fueron los pasos que diste. De esa manera podrás repetirlos y además, ver cómo puedes aplicar lo hecho a otras cosas. Que no sean los malos momentos en los únicos que te pongas a reflexionar.  

Redescubrir esa inquietud, esa curiosidad que tan frecuentemente se ve en los niños cuando exploran cosas nuevas, es un importante punto a favor al decidir abrirnos a las muchas oportunidades que se pueden encontrar en el mundo.

 Otro punto importante, es escuchar con atención las experiencias ajenas, ya que pueden ahorrarnos tiempo y recursos e incluso resultar inspiradoras. Así como escuchar y trabajar en colaboración con los demás puede ser un gran aporte, es necesario recordar que intentar beneficiarse obstaculizando el camino de los otros comprende efectos perjudiciales no sólo para ellos, sino también para ti. Es muy usual que en pos de pensar que de esa forma se obtiene algún beneficio, haya quienes se olviden de algo muy elemental: toda acción tiene sus consecuencias. No podemos esperar que se nos abran puertas si se las cerramos a los demás.  

Detente un momento a examinar tu vida diaria, tu relación con la gente que forma parte de ella, y pregúntate si intencionalmente o no, estás haciendo algo que signifique una barrera para el avance de otra persona. Así como es necesario que te respetes a ti mismo, también lo es que respetes a los demás.

Perseverancia, disciplina y creatividad, son las palabras claves a poner en práctica para lograr lo que quieres. Planifica e insiste hasta conseguirlo. La confianza es el motor que nos permite construir un futuro mejor, dispone la energía psico – física para alcanzar nuestras metas, teniendo la serena convicción de que lo vamos a lograr.

 

Caminando hacia el éxito

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 Existen muchas ocasiones en las que, por más que aparentemente estemos dando todos los pasos en dirección a ese objetivo que queremos lograr, sin darnos cuenta nos vamos poniendo piedras en el camino que terminan siendo verdaderos obstáculos o impedimentos. Esto puede verse frecuentemente, en casos donde la persona se vive cuestionando acerca de si podrá alcanzar lo que quiere, como si tuviera el presentimiento de que algo va a salir mal. Dichos cuestionamientos pueden estar dirigidos al hecho en sí de que pueda llevarse a la práctica su plan, a poseer los conocimientos y el valor que se requiere para hacerlo, o bien a si es plausible que pueda ocurrirle.  

 Todo lo cual converge en el hecho de pensar y sentir que no merecemos eso que queremos, evidenciándose por tanto un problema de autoestima. Si esa es tu situación, no te asustes, sólo significa que aún tienes cosas que aprender y por las que trabajar. En tales circunstancias, seguramente pueda afirmarse que no creíste ésto toda tu vida, sino que hubo momentos en los que esas creencias comenzaron a echar raíces. Para descubrir cómo y por qué comenzaron a afianzarse, suele ser necesaria la intervención profesional, como por ejemplo la que puede brindarte la Lic. Mariana Alvez Guerra mediante la modalidad de consejo psicológico, o bien de terapia online.  

 Lo que se necesita de un psicólogo en estos casos, no es que nos indique qué es lo que tenemos que hacer, sino que nos ayude a discernirlo. Ello se debe a que en la intervención psicológica, existe una aceptación del otro con sus características individuales y únicas, lo cual facilita el que se puedan implementar cambios significativos en su vida. Cuando se cuenta con la asistencia y el apoyo necesarios, es posible superar el miedo y sentir más seguridad respecto al futuro y a las propias posibilidades.

 Muchas reglas que tú mismo pones o permites que aún existan en tu vida, pueden ser barreras o facilitadores para tu éxito. Una buena noticia es que así como una vez empezaste a creer que no eras capaz, ahora puedes comenzar a creer lo contrario. 

Resulta muy pertinente aplicar la frase “persevera y triunfarás”, lo que no significa encapricharse haciendo una y otra vez cosas que los hechos demostraron que no funcionaban, sino capitalizar experiencias de fracaso tomando datos que te ayuden a ver qué problemas evitar y qué nuevo camino tomar.

 Es igualmente necesario, reparar en la manera en que nos estimulamos a seguir adelante cuando estamos aprendiendo y emprendiendo algo nuevo. Observa si estás apreciando cada avance que logras realizar. Negarse rotundamente a intentar algo nuevo simplemente por no saber cómo se hace, no es en el fondo más que miedo, ya sea a parecer tonto o por falta de confianza en nuestras propias capacidades. El método de ensayo y error, tan natural en el humano y en otros animales, se vale precisamente de los errores para hacer posible el aprendizaje, recién ahí podemos apropiarnos y emplear los nuevos conocimientos.

 Si bien es muy cierto que los objetivos a largo plazo son imprescindibles, ya que son nada menos que el disparador para trazar nuestro plan. Intentar alcanzar a corto plazo metas que en la actualidad nos resultan demasiado lejanas, siempre termina por frustrarnos. Por tanto, es imprescindible mantener cierta coherencia y no saltearnos los objetivos a mediano y a corto plazo.

A modo de ejemplo, supongamos que estas comenzando tu propio emprendimiento, si además tienes otro trabajo o estudias, en vez de lanzarte de lleno a la realización del mismo, lo más conveniente sería dedicarle algunas horas todos los días y algún día entero durante el fin de semana. No sólo para dedicarte completamente al mismo cuando pueda brindarte total seguridad financiera, sino también para ver cómo te hace sentir en la práctica y confirmar o no, si es efectivamente a lo que quieres dedicarte.

Algunos aspectos importantes a indagar, que incluso podrías preguntártelos seriamente antes de comenzar, son por ejemplo, si te sentirás motivado para trabajar sin tener un jefe que te supervise y te diga cuáles son tus tareas. Es muy usual que, aún en el período en que ya empieza a ser rentable como actividad económica única, en un principio no deje margen como para contratar mucho personal, ¿estarías dispuesto entonces a realizar largas jornadas de trabajo de más de 9 horas?

 Cualquiera sea ese cambio importante que deseas implementar, deja de lado todo aquel tiempo durante el que pensabas que siempre fracasarías. Si lo decides y te comprometes contigo mismo, ya puedes empezar a cambiar. El día más apropiado es justamente hoy.   

 

 

Aprende a ayudar

A veces somos intolerantes con los demás, juzgamos muy a la ligera sus actitudes y saltamos de inmediato a la incomprensión. ¿Quién tiene tiempo para andar pensando en los otros? Yo creo firmemente en el amor propio, en ser honestos con lo que queremos y expresarlo, pero no confundamos nuestra necesaria cuota de narcicismo con el egoísmo negativo.

Solemos estar tan inmersos en nuestros propios poblemas que a veces no podemos percatarnos de que quien está a nuestro lado está sufriendo, o si nos damos cuenta, preferimos ignorarlo. Existen personas que son incapaces de ayudarse a sí mismas, no importa cuánto nos esforcemos por querer que salgan adelante, ellos se han convertido en sus propios enemigos y no saldrán de esa posición por más que insistamos. Sin embargo, no podemos olvidarnos de los otros, quienes realmente quieren ayuda pero preferimos no escuchar.

Como una manera de protegernos a nosotros mismos de la sensación de angustia e impotencia que el dolor ajeno puedo llegar a ocasionarnos, a veces minimizamos las señales de alerta que van quedando en evidencia. Es más fácil pensar que es algo pasajero, que pronto esa persona estará muy bien, que solamente está exagerando. Y es así que vamos ignorando patologías, tendencias suicidas, soledad.

Si bien no tenemos por qué ser los responsables del dolor ajeno, tampoco deberíamos actuar insensibles con el resto. Un caso muy común es el de los padres cuando creen que las tristezas infantiles o los amores adolescentes no son importantes, ignorando que a pesar de que nosotros somos adultos y tenemos bien en claro que todo estará bien con el pasar del tiempo, nos volvemos ciegos, sordos y mudos cuando el otro lo único que necesita es un poco de apoyo. No subestimemos el poder de las palabras cariñosas o de un gesto tan simple como estrechar una mano para hacerle saber a alguien que estamos presentes.

Nada es porque sí, las personas a veces actúan de manera destructiva cegadas por el odio que las consume. Si alguien prestara un poco más de atención, si una persona no llegara a sentirse tan sola, grandes desgracias podrían evitarse. Nos necesitamos los unos a los otros y entregarnos a construir un mundo mejor, aunque suene idealista o de telenovela, es misión y responsabilidad de todos. Cuando nos enfocamos a un propósito que va más allá de nuestros deseos personales, nos ubicamos en un estado tal de satisfacción que nos permite experimentar la felicidad más genuina, la que proviene de una vida con propósito, con objetivos, que puede ayudarnos no solamente a nosotros, sino también a los demás.

Ser altruistas es convertirnos en mejores personas, saber comprender a los demás, tomarnos el tiempo de averiguar qué es lo que está sucediendo, es ubicarnos en una posición de nobleza humana. Vivimos en sociedad y en nuestra pequeña sociedad, en nuestro círculo íntimo que debemos saber cuidar y respetar. Nunca sabes cuando será tu turno, quizás mañana seas tú quien necesites de una mano amiga.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com