Consejos que matan sueños

Un mal día alguien con buenas intenciones te dijo lo que tenías que hacer. Consejos que matan sueñosComo te quieren tanto y se preocupan por tu bienestar, te aconsejaron qué carrera tenías que seguir, qué personas te convienen o no, para qué trabajos tienes que postularte. Esas personas que te adoran con una sonrisa te empujaron a un abismo del cual no puedes salir porque no entiendes que tienes que salir.

Continuar en un matrimonio porque socialemente es un fracaso divorciarse, lo único que debes hacer es mirar para otro lado cada vez que tu marido te maltrata psicológicamente o te es infiel, porque de todas maneras es mejor quedarse con alguien que estar sola y además piensa en los beneficios de la seguridad. Una y otra vez buscar trabajo en lugares que no te inspiran en lo más mínimo pero seducen con la promesa de un buen pasar económico, simplemente para que tengas más dinero para comprar cosas que no necesitas a expensas de ir dejando ir tus ilusiones  lentamente. Estudiar algo que tenga sentido, no vayas a equivocarte en ser un artista que te morirás de hambre y sabes perfectamente que unos pocos afortunados son los que logran el éxito y por supuesto, las personas que te aman no pueden entender que quizás tú seas el próximo ganador pero no interesa, porque te están aconsejando por tu bien.

Y de buenas intenciones está hecho el camino al infierno. Las personas que te quieren siempre te aconsejaran por tu bien, tus padres, tu pareja, tus amigos, el único detalle es que lo que ellos creen que es correcto o beneficioso para ti puede en realidad ser muy poco conveniente en tu vida. Lo más sabio no es seguir los pasos ni consejos de nadie, sino simplemente aprender a escucharte a ti mismo y descubrir por tus propios medios qué es lo que quieres hacer de tu vida.

Si haz de equivocarte es porque tú has tomado una mala decisión, no porque decidiste seguir el camino de otro, es más sencillo perdonar nuestras equivocaciones que perdonarnos el habernos ignorado por completo en pos de los deseos de los otros.

Te invito a reevaluar tu camino, a pensar detenidamente por qué estás donde estás, si ha sido por elección propia o movido por los caprichos de los demás. No dejes que tus sueños mueran en manos de personas que quizás no los entiendan, sigue tu instinto y dedicate a lo que amas, escoge con quien en realidad quieres pasar el resto de tu vida, no pierdas más el tiempo con elecciones equivocadas cuando en el fondo sabes perfectamente lo que tienes que hacer.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

La culpa, nuestra enemiga

Yo hago lo mío y tu haces lo tuyo

No estoy en este mundo para llenar tus expectativas

Ni tú estas en el mundo para llenar las mías

Tú eres tú y yo soy yo

Si casualmente nos encontramos será hermoso

Si no, no importa.

Fritz Peris

Solemos sentir culpa, quedamos atrapados bajo el peso de este molesto sentimiento que puede convertirse en un verdadero obstaculizador de nuestra felicidad. Si bien no somos perfectos y al equivocarnos podemos llegar a lastimar a alguien, solemos abusar del sentimiento de culpa más para castigarnos a nosotros mismos que para resarcir a quienes hemos infringido.

Existen situaciones donde es lícito experimentarla, ¿pero que sucede cuando comenzamos a sentirla cuando no deberiamos? La culpa mal utilizada nos hace sentir que no servimos para nada, que no somos lo suficientemente buenos, que no somos merecedores de amor, que somos crueles.

Una de las raíces de la culpa es el miedo al abandono. Buscamos ser amados y con tal de lograr ese objetivo, moldearemos nuestra personalidad de acuerdo a las personas que nos rodean y las circunstancias, realizaremos actos que no queremos, entregamos nuestra esencia en pos del ideal de que otra persona nos acepte por entero. Lo irónico de todo esto, es que al perseguir los deseos de los demás, vamos generando rencor hacia nosotros, ya que es imposible agradarle a todos a pesar de que sigamos fielmente sus caprichos. Es desgastante pensar todo el tiempo en cómo agradarles a los otros, cómo actuar para que nos aprecien, medir nuestros comportamientos, nuestras actitudes, sólo para que nos amen incluso hasta los extraños. Esa hambre de amor no puede ser apagada con el amor incondicional de los demás, sino que tiene que ser satisfecha por nuestros propios medios. Hasta que no aprendamos a amarnos, respetarnos y sernos fieles a lo que realmente queremos, siempre caeremos en la tentación de convertirnos en seres volubles a merced de las órdenes de los ajenos.

La culpa puede manifestarse tanto a nivel emocional, físico o mental, mediante dolores de cabeza, presión en el pecho, nervios, agresividad intensa, autorreproches.

Existen tipos de personalidad más propensas a sentir culpa excesiva, como aquellos quienes presentan rasgos obsesivos. Todo comienza gracias a que establecemos un ideal demasiado exagerado como para poder alcanzarlo en la realidad y eso va generando dolor, ya que entramos en conflicto con lo que deseamos ser y con lo que somos en la realidad.

Debemos dejar entrar el equilibrio en nuestras vidas y aceptar la complejidad de las experiencias, nada es absolutamente bueno o malo. Hay que desechar el pensamiento negativo que no deja ver más allá de nuestras propias narices y nos limita en cada área de nuestra vida. Ser extremadamente estrictos con nuestros actos y siempre buscar acatar las normas de los demás a pesar de que no queramos, simplemente hacerlo porque es lo correcto contribuye también a paralizarnos emocionalmente. No podemos perder el tiempo y la energía en intentar arreglar la vida de todo el mundo, esas fuerzas las necesitamos volcar en nosotros para fortalecernos y una vez que lo logremos, ahí si poder ayudar. La búsqueda de la perfección se convierte en una trampa muy difícil de escapar, caemos en una utopia que jamás será alcanzada ya que la perfección no existe y eso está bien.

Teniendo en cuenta estas cosas, debemos observar la culpa bajo la lupa del análisis, desentrañar por qué sentimos lo que sentimos y si estamos en lo cierto de sentirnos tan mal. Este sentimiento se convierte en un peso que nos arrastra a la tristeza y no es necesario que siempre estemos pendientes de qué hacemos, qué decimos, para agradar a los demás. Si vives tu vida bajo la sombra del deseo ajeno, jamás tendrás la oportunidad de comprender cuán maravilloso puedes llegar a ser si tan sólo comenzaras a pensar de acuerdo a la armonía de tus propias ideas.

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¿Por qué se abandonan las terapias?

Cuando nos enfrentamos a la terapia psicológica elementos profundos comienzan a movilizarse en nosotros, aprendemos a vernos de una manera distinta y a la vez comprendemos que somos nosotros los que debemos realizar los cambios. Ninguna terapia tendrá un efecto significativo si la persona no se compromete de manera absoluta al tratamiento.

El problema es que a veces nos damos cuenta de que hay cosas que no queremos cambiar, como siempre digo, el cambio es díficil, muy necesario, pero difícil. Y en realidad este «no querer cambiar» está asociado a un deseo de permanecer en la misma situación, no porque se sea feliz necesariamente, sino porque el esfuerzo que requiere el cambio usualmente se hace agotador y la impaciencia gana. Se desea con ansias que el tratamiento resulte efectivo de inmediato y si bien se pueden lograr ciertas cosas en un número pequeño de sesiones, no se solucionará la problemática principal de inmediato, eso requiere tiempo.

Todos tenemos límites y somos concientes de ellos, a veces estamos convencidos de que no podemos lograr algo, de que no tenemos la fuerza suficiente, y yo considero que a veces no nos desafiamos a nosotros mismos. Hemos logrado cosas de las cuales no nos creíamos capaces de realizar tan sólo por intentarlo. A veces no nos queda otra alternativa que sacrificarnos y hacer todo lo humanamente posible para ir más allá de lo que creemos que no es posible para nosotros, debemos buscar en lo más hondo de nuestro ser para encontrar esa fuerza que finalmente nos ayudará a lograr nuestro objetivo terapéutico.

Existen factores que influyen en el abandono del tratamiento. Las personas quienes tienen un trastorno severo, una historia psiquiátrica de larga data, quienes sufren de una enfermedad crónica, los que padecen ciertos síntomas como sentimientos paranoides y esquizoides, las personalidades psicopáticas, el alcoholismo, trastornos de personalidad, entre otros elementos tienen una probabilidad más alta de dejar la terapia. Es importante que la motivación individual del consultante a favor del cambio no decaiga, que se establezca un vínculo agradable con el entrevistador donde el consultante pueda sentirse seguro.

No existen milagros en el área de la Psicología, pero sí existen mejoras y es en eso donde debemos concentrarnos y continuar trabajando para ser cada día mejor, no para satisfacer los deseos de los otros sino nuestros propios deseos, para ser mejor ante nuestros propios ojos y seducirnos a nosotros mismos.

 

 

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Cómo vencer la apatía

Te despiertas gracias al maldito reloj despertador, remoloneas en la cama esperando quitarte el sueño que no quiere dejarte ir. A duras penas logras abrir los ojos y quizás puedas beber un poco de café, o tal vez es demasiado tarde y debes apresurarte a vestirte. Un nuevo día y tú con cada vez menos ganas de hacer lo mismo una y otra vez. La mañana y la tarde se desgranan lenta, pesadamente, estás apático.

Cuando sentimos apatía es como si nuestro entusiasmo saliera corriendo por la puerta y sin planear regresar en un futuro cercano. No hay fuerza, no hay deseo, no hay ánimo. Nos convertimos en pequeños automatas realizando las mismas tareas de siempre y dejamos escapar las horas ausentes de lo que nos rodea, como si estuvieramos en una especie de piloto automático, realizando nuestras tareas por inercia.

Sin embargo, no podemos dejar que ese sentimiento tan molesto se apodere de nosotros, hay que darle pelea. Una de las maneras que encontramos es planeando algo lindo para nosotros. Los lunes por ejemplo, se convierten en una verdadera tortura para muchos, el fin de semana es lo más esperado y cuando finalmente llega dura lo mismo que un respiro, el descanso no ha sido suficiente y llegamos al lunes con un dejo amargo en nuestro espíritu. Así que no hay nada mejor que planear algo entretenido para quebrar con la rutina. Las cosas más sencillas pueden convertirse en poderosos aliados. Por ejemplo, puedes decidir ir a ver una buena pelicula con algún amigo o tu pareja, planear una cena informal con un par de amigos, puedes ir de compras, dedicarte a leer un libro, salir a caminar, a andar en bicicleta. La idea es que te enfrasques en una tarea que no hagas usualmente, asi irás rompiendo con la monotonía que te convierte en una sombra de ti mismo.

Al principio será difícil querer hacer algo cuando estás tan desmotivado, pero si al menos logras despertar en ti un mínimo grado de fuerza y comienzas a reaizar algo, verás que a cada minuto esa tarea se hace más sencilla y placentera hasta que sientes que fue una excelente idea desatender el impulso inicial de no hacer nada.

Cada día se convierte en una oportunidad para ser feliz y si quizás aun no has descubierto cuál es el gran propósito de tu vida o quizás aún la pasión no se haya despertado en ti, de todas maneras puedes disfrutar de tus espacios de soledad para autodescubrirte. Conocerse a uno mismo se convierte en una tarea intensa y emocionante, somos un universo complejo que vale la pena descifrar y a medida de que vayas concientizandote de todo lo que eres capaz, la vida comienza a poner las piezas en su lugar, como un gigante puzzle.

Comienza moviéndote, realizando una pequeña actividad para quitarte de encima ese sentimiento de que nada vale la pena o de que todo es aburrido. Comienza ahora, disfruta el presente y sorprendete a ti mismo.

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Las emociones negativas

Ser felices es importante, es hermoso, se siente maravilloso, pero tampoco podemos caer en la necedad de negar nuestras emociones «negativas«. Es imposible ir por la vida sin sentir tristeza, angustia, dolor, odio, rencor, mal humor en algún momento nos vamos a enfrentar a estos sentimientos y no podemos huir de ellos, tenemos que darnos la oportunidad de sentirlos.

Lo que debemos tener en cuenta es que debemos atravesar por las emociones negativas y no suprimirlas, debemos darnos el tiempo para sentirlas, abrazarlas y considerarlas parte de nuestro ser. Esto no significa que debamos dejar que controlen nuestra vida y que todo lo que podamos llegar a sentir siempre esté cubierto bajo el velo de esta angustia. El dolor es parte de nuestra rutina, debemos aprender a sentirlo y sobrellevarlo cuando llega el momento, pero una vez que ese momento pasó, no hay nada que nos impida continuar trabajando en nuestro bienestar.

Lo que importa es nuestro tiempo, debemos ser sinceros y si necesitamos expresar nuestro mal humor, angustia, depresión, debemos hacerlo. Intentar ser felices, caer en el juego de usar falsas sonrisas para que los demás no se preocupen o simplemente nos dejen en paz, no va a conducir a ningun crecimiento personal real. La felicidad para que pueda ser disfrutada, tiene que ser genuina, de nada sirve engañar a los otros ni a nosotros mismos en el proceso. Debemos ser concientes de lo que sentimos, debemos lidiar con ellos y darnos el permiso de caer, jamás olvidando que el dolor es un momento y como todo instante pasara. Si ahora crees que es el fin del mundo, mañana abriras los ojos y te daras cuenta de que no es tan así. Date tu tiempo para sufrir pero no te olvides de sanar. Y hazlo por ti, no por nadie más que por ti, no intentes brindarle al mundo una imagen sólo porque crees que es la imagen que los demás quieren ver. Cuando aprendemos a amar todas las partes de nuestro ser, las negativas, las positivas, aprendemos a aceptarnos, y cuando realmente podemos apreciar la imagen que el espejo nos devuelve, es cuando estamos en el buen camino, el camino que nos conducirá a ser lo mejor que podemos y queremos ser.

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No te enojes contigo

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A veces nos ponemos en la vida metas tan altas que son casi imposibles de alcanzar, porque antes de lograr lo que deseamos debemos trabajar en nostros mismos. Eso quiere decir, que si no dedicamos tiempo a cuidarnos, a nutrir nuestro cuerpo y nuestro espíritu, estamos perdiendo la oportunidad de ser más de lo que somos.

Muchas veces nos comportamos como nuestros peores enemigos por razones inconcientes. Tendemos a enojarnos mucho con nosotros y ni siquiera nos damos cuenta, pero el cuerpo y nuestro estado de ánimo se quejan, porque son ellos quienes sufren las consecuencias de nuestra propia rabia.

¿Qué es lo que causa ese enojo? Cuando nos imponemos un ideal tan alto que es díficil de obtener en poco tiempo nos frustramos porque no lo obtuvimos dentró de la fecha límite que inventamos, por lo tanto somos unos fracasados. Si nos adentramos en una dieta tan estricta que está invitando a ser quebrada, nos enojamos porque no tenemos fuerza de voluntad. Si tenemos 30 años y todavía no somos exitosos ni millonarios nos enojamos porque nos sentimos unos eternos perdedores. Si somos incapaces de mantener una relación amorosa estable, nos enojamos porque algo malo debemos tener para que nadie se fije en nosotros. Y así pasamos la mayor parte de nuestra vida, enfureciéndonos y haciéndonos daño en consecuencia.

El daño causado es muy variable, desde el auto sabotaje en distintas áreas de nuestra vida hasta adoptar una adicción. Es como si debieramos castigarnos por no haber podido alcanzar ese ideal que irónicamente nos impusimos nosotros mismos. ¿No creen que somos demasiado exigentes a veces?

Es necesario abandonar un poco esa necesidad extrema de control, es verdad que somos los responsables de nuestra vida, pero también es cierto que hay ciertas situaciones que escapan a nuestro dominio, situaciones externas que deben ser aceptadas, asimilidades y aprender a reaccionar del modo apropiado ante ellas. Por ejemplo, en una entrevista laboral, quizás tú seas el más adecuado, tengas una experiencia y un conocimiento envidiable, pero si al entrevistador no le llamaste la atención (algo por completo subjetivo), no importa que tan bueno seas. Aquí no tienes el control y si no eres convocado para ese puesto no neceseriamente fue tu responsabilidad, así que castigarse por algo que no dependía por entero de ti, no tiene sentido.

Siempre cometemos un error y ese es el de compararnos con otros. Si cierta persona logró eso que nosotros queríamos, ¿por qué nosotros no? ¿La vida es injusta? ¿Es cuestión de suerte? En realidad obtener nuestras metas depende de muchísima paciencia, constancia, preparación. Nada sucede porque sí, e incluso nuestros grandes heróes debieron luchar para estar donde están, así que en vez de compararse con otros, lo que debemos hacer es mirarnos y pensar cuáles son las herramientas que ya tenemos y cuáles son las que nos faltan, así será más fácil ponernos a trabajar en vez de pensar nada más y quejarnos.

Otro de los errores que cometemos es basar nuestra autoestima específicamente en nuestra área laboral, como mencione, muchas cosas escapan a nuestro control, y en el ámbito laboral es cuando podemos observar el mayor número de injusticias. Gente que obtiene buenas posiciones tan sólo por su habilidad de tener buenos contactos sociales, malos compañeros sin escrúpulos que ascienden laboralmente derribando a los demás sin piedad, trabajos exigentes muy mal pagos, jefes injustos sin el más mínimo dejo de compasión por sus empleados. Pensemos, si estamos inmersos en un nido de serpientes no podemos castigarnos por no poder destacarnos, evidentemente es hora de cambiar de trabajo, pero a veces no es tan sencillo, así que es una enorme pérdida de energía basar nuestra valía en algo que nuevamente está lejos de demostrar quiénes somos.

Tampoco debemos acostumbrarnos a dejar que los demás nos midan bajo sus propias reglas, eso quiere decir que si por ejemplo nuesta familia o amigos esperaban un comportamiento, una carrera, un logro, y nosotros no lo hacemos, está bien. No podemos vivir nuestra vida complaciendo a los demás, es una tarea imposible porque todos somos distintos y mientras estás complaciendo los caprichos de alguien, estás desatendiendo los de otro, así que te metes en una trampa sin salida que solamente te hará sentir terrible contigo mismo. No vivas para los demás, vive por ti, después de todo es tu vida, ¿no es cierto?

En lugar de odiarnos, debemos amarnos. Debemos aprender a identificar por qué estamos enojados con nosotros y creánme, lo estamos. Cada vez que nos herimos ya sea física o psíquicamente estamos destruyendo la posibilidad de ser mejores, de vivir una vida feliz. Todos tenemos derecho a ser felices, a poder experimentar optimismo, alegría, amor, orgullo, no tiene sentido castigarse por algo que es una mentira que nos creamos. Jamás seremos fracasados si estamos luchando por ser mejores. Cuando tú te rindes y te hieres, es cuando en verdad pierdes.

 

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Discapacidad…¿Impedimento?

No es fácil tener una discapacidad, vivir de acuerdo a reglas distintas a los demás, sin embargo, esto no quiere decir que no podamos tener una vida plena a pesar de tener un impedimento físico.

Una de las cosas en las que más tenemos que trabajar es en adaptarnos a la situación, hay personas quienes nacen ya con determinada discapacidad, lo que en cierta medida hace la situación un poco más sencilla, ya que esta ha sido asumida como parte de su vida. Las personas que hasta el momento han sido sanas y de pronto se ven diferentes son quienes pueden sentir más difícil la situación de adaptación.

Al ser algo físico debemos siempre asistir a las consultas que el médico nos dicta, para hacer un seguimiento de la situación o acatar el tratamiento que se nos ha especificado. Para aceptar la nueva situación es recomenadable asistir al psicólogo, también es beneficioso compartir tu experiencia con otros quienes hayan pasado por lo mismo que tú, los grupos de autoayuda son una excelente herramienta para estos casos.

Sin un accidente te ha empujado a abandonar tu sueño, es hora de que aprendas a buscar en tu interior y descubras nuevos intereses. Los hobbies ayudan a mantener la mente despejada, a entreternos y a sentir que hacemos algo valioso para nosotros. Tú sigues siendo tú, deberas adaptarte a otras reglas, a otros cuidados, pero tienes el derecho a ser feliz y a explorar nuevas chances.

Lo fundamental es la aceptación y el amor propio. A veces uno cuando ha perdido la imagen que tenía de sí mismo comienza a desvalorizarse, a perder las buenas cualidades que en un momento supo tener, la persona se hunde en la depresión y arrastra consigo a los que ama, quienes se sienten impotentes ante lo que está aconteciendo. Está bien permitirte sentir enojo, frustración, tristeza, rabia, todo lo que desees, tampoco es válido guardar estos sentimientos o mentirse a uno mismo y a los demás, pero por eso debes buscar aliados para poder salir de ese estado. Es esperado sentirse mal en estos casos, es aconsejable dejar fluir los sentimientos y no intentar mostrar una máscara al mundo o forzarse a sentir algo que no es verdadero. Tenemos que ser pacientes y darnos todo el tiempo que necesitemos y cuando estemos preparados, será el momento de comenzar de nuevo. No hay lugar para el orgullo, no está mal pedir ayuda, no está mal admitir que necesitamos del cariño y el apoyo de quienes nos rodean.

 ¿Qué hacer con una discapacidad congénita?

En estos casos se necesita todo el apoyo de los padres, primero los padres deben aceptar las condiciones en que su hijo ha venido al mundo, procesarlas, tener mucha fortaleza. Cuando aceptamos lo que sucede, estaremos más aptos para brindarle un ambiente cálido y fortalecedor al niño, desde la comprensión de la situación. Los padres deben sentirse poderosos, confiados y tranquilos, ya que estas cualidades serán transmitidas a su hijo. Si nosotros no podemos aceptar la enfermedad, le estaremos brindando un mensaje terrible a nuestro hijo, quién sufrirá aún más y sentirá rechazo hacia si mismo. Debemos servirle de ejemplo para que pueda elaborar confianza en sí mismo.

Todos conocemos casos en los cuales una discapacidad no ha sido impedimento de nada, muy por el contrario, ha empujado a artistas a expresarse de maneras poco convencionales y creativas. Hay personas que han tomado una desgracia en el terreno de la salud y lo han sabido convertir en algo muy positivo. Incluso las personas con discapacidad pueden llegar a ver el mundo de una manera más optimista y agradecida que el resto. Ellos no creeran que el fin del mundo se encuentra en las tonterias de las cuales la mayoria de las personas se quejan, sabran apreciar hasta la más mínima cosa que la vida les ha brindado, podrán ver milagros donde los demás no son capaces de ver nada. Una vida desde el agradecimiento y el disfrute de cada pequeña actividad inevitablemente construye una visión del mundo enriquecedora y feliz. La gente sana muchas veces no sabe apreciar las bendiciones que tiene y da por sentado cosas que para otros significan todo, como el caminar, el escuchar, el ver.

La complejidad psíquica que los sujetos con discapacidad experimentan no es algo para tomar a la ligera y considero vital el poder compartir lo qué les sucede con personas que han atravesado por lo mismo. Una vez que la persona ha podido aceptarse a sí misma, considero que no hay limites para lo que puede llegar a construir a nivel personal y he visto también que a veces tener todas las ventajas de la salud es lo que puede llegar a convertirse en nuestro impedimento.

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Optimismo y Pesimismo

3903261Cuando nos permitimos mirar nuestra vida y nuestras experiencias bajo el lente del optimismo, nos convertimos en seres más perseverantes, más tolerantes, más completos, seres que somos capaces de aprender de las experiencias, incluso de las negativas, que pueden llegar a fortalecernos. En palabras de Martin Seligman en su libro Learned Optimism «el optimismo aprendido no es el redescubrimiento del poder del pensar en positivo…Cambiar las cosas destructivas que te dices a ti mismo cuando experimentas los contratiempos que la vida nos reparte a todos nosotros es la habilidad fundamental del optimismo».

La diferencia básica entre un pesimista y un optimista reside en algo tan sencillo como su manera de interpretar las situaciones. El estilo explicatorio optimista se caracteriza por tres puntos importantes que son la internalidad, la estabilidad y la globalidad para los buenos eventos:

  • INTERNABILIDAD: La causa del evento está dentro de mi control
  • ESTABILIDAD: La causa del evento siempre está presente
  • GLOBALIDAD: La causa de ese evento no solamente influirá en el evento presente sino también en otros eventos

Los eventos buenos desde la perspectiva del estilo explicatorio pesimista:

  • EXTERNABILIDAD: la causa del evento nunca está bajo mi control
  • INESTABILIDAD: la causa del evento no siempre está presente
  • ESPECIFICIDAD: la causa del evento se aplica especificamente al evento presente

Para los pesimistas los buenos eventos no dependen de él, son aquellos que se presentan como externos, inestables y específicos. Sin embargo, los malos eventos son los que consideran internos, globales y estables.

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Estudios realizados demostraron que tras la exposición a algo dañino y molesto se aprende un sentimiento de indefensión, uno cree que no puede cambiar ni controlar lo que le sucede.  Un gran porcentaje de los testeados no demostraron ningún interés en luchar contra lo molesto en un segundo intento, de antemano se daban por vencidos, solamente por haber estado expuestos una vez a lo negativo.

Muchas personas funcionan de esta manera, una vez que son heridos en el amor, tienen un accidente, son despedidos, etc, asumen que todo saldrá mal en una siguiente oportunidad, limitándose a sí mismos de continuar viviendo una vida de calidad.  Aunque no todo está perdido, uno puede aprender a ser optimista y en la siguiente entrega trataremos este tópico.