El amor está en ti

El gran error que cometemos todos en algún momento de nuestra vida es buscar el amor en los demás y no en nosotros, donde realmente tendríamos que encontrarlo. Cuando no somos capaces de ver lo grandiosos, simpáticos, dulces, inteligentes, talentosos, enigmáticos y demás que podemos ser, tendemos a buscar en la mirada del otro eso que nos confirme que sí valemos la pena. ¿Por qué lo que pensamos nosotros no es suficiente? ¿La respuesta yace en la mirada de los otros?

No podemos olvidar que es una enorme falacia creer que lo que otros piensan es lo que en verdad somos. ¿Por qué? Existen numerosas razones que debemos tomar en consideración para erradicar este pensamiento erróneo que a la larga solamente nos genera dolor y decepción y nos engaña de tal manera que hasta nos convencemos de que en realidad no valemos nada. Si tenemos alguna cualidad destacable, que creanme TODOS tenemos una, eso puede generar envidia, resentimiento en los demás, porque ellos también son incapaces de valorarse positivamente, también han caídos presos de la falsa concepción de que sólo lo que dicen los otros es verdad. Así que en cada oportunidad que se les presente, no dudaran en tirar por tierra nuestros logros o habilidades, tachandolos de insuficientes por ejemplo. La gente es cruel a veces, sólo porque tampoco pueden ver de lo que ellos son capaces de hacer y si ellos creen que no son buenos en nada, entonces tú tampoco lo serás aunque tu éxito sea evidente.

Intentar complacer a los otros es una enorme pérdida de tiempo. A veces nos crian en moldes estructurados donde sólo importa la opinión de nuestros padres, sus amigos, los familiares, y la nuestra no interesa porque no sabemos nada de la vida, todo lo que pensamos está mal y no está bien que tengamos pensamientos propios, originales, que querramos ser distintos de lo que nos están forzando a ser. Su «sadiduria» es mucho más amplia que la nuestra, así que debemos estar quietos y aprender. Nuestro espíritu se va desdibujando a expensas de lo que supuestamente deberíamos ser para complacer a los demás y así vamos relegando nuestros deseos, nuestros tiempos, nuestros proyectos en pos del beneficio de personas que quizás no nos amen lo suficiente o lo están haciendo de la manera incorrecta. Nadie tiene el derecho de decidir por ti, de decidir qué es lo que tú quieres de la vida, nadie puede quitarte las experiencias que necesitas vivir ni obligarte a pensar de determinada manera. Te conviertes en esclavo de los deseos ajenos mientras tu verdadero ser se va hundiendo lentamente bajo el peso de la tristeza, lo cual inevitablemente conducirá a una serie de conductas autodestructivas, depresión, desgano, y lo peor, cambias el bien más preciado de todos, tu felicidad, por unas migajas de fría aprobación.

Sé que suena trillado, que lo han leído, escuchado hasta el cansancio, pero amarse a uno mismo es la clave y siempre lo ha sido. Y parece sencillo hacerlo, pero en la realidad esto es una de las cosas más complejas a las cuales el ser humano se enfrenta. Amarse, cuidarse, comprenderse, escucharse, parecen tareas casi imposibles cuando estamos todo el tiempo pendiente de lo que nos devuelven los otros. Piensen en la tontería de este pensamiento, ¿cómo podemos encontrar valía en personas que tampoco se aman a sí mismas? ¿Cómo la respuesta va a estar en gente que quizás esté aún más perdida que nosotros? El reflejo verdadero, la única aprobación con la que debemos contar, es con la de nuestra propia conciencia. Somos los responsables de lo que hacemos, pero también de lo que sentimos. Es nuestro error obsequiar nuestro poder a personas a quienes no le corresponde. Basta de creer que somos patéticos, mira todo lo que has logrado y no repitas como papagayo ese discurso horrible de «que no es suficiente», ¡porque sí lo es! Todo lo que te ha enriquecido emocionalmente es un logro, que estés vivo ahora es un logro, que hayas decidido ir contra la corriente es un logro, que tengas ideales es un logro, que hayas hecho algo bueno por alguien sin esperar nada a cambio es un logro, que sepas amar y dejarte amar es un logro, que sonrías es un logro… la lista es infinita.

Así que comienza paso a paso, no cambiaras tu esquema mental en dos días, pero si lo puedes hacer en un período de tiempo prudencial. Cuando te sientas orgulloso de ti expresalo, no sólo a los demás, habla contigo, encuentra satisfacción en tu propia compañía. No esperes que los demás aplaudan que tan lejos has llegado, aplaudete a ti mismo, festejalo con toda la alegría. Yo celebro por ti hoy, ¿y tú cuando lo harás?


27077699/098165994

Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Niños disléxicos: cómo ayudarlos

Hosted by imgur.com

Muy buenas tardes estimados lectores, es un gusto reencontrarme con ustedes luego de algunas semanas de vacaciones. Hoy les propongo conocer en qué consiste y qué medidas pueden tomarse frente a la dislexia. Un tema que seguramente hemos escuchado nombrar en más de una ocasión, ya sea en los medios de comunicación o por comentarios de alguna persona conocida.

La dislexia es un trastorno de la lectura, que afecta a su precisión, velocidad y comprensión, siendo el más usual en los niños llevados a consulta a causa de problemas de aprendizaje. Implica una diferencia marcada entre el potencial de aprendizaje y el rendimiento en la práctica. El niño disléxico suele tener un nivel de inteligencia normal de acuerdo a su edad, o pudiendo ser incluso superior a la media. Por tanto, este trastorno específico, no significa una alteración general de todas las demás áreas.

La dislexia tiene por supuesto, implicaciones que van mucho más allá de las dificultades al leer. Desde lo psicológico, significa una herida importante en la autoestima, con su consiguiente sufrimiento a causa de los numerosos fracasos a lo largo de años. Durante la primaria estos niños dedican horas y horas para superar su dificultad, siendo los esfuerzos mayores a los resultados. Todo ello lleva a un agotamiento psíquico e intelectual.

Aproximadamente el 80% de estos infantes, presentan además disgrafía. De esta forma, la lectura está alterada junto con la escritura y ésta última es considerablemente más difícil de reeducar. A ello se debe que después de dos o tres años de reeducación, el pequeño haya aprendido a leer pero no así a escribir.

Antes de aprender a escribir, los niños van adquiriendo ciertos automatismos que les permiten ir avanzando en el dominio de la expresión gráfica, gracias a ello, al comenzar la escolarización sus primeras letras son relativamente regulares.
No obstante, eso no sucede con el niño disléxico, quien continúa con una producción torpe. Mientras sus progresos son muy lentos y logrados con arduo esfuerzo, no puede evitar compararse con los demás y notar no sólo que avanzan más rápido, sino que además disfrutan de aprender.


¿Cómo se los puede ayudar?

En primer lugar, es de suma importancia el apoyo y sostén de los padres, ya que juegan un rol fundamental a la hora de hacer comprender al niño que no es culpable de la situación, así como de acompañarlo a descubrir el placer de aprender.
Una actitud conveniente a tomar, es pasar tiempo con su hijo realizando ejercicios o tareas que le gusten y le salgan bien o en las que incluso se destaque. El objetivo aquí, es fortalecer los sentimientos de valía y confianza del niño, implica evidenciarle que sí es capaz, además de que cuenta con el amor y apoyo de sus padres.

Igualmente, con el fin de fortalecer su autoestima y valorarlo ante los ojos de la clase, los maestros pueden también poner énfasis en sus habilidades preservadas, como podría ser por ejemplo, la matemática.
Teniendo en cuenta que los compañeros de clase se darán cuenta de lo que le sucede, otra actitud pertinente que pueden adoptar los docentes es no sólo consolar al pequeño sino también dar explicaciones al resto de la clase, señalando que todos tenemos facilidad e inclinación por ciertas cosas, así como dificultades en otras, que no somos culpables de que hayan cosas que nos cuesten y que es importante valorar la dedicación puesta en superarlas.

Es necesario que docentes y reeducadores cooperen, y también evalúen en conjunto los resultados. Al no tratarse de un problema que surja súbitamente al comenzar el aprendizaje escolar, sino que muy probablemente este déficit ya exista desde el nacimiento, puede intentar detectarse en la etapa preescolar. De esta forma, podrían comenzar a implementarse medidas preventivas, que luego repercutan en un mejor desempeño y un menor sufrimiento.

Con educación ortofónica, la mayor parte de los disléxicos hacia el final de la primaria logran una lectura satisfactoria, que además les permite comprender el significado de los textos.  La lentitud con la que puedan leer y los errores que puedan cometer son en estos casos, aceptables.
Al comenzar la secundaria, necesitarán aún del espacio reeducativo para enfrentar las nuevas dificultades, así como de la ya mencionada valoración de sus puntos fuertes y de un interés por descubrir cada vez más y potenciar sus preferencias.

3…2…1 Autodestrucción

Las personas tienen una tendencia natural a la autodestrucción, nuestro propio inconciente conspira en nuestra contra para influenciarnos de manera negativa. Existen muchas maneras de manifestar los comportamientos destructivos hacia nosotros, conductas tan simples como caminar descuidadamente por la calle, fumar, comer en exceso, sobre exigirse, dormir poco, realizar deportes extremos sin las precauciones necesarias, conducir demasiado rápido, tener sexo sin protección, consumir drogas, y una amplia gama de actividades potencialmente mortíferas más.

La autodestrucción se convierte en un hábito cuyas consecuencias usualmente no pueden visualizarse a corto plazo. Las metas de estas conductas es intentar hacer desaparecer el dolor, la angustia, la ansiedad, es una manera fallida de mantener el control sobre una situación. Hay personalidades más predispuestas a este tipo de comportamiento, son aquellas con rasgos antisociales, histriónicos, narcicistas, aquellos quienes gustan de llamar la atención y seducir, quienes buscan desesperadamente aceptación y amor. Son personas que tienden a tener amistades superficiales, con baja tolerancia a la frustración, por lo que deben obtener el placer de la manera más rápida posible, son impulsivos, tienden a negar la peligrosidad de sus actos y a veces actúan de manera egoísta.

Aún cuando se sabe que lo que estamos haciendo no está bien se prefiere ignorarlo, ya que no interesa que se destruyan tan sólo un poco ahora, la gratificación instantánea nubla el juicio y se dejan llevar por el momento, por esa necesidad imperiosa de aniquilar la angustia y no son capaces de medir que el goce luego se convertirá en suplicio.

Una historia de vida compleja donde el sostén emocional es pobre, un entorno poco habilitante, tipos familiares disfuncionales, son los culpables de que se creen personalidades «débiles», donde el dolor tiene que expresarse de una manera casi suicida, como si la muerte seduciera con su promesa de acabar con toda la angustia de una vez y para siempre.

Por supuesto que quien se está dañando no es conciente de todo lo subayecente que se encuentra en una conducta que hasta a veces se tilda de inofensiva, ya que es algo común, algo que muchas personas hacen, no deberíamos preocuparnos por las consecuencias. La negación se convierte en una aliada para mantener este lento suicidio a flote. La pulsión de muerte vibra en nosotros arrastrándonos por el fango de nuestra propia desgracia, y nosotros sin saberlo seguimos fielmente los dictámenes de nuestros impulsos.

¿Qué podemos hacer al respecto? Ya que es complicado que nos demos cuenta nosotros solos de lo que estamos haciendo, tendremos que aprender a escuchar a quienes están a nuestro alrededor, sus palabras pueden ser la primer señal de alerta para reaccionar. No hay que menospreciar el peligro de nuestras conductas porque lo que hoy brinda placer y alivio, mañana puede ser lo que se convierta en nuestro final. Tenemos que entender por qué lo hacemos, por qué buscamos dañarnos y una vez que descubramos la raíz debemos trabajar en eso mediante terapia o grupos de ayuda, es vital buscar apoyo, las conductas autodestructivas pueden ser un laberinto muy solitario. Tenemos que aprender a amarnos a nosotros, a valernos por nosotros mismos, tenemos que aprender a no vivir a través de los ojos de los demás, no buscar la aprobación ni el cariño de otros solo como sustituto a nuestra propia falta de amor y respeto. En los demás no se encuentra la solución ya que no importa cuanto nos amen y nos cuiden, jamás será suficiente para llenar ese vacío que sentimos, ese vacío que solamente nuestra propia valía puede hacerlo desaparecer.

Sí, la respuesta siempre ha estado y estará en escondida en los recovecos de nuestro ser, solamente necesitamos un día de claridad para decir basta y actuar. No dejemos pasar la oportunidad, no siempre vamos a estar fuertes para enfrentarnos a lo que nosotros mismos nos hacemos. Reconocer que hay un problema es el primer paso, sin importar cuan terrible sea decirlo con voz clara y alta, pero es el comienzo necesario de nuestro camino de sanación. Y siempre podemos cambiar…Siempre, no lo olvides.


27077699/098165994

Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

 

Psicología Positiva: Felicidad

El trabajo de Martin Seligman en Psicología Positiva nace gracias a su intensa preocupación por la depresión, tras 25 años de trabajo con esta patología, comenzó a cuestionarse por qué algunas personas optaban por ser felices. Cansado de trabajar desde las debilidades de las personas, va surgiendo la psicoterapia positiva que funciona como una «estrategia de amortiguación», donde el foco del tratamiento se basa en trabajar desde las fortalezas de las personas a la vez que se busca aumentar las emociones positivas. Comprendió que las habilidades para disminuir la infelicidad no son las mismas que esas habilidades que nos permiten ser feliz y comprometernos. Al contrario de la creencia popular de que el dinero o una prestigiosa carrera nos asegura la alegría, el secreto en realidad radica en la calidad de los vínculos emocionales que compartimos con los demás.

La teoría de felicidad que Seligman maneja nos plantea que un primer acercamiento a la felicidad es la  vida placentera, la cual está relacionada con las emociones positivas. Se refiere al bienestar nacido por el disfrute de cosas superficiales y efímeras como un buen almuerzo, una noche de sexo, ir al cine. Es inmediata, hedonista, y se mantiene por unos breves momentos. Puede funcionar como una droga donde obtenemos una satisfacción en pocos minutos pero luego sobreviene la desilusión. Seligman recomienda utilizar métodos para disfrutar mejor de estos placeres, como el hecho de compartirlos con los demás, recordarlos, describirlos. Si bien debemos de disfrutar de estas pequeñas delicias, tenemos que tener en cuenta que con este nivel no es suficiente, hay capas más profundas que debemos develar para poder alcanzar un estado de alegría pleno.  Si siempre estamos tomando atajos fáciles para obtener el disfrute vamos descuidando otros aspectos importantes como lo es el desarrollo personal.

Un nivel intermedio de felicidad es el de la buena vida, podría ser comparado con lo que Aristóteles denomibaba eudaimonia. Este nivel es el dejarse llevar por una actividad que realmente disfrutamos hacer y en la cual sentimos que somos excelentes. Teniendo en claro cuáles son nuestros talentos podemos compenetrarnos en una actividad, donde parecerá que el tiempo se detiene al estar absortos en lo que hacemos. Es aprender a armonizar con nuestras habilidades y aplicarlas en cada aspecto de nuestra vida siempre y cuando sea posible.

El nivel más importante de todos y al que podríamos llamar verdadera felicidad es el de la vida con sentido. Es un estado de felicidad que podemos mantener a lo largo del tiempo y se basa en formar parte de algo más grande que nosotros mismos, ser altruista, brindar nuestras virtudes para formar parte de una gran causa. Nuestra vida va adquiriendo valor relacionandonos con el mundo que nos rodea, sentimos la saisfacción del proceso en el cual estamos inmersos y no solamente nos concentramos en los resultados.

Para ser felices es importante que nos demos el permiso de serlo y una manera de acercarnos a la felicidad es siendo optimistas. El optimismo es un hábito que puede ser aprendido, mediante en trabajo en nosotros mismos gracias a la psicoterapia. El verdadero optimista no es ingenuo, entiende la realidad de un sentimiento o una situación negativa, pero en lugar de quejarse hace algo al respecto. Gracias al autoconocimiento podemos descubrir las razones inconcientes que nos toman por sorpresa y nos hacen actuar de maneras que no logramos comprender del todo, debemos descubrirnos a nosotros mismos y hacer algo con ese conocimiento. Debemos aprender a cuestionar lo irracional de los pensamientos negativos, los cuales tienden a exagerar la realidad, y se van creando por ideas infundadas surgidas en algún momento de nuestra vida, inspiradas quizás por una situación dolorosa.

Entre las técnicas que existen para pensar de un modo más positivo, encontramos que es necesario que hagamos un cambio de perspectiva. No podemos ser rígidos en nuestros pensamientos, desechemos la mentalidad «todo o nada», aprendamos a ver la complejidad de cada situación, potenciemos lo bueno y entendamos que cada una encierra un aprendizaje que puede sernos muy útil a lo largo de la vida, a pesar de que todavía no podamos comprenderlo. No hay que centrarse siempre en lo malo, disfrutemos de las pequeñas alegrías que nos rodean y hagamos oídos sordos a las críticas que los demás a veces utilizan en nuestra contra. No exageremos las dimensiones de un problema ni caigamos en la trampa de menospreciar lo que podemos hacer para enfrentarlo. Debemos ser responsables de nuestra felicidad, si bien los factores externos pueden ejercer una importante influencia en nuestro estado de ánimo, aprendamos a estar bien con nosotros en nuestro mundo interno.

La felicidad es un proceso más que una búsqueda, es un camino que debemos transitar con paciencia y amor, un descubrimiento de cada día. Conocernos a nosotros nos permitirá ser concientes de las herramientas que ya poseemos para seguir adelante y de lo que carecemos, descubriremos cuáles son nuestros puntos fuertes y cómo podemos hacer que la experiencia de vivir se convierta en algo placentero, como debe ser.

27077699/098165994

Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Las emociones negativas

Ser felices es importante, es hermoso, se siente maravilloso, pero tampoco podemos caer en la necedad de negar nuestras emociones «negativas«. Es imposible ir por la vida sin sentir tristeza, angustia, dolor, odio, rencor, mal humor en algún momento nos vamos a enfrentar a estos sentimientos y no podemos huir de ellos, tenemos que darnos la oportunidad de sentirlos.

Lo que debemos tener en cuenta es que debemos atravesar por las emociones negativas y no suprimirlas, debemos darnos el tiempo para sentirlas, abrazarlas y considerarlas parte de nuestro ser. Esto no significa que debamos dejar que controlen nuestra vida y que todo lo que podamos llegar a sentir siempre esté cubierto bajo el velo de esta angustia. El dolor es parte de nuestra rutina, debemos aprender a sentirlo y sobrellevarlo cuando llega el momento, pero una vez que ese momento pasó, no hay nada que nos impida continuar trabajando en nuestro bienestar.

Lo que importa es nuestro tiempo, debemos ser sinceros y si necesitamos expresar nuestro mal humor, angustia, depresión, debemos hacerlo. Intentar ser felices, caer en el juego de usar falsas sonrisas para que los demás no se preocupen o simplemente nos dejen en paz, no va a conducir a ningun crecimiento personal real. La felicidad para que pueda ser disfrutada, tiene que ser genuina, de nada sirve engañar a los otros ni a nosotros mismos en el proceso. Debemos ser concientes de lo que sentimos, debemos lidiar con ellos y darnos el permiso de caer, jamás olvidando que el dolor es un momento y como todo instante pasara. Si ahora crees que es el fin del mundo, mañana abriras los ojos y te daras cuenta de que no es tan así. Date tu tiempo para sufrir pero no te olvides de sanar. Y hazlo por ti, no por nadie más que por ti, no intentes brindarle al mundo una imagen sólo porque crees que es la imagen que los demás quieren ver. Cuando aprendemos a amar todas las partes de nuestro ser, las negativas, las positivas, aprendemos a aceptarnos, y cuando realmente podemos apreciar la imagen que el espejo nos devuelve, es cuando estamos en el buen camino, el camino que nos conducirá a ser lo mejor que podemos y queremos ser.

27077699/098165994

Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Psicología Positiva: Agradecimiento

Caminamos por la vida sin ser concientes de las bendiciones que ya nos rodean, siempre quejandonos de todo lo que carecemos, incapaces de ver todo lo que ya hemos logrado. Las pequeñas alegrías de la vida pasan a nuestro lado y nosotros decidamente las ignoramos, siempre esperando algo mejor, siempre idealizando el pasado o ansiando el futuro, desperdiciando el presente por completo.

Trabajar desde el presente es algo fundamental, porque la felicidad no es una meta inalcanzable que apenas se vislumbra en el horizonte, es un camino que transitamos todos los días, es un proceso y la sabiduría radica en disfrutar cada pequeño instante de ese camino. Cuando nos concentramos en el ahora, cuando nos dedicamos a ver lo que ya disfrutamos, comenzamos a sentirnos mejor, a disminuir nuestra ansiedad. Tenemos que entender que cada día, hora, minuto vale, que cada pequeño granito de arena que dedicamos a estar contentos es una inversión en nuestro futuro. Si nos dejamos llevar por el proceso diario, tratando de incorporar pequeñas alegrías, ya sea disfutando de la compañía de alguien a quien queramos o sonriendo, compartiendo una cena, ir al cine, veremos como todo comienza a encajar perfectamente en nuestro puzzle de felicidad. La ansiedad es una gran enemiga y tendemos a querer todo ahora, pero la regla de la velocidad no es aplicable a nuestros sueños ni nuestros esfuerzos, todo requiere de tiempo, de paciencia, de amor. Que cada día se convierta en una meta en sí misma, disfrutemos el ahora, ya que el pasado no regresara y el futuro aún se nos muestra incierto, ¿qué mejor momento que el ahora para convertirnos en los dueños de nuestra vida?

¿Por qué es importante agradecer? Porque nos hace sentir más afortunados, nos llena de energía, de ganas de salir adelante. Si observamos todo lo que hemos logrado, eso nos da el empuje que necesitamos para concentrarnos en todo lo que podemos llegar a tener. Vivir cada día siendo conciente de que somos ya felices, nos inunda de una mentalidad positiva necesaria para salir adelante. Ser positivo nos posibilita desenvolvernos en la vida de una manera más óptima, nos permite ver las cosas que los demás ignoran, nos acerca a esa felicidad que algunos creen intangibles, simplemente porque todavía no se han dado cuenta de que ya son felices.

La gente camina por la vida creyendose dueña y señora de ciertas cosas que en realidad son obsequios. Insisto conque el poder ver, el caminar, el hablar, son regalos y que una persona sana cree que son cosas que por derecho le pertenecen, pero en realidad lo que algunos tienen por naturaleza, otros deben luchar por obtener. Curiosamente, muchas veces las personas que menos poseen o quienes han visto la cara del dolor frente a frente, son quienes más agradecidos se sienten por al vida, quienes más saben enfrentarse a las adversidades, ya que tener un padecimiento físico pone las cosas en perspectiva al igual que las personas que experimentan la muerte de cerca y regresan con nosotros con una nueva visión del valor de la vida. Y todo se reduce a una perspectiva, tan simple  y complejo como eso. Vemos, tocamos, sentimos la vida desde nuestra mentalidad particular, moldeada por nuestra historia personal, nuestro psiquismo, nuestros mecanismos de defensa, nuestros rasgos de personalidad, etc. Y en cierta manera, escogemos ver todo blanco o todo negro, escogemos no disfrutar de lo que tenemos porque nunca nada es suficiente. Tener ambición es algo saludable, siempre y cuando no se convierta en un obstáculo, en una venda, en un impedimento para apreciar aquello que ya hemos obtenido.  Se trata simplemente de ser agradecidos por toda experiencia, por todo logro material y espiritual, por cada vínculo que hemos aprendido a cultivar, por cada día que estamos respirando, por todo lo más mínimo o mágnanimo que puedan imaginarse. Y desde el presente, con el agradecimiento en nuestro corazón y nuestra mente, establecer metas y deseos para continuar adelante, trazando nuestro destino según nuestro capricho y no el de alguien más. Agradece lo que tienes en este instante y verás cómo la felicidad va a encontrarte. Elige tu perspectiva, nadie tiene por qué ser ignorante de lo que posee por siempre, está en ti, sólo en ti, decidir de qué lado estás, si de la felicidad y el optimismo, o de la desesperación y la oscuridad de la negatividad.

27077699/098165994

Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Nuestras máscaras

En el presente artículo quiero hablarles de las «máscaras» que todos nosotros siempre llevamos, esas máscaras que disfrazan nuestra verdadera personalidad, las que utilizamos de acuerdo a la ocasión y de acuerdo a la persona con quien estamos frente a frente.

Si miramos con cuidado nuestro comportamiento, nos daremos cuenta de que jugamos roles distintos a lo largo de nuestra vida. Cumplimos con el rol de hijo, de padre, de hermano, con un rol laboral, con un rol de amigo, vecino, amante y todo lo que se les pueda imaginar. En cada personaje nos desenvolveremos de una manera distinta, porque no le hablaremos a nuestro jefe de la misma manera con la que hablaríamos con nuestro padre. Los roles son necesarios y existen para marcar jerarquía, marcan diferencia, cierto órden. Nosotros desplegaremos distintos aspectos de nuestra personalidad para comunicarnos de determinada manera con nuestro interlocutor, es lo que sucede, ahora…¿qué ocurre cuando no estamos mostrando nuestra personalidad, sino lo que los demás esperan de nosotros? Es ahí cuando nuestras máscaras entran en acción, en vez de simplemente comportarnos como la hija que queremos ser, comenzamos a ser lo que nuestros padres quieren, desplazando por completo nuestros propios deseos. Deseamos ser un tipo de esposa, pero nuestra personalidad no es lo suficientemente agradable para el otro, así que nos convertimos en lo que nuestro marido anhela, nos dejamos moldear según sus caprichos y casi sin darnos cuenta. Es aquí cuando no estamos jugando con la complejidad exquisita de nuestra personalidad humana, sino que nos convertimos en máquinas de brindarle satisfacción a los demás y creamos nuestras propias máscaras, intercambiables de acuerdo a la situación que nos encontramos, máscaras que nos confunden a nosotros mismos e intentan aplastar quiénes somos.

Otra razón por la cual podemos adoptar distintos personajes, es porque no tenemos en claro quiénes somos. En la adolescencia, cuando vamos moldeando nuestra personalidad y experimentando cómo queremos ser, es usual ver a los jóvenes cambiando constantemente. En este caso es algo saludable, ya que están experimentando para sentirse más cómodos, intentando descifrar sus ideales, su carácter, empujados por la curiosidad y no por las demandas de los demás. Si se cuenta con un buen ambiente familiar, un lugar donde se habilite a los adolescentes a buscarse a sí mismos sin prejuicio y desde la paciencia y el amor, podrán encontrar su propio rumbo de manera natural y sin mayores problemas.

El aprovechar nuestros distintos rasgos de personalidad puede convertirse en una experiencia muy enriquecedora, cuando lo hacemos por las razones correctas estaremos aprovechando las herramientas que poseemos para brindarle a cada conversación, cada encuentro, un toque diferente. Aprender a utilizar nuestras habilidades, discernir cuando brillar o cuando callar, cuando ser el alma de la fiesta o cuando escuchar, nos hará sentir satisfechos con nuestras habilidades sociales, recuerden que un vínculo social estable y agradable es otro de los ingredientes para ser feliz.

Que nuestras máscaras no sean tal, no vivamos para agradarle a los demás ya que es una de las tareas más imposible. Piensen que cuando están haciendo feliz a alguien con su actitud, pueden estar haciendo sentir mal a otra persona, los demás no pueden tener el poder de convertirse en los termometros de nuestra personalidad. Si solamente nos guiamos por los caprichos de los otros nuestra personalidad comienza a tambalear, nuestros pilares se derrumban y quedamos a merced de los otros, como si fuéramos una muñeca sin vida con la cual todos pueden hacer lo que se les plazca. No confundan partes de su verdadero ser con las máscaras que los demás imponen, ser fiel a un mismo es el mejor regalo que podemos brindarnos, saber qué queremos nos servira como faro en un mar de gente cambiante. No olviden que los deseos de los demás van cambiando, sus exigencias, sus preferencias, pero lo que no debe cambiar (a menos que así lo decidamos) somos nosotros, nuestros ideales, nuestras creencias, nuestras metas, no importa que el mundo esté en nuestra contra siempre y cuando estemos siendo felices y no haciendole daño a nadie (ni a nosotros mismos). Quítate la máscara, líberate de las ataduras y comienza a ser tú a tu manera, no hay nadie mejor para descifrar quién eres y qué quieres de la vida, de tu vida.

27077699/098165994

Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Aprende a ayudar

A veces somos intolerantes con los demás, juzgamos muy a la ligera sus actitudes y saltamos de inmediato a la incomprensión. ¿Quién tiene tiempo para andar pensando en los otros? Yo creo firmemente en el amor propio, en ser honestos con lo que queremos y expresarlo, pero no confundamos nuestra necesaria cuota de narcicismo con el egoísmo negativo.

Solemos estar tan inmersos en nuestros propios poblemas que a veces no podemos percatarnos de que quien está a nuestro lado está sufriendo, o si nos damos cuenta, preferimos ignorarlo. Existen personas que son incapaces de ayudarse a sí mismas, no importa cuánto nos esforcemos por querer que salgan adelante, ellos se han convertido en sus propios enemigos y no saldrán de esa posición por más que insistamos. Sin embargo, no podemos olvidarnos de los otros, quienes realmente quieren ayuda pero preferimos no escuchar.

Como una manera de protegernos a nosotros mismos de la sensación de angustia e impotencia que el dolor ajeno puedo llegar a ocasionarnos, a veces minimizamos las señales de alerta que van quedando en evidencia. Es más fácil pensar que es algo pasajero, que pronto esa persona estará muy bien, que solamente está exagerando. Y es así que vamos ignorando patologías, tendencias suicidas, soledad.

Si bien no tenemos por qué ser los responsables del dolor ajeno, tampoco deberíamos actuar insensibles con el resto. Un caso muy común es el de los padres cuando creen que las tristezas infantiles o los amores adolescentes no son importantes, ignorando que a pesar de que nosotros somos adultos y tenemos bien en claro que todo estará bien con el pasar del tiempo, nos volvemos ciegos, sordos y mudos cuando el otro lo único que necesita es un poco de apoyo. No subestimemos el poder de las palabras cariñosas o de un gesto tan simple como estrechar una mano para hacerle saber a alguien que estamos presentes.

Nada es porque sí, las personas a veces actúan de manera destructiva cegadas por el odio que las consume. Si alguien prestara un poco más de atención, si una persona no llegara a sentirse tan sola, grandes desgracias podrían evitarse. Nos necesitamos los unos a los otros y entregarnos a construir un mundo mejor, aunque suene idealista o de telenovela, es misión y responsabilidad de todos. Cuando nos enfocamos a un propósito que va más allá de nuestros deseos personales, nos ubicamos en un estado tal de satisfacción que nos permite experimentar la felicidad más genuina, la que proviene de una vida con propósito, con objetivos, que puede ayudarnos no solamente a nosotros, sino también a los demás.

Ser altruistas es convertirnos en mejores personas, saber comprender a los demás, tomarnos el tiempo de averiguar qué es lo que está sucediendo, es ubicarnos en una posición de nobleza humana. Vivimos en sociedad y en nuestra pequeña sociedad, en nuestro círculo íntimo que debemos saber cuidar y respetar. Nunca sabes cuando será tu turno, quizás mañana seas tú quien necesites de una mano amiga.

27077699/098165994

Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Adicción a internet: ¿Realidad o negocio?

La adicción se caracteriza por una dependencia hacia una actividad u objeto que provoca placer, la cual puede tomar una forma tanto psíquica como física. Es una enfermedad progresiva y crónica, donde el sujeto usualmente no es conciente que padece una adicción gracias al mecanimos de la negación y está inmerso en su objeto de placer, sin importar las consecuencias negativas para su salud, su trabajo, su vida familiar y social.

A medida de que la tecnología avanza, podemos contar con más herramientas para comunicarnos y disfrutar y según algunos autores, esto también podría convertirse en una inesperada trampa que nos conduciría a  volvernos adictos a internet. Así ésta creación se convierte en un lugar virtual donde podemos potenciar nuestras adicciones en la vida real (por ejemplo la adicción al sexo) o simplemente padecer otra, un uso excesivo de las computadoras, de los juegos en línea, de las redes sociales, etc.

El psiquiatra Ivan Goldberg fue el primero en establecer criterios diagnósticos para la adicción a internet. Entre estos criterios encontramos una necesidad de estar cada vez más tiempo frente al monitor, síndrome de abstinencia (ansiedad, fantasías y pensamientos obsesivos acerca de internet, agitación psicomotora), imposibilidad de reducir el tiempo con la computadora, entre otros.

De acuerdo a los estudios realizados por Greenfield, quienes utilizan internet de manera nociva se muestran distraídos en la vida real y generan rápidamente vínculos emocionales con personas que apenas conocen a través de la red. En su trabajo pudo observar que los sitios más relevantes para estos adictos eran los sitios de chat y de pornografía, donde perdían horas y horas al día compenetrados en visitar las websites. Estos sitios brindan una oportunidad para los sujetos de comportarse de maneras en las que no pueden expresarse en su vida diaria. Las horas dedicadas a internet provocó en la mayoría de los participantes del estudio problemas maritales,  debido a la pornografía compulsiva y los romances casuales iniciados gracias a la comunicación con extraños.

En cuanto al tratamiento existe en España un programa de rehabilitación que contempla el control de la adicción a cargo de Echeburúa . Este programa se divide en distintas fases que apuntan a interrumpir la conexión por un tiempo determinado, permitiendo luego volver a utilizar la computadora de manera controlada. Se trabaja sobre problemas específicos como el control de la ansiedad y la depresión, se promueve un nuevo estilo de vida equilibrado, donde se debe aprender a lidiar con los estímulos adictivos y también se intenta prevenir las recaídas.

En Estados Unidos existe el refugio ReStart, centro que se dedica a a tratar a adictos a internet, a los juegos en línea y al abuso de los mensajes de texto. Quienes se comprometen con el programa, se dedican a realizar tareas al aire libre y a seguir las indicaciones de los profesionales a cargo. En el caso de los adictos a los juegos en línea, ellos necesitan que se los reprograme de manera tal que puedan recuperar hábitos tan cotidianos como bañarse o realizar tareas del hogar. Los juegos son el señuelo perfecto para personalidades vulnerables, tímidas, poco sociales, quienes prefieren un mundo imaginario antes que un mundo real donde se sienten rechazados por ser cómo son. Este programa de rehabilitación busca promover las relaciones sociales, mediante la enseñanza de cómo iniciar conversaciones interesantes y aprender a interpretar el lenguaje corporal de los otros.

Lo interesante de la adicción a internet es que aún no hay nada definido, hay profesionales que creen que no existe evidencia suficiente como para catalogar el abuso de internet como una verdadera adicción. Sara Kiesler (investigadora en la Universidad de Carnegie Mellon) dice que no es apropiado tildar las conductas como adicciones sobre la única base de que una persona dice que realiza demasiado una actividad. Aún no existen estudios concluyentes que puedan probar que la adicción a internet es más que una consecuencia de otros desórdenes emocionales, o incluso que el amor por internet sea algo que se sostenga a lo largo del tiempo.

Algunos profesionales también sostienen que se ha hecho un jugoso negocio alrededor de esta supuesta adicción, ya que se han ido propagando varios centros y servicios de atención on line con la finalidad de tratar algo que aún no ha sido comprobado como verdara patología. A modo personal, creo que todos los excesos son malos y si realizamos una actividad que comienza a consumir nuestra vida, haciendonos dejar de lado las cosas importantes como nuestros vínculos afectivos o nuestro trabajo, es algo sobre lo que debemos reflexionar y actuar. Quizás lo más apropiado sea decir que internet se ha convertido en una nueva manera de expresar los disturbios emocionales que han existido desde siempre, una forma de escape de una realidad que se nos presenta como intolerable, una manera de conocer personas que nos ignorarían si nos conocieran cara a cara, un instrumento de explotar adicciones ya existentes. De todas maneras, un tratamiento sería aplicable en estos casos, no a la adicción a internet en si misma, sino lo que encierra este uso exagerado, lo que en verdad yace tras la obsesión por la comunicación, la velocidad y la intimidad superficial.  ¿Y ustedes qué piensan?