Hefesto o cuando tus padres no te valoran

 

Hefesto

Canta oh musa melodiosa, a Hefesto célebre por su inteligencia,
a aquél que justamente con Atenea, la de los ojos de lechuza, enseñó aquí
en la tierra trabajos espléndidos a los hombres, que antes vivían en las
montañas, dentro de cuevas, y ahora, gracias a los trabajos que les enseñó
Hefesto, el ilustre artífice pasan agradablemente el tiempo, durante
el año, en sus tranquilas casas.

 

Hefesto es un artesano, dios del fuego, habilidoso, experto en herrería. Un dios rechazado por sus propios padres, ignorantes de su talento. Deforme en algunas versiones, cojo, lejos de los cánones de belleza, monstruoso y despreciado por su físico.

En la Mitología Griega encontramos dos explicaciones acerca de su deformidad. En una versión su madre Hera, al observar que su hijo era poco atractivo, se sintió horrorizada y lo lanzó lejos del Olimpo, cayendo por nueve días y nueve noches hasta el mar. Sus salvadores fueron Oceáno y Eurímone, a quienes Hefesto obsequió miles de joyas creadas con sus propias manos.

En otra versión, el dios de los dioses Zeus está sosteniendo una disputa con Hera cuando Hefesto sale a defender a su madre. Enfurecido, Zeus lo tomó de un pie y lo arrojo hasta la Isla de Lemmos, donde los parias de la zona fueron quienes lo cuidaron, sanaron y educaron. Sin embargo, quedó lisiado eternamente.

¿Por qué te comento de este dios? Porque con su maravillosa luz, su talento, su fortaleza, su astucia, su fuerza, él era digno de ser amado. Pero sus padres no pudieron ver esto, por una u otra razón, Hefesto es ignorado, alejado, expulsado de su propio hogar.

Y con todas las consultas que día a día me llegan por un artículo anterior (Cuidado con los padres tóxicos) veo que es tan frecuente que tu propia sangre ignore quien eres en verdad. Es muy angustiante luchar para que, quienes supuestamente deberían amarte incondicionalmente, te aprecien y te valoren. Tus padres deberían amarte tal cual eres, deberían enseñarte, establecer límites saludables.

Tus padres te dieron la vida pero no son tus dueños. No tienen el derecho a insultarte, a humillarte, a golpearte, a agobiarte, a generarte culpa.

Existe un instinto natural en todos donde deseamos ser amados y queremos a toda costa que nuestros padres sean capaces de comprender que hay algo bueno en nosotros. Sé lo frustrante que es para ti cuando no lo logras.

Creo que lo peor es la culpa, la culpa por decidir independizarte, por pensar diferente, por intentar rebelarte sanamente. Los mandatos de tus padres no siempre son coherentes, muchas veces son egoístas.

Lo digo como hija, lo digo como madre, tenemos que respetar las diferencias de otro ser humano. No podemos moldear a alguien a nuestro capricho ni obligarlo a seguir nuestro camino.

El mejor obsequio que podemos brindar es sana libertad, seguridad física y emocional, felicidad. Como padres somos guías que acompañan este estupendo camino llamado vida. Como hijos merecemos ser respetados, comprendidos.

Sé que muchos van a decir que tienen hijos desagradecidos, pero a veces me pregunto, ¿qué han generado esos padres en esos niños para que ocurran esas cosas? Nada es por qué sí. Las ausencias, la falta de comprensión, la violencia, adquiere muchas formas. Sin saberlo a veces hacemos mucho daño a quien supuestamente amamos más. Y eso tarde o temprano los hijos lo cobran.

Cada vez que escucho de un consultante su historia con su padre tóxico se me estruja el corazón, ahora que soy mamá me duele mucho más. Como padres tenemos que proteger, que brindar sostén, que obsequiar alas.

Padres, no se sientan atacados, hagan algo para cambiar esas horribles conductas que harán que sus hijos se alejen corriendo para siempre.

Hijos, tienen derecho a seguir su propio camino sin remordimiento, nosotros fuimos quienes decidimos traerlos al mundo, en realidad no nos deben nada.

Que cada uno sea capaz de reconocer su luz propia, sin apagar la de los demás.

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