La paciencia

Quien tiene paciencia obtendrá lo que desea

En mis artículos siempre estoy hablando de la importancia de la paciencia, así que he decidido compartir con ustedes una serie de sugerencias para poder sacar provecho de esta maravillosa virtud en orden de sentirnos más a gusto con nuestra realidad y calmar la ansiedad.

En Psicología Positiva se habla de la importancia de la meditación. Esta nos ayuda a relajarnos, a aprender a despejar nuestra mente de todas las preocupaciones del momento, nos permite darnos tiempo para reflexionar sobre nosotros mismos, nos hace sentir más descansados incluso aunque apenas la practiquemos por diez minutos, nos ayuda a controlar nuestras emociones en especial la ira. Técnicas de meditación existen muchas que pueden ser encontradas en audios o libros, sólo es cuestión de encontrar la más adecuada para ti y si el tiempo escasea para realizar esta técnica, con unos pocos minutos por día de todas maneras se aprecian los resultados.

La alimentación tiene una fuerte influencia sobre nuestro estado de ánimo, si nos alimentamos únicamente a base de comidas grasosas y muy calóricas, nos sentiremos con menos energía, más sueño, más pesadez y hasta quizás más culpa. Una alimentación balanceada donde se incluyan carbohidratos, proteínas, vegetales, frutas, lácteos, vitaminas, minerales, agua, en su justa medida, hará que nuestro cuerpo y nuestra mente se sienta mejor. Si nuestro cuerpo está bien esto se convierte en una preocupación menos y podremos concentrarnos en los otros aspectos de nuestra vida que requieran atención.

Otra manera de mejorar nuestra paciencia es aprender a controlar nuestros impulsos. Muchas veces nos enojamos demasiado fácilmente o tendemos a descargar nuestras frustraciones en las personas que nada tienen que ver con el hecho que nos enojó inicialmente. Así que aprendamos a pensar antes de actuar o hablar, tenemos que tener en cuenta que nuestro interlocutor es un ser humano con sus propios sentimientos y pensamientos y no podemos caprichosamente imponer nuestras emociones sobre los otros. Si tratamos a los demás con más respeto éste se nos será devuelto, nos convertiremos en una persona más agradable y nos sentiremos mejor en cuanto a nuestra actitud. La felicidad es un camino de doble vía, si tú te sientes  bien harás sentir bien al otro y si el otro te responde de una manera simpática tú también te sentirás bien.

Seamos justos con nosotros, sí cometemos errores y la perfección no existe. Imponernos ideales inalcanzables es sólo una manera de estancarnos para siempre en donde estamos y castigarnos incesantemente por no lograr alcanzar ese imposible. Hacer algo, sin importar qué tan pequeño sea, es mucho mejor que no hacer nada. Aprender a perdonar nuestros defectos nos hace sentir más a gusto, si tenemos cosas que cambiar podremos hacerlo con el tiempo, pero apresurarse y exigirse sólo conducirá a la frustración y a la nada. Debemos aprender a perdonarnos por las cosas que hacemos mal, lo que importa es el camino que estamos transitando, la felicidad no es una meta, es algo que podemos sentir ahora mismo con lo que ya poseemos. Aprender a disfrutar el día a día nos hace sentir más tranquilos y por lo tanto nos ayuda a ser más pacientes.

No hay que perder la compostura por tonterías. Muchas veces a lo largo del día las pequeñas cosas malas que nos suceden comienzan a tomar unas proporciones exageradas y nos convertimos en monstruos rabiosos que atacaran a cualquier inocente que se nos cruce en el camino. Por ejemplo, te tiras café encima, llegas tarde a tu trabajo por haberte cambiado el vestido o la camisa, alguien te da una mirada de reprobación por haber llegado tarde, algún cliente no fue amable contigo, etc, etc. Sí, lo sé, hay días en que uno desearía no haberse levantado de la cama, sin embargo, cuando estemos agobiados por estas nimiedades lo que debemos hacer de inmediato (antes de que el veneno de la rabia se esparza como pólvora sobre nuestra sonrisa) es pensar en todas las cosas lindas que sí pasarán en ese día. Por ejemplo, compartirás una tranquila velada con tu pareja, podrás disfrutar de tus hijos, saldrás con una amiga, o simplemente te obsequiaras un relajante baño de burbujas cuando llegues a tu hogar o escucharas música que calme tus ánimos. Por cada cosa mala que suceda, fácilmente podemos hacer dos cosas buenas para hacernos sentir mejor. Mimarnos es fundamental, tratarnos como nos merecemos, sentirnos como reyes es muy fácil, no hace falta nada más que imaginación. Los mínimos placeres que nos rodean son lo suficientemente poderosos para cambiarle el rostro a un pésimo día.

La paciencia se logra con la repetición y la disciplina, mientras más la practiquemos veremos cómo lentamente comienza a convertirse en parte de nosotros mismos, así como los pensamientos negativos y los miedos comienzan a ser reacciones automáticas, también los cambios positivos comienzan a formar parte mecánica de nuestras vidas si les damos su tiempo y los practicamos sin cansancio. Así que comienza hoy mismo a cultivar tu paciencia y sé que te sentirás orgulloso de los resultados obtenidos.

No a la inercia

Todos tenemos un ideal que queremos alcanzar, en nuestra mente podemos delinear exactamente cómo queremos ser, cómo nos queremos sentir, qué queremos obtener. Luego la realidad nos choca y cruelmente nos hace ver que estamos lejos de nuestra meta incluso hasta podemos llegar a decirnos que nunca lograremos lo que queremos. Y si nos repetimos este discurso lo suficiente vamos a creerlo. No solamente no vamos a ver nuestro sueño realizado en la realidad, sino que hasta nos privamos de soñar en nuestra mente y vamos ahogando nuestro propio deseo.

Una vida sin metas se convierte en insulsa, abandonar todo y darnos por vencidos es el precio más alto que podemos pagar y eso lentamente nos va a conducir a tener conductas depresivas o si ya eres depresivo te hundirás aún más. Esa escasa energía que nos va quedando, que lentamente se consume por los golpes que la vida puede darnos, no debemos dejarla ir, debemos alimentarla día a día para poder resurgir aún más fuertes.

Lidiaremos con un sinfín de altibajos diariamente pero eso no quiere decir que debemos matar esa pasión, ese deseo, que ha estado escondido entre las penumbras de nuestro anhelo por tanto tiempo. Hay que aprender a luchar con uñas y dientes, hay que aprender a desafiarnos y no conformarnos con lo que está al alcance, siempre podemos ir más allá.

La clave está en el placer y la paciencia, gran virtud que sólo unos pocos poseen pero que con trabajo puede ser cultivada. Hagamos cosas por nosotros que nos brinden felicidad, aprendamos a disfrutar pero sobre todo aprendamos a imaginar, a dedicarnos tiempo a crearnos nuestro ideal, a amarlo, a cuidarlo. Pero cuidado con colocar un ideal demasiado elevado, ya que si es demasiado difícil de alcanzar inetivablemente llevará a la frustración.

Una vez que sepamos lo queremos, pensemos en todo lo que podemos hacer para lograrlo. El no hacer nada inevitablemente conduce a la inercia y a un sentimiento de tristeza y desánimo. Así que el gran desafío yace en pensar qué podemos hacer y cómo podemos llevarlo a la práctica.

Siempre aconsejo que los cambios que se propongan sean paulatinos, no se puede pretender hacer un gigantesco cambio de la noche a la mañana. Ya que la ansiedad nos ganara y al no ver logros rápidos descartaremos todo y volveremos al mismo punto donde inicialmente nos encontrábamos.

Así que recuerden, una vez creado su ideal y que hayan pensado  en cómo poder alcanzarlo, prueben con metas sencillas, pasos muy pequeños y fáciles de llevar a la práctica. Lo que importa es mantenerse activo con respecto a nuestro sueño, de lo contrario vamos a ir perdiendo esa motivación y una vez que se escapa es difícil recuperarla. Sólo da ese primer paso y luego lentamente las cosas comenzarán a fluir a tu favor.

Adicción al trabajo: cómo detectarla y qué hacer

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En el mundo globalizado actual, no es nada extraño ver de cerca personas que trabajan muchas horas con quizás más de un empleo, teniendo que “correr” para cumplir con plazos. Puede que tú mismo te consideres una de ellas. Tampoco es inusual encontrar quienes le otorguen a su vida profesional una gran dedicación que va creciendo cada vez más hasta ser evidente que es excesiva. Posiblemente hayas escuchado el tan sonado término workaholic o adicto al trabajo en relación a esa temática. ¿Pero de qué se trata?

El trabajo es una actividad que requiere cierta dedicación para lograr resultados favorables, a cambio de lo que se perciben ingresos económicos o al menos otro tipo de ganancia, acompañada de prestigio y reconocimiento social tanto en el ambiente laboral como fuera de él. Si bien las tareas que se realizan al trabajar quizás no sean placenteras por sí mismas, sí pueden serlo sus consecuencias. El poder y los logros que se alcanzan son los aspectos más adictivos.

Una característica distintiva de la adicción al trabajo, es no tener un objeto específico que gratifique inmediatamente. Es el placer indirecto el que puede volverse adictivo.

El sujeto puede percatarse de que su dedicación es desmedida, sin por eso reconocer que se trata de una enfermedad. Suele experimentar sentimientos de profunda soledad, irritabilidad y angustia al alejarse por alguna circunstancia de sus deberes laborales. Esto ocurre por ejemplo, durante los fines de semana donde el tiempo libre le resulta interminable.

Piensa prácticamente todo el tiempo en su trabajo. Su gran miedo a  fallar como profesional suele generarle pesadillas. Pone todo de sí para optimizar su desempeño y encontrar soluciones a los problemas de la empresa, ya sean éstos reales o imaginarios. Son muy comunes las fantasías acerca de cómo interactuar con sus colegas pero especialmente con sus jefes. Al preguntarle su opinión en el trabajo, acostumbra a darla con un entusiasmo exagerado.

Parece un experto en encontrar excusas para no disminuir ni mucho menos detener, su actividad laboral explicando por ejemplo, lo imprescindible que es su presencia en su puesto o que teme ser despedido, entre otras.

La persona que tiene esta adicción, siente una necesidad incontenible de dedicar todo su tiempo al trabajo convirtiéndolo en el centro de su vida, reduciendo considerablemente o incluso suprimiendo otras áreas como la personal o familiar.

La familia es el la primera en notar y sentir las consecuencias de la adicción. Es muy común que la salud mental de los hijos y/o de la pareja se vea afectada, a causa de tener que lidiar con las crisis de cólera y el tan frecuente mal humor del adicto. Su relación con el núcleo familiar se va tornando cada vez más autoritaria, tratándolos de modo similar a sus subordinados en la empresa. En ella el relacionamiento cordial con los jefes tarda más en verse afectado.

Empero, no puede escapar del estrés por lo que el rendimiento profesional desciende, lo que también provoca que la actitud hacia él por parte de colegas y jefes cambie.

En el ambiente social se destaca su falta de control siendo probablemente uno de los factores, el muy elevado consumo de sustancias como el café, tranquilizantes, alcohol pudiendo llegar a la cocaína. Todas consumidas con la intención de dominar el desgaste físico y emocional. Lo que por su parte, puede desembocar en trastorno psicosomático, depresión, alcoholismo o toxicomanía.

El psiquiatra estadounidense Dr. Rohrlich en su descripción de perfiles característicos de las personas adictas al trabajo, destaca cinco como los más habituales:

*el sumamente ambicioso acostumbrado a luchar con muy pocos límites para promoverse e imponer sus ideas.

*el competitivo que necesita sentirse por encima de los compañeros.

* el inseguro, busca la aprobación de los jefes para incrementar su autoestima.

*el que se culpa, quien con una actitud masoquista necesita de la sobrecarga de trabajo como un refuerzo negativo para revivir viejos castigos.

* el aislado, quien no cuenta con lazos amistosos y familiares sólidos, encuentra en el ambiente profesional la interacción en una comunidad que tanto desea.

Más allá de que el adicto no suela presentarse en la consulta psicológica por iniciativa propia, y aunque el proceso no sea instantáneo ni sencillo, salir de la adicción al trabajo por supuesto que es posible. Antes de que tengan lugar los cambios en el comportamiento y por supuesto en su vínculo con el trabajo, es necesario analizar las raíces de esa adicción en el individuo. Uno de los aspectos sobre los que es usual que se trabaje en la terapia, es el miedo a las relaciones afectivas. Muchos de los puntos que se abordan son los mismos que en el tratamiento de otras adicciones, tales como reconectarse con sus sentimientos, o reconocer que su conducta tiene consecuencias no sólo para él mismo sino también para sus seres queridos y su entorno.

Probables medidas a tomar como la reducción progresiva de las horas laborales, la nueva diagramación del tiempo o la realización de diferentes actividades, requerirán del apoyo y participación del núcleo familiar.

Asimismo, será necesario atender otro tipo de adicciones relacionadas como el alcoholismo u otras mencionadas anteriormente, en caso de que tengan lugar.

No obstante, el primer paso como siempre, es reconocer que se tiene un problema y que se necesita trabajar con un profesional para resolverlo.

¿Por qué se abandonan las terapias?

Cuando nos enfrentamos a la terapia psicológica elementos profundos comienzan a movilizarse en nosotros, aprendemos a vernos de una manera distinta y a la vez comprendemos que somos nosotros los que debemos realizar los cambios. Ninguna terapia tendrá un efecto significativo si la persona no se compromete de manera absoluta al tratamiento.

El problema es que a veces nos damos cuenta de que hay cosas que no queremos cambiar, como siempre digo, el cambio es díficil, muy necesario, pero difícil. Y en realidad este «no querer cambiar» está asociado a un deseo de permanecer en la misma situación, no porque se sea feliz necesariamente, sino porque el esfuerzo que requiere el cambio usualmente se hace agotador y la impaciencia gana. Se desea con ansias que el tratamiento resulte efectivo de inmediato y si bien se pueden lograr ciertas cosas en un número pequeño de sesiones, no se solucionará la problemática principal de inmediato, eso requiere tiempo.

Todos tenemos límites y somos concientes de ellos, a veces estamos convencidos de que no podemos lograr algo, de que no tenemos la fuerza suficiente, y yo considero que a veces no nos desafiamos a nosotros mismos. Hemos logrado cosas de las cuales no nos creíamos capaces de realizar tan sólo por intentarlo. A veces no nos queda otra alternativa que sacrificarnos y hacer todo lo humanamente posible para ir más allá de lo que creemos que no es posible para nosotros, debemos buscar en lo más hondo de nuestro ser para encontrar esa fuerza que finalmente nos ayudará a lograr nuestro objetivo terapéutico.

Existen factores que influyen en el abandono del tratamiento. Las personas quienes tienen un trastorno severo, una historia psiquiátrica de larga data, quienes sufren de una enfermedad crónica, los que padecen ciertos síntomas como sentimientos paranoides y esquizoides, las personalidades psicopáticas, el alcoholismo, trastornos de personalidad, entre otros elementos tienen una probabilidad más alta de dejar la terapia. Es importante que la motivación individual del consultante a favor del cambio no decaiga, que se establezca un vínculo agradable con el entrevistador donde el consultante pueda sentirse seguro.

No existen milagros en el área de la Psicología, pero sí existen mejoras y es en eso donde debemos concentrarnos y continuar trabajando para ser cada día mejor, no para satisfacer los deseos de los otros sino nuestros propios deseos, para ser mejor ante nuestros propios ojos y seducirnos a nosotros mismos.

 

 

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Sólo haz algo

Hay una regla fundamental para obtener las metas que nos proponemos en la vida, y eso es saber que nuestros grandes logros primero se obtienen comenzando con pequeños detalles. Cada pequeño acto que realizamos para estar más cerca de nuestro, sueño es un ladrillo que vamos colocando en nuestra torre de plenitud. Cualquier meta, por gigantesca que sea, debe comenzar con el más mínimo acto. Por ejemplo, si tu propósito es adelgazar, primero debes comenzar en cuidar tu alimentación y algo tan sencillo como eso puede ser simplemente cambiar la leche entera por descremada, o en vez de comer un chocolate de tarde cambialo por una fruta. Si quieres obtener un mejor trabajo, comienza por buscar. He notado que muchas personas se quejan de su mala fortuna laboral, pero al mismo tiempo no están siquiera buscando en el periódico un nuevo empleo.

Las cosas siempre aparecen en nuestro camino, siempre y cuando estemos dispuestos a cumplir con esta sencilla regla, hay que hacer algo para obtener algo. La acción se convierte en nuestra mejor aliada al momento de obtener lo que queremos. Muchas veces caemos en la ansiedad, pero los grandes logros llevan meses y años de preparación para que finalmente puedan ver la luz. Debemos mantener el entusiasmo y la plena confianza en nosotros, no nos dejemos llevar por cosas externas sobre las cuales no tenemos control, aseguremonos de tener control sobre nosotros mismos. Cuando caminamos por la vida seguros vamos transmitiendo a los demás esa seguridad, así que si tu convicción por obtener algo es poderosa, no dudes de que lo conseguirás.

Los grandes soñadores que se han convertido en hombres y mujeres de éxito jamás abandonaron su sueño, a pesar de todas las adversidades por las cuales debieron atravesar, y si ellos lo lograron tú también lo harás. Nunca debes darte por vencido y no te desanimes si las cosas llevan tiempo, lo importante es que cada día vayas colocando tu granito de arena y un día tu castillo será realidad.

Existe un dicho que reza «si siempre haces lo que siempre has hecho, siempre tendrás lo que tienes». Este es el momento ideal para ver cuál de tus acciones te ha llevado a dónde estás. Nuestra vida es el resultado de las decisiones que tomamos, y como ya mencioné hay cosas sobre las cuales no tenemos control, sin embargo, hay otras sobres las que sí, y es en éstas precisamente donde tenemos que concentrarnos. Si te has percatado de algún patrón de comportamiento que no está dando el resultado esperado, deshazte de él ahora mismo, no esperes más, comienza probando con nuevas actitudes hasta que encuentres la que mejor te resulta.

Cuando se trata de tener una meta, las fuentes más importantes que tenemos son los deseos, nuestras creencias, nuestra imaginación, visualizaciones, pero todo esto pierde fuerza sino se acompaña de acción. Nada se conseguirá por estar de brazos cruzados pensando que las cosas vendrán mágicamente a nuestro camino, debemos todos los días hacer un pequeño esfuerzo para que el cúmulo de nuestras acciones pequeñas se conviertan en nuestro propósito tan anhelado.

Comienza hoy mismo con algo pequeño, una mínima acción que será la primera de varias, tú puedes hacerlo, cambiar siempre está en tus manos.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Lento pero seguro

¿Por qué todo tiene que ser ahora? ¿Por qué queremos cambiar en un día hábitos que hemos tenido por años? Nuestros planes laborales o nuestra idea de dejar atrás una adicción o algún mal hábito que hemos adquirido se convierten en un disparador de ansiedad. Lo queremos ya, hoy hemos decidido cambiar de trabajo, bajar de peso, dejar el cigarro, hoy será el gran día…Una semana mas tarde (a veces un poco antes o un poco después) como nuestra resolución no ha llegado a buen puerto, simplemente tiramos todo por la borda, decimos «esto es inútil» y volvemos mansamente a ser quiénes eramos antes de nuestro fallido intento por cambiar.

Sobreestimamos lo que podemos hacer en un mes o un año, pero subestimamos lo que podríamos llegar a lograr en un período de tiempo más prolongado. Una adicción es algo díficil de superar y no será dejada atrás simplemente porque expresamos el deseo de hacerlo, requerirá trabajo, paciencia, mucho esfuerzo. Y esto es aplicable a todas las decisiones de cambio que tomamos. El esfuerzo, la inversión en el tiempo y la infinita paciencia se convierten en nuestros mejores aliados cuando apuntamos a mejorar.

Si, quizás no lo podamos lograr hoy, quizás en dos años, en cinco, en diez, ¿qué interesa? El punto es que LO LOGREMOS. Piensen que el tiempo transcurre de todas maneras, no podemos detenerlo ni acelerarlo a nuestro antojo, es lo que es y con eso debemos trabajar. Recuerden algún logro de su vida, recuerden todas las ansias que pusieron para ese tan esperado momento y finalmente llegó, en ese momento se olvidan de todos los años, todo el tiempo de espera, ya no importa todo el sacrificio pasado porque el éxito es ahora, todo lo demás ha quedado atrás y AHORA están pudiendo disfrutar. Sucede con todas nuestras metas, una vez que las obtenemos podemos relajarnos y disfrutarlo y en ese momento ya no importa más nada, nos olvidamos por completo de todos los obstáculos que debimos sortear, ya no importa porque finalmente nos salimos con la nuestra.

Las metas son un proceso y debemos disfrutarlo, sientete contento conque hoy no has fumado diez cigarros sino 9, que no te has devorado esa torta sino que sólo has probado un poco, que has obtenido al menos una entrevista laboral. Cada pequeño paso VALE, puede parecernos insignificante, tonto, nos impacienta, pero cuando transcurra el tiempo necesario, veremos que lentamente fuimos armando un puzzle con nuestras acciones, hemos creado una perfecta obra que ha desembocado en nuestro sueño.

Así que aprende a no exigirte, haces lo que puedes con lo que tienes, nada más ni nada menos, pero ese pequeño esfuerzo sumado a muchos más, te convierten en lo que quieres ser. ¿Qué importa si tardas un año en obtener tu peso deseado? En el proceso has aprendido a alimentarte bien, sin torturarte, amandote y permitiendote acomodarte a los nuevos hábitos. ¿Y qué sucede si tardas siete años en dejar atrás una adicción? Felicitaciones, lo has obtenido y ya no eres esclavo de nada.

Las grandes cosas llevan tiempo, debemos entenderlo y aceptarlo. Cuando tenemos esto bien en claro, no existe nada imposible para nosotros, porque sabremos que lo vamos a obtener sí o sí, siempre y cuando tengamos la paciencia de llegar hasta el final. Trabaja en todo lo que deseas, no te apures, lento quizás, pero sin dudas obtendrás una recompensa por tu inversión emocional y en ese hermoso momento, todo lo que has esperado ya no va a interesar.

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3…2…1 Autodestrucción

Las personas tienen una tendencia natural a la autodestrucción, nuestro propio inconciente conspira en nuestra contra para influenciarnos de manera negativa. Existen muchas maneras de manifestar los comportamientos destructivos hacia nosotros, conductas tan simples como caminar descuidadamente por la calle, fumar, comer en exceso, sobre exigirse, dormir poco, realizar deportes extremos sin las precauciones necesarias, conducir demasiado rápido, tener sexo sin protección, consumir drogas, y una amplia gama de actividades potencialmente mortíferas más.

La autodestrucción se convierte en un hábito cuyas consecuencias usualmente no pueden visualizarse a corto plazo. Las metas de estas conductas es intentar hacer desaparecer el dolor, la angustia, la ansiedad, es una manera fallida de mantener el control sobre una situación. Hay personalidades más predispuestas a este tipo de comportamiento, son aquellas con rasgos antisociales, histriónicos, narcicistas, aquellos quienes gustan de llamar la atención y seducir, quienes buscan desesperadamente aceptación y amor. Son personas que tienden a tener amistades superficiales, con baja tolerancia a la frustración, por lo que deben obtener el placer de la manera más rápida posible, son impulsivos, tienden a negar la peligrosidad de sus actos y a veces actúan de manera egoísta.

Aún cuando se sabe que lo que estamos haciendo no está bien se prefiere ignorarlo, ya que no interesa que se destruyan tan sólo un poco ahora, la gratificación instantánea nubla el juicio y se dejan llevar por el momento, por esa necesidad imperiosa de aniquilar la angustia y no son capaces de medir que el goce luego se convertirá en suplicio.

Una historia de vida compleja donde el sostén emocional es pobre, un entorno poco habilitante, tipos familiares disfuncionales, son los culpables de que se creen personalidades «débiles», donde el dolor tiene que expresarse de una manera casi suicida, como si la muerte seduciera con su promesa de acabar con toda la angustia de una vez y para siempre.

Por supuesto que quien se está dañando no es conciente de todo lo subayecente que se encuentra en una conducta que hasta a veces se tilda de inofensiva, ya que es algo común, algo que muchas personas hacen, no deberíamos preocuparnos por las consecuencias. La negación se convierte en una aliada para mantener este lento suicidio a flote. La pulsión de muerte vibra en nosotros arrastrándonos por el fango de nuestra propia desgracia, y nosotros sin saberlo seguimos fielmente los dictámenes de nuestros impulsos.

¿Qué podemos hacer al respecto? Ya que es complicado que nos demos cuenta nosotros solos de lo que estamos haciendo, tendremos que aprender a escuchar a quienes están a nuestro alrededor, sus palabras pueden ser la primer señal de alerta para reaccionar. No hay que menospreciar el peligro de nuestras conductas porque lo que hoy brinda placer y alivio, mañana puede ser lo que se convierta en nuestro final. Tenemos que entender por qué lo hacemos, por qué buscamos dañarnos y una vez que descubramos la raíz debemos trabajar en eso mediante terapia o grupos de ayuda, es vital buscar apoyo, las conductas autodestructivas pueden ser un laberinto muy solitario. Tenemos que aprender a amarnos a nosotros, a valernos por nosotros mismos, tenemos que aprender a no vivir a través de los ojos de los demás, no buscar la aprobación ni el cariño de otros solo como sustituto a nuestra propia falta de amor y respeto. En los demás no se encuentra la solución ya que no importa cuanto nos amen y nos cuiden, jamás será suficiente para llenar ese vacío que sentimos, ese vacío que solamente nuestra propia valía puede hacerlo desaparecer.

Sí, la respuesta siempre ha estado y estará en escondida en los recovecos de nuestro ser, solamente necesitamos un día de claridad para decir basta y actuar. No dejemos pasar la oportunidad, no siempre vamos a estar fuertes para enfrentarnos a lo que nosotros mismos nos hacemos. Reconocer que hay un problema es el primer paso, sin importar cuan terrible sea decirlo con voz clara y alta, pero es el comienzo necesario de nuestro camino de sanación. Y siempre podemos cambiar…Siempre, no lo olvides.


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La ansiedad

¿Qué es la ansiedad?

Es un sistema de defensa, un mecanismo natural de supervivencia, el responsable de prepararnos para luchar o huir de una situación que se nos presenta como peligrosa. Cuando la ansiedad se convierte en algo patológico observamos respuestas exageradas y presencia de angustia ante eventos en particular sin justificación aparente, genera un malestar que afecta diversas áreas vitales, provoca una falta de equilibrio y la persona sufre demasiado. A diferencia de la ansiedad normal, la patológica se caracteriza por una intensidad muy alta, es de duración prolongada y los episodios suelen darse con mucha frecuencia. Veremos respuestas fisiológicas, cognitivas y conductuales, entre las reacciones más frecuentes encontramos palpitaciones, sudoración excesiva, temblores, sensación de ahogo, náuseas entre otras.

¿Qué son los ansiolitícos?

Son fármacos que provocan un enlentecimiento de las funciones nerviosas generando una sensación de calma en el sujeto que los consume. Son utilizados en un número importante de patologías y su propósito específico es atacar la ansiedad. Dentro de los ansiolitícos que actualmente están en el mercado encontramos las Benzodiazepinas que pueden ser de acción prolongada, corta o intermedia.

Los efectos secundarios que pueden presentarse incluyen fiebre, debilidad muscular, movimientos involuntarios, confusión, estos varian de acuerdo a cada persona. También podemos ver casos de dependencia, por lo cual es necesario tener un control médico adecuado para evitar complicaciones severas.

Como decían mis profesores en la Universidad, somos seres bio-psico-sociales, todo influye en nuestro comportamiento. Somos un ser indivisible que oficia de campo de juegos a un número importante de variables. Personalmente creo que cuando la mente se enferma tiene el poder de enfermar al resto, cuando hay una dolencia espiritual se trasladara a nuestro cuerpo y se expresara mediante manisfestaciones físicas, reacciones químicas, el dolor que comienza en el corazón se imprime de manera tangible.

Ciertos psicológos están en contra de la utilización de medicación debido a los efectos secundarios que estos causan. Ciertas personas hacen un uso inescrupuloso de los medicamentos, algunos profesionales hasta recetan sin cuidado ansiolíticos por un mero propósito estético ya que su consumo disminuye la ansiedad por comer. Algunos psiquiatras basan su tratamiento únicamente en pastillas teniendole sin cuidado la historia de vida del paciente. Muchas barbaridades podemos observar en el mundo de la salud cuando los profesionales no tienen un genuino interés por los demás, siendo los únicos perjudicados los que realmente necesitan de ayuda.

Considero importantísimo el tratamiento psicológico para comprender la raíz de las dolencias de una persona y si bien estoy de acuerdo conque lamentablemente algunos medicamentos tienen fuertes efectos secundarios, también soy conciente que en ciertos casos no podemos prescindir de la medicación. A veces es necesario recurrir a ella, la medicación por sí sola no puede ser substituto de una terapia psicológica, así como una terapia psicológica puede llegar a necesitar del apoyo de la medicación. En ciertos trastornos es indispensable el tratamiento conjunto de un psicológo y un psiquiatra, ambos roles se vuelven necesarios para que una persona pueda salir adelante.

Creo firmemente en la receta de medicamentos de manera responsable, utilizarlo por los motivos correctos y no por capricho o porque es la salida más sencilla. Auto medicarse está fuera de discusión, siempre debemos consultar a un profesional y actuar de manera responsable, es nuestra mente la que está en juego así que debemos concientizarnos e informarnos.

¿Otros tratamientos para combatir la ansiedad?

Existen técnicas que trabajan desde lo cognitivo-conductual, donde se expone al sujeto, de manera gradual, a aquella situación u objeto que le provoca ansiedad. También se trabaja en modificar las creencias limitantes y pensamientos negativos que una persona pudo haberse creado.

Si experimentamos ansiedad sin que llegue a representar un verdadero trastorno, también podemos recurrir a técnicas alternativas sencillas como un cambio en nuestra alimentación que elimine estimulantes en nuestra dieta (café, dulces). Hoy en día tenemos a nuestra disposición un sin número de técnicas inocuas como la acupuntura, tratamientos de hierbas, reducción de stress, tratamientos naturales que pueden llegar a mejorar nuestra calidad de vida.

La ansiedad se convierte en algo que limita nuestra existencia y genera una angustia que afecta nuestro desempeño y nuestra realización personal. Es importante estar alerta a las señales y hacer algo al respecto. Consulta con un profesional de confianza y vuelve a ser el dueño de tu vida.

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