Quien tiene paciencia obtendrá lo que desea
En mis artículos siempre estoy hablando de la importancia de la paciencia, así que he decidido compartir con ustedes una serie de sugerencias para poder sacar provecho de esta maravillosa virtud en orden de sentirnos más a gusto con nuestra realidad y calmar la ansiedad.
En Psicología Positiva se habla de la importancia de la meditación. Esta nos ayuda a relajarnos, a aprender a despejar nuestra mente de todas las preocupaciones del momento, nos permite darnos tiempo para reflexionar sobre nosotros mismos, nos hace sentir más descansados incluso aunque apenas la practiquemos por diez minutos, nos ayuda a controlar nuestras emociones en especial la ira. Técnicas de meditación existen muchas que pueden ser encontradas en audios o libros, sólo es cuestión de encontrar la más adecuada para ti y si el tiempo escasea para realizar esta técnica, con unos pocos minutos por día de todas maneras se aprecian los resultados.
La alimentación tiene una fuerte influencia sobre nuestro estado de ánimo, si nos alimentamos únicamente a base de comidas grasosas y muy calóricas, nos sentiremos con menos energía, más sueño, más pesadez y hasta quizás más culpa. Una alimentación balanceada donde se incluyan carbohidratos, proteínas, vegetales, frutas, lácteos, vitaminas, minerales, agua, en su justa medida, hará que nuestro cuerpo y nuestra mente se sienta mejor. Si nuestro cuerpo está bien esto se convierte en una preocupación menos y podremos concentrarnos en los otros aspectos de nuestra vida que requieran atención.
Otra manera de mejorar nuestra paciencia es aprender a controlar nuestros impulsos. Muchas veces nos enojamos demasiado fácilmente o tendemos a descargar nuestras frustraciones en las personas que nada tienen que ver con el hecho que nos enojó inicialmente. Así que aprendamos a pensar antes de actuar o hablar, tenemos que tener en cuenta que nuestro interlocutor es un ser humano con sus propios sentimientos y pensamientos y no podemos caprichosamente imponer nuestras emociones sobre los otros. Si tratamos a los demás con más respeto éste se nos será devuelto, nos convertiremos en una persona más agradable y nos sentiremos mejor en cuanto a nuestra actitud. La felicidad es un camino de doble vía, si tú te sientes bien harás sentir bien al otro y si el otro te responde de una manera simpática tú también te sentirás bien.
Seamos justos con nosotros, sí cometemos errores y la perfección no existe. Imponernos ideales inalcanzables es sólo una manera de estancarnos para siempre en donde estamos y castigarnos incesantemente por no lograr alcanzar ese imposible. Hacer algo, sin importar qué tan pequeño sea, es mucho mejor que no hacer nada. Aprender a perdonar nuestros defectos nos hace sentir más a gusto, si tenemos cosas que cambiar podremos hacerlo con el tiempo, pero apresurarse y exigirse sólo conducirá a la frustración y a la nada. Debemos aprender a perdonarnos por las cosas que hacemos mal, lo que importa es el camino que estamos transitando, la felicidad no es una meta, es algo que podemos sentir ahora mismo con lo que ya poseemos. Aprender a disfrutar el día a día nos hace sentir más tranquilos y por lo tanto nos ayuda a ser más pacientes.
No hay que perder la compostura por tonterías. Muchas veces a lo largo del día las pequeñas cosas malas que nos suceden comienzan a tomar unas proporciones exageradas y nos convertimos en monstruos rabiosos que atacaran a cualquier inocente que se nos cruce en el camino. Por ejemplo, te tiras café encima, llegas tarde a tu trabajo por haberte cambiado el vestido o la camisa, alguien te da una mirada de reprobación por haber llegado tarde, algún cliente no fue amable contigo, etc, etc. Sí, lo sé, hay días en que uno desearía no haberse levantado de la cama, sin embargo, cuando estemos agobiados por estas nimiedades lo que debemos hacer de inmediato (antes de que el veneno de la rabia se esparza como pólvora sobre nuestra sonrisa) es pensar en todas las cosas lindas que sí pasarán en ese día. Por ejemplo, compartirás una tranquila velada con tu pareja, podrás disfrutar de tus hijos, saldrás con una amiga, o simplemente te obsequiaras un relajante baño de burbujas cuando llegues a tu hogar o escucharas música que calme tus ánimos. Por cada cosa mala que suceda, fácilmente podemos hacer dos cosas buenas para hacernos sentir mejor. Mimarnos es fundamental, tratarnos como nos merecemos, sentirnos como reyes es muy fácil, no hace falta nada más que imaginación. Los mínimos placeres que nos rodean son lo suficientemente poderosos para cambiarle el rostro a un pésimo día.
La paciencia se logra con la repetición y la disciplina, mientras más la practiquemos veremos cómo lentamente comienza a convertirse en parte de nosotros mismos, así como los pensamientos negativos y los miedos comienzan a ser reacciones automáticas, también los cambios positivos comienzan a formar parte mecánica de nuestras vidas si les damos su tiempo y los practicamos sin cansancio. Así que comienza hoy mismo a cultivar tu paciencia y sé que te sentirás orgulloso de los resultados obtenidos.

delinear exactamente cómo queremos ser, cómo nos queremos sentir, qué queremos obtener. Luego la realidad nos choca y cruelmente nos hace ver que estamos lejos de nuestra meta incluso hasta podemos llegar a decirnos que nunca lograremos lo que queremos. Y si nos repetimos este discurso lo suficiente vamos a creerlo. No solamente no vamos a ver nuestro sueño realizado en la realidad, sino que hasta nos privamos de soñar en nuestra mente y vamos ahogando nuestro propio deseo.


tiene que ser ahora? ¿Por qué queremos cambiar en un día hábitos que hemos tenido por años? Nuestros planes laborales o nuestra idea de dejar atrás una adicción o algún mal hábito que hemos adquirido se convierten en un disparador de ansiedad. Lo queremos ya, hoy hemos decidido cambiar de trabajo, bajar de peso, dejar el cigarro, hoy será el gran día…Una semana mas tarde (a veces un poco antes o un poco después) como nuestra resolución no ha llegado a buen puerto, simplemente tiramos todo por la borda, decimos «esto es inútil» y volvemos mansamente a ser quiénes eramos antes de nuestro fallido intento por cambiar.
Es un sistema de defensa, un mecanismo natural de supervivencia, el responsable de prepararnos para luchar o huir de una situación que se nos presenta como peligrosa. Cuando la ansiedad se convierte en algo patológico observamos respuestas exageradas y presencia de angustia ante eventos en particular sin justificación aparente, genera un malestar que afecta diversas áreas vitales, provoca una falta de equilibrio y la persona sufre demasiado. A diferencia de la ansiedad normal, la patológica se caracteriza por una intensidad muy alta, es de duración prolongada y los episodios suelen darse con mucha frecuencia. Veremos respuestas fisiológicas, cognitivas y conductuales, entre las reacciones más frecuentes encontramos palpitaciones, sudoración excesiva, temblores, sensación de ahogo, náuseas entre otras.