La culpa, nuestra enemiga

Yo hago lo mío y tu haces lo tuyo

No estoy en este mundo para llenar tus expectativas

Ni tú estas en el mundo para llenar las mías

Tú eres tú y yo soy yo

Si casualmente nos encontramos será hermoso

Si no, no importa.

Fritz Peris

Solemos sentir culpa, quedamos atrapados bajo el peso de este molesto sentimiento que puede convertirse en un verdadero obstaculizador de nuestra felicidad. Si bien no somos perfectos y al equivocarnos podemos llegar a lastimar a alguien, solemos abusar del sentimiento de culpa más para castigarnos a nosotros mismos que para resarcir a quienes hemos infringido.

Existen situaciones donde es lícito experimentarla, ¿pero que sucede cuando comenzamos a sentirla cuando no deberiamos? La culpa mal utilizada nos hace sentir que no servimos para nada, que no somos lo suficientemente buenos, que no somos merecedores de amor, que somos crueles.

Una de las raíces de la culpa es el miedo al abandono. Buscamos ser amados y con tal de lograr ese objetivo, moldearemos nuestra personalidad de acuerdo a las personas que nos rodean y las circunstancias, realizaremos actos que no queremos, entregamos nuestra esencia en pos del ideal de que otra persona nos acepte por entero. Lo irónico de todo esto, es que al perseguir los deseos de los demás, vamos generando rencor hacia nosotros, ya que es imposible agradarle a todos a pesar de que sigamos fielmente sus caprichos. Es desgastante pensar todo el tiempo en cómo agradarles a los otros, cómo actuar para que nos aprecien, medir nuestros comportamientos, nuestras actitudes, sólo para que nos amen incluso hasta los extraños. Esa hambre de amor no puede ser apagada con el amor incondicional de los demás, sino que tiene que ser satisfecha por nuestros propios medios. Hasta que no aprendamos a amarnos, respetarnos y sernos fieles a lo que realmente queremos, siempre caeremos en la tentación de convertirnos en seres volubles a merced de las órdenes de los ajenos.

La culpa puede manifestarse tanto a nivel emocional, físico o mental, mediante dolores de cabeza, presión en el pecho, nervios, agresividad intensa, autorreproches.

Existen tipos de personalidad más propensas a sentir culpa excesiva, como aquellos quienes presentan rasgos obsesivos. Todo comienza gracias a que establecemos un ideal demasiado exagerado como para poder alcanzarlo en la realidad y eso va generando dolor, ya que entramos en conflicto con lo que deseamos ser y con lo que somos en la realidad.

Debemos dejar entrar el equilibrio en nuestras vidas y aceptar la complejidad de las experiencias, nada es absolutamente bueno o malo. Hay que desechar el pensamiento negativo que no deja ver más allá de nuestras propias narices y nos limita en cada área de nuestra vida. Ser extremadamente estrictos con nuestros actos y siempre buscar acatar las normas de los demás a pesar de que no queramos, simplemente hacerlo porque es lo correcto contribuye también a paralizarnos emocionalmente. No podemos perder el tiempo y la energía en intentar arreglar la vida de todo el mundo, esas fuerzas las necesitamos volcar en nosotros para fortalecernos y una vez que lo logremos, ahí si poder ayudar. La búsqueda de la perfección se convierte en una trampa muy difícil de escapar, caemos en una utopia que jamás será alcanzada ya que la perfección no existe y eso está bien.

Teniendo en cuenta estas cosas, debemos observar la culpa bajo la lupa del análisis, desentrañar por qué sentimos lo que sentimos y si estamos en lo cierto de sentirnos tan mal. Este sentimiento se convierte en un peso que nos arrastra a la tristeza y no es necesario que siempre estemos pendientes de qué hacemos, qué decimos, para agradar a los demás. Si vives tu vida bajo la sombra del deseo ajeno, jamás tendrás la oportunidad de comprender cuán maravilloso puedes llegar a ser si tan sólo comenzaras a pensar de acuerdo a la armonía de tus propias ideas.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com


Consultas gratuitas

La psicología debe estar al alcance de todos, debemos encontrar una solución a ese problema que está obstaculizando nuestro derecho a ser feliz, por eso he decidido lo siguiente.

Para quienes viven en Uruguay estaré implementando a partir de hoy consultas gratuitas via teléfonica que tendrán el costo tan sólo de la llamada local. Serán realizadas todos los miércoles de 16.30 a 18:00 a través del teléfono 707-76-99.

Las preguntas deben ser puntuales ya que esto no es una terapia sino un consejo psicológico sobre una temática específica.

Espero sus consultas, hoy puede ser el día para comenzar a cambiar tu vida.

Tus emociones positivas al máximo

La felicidad en el aquí y ahora está constituida por dos estados distintos,  los placeres y las gratificaciones. Los primeros tienen un componente emocional y sensorial e implican escaso pensamiento o ausencia del mismo. Las gratificaciones por su parte, hacen que estemos inmersos en ellas y que en cierta manera perdamos la conciencia propia. Aquí están presentes los pensamientos, las interpretaciones, están relacionadas con la puesta en práctica de nuestras virtudes y fortalezas.

No es fácil basar nuestra vida sólo en placeres ya que los mismos son efímeros y además nos acostumbramos a ellos, lo que hace que pierdan su efecto demasiado rápido.

Para poder sacar provecho a estos placeres debemos introducirlos en nuestra vida tanto como nos sea posible, la clave radica en que transcurra más tiempo entre estas experiencias. Si usualmente adoras el helado y lo consumes cada tres o cuatro días, comienza a hacerlo cada seis o siete.  La sorpresa y el espaciamiento logran que no nos acostumbremos a esos placeres y que no pierdan su fuerza.

Debemos aprender a saborear cada momento placentero, hacernos concientes de su presencia y prestarle atención.  Existen cinco técnicas que nos conducen a llevar a cabo esta meta:

  • Compartir experiencias placenteras con otras personas
  • Guardar la experiencia en la memoria, mediante fotografías o escogiendo algún recuerdo fisico del lugar o del evento, ya sea una piedra, una flor.
  • Autoelogio, hablar con los demás de lo vivido y decirles lo importante que era para ti llevar a cabo esto en tu vida.
  • Agudizar la percepción, concentrarse especialmente en ciertos detalles.
  • Ensimismamiento, permanecer absorto sin pensar en nada, solamente nos concentramos en lo que estamos sintiendo.

Presta especial atención a todo lo que te rodea, usualmente vamos perdidos en nuestra rutina como si estuvieramos en una especie de piloto autómatico. No  nos detenemos a ver las formas extrañas de las nubes en el cielo, o el juego de un par de cachorros en el parque, ni siquiera la sonrisa de quienes conversan alegremente. Hay que desacelerar nuestro estado mental, siempre estamos pensando en lo que tenemos que hacer mañana, o dentro de diez minutos. Nos resulta difícil silenciar nuestros pensamientos y sólo disfrutar lo que está pasando ahora, en este preciso minuto, segundo.

En cuanto a las gratificaciones podemos decir que están relacionadas con la buena vida, se caracterizan por hacer nacer en nosotros un estado de ensimismamiento, nuestra conciencia es como si se apagara y hay una total ausencia de emociones.  Las gratificaciones pueden incluso no brindarnos disfrute en ese mismo momento, pero cuando las recordamos nos encantaría volver a repetirlas.

Entre las gratificaciones encontramos actos de caridad, escribir un libro, prepararnos para un examen extremadamente importante, bailar, etc. Las tareas incluirán un reto para nosotros y requerirán de nuestra habilidad, estamos concentrados y apuntamos a ciertos objetivos, nos implicamos de manera profunda, el tiempo se detiene. Estamos en un estado de fluidez. No hay emociones positivas en el momento, ya que más que nada es nuestro pensamiento el que nos está dominando.

Cuando nos dejamos llevar por el mundo de las gratificaciones, estamos invirtiendo en nuestro «capital psicológico», en nuestro crecimiento, en nuestro futuro.

Las gratificaciones en definitiva enriquecen mucho más nuestra vida que los placeres. Tendemos a la felicidad instántanea, pero la verdadera felicidad radica también en nuestro esfuerzo. Las recetas rápidas traen consigo depresión y desilusión. Debemos ejercitar nuestras virtudes, detectar nuestras fortalezas y ulizarlas en pos de nuestro bienestar.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Emociones positivas y sus ventajas

Aunque no lo crean, las emociones positivas juegan un papel muy importante en nuestra evolución ya que incrementan, a la vez que hacen más perdurables, nuestros recursos sociales, intelectuales y físicos.  Gracias a estas emociones nuestra actividad mental es abierta, creativa y estamos dispuestos a darle una oportunidad a las nuevas ideas y experiencias. Las personas con actitud positiva se muestran más generosas y su manera de pensar se concentra en resaltar lo que está bien, lo bueno que ha sucedido.

La felicidad trae consecuencias agradables en todos los ámbitos de nuestra vida. Estudios han demostrado que las personas que son felices con su trabajo son las más productivas y además quienes suelen percibir ingresos más elevados.

Al tener un estado de ánimo positivo, estamos armándonos de un escudo protector ante las situaciones adversas de la vida. Las personas felices soportan mejor el dolor que los demás y son más precavidas en cuanto a su salud y su seguridad. Cuentan también con una vida social intensa y son más altruistas que las personas infelices, esto sucede porque cuando estamos tristes nos tornamos introvertidos, desconfiados y estamos demasiado ocupados en nuestro propio dolor como para pensar en el bienestar de los demás.

Al sentir emociones positivas no solamente estamos disfrutando nosotros, sino que vamos creando una predispoción a hacer sentir al resto de las personas a nuestro alrededor más  cómoda en nuestra compañía. Estaremos dispuestos a disfrutar del amor, la salud, la amistad, el cariño. Ganamos nosotros e indudablemente ganan los demás. Una madre contenta hará que su hijo crezca seguro y feliz. Un marido conforme con su vida hará sentir a su esposa especial y amada.

Las emociones positivas pueden incrementarse en nuestra vida, ¿cómo lograrlo? Eso lo leeremos en el próximo artículo.

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Un tip de felicidad

Martin Seligman y sus colaboradores llevaron a cabo un experimento, todo comenzó cuando en medio de una de sus clases en la universidad se suscitó un apasionado debate acerca de qué era lo que producía más felicidad, si enfrascarse en actividades netamente placenteras o realizar un acto de caridad, ayudar a alguien de alguna manera.

Los estudiantes se sorprendieron al descubrir que en realidad las actividades que más le causaron alegría fueron aquellas que exigieron un uso de sus fortalezas personales en pos del beneficio de otra persona.

La diferencia entre estos actos radica en que realizar un acto de bondad es una gratificación y no un placer. Es un acto que nos conduce a explotar nuestras fortalezas, es un compromiso total con el otro. Todos poseemos fortalezas características que utilizadas a diario van condimentando nuestra rutina con alegría.

Una joven estudiante comentaba que había ayudado a su sobrino a relizar su tarea de aritmética y luego de haber realizado aquel acto, por el resto del día estuvo sonriendo, se sintió más perceptiva hacia los demás y la gente se sintió cómoda con ella.

Para ayudar no se necesitan actos heróicos, ni donaciones estrafalarias, el secreto radica en las cosas más sencillas. Una sola palabra incluso puede lograr la diferencia. Hacerle sentir a los demás que valoramos sus logros, que no están solos, una sonrisa, un cálido saludo, el respeto, un sinfín de oportunidades se nos presentan a lo largo del día para hacer la diferencia.

Hasta podríamos pensar que el acto de la bondad es un tanto egoísta en el sentido de que nosotros también nos vemos beneficiados, pero hay que tener en cuenta que un poco de egoísmo nunca está de sobra, en especial cuando también hacemos sentir especial a alguien.

La verdadera felicidad radica en vivir una vida con sentido, sirviendo a algo, teniendo un propósito. Podemos comenzar hoy mismo a trazar el camino hacia una vida más alegre y completa, sólo necesitamos una palabra, un gesto, y estaremos dirigiéndonos hacia nuestra meta más preciada.

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Piensa lo mejor

Hace unos días estaba tomando un capuccino en una coqueta cafetería de mi ciudad. Cuando la mesera me dio la cuenta ni siquiera la miré ya que sabía lo que había consumido y le di mi dinero de inmediato, cuando regresó el cambio se alejaba bastante de lo que yo había calculado, amablemente se lo hice notar, se solucionó el problema rápidamente, le dejé su propina y me retiré.

Este espisodio trivial me hizo reflexionar en cómo nuestra mente funciona y cómo siempre solemos pensar lo peor de las personas. Conozco gente que sé que hubiese reaccionado furiosa o sin la más mínima duda considerarían que ella lo hizo a propósito. Yo no pensé de esa manera ni por un segundo y les  propongo a ustedes pensar pensar más allá.

Los pensamientos que nos pueden venir en este momento son los siguientes: fue un simple error y nada más. También podemos pensar que pudo haberlo hecho intencionalmente pero aquí les propongo pensar en lugar de juzgar, que intenten colocarse en la posición del otro. ¿Ella necesitaba el dinero? ¿Estaba demasiado agobiada por cuentas, demasiadas horas de trabajo con mala paga, esconderá cierta tristeza detrás de esa sonrisa? Como no lo sabemos no podemos juzgarla, como no lo sabemos no podemos asumir lo peor de los otros.

En nuestra vida diaria a veces podemos ser insolentes o impacientes con los demás, sin comprender a veces que los otros también están cansados y tienen sus propios problemas y sus días de mal humor. Si todos comenzamos a ladrarnos en vez de sonreír, vamos entrando en un círculo vicioso que solamente hará que nuestro día vaya de mal en peor. Una sonrisa, una palabra de aliento o reconocimiento, pueden obrar milagros en el estado de ánimo de alguien. Y todos sabemos que cuando hacemos gestos lindos por los otros nos sentimos inevitablemente mejor. Trata  a los demás como te gustaría ser tratado, no juzgues fríamente porque a ti te desagradaría que te hicieran lo mismo.

Vamos siendo despiadados con nosotros y así comenzamos a actuar con el resto del mundo, cuando el proceso debería ser completamente inverso, deberíamos comenzar a amarnos y respetarnos y así luego poder trasladar ese amor hacia el exterior.

Las personas pueden sorprendernos si tan sólo le brindamos la oportunidad de hacerlo, cuando aprendemos a estar mas cómodos con nuestras actitudes eso lo reflejamos hacia los extraños. Piensa lo mejor de los demás  y para lograrlo simplemente comienza pensando en lo mejor que hay en ti.

El perdón (parte 2)

Siempre existirá alguien que nos lastime y está en nosotros cómo decidir reacionar. Perdonar a alguien puede ser uno de los retos más complicados pero si podemos lograrlo, podremos finalmente sentirnos liberados.

Cuando perdonamos a alguien podemos sentirnos mejor, dejar ir esa sed de venganza, comenzar desde cero y emprender nuevas metas sin desgastarnos emocionalmente por ese enojo.  Son los pensamientos negativos intensos y cotidinanos sobre nuestro pasado los culpables de sentirnos infelices y sin paz.

Tenemos nuestras razones para aferrarnos a nuestra rabia,  en algunos casos se considera que perdonar es injusto, ya que quien nos ha hecho daño debe pagar por su transgresión de la peor manera.

Everett Worthington propone un ejercicio llamado REACE que consiste en lo siguiente: Primero debemos pensar en el daño realizado de la manera más objetiva posible.

Luego hay que sintonizarnos con nuestro sentimiento de empatía, coloquemonos en el lugar del otro y tratemos de entender por qué hizo lo que hizo, cuál pudo haber sido su motivación, es posible tal vez que haya tenido en parte razón, quizás nosotros hicimos algo para herir sus sentimientos primero. Piensa en todos los posibles escenarios.

Permitámonos sentir nuestro altruismo, piensa en aquella situación donde tú has sido el que ha cometido un error del cual estás arrepentido y deseaste el perdón con todas tus ansias. El perdón es un obsequio que no solamente hará feliz a otra persona, sino también a ti mismo.

Si decides perdonar debes comprometerte a hacerlo, ya sea escribiendo una carta o comentando tu decisión a alguien.

Y no puedes dejar ir el perdón, debes «engancharte» a él. No se trata de olvidar lo sucedido pero sí de mirarlo desde otra perspectiva, comprendiendo que no somos perfectos y que a veces somos dañados no por maldad, sino por mera equivocación humana.

Practica este ejercicio de amor y comienza a vivir de una manera más tranquila y significativa.

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El perdón (parte 1)

He mencionado con anterioridad la importancia del perdón. El perdón puede parecer algo muy altruista, sin embargo, yo considero que en cierta manera es un tanto egoísta en la medida de que quienes realmente se liberan de una carga emocional importante cuando perdonamos somos nosotros.

El resentimiento hacia los demás va creciendo en nuestro ser lentamente, es como un veneno insidioso que nos repleta de odio y nos hace perder  fuerza. Toda esa rabia acumulada sin descarga se va convirtiendo en una reserva de energía que nos distraeará de poder dedicarle  el tiempo a algo más importante.

El acto de perdonar incluso puede considerarse un acto de amor, pero no únicamente hacia nuestro prójimo sino también hacia nosotros.

No debemos olvidarnos de la importancia de perdonarnos y en http://www.thepowerofforgiveness.com/index.html podemos encontrar ejercicios para lograr este cometido.

Lo primero que debemos hacer es escribir detalladamente un evento que nos haya sucedido donde sea necesario que nos perdonemos a nosotros. Tenemos que ser concientes de nuestro dolor, de nuestra angustia. Hay que releer lo que escribimos y preguntarnos ¿hace mucho que nos sentimos así? ¿Esto afecta nuestra vida o la manera en que interactuamos con los otros?

A veces es necesario que realicemos estos ejercicios con ayuda, asi que no dudes en contactarte con un amigo o un profesional para poder ayudarte con este proceso. Debes hacer el duelo e intentar ir más allá del rencor, nadie es perfecto y si puedes perdonar a los demás por no serlo, con más razón debes perdonarte a ti mismo. Hay que dejar ir las emociones negativas relacionadas con el evento, admite que eres una buena persona que no mereces ser castigada o sufrir.

Una vez realizado esto, toma la lista que has escrito y quémala como un símbolo de que estás dejando ir el dolor, el rencor, esa rabia que te paraliza y te empuja a auto castigarte sin misericordia.

Continúa con tu vida dejando atrás aquel odio y si el evento resurge  recuerda que ya te has perdonado a ti mismo y has sido lo suficientemente sabio para valorarte y saber que nada bueno nace de presionarte o despreciarte.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

La paciencia

Quien tiene paciencia obtendrá lo que desea

En mis artículos siempre estoy hablando de la importancia de la paciencia, así que he decidido compartir con ustedes una serie de sugerencias para poder sacar provecho de esta maravillosa virtud en orden de sentirnos más a gusto con nuestra realidad y calmar la ansiedad.

En Psicología Positiva se habla de la importancia de la meditación. Esta nos ayuda a relajarnos, a aprender a despejar nuestra mente de todas las preocupaciones del momento, nos permite darnos tiempo para reflexionar sobre nosotros mismos, nos hace sentir más descansados incluso aunque apenas la practiquemos por diez minutos, nos ayuda a controlar nuestras emociones en especial la ira. Técnicas de meditación existen muchas que pueden ser encontradas en audios o libros, sólo es cuestión de encontrar la más adecuada para ti y si el tiempo escasea para realizar esta técnica, con unos pocos minutos por día de todas maneras se aprecian los resultados.

La alimentación tiene una fuerte influencia sobre nuestro estado de ánimo, si nos alimentamos únicamente a base de comidas grasosas y muy calóricas, nos sentiremos con menos energía, más sueño, más pesadez y hasta quizás más culpa. Una alimentación balanceada donde se incluyan carbohidratos, proteínas, vegetales, frutas, lácteos, vitaminas, minerales, agua, en su justa medida, hará que nuestro cuerpo y nuestra mente se sienta mejor. Si nuestro cuerpo está bien esto se convierte en una preocupación menos y podremos concentrarnos en los otros aspectos de nuestra vida que requieran atención.

Otra manera de mejorar nuestra paciencia es aprender a controlar nuestros impulsos. Muchas veces nos enojamos demasiado fácilmente o tendemos a descargar nuestras frustraciones en las personas que nada tienen que ver con el hecho que nos enojó inicialmente. Así que aprendamos a pensar antes de actuar o hablar, tenemos que tener en cuenta que nuestro interlocutor es un ser humano con sus propios sentimientos y pensamientos y no podemos caprichosamente imponer nuestras emociones sobre los otros. Si tratamos a los demás con más respeto éste se nos será devuelto, nos convertiremos en una persona más agradable y nos sentiremos mejor en cuanto a nuestra actitud. La felicidad es un camino de doble vía, si tú te sientes  bien harás sentir bien al otro y si el otro te responde de una manera simpática tú también te sentirás bien.

Seamos justos con nosotros, sí cometemos errores y la perfección no existe. Imponernos ideales inalcanzables es sólo una manera de estancarnos para siempre en donde estamos y castigarnos incesantemente por no lograr alcanzar ese imposible. Hacer algo, sin importar qué tan pequeño sea, es mucho mejor que no hacer nada. Aprender a perdonar nuestros defectos nos hace sentir más a gusto, si tenemos cosas que cambiar podremos hacerlo con el tiempo, pero apresurarse y exigirse sólo conducirá a la frustración y a la nada. Debemos aprender a perdonarnos por las cosas que hacemos mal, lo que importa es el camino que estamos transitando, la felicidad no es una meta, es algo que podemos sentir ahora mismo con lo que ya poseemos. Aprender a disfrutar el día a día nos hace sentir más tranquilos y por lo tanto nos ayuda a ser más pacientes.

No hay que perder la compostura por tonterías. Muchas veces a lo largo del día las pequeñas cosas malas que nos suceden comienzan a tomar unas proporciones exageradas y nos convertimos en monstruos rabiosos que atacaran a cualquier inocente que se nos cruce en el camino. Por ejemplo, te tiras café encima, llegas tarde a tu trabajo por haberte cambiado el vestido o la camisa, alguien te da una mirada de reprobación por haber llegado tarde, algún cliente no fue amable contigo, etc, etc. Sí, lo sé, hay días en que uno desearía no haberse levantado de la cama, sin embargo, cuando estemos agobiados por estas nimiedades lo que debemos hacer de inmediato (antes de que el veneno de la rabia se esparza como pólvora sobre nuestra sonrisa) es pensar en todas las cosas lindas que sí pasarán en ese día. Por ejemplo, compartirás una tranquila velada con tu pareja, podrás disfrutar de tus hijos, saldrás con una amiga, o simplemente te obsequiaras un relajante baño de burbujas cuando llegues a tu hogar o escucharas música que calme tus ánimos. Por cada cosa mala que suceda, fácilmente podemos hacer dos cosas buenas para hacernos sentir mejor. Mimarnos es fundamental, tratarnos como nos merecemos, sentirnos como reyes es muy fácil, no hace falta nada más que imaginación. Los mínimos placeres que nos rodean son lo suficientemente poderosos para cambiarle el rostro a un pésimo día.

La paciencia se logra con la repetición y la disciplina, mientras más la practiquemos veremos cómo lentamente comienza a convertirse en parte de nosotros mismos, así como los pensamientos negativos y los miedos comienzan a ser reacciones automáticas, también los cambios positivos comienzan a formar parte mecánica de nuestras vidas si les damos su tiempo y los practicamos sin cansancio. Así que comienza hoy mismo a cultivar tu paciencia y sé que te sentirás orgulloso de los resultados obtenidos.

No a la inercia

Todos tenemos un ideal que queremos alcanzar, en nuestra mente podemos delinear exactamente cómo queremos ser, cómo nos queremos sentir, qué queremos obtener. Luego la realidad nos choca y cruelmente nos hace ver que estamos lejos de nuestra meta incluso hasta podemos llegar a decirnos que nunca lograremos lo que queremos. Y si nos repetimos este discurso lo suficiente vamos a creerlo. No solamente no vamos a ver nuestro sueño realizado en la realidad, sino que hasta nos privamos de soñar en nuestra mente y vamos ahogando nuestro propio deseo.

Una vida sin metas se convierte en insulsa, abandonar todo y darnos por vencidos es el precio más alto que podemos pagar y eso lentamente nos va a conducir a tener conductas depresivas o si ya eres depresivo te hundirás aún más. Esa escasa energía que nos va quedando, que lentamente se consume por los golpes que la vida puede darnos, no debemos dejarla ir, debemos alimentarla día a día para poder resurgir aún más fuertes.

Lidiaremos con un sinfín de altibajos diariamente pero eso no quiere decir que debemos matar esa pasión, ese deseo, que ha estado escondido entre las penumbras de nuestro anhelo por tanto tiempo. Hay que aprender a luchar con uñas y dientes, hay que aprender a desafiarnos y no conformarnos con lo que está al alcance, siempre podemos ir más allá.

La clave está en el placer y la paciencia, gran virtud que sólo unos pocos poseen pero que con trabajo puede ser cultivada. Hagamos cosas por nosotros que nos brinden felicidad, aprendamos a disfrutar pero sobre todo aprendamos a imaginar, a dedicarnos tiempo a crearnos nuestro ideal, a amarlo, a cuidarlo. Pero cuidado con colocar un ideal demasiado elevado, ya que si es demasiado difícil de alcanzar inetivablemente llevará a la frustración.

Una vez que sepamos lo queremos, pensemos en todo lo que podemos hacer para lograrlo. El no hacer nada inevitablemente conduce a la inercia y a un sentimiento de tristeza y desánimo. Así que el gran desafío yace en pensar qué podemos hacer y cómo podemos llevarlo a la práctica.

Siempre aconsejo que los cambios que se propongan sean paulatinos, no se puede pretender hacer un gigantesco cambio de la noche a la mañana. Ya que la ansiedad nos ganara y al no ver logros rápidos descartaremos todo y volveremos al mismo punto donde inicialmente nos encontrábamos.

Así que recuerden, una vez creado su ideal y que hayan pensado  en cómo poder alcanzarlo, prueben con metas sencillas, pasos muy pequeños y fáciles de llevar a la práctica. Lo que importa es mantenerse activo con respecto a nuestro sueño, de lo contrario vamos a ir perdiendo esa motivación y una vez que se escapa es difícil recuperarla. Sólo da ese primer paso y luego lentamente las cosas comenzarán a fluir a tu favor.