Intención en acción

¿Realmente cumplimos  nuestras metas? Cada vez que comienza el año, nosotros estamos llenos de energía y esperanza en cuanto a todo lo que vamos a lograr. Usualmente nos quejamos del año que pasó porque no ha traído demasiados cambios y abocamos nuestras plegarias al nuevo comienzo. Sin embargo, la magia inicial poco a poco se desvanece y antes de que podamos siquiera recordar nuestras propias promesas, nos vemos involucrados en los pasos anteriores que nos conducirán exactamente al mismo lugar. Y el año que viene la historia se repetirá, nos estaremos quejando del 2010 y prometiéndonos que el 2011 será cuando realmente todas las piezas de nuestro mágico puzzle  finalmente encajen.

¿Qué podemos hacer para quebrar este círculo vicioso? Primero tener en claro lo que queremos. Compra una agenda o un cuaderno y dedícale unas páginas a cuáles son tus metas. Recuerda que éstas deben ser específicas como «quiero salvar el examen de biología». Una vez que ya lo tengas, divide las páginas en secciones diarias, anotando qué fue lo que hiciste hoy (no importa cuan grande o pequeño) para estar más cerca de tus sueños. Cada día debes releer tus metas y dedicarle al menos unos minutos a acercarte a ese sueño, debes mantenerlo fresco en tu mente, de lo contrario la voluntad y la ilusión comienzan a desvanecerse y tus buenas intenciones no dejan de ser eso, intenciones.

Otra cosa que funciona es anotar tus metas en el pasado, por ejemplo : «ya salvé ese examen» «ya obtuve mi empleo deseado». Imaginate que ya lo has logrado, piensa que ya estás en esa situación, concentrate en cómo te sientes, esa sensación de logro y alegría. No dediques tiempo a los obstáculos, a lo lejos que puedan parecer esos objetivos ahora, piensa que ya lo has conseguido y no dejes ir esa mentalidad que se apoderara de ti con este simple juego.

Debes hacer un compromiso contigo mismo y entiende que mereces tener todo lo que te propongas. No permitas que este año se quede sólo en el nivel de la intención, actúa ya para convertir tus sueños realidad.

Esa malvada voz interior

Es curioso ver como detestamos que los demás nos presionen, cómo odiamos las críticas que los demás ostentan contra nosotros, cómo nos ponemos a la defensiva ante cualquier comentario negativo…Es curioso que nos ofendamos con los otros, pero cuando las críticas, las presiones, los comentarios ofensivos y degradantes provienen de nuestro propio interior, entonces son bienvenidos. Gracioso, ¿no?

Ni siquiera nos percatamos de esa malévola voz en nuestra cabeza que nos dice que no servimos para nada, que ni siquiera lo intentemos, que no merecemos la gloria, que debemos descuidarnos, porque ¿para qué perder el tiempo en nuestra salud si no la merecemos? ¿Merecemos vivir acaso? ¿Nuestra vida tiene algún significado? Desde los comentarios más inocentes hasta los más despiadados, nuestra cruel voz interior va abriéndose camino en nuestro ser y va dejando un rastro venenoso que afecta nuestras decisiones.

No somos libres de hacer lo que queremos, de intentar nuevas cosas, de desafiar nuestros límites, de crecer como seres humanos, si constantemente ante el más mínimo atisbo de independencia nos atacamos como si fueramos los peores enemigos que podamos imaginar. Nos quedaremos eternamente confinados a la situación en la que nos encontramos, sin posibilidades de cambio, sin nuevas experiencias que enriquezcan nuestra vida, seremos esclavos de nuestras propias decisiones porque hemos decidido  escuchar a nuestro lado oscuro, ese que nos empuja hacia el abismo de la desilusión.

La buena noticia es que no tienes porque dejarte de escuchar a ti mismo, simplemente debes aprender a dialogar y a refutar esas críticas. Cada vez que en tu mente aparezca esa sensación de que no eres bueno para algo de inmediato debes responderle ¿y por qué? Seguramente tendras una lista muy larga de todas las cosas que están mal en ti y porque no mereces nada, sin embargo, cuando hayas repasado todas esas cosas horribles de ti mismo detentente un momento, respira profundo y defiendete. De inmediato piensa en todas las cosas buenas que tienes, tus fortalezas, tus logros, tus relaciones fructíferas, tu trabajo, tu carrera, tu familia, todo lo bueno que tengas despliegalo en ese mometo y dilo con convicción y placer.

Cada vez que debas enfrentarte a los comentarios maliciosos que estás tan presto a escuchar, no permanezcas pasivo, discute contigo mismo ese argumento, busca la manera de verle el lado positivo, no permitas que tú mismo arruines tus planes, que pierdas oportunidades. Nosotros debemos sacarle partido a nuestra propia sabiduría, a veces tenemos cosas muy inteligentes para decirnos, simplemente hay que saber distinguir cuando estamos siendo realistas o simplemente nos estamos haciendo daño. No te dejes vencer por tu propia negatividad, por tu falta de amor, sólo vale la pena escucharnos cuando tenemos algo interesante que compartir, algo que nos haga ser mejores, no que nos haga sentir que todo lo que hemos hecho está mal. Ponle un freno a los pensamientos fatalistas, quítale dramatismo a las situaciones, si utilizas la fantasía que no sea para pensar que todo saldrá mal. Trata de ser objetivo, lo que no quiere decir negativo, se puede ser optimista y realista al mismo tiempo. Si tu voz interior continúa siendo cruel, puedes intentar compartir tu preocupación con alguien más, pero sobre todo no te dejes llevar por el pensamiento de que todo saldrá mal, piensa en todas las razones por las cuales todo saldrá bien. Comienza a jugar a tu favor.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Cómo vencer la apatía

Te despiertas gracias al maldito reloj despertador, remoloneas en la cama esperando quitarte el sueño que no quiere dejarte ir. A duras penas logras abrir los ojos y quizás puedas beber un poco de café, o tal vez es demasiado tarde y debes apresurarte a vestirte. Un nuevo día y tú con cada vez menos ganas de hacer lo mismo una y otra vez. La mañana y la tarde se desgranan lenta, pesadamente, estás apático.

Cuando sentimos apatía es como si nuestro entusiasmo saliera corriendo por la puerta y sin planear regresar en un futuro cercano. No hay fuerza, no hay deseo, no hay ánimo. Nos convertimos en pequeños automatas realizando las mismas tareas de siempre y dejamos escapar las horas ausentes de lo que nos rodea, como si estuvieramos en una especie de piloto automático, realizando nuestras tareas por inercia.

Sin embargo, no podemos dejar que ese sentimiento tan molesto se apodere de nosotros, hay que darle pelea. Una de las maneras que encontramos es planeando algo lindo para nosotros. Los lunes por ejemplo, se convierten en una verdadera tortura para muchos, el fin de semana es lo más esperado y cuando finalmente llega dura lo mismo que un respiro, el descanso no ha sido suficiente y llegamos al lunes con un dejo amargo en nuestro espíritu. Así que no hay nada mejor que planear algo entretenido para quebrar con la rutina. Las cosas más sencillas pueden convertirse en poderosos aliados. Por ejemplo, puedes decidir ir a ver una buena pelicula con algún amigo o tu pareja, planear una cena informal con un par de amigos, puedes ir de compras, dedicarte a leer un libro, salir a caminar, a andar en bicicleta. La idea es que te enfrasques en una tarea que no hagas usualmente, asi irás rompiendo con la monotonía que te convierte en una sombra de ti mismo.

Al principio será difícil querer hacer algo cuando estás tan desmotivado, pero si al menos logras despertar en ti un mínimo grado de fuerza y comienzas a reaizar algo, verás que a cada minuto esa tarea se hace más sencilla y placentera hasta que sientes que fue una excelente idea desatender el impulso inicial de no hacer nada.

Cada día se convierte en una oportunidad para ser feliz y si quizás aun no has descubierto cuál es el gran propósito de tu vida o quizás aún la pasión no se haya despertado en ti, de todas maneras puedes disfrutar de tus espacios de soledad para autodescubrirte. Conocerse a uno mismo se convierte en una tarea intensa y emocionante, somos un universo complejo que vale la pena descifrar y a medida de que vayas concientizandote de todo lo que eres capaz, la vida comienza a poner las piezas en su lugar, como un gigante puzzle.

Comienza moviéndote, realizando una pequeña actividad para quitarte de encima ese sentimiento de que nada vale la pena o de que todo es aburrido. Comienza ahora, disfruta el presente y sorprendete a ti mismo.

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No te amo…pero me quedo

“Hace dos años descubrí que mi marido me fue infiel. Mi mundo se vino abajo, ahora lo miro y mi esposo me da asco, no quiero me toque, no soy feliz con él. Pero no me voy a ir, no, porque es muy difícil…No hay manera, tengo dos hijos chicos…Y es muy difícil…Yo que sé, supongo que puedo perdonarlo algún día…¿Y cómo voy a hacer para mantenerme? Tampoco voy a perder todo porque el idiota metió la pata, ¿no? Sí, yo me quedo, es lo mejor para mis hijos…lo mejor para mí, ¿no? ¿Por qué como me voy a mantener con mi sueldo? ¿Y las comodidades? No voy a dejar que otra se aproveche de todo lo que mi marido ha logrado, porque yo estuve ahí cuando él se hizo de abajo, yo, no la otra, ¿me entendés no? Y además mis hijos, no quiero que sufran…Mejor ni te cuento acerca de mis padres, ¿sabes lo que van a pensar de mi? No quiero que me vean como una fracasada, no quiero ser igual a mi hermana. Yo era la perfecta, no voy a dejar que nadie deje de verme así por culpa de él, no le voy a dar el gusto.”

Carina tiene 42 años y se encuentra en un momento complicado de su vida. Su marido a quien adoraba la traicionó, la irónica vida tuvo la desfachatez de demostrarle que su vida no es perfecta como todos piensan, como ella misma creía que era. Aquí vemos su encrucijada, continuar sin él o quedarse con quien ya no ama, con quien desprecia.

La historia de Carina es una de las historias más comunes que se ven en la clínica, lamentablemente las personas no se comportan todo lo bien que deberían comportarse, las tentaciones existen y el amor muere, ¿pero qué hacemos con esto?

Uno de los más grandes errores que pueden cometerse es quedarse con alguien a quien no se ama, cambiar  nuestra felicidad, nuestra vida, nuestra independencia por alguien que no respetó a su familia en un primer lugar. La infidelidad es en extremo compleja y está a criterio de cada uno cómo actuar ante esta eventualidad, el problema es cuando sabemos que por más que lo intentemos no podemos perdonar a alguien o simplemente el amor eterno que le profesábamos a nuestra pareja resultó ser no tan eterno.

Hombres y mujeres, pero más que nada mujeres lamentablemente, en ocasiones se ven atrapadas en una red de auto desprecio, mentiras, falta de respeto y amor propio. Cuando el amor se extingue deciden quedarse con su pareja bajo el estandarte de las más variopintas excusas. La más común, los hijos. Comencemos a quebrar este mito. Cuando una persona no es feliz con otra resulta demasiado notable, no quizás para aquellos que apenas comparten unos momentos o unas horas en nuestra vida, pero sí para quienes viven bajo el mismo techo. Agotados de estar montando un espectáculo cada vez que estamos fuera de nuestro hogar, cansados de convencer a todos de que la vida es maravillosa, cuando se llega a la casa nuestros pesados disfraces caen y a quienes prometíamos protección, son quienes deben convivir con la verdad. Nuestros hijos son los mudos testigos de las peleas, del mal humor, de las ausencias, de las miradas asesinas cubiertas bajo falsas sonrisas, de las palabras llenas de furia susurradas al pasar. ¿Realmente somos tan ilusos como para creer que los niños no entienden nada? ¿Nos creemos más inteligentes que ellos? La realidad es que lo entienden todo, no con la claridad de un adulto por supuesto, pero tienen la experiencia suficiente para saber que mamá y papá ya no se soportan, no importa cuánto esfuerzo ni actuación pongamos de nuestra parte. Aceptémoslo, ellos son una parte de nuestra vida y como tal, aprenden a leer nuestro corazón, aprenden a escuchar aquello que no nos atrevemos a decir ni a nosotros mismos. Así que si realmente crees que quedarte con tu esposa o con tu marido una vez que el amor se esfumó es lo mejor para los niños, piénsalo dos veces, porque estás por muy mal camino.

La excusa número dos: el dinero. Es imposible que aprendamos a mantenernos por nosotros mismos, nadie nos va a dar trabajo, no sé hacer nada, nadie puede ayudarme.  Cuando lamentablemente nos vemos atados por el dinero, es cuando más tenemos que apelar a nuestra creatividad y a nuestra red de contactos. Les aseguro que si se mueven lo suficiente, si explican su situación, si apelan a algún talento perdido, hay muchas maneras de obtener dinero extra. Quizás es cierto, al principio las comodidades no serán las mismas, pero nuestra pareja tiene obligaciones legales, así que técnicamente nuestros hijos continuarían recibiendo el dinero que les corresponde. No hay que cerrarse a la oportunidad, hay que reflexionar sobre la situación e intentar buscar la mejor opción. Quedarse en un matrimonio frío por dinero nos hace esclavos.  A veces es necesario tragarse el orgullo, levantarse, sacudirse el polvo y continuar adelante con la cabeza erguida, pedir  ayuda no es señal de debilidad, sino de inteligencia.

La excusa número tres: lo que los demás piensan de mí. Damos demasiada importancia a la opinión de los otros, tanto que les obsequiamos el poder, les permitimos que sean ellos quienes decidan sobre nuestras vidas y nuestro actuar, como verdugos sin compasión que nos destruirán y sonreiremos estúpidamente cuando nos corten la cabeza. ¿Por qué continuamos cayendo en esta mentira, una de las más peligrosas de todas? La gente dirá lo que quiera de nosotros sin importar cuán excelsa o desastrosa sea nuestra vida en este momento, siempre hay algo que decir, algo sobre lo cual especular, algo sobre lo cual mentir, algo que nos baje de nuestro pedestal con una piedra. ¿Vamos a vivir nuestra vida como títeres sin decisión? ¿Nos amamos tan poco que vamos a dejar que personas que viven vidas peores que las nuestras se conviertan en los maestros de nuestro destino? Reflexionen…¿recuperamos nuestro poder? Los comentarios de los demás son relevantes en la medida en que nosotros permitimos que lo sean.  Si decidiéramos rebelarnos, ser como somos, vivir bajo nuestras propias decisiones, ¿no sería estupendo? Si esa persona que cree que es mejor que yo es feliz mintiéndose así misma, ¡genial! Nadie puede herirte a menos que tú les des tu consentimiento y un divorcio no es un fracaso, es simplemente honestidad. Lo que digan los otros jamás ha sido importante, simplemente nos hemos creído la mentira de aquellos a quienes les conviene que pensemos que las tonterías que dicen tienen algún tipo de relevancia.

La verdadera razón: MIEDO. Todos tememos a los cambios y sobre todo al ESFUERZO que implican los mismos, nadie ha dicho que ser los dueños de nuestra vida sea fácil, pero la alternativa es la verdaderamente aterradora. Dejar que nuestras decisiones se basen en lo que nosotros creemos que quieren los otros es agotador y no hay nada más triste que jamás ser los dueños ni siquiera de nuestra felicidad. Si vas a ser infeliz, al menos hazlo por ti y no por complacer el morbo de quienes desean verte caer. Quedarse con quien no amas es triste para ti y para quienes te aprecian, es doloroso para tus hijos y para tu autoestima, te conviertes en una sombra y los años transcurrirán dolorosamente mientras te vas extinguiendo en pos de excusas sin sentido. La comodidad, hasta la pereza me atrevería a decir, son pesadas cadenas de las cuales debemos escapar. Debemos trabajar en pos de nuestra propia alegría, debemos ser quienes establezcamos nuestras propias reglas, debemos estar con quienes amamos y nos aprecian. Si vamos a equivocarnos, a caer, que al menos sea porque decidimos vivir una experiencia, no porque alguien más decidió por nosotros. La vida es demasiado corta y hay que saber tomar las decisiones a tiempo. La vida es demasiado fácil, somos nosotros quienes la complicamos decidiendo hacer lo que creemos que es correcto, nuestro corazón no nos miente y a veces es más sabio que todas nuestras racionalizaciones. Somos los dueños de nuestro destino y cuando aprendamos esta verdad, finalmente seremos libres.

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Lento pero seguro

¿Por qué todo tiene que ser ahora? ¿Por qué queremos cambiar en un día hábitos que hemos tenido por años? Nuestros planes laborales o nuestra idea de dejar atrás una adicción o algún mal hábito que hemos adquirido se convierten en un disparador de ansiedad. Lo queremos ya, hoy hemos decidido cambiar de trabajo, bajar de peso, dejar el cigarro, hoy será el gran día…Una semana mas tarde (a veces un poco antes o un poco después) como nuestra resolución no ha llegado a buen puerto, simplemente tiramos todo por la borda, decimos «esto es inútil» y volvemos mansamente a ser quiénes eramos antes de nuestro fallido intento por cambiar.

Sobreestimamos lo que podemos hacer en un mes o un año, pero subestimamos lo que podríamos llegar a lograr en un período de tiempo más prolongado. Una adicción es algo díficil de superar y no será dejada atrás simplemente porque expresamos el deseo de hacerlo, requerirá trabajo, paciencia, mucho esfuerzo. Y esto es aplicable a todas las decisiones de cambio que tomamos. El esfuerzo, la inversión en el tiempo y la infinita paciencia se convierten en nuestros mejores aliados cuando apuntamos a mejorar.

Si, quizás no lo podamos lograr hoy, quizás en dos años, en cinco, en diez, ¿qué interesa? El punto es que LO LOGREMOS. Piensen que el tiempo transcurre de todas maneras, no podemos detenerlo ni acelerarlo a nuestro antojo, es lo que es y con eso debemos trabajar. Recuerden algún logro de su vida, recuerden todas las ansias que pusieron para ese tan esperado momento y finalmente llegó, en ese momento se olvidan de todos los años, todo el tiempo de espera, ya no importa todo el sacrificio pasado porque el éxito es ahora, todo lo demás ha quedado atrás y AHORA están pudiendo disfrutar. Sucede con todas nuestras metas, una vez que las obtenemos podemos relajarnos y disfrutarlo y en ese momento ya no importa más nada, nos olvidamos por completo de todos los obstáculos que debimos sortear, ya no importa porque finalmente nos salimos con la nuestra.

Las metas son un proceso y debemos disfrutarlo, sientete contento conque hoy no has fumado diez cigarros sino 9, que no te has devorado esa torta sino que sólo has probado un poco, que has obtenido al menos una entrevista laboral. Cada pequeño paso VALE, puede parecernos insignificante, tonto, nos impacienta, pero cuando transcurra el tiempo necesario, veremos que lentamente fuimos armando un puzzle con nuestras acciones, hemos creado una perfecta obra que ha desembocado en nuestro sueño.

Así que aprende a no exigirte, haces lo que puedes con lo que tienes, nada más ni nada menos, pero ese pequeño esfuerzo sumado a muchos más, te convierten en lo que quieres ser. ¿Qué importa si tardas un año en obtener tu peso deseado? En el proceso has aprendido a alimentarte bien, sin torturarte, amandote y permitiendote acomodarte a los nuevos hábitos. ¿Y qué sucede si tardas siete años en dejar atrás una adicción? Felicitaciones, lo has obtenido y ya no eres esclavo de nada.

Las grandes cosas llevan tiempo, debemos entenderlo y aceptarlo. Cuando tenemos esto bien en claro, no existe nada imposible para nosotros, porque sabremos que lo vamos a obtener sí o sí, siempre y cuando tengamos la paciencia de llegar hasta el final. Trabaja en todo lo que deseas, no te apures, lento quizás, pero sin dudas obtendrás una recompensa por tu inversión emocional y en ese hermoso momento, todo lo que has esperado ya no va a interesar.

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El amor está en ti

El gran error que cometemos todos en algún momento de nuestra vida es buscar el amor en los demás y no en nosotros, donde realmente tendríamos que encontrarlo. Cuando no somos capaces de ver lo grandiosos, simpáticos, dulces, inteligentes, talentosos, enigmáticos y demás que podemos ser, tendemos a buscar en la mirada del otro eso que nos confirme que sí valemos la pena. ¿Por qué lo que pensamos nosotros no es suficiente? ¿La respuesta yace en la mirada de los otros?

No podemos olvidar que es una enorme falacia creer que lo que otros piensan es lo que en verdad somos. ¿Por qué? Existen numerosas razones que debemos tomar en consideración para erradicar este pensamiento erróneo que a la larga solamente nos genera dolor y decepción y nos engaña de tal manera que hasta nos convencemos de que en realidad no valemos nada. Si tenemos alguna cualidad destacable, que creanme TODOS tenemos una, eso puede generar envidia, resentimiento en los demás, porque ellos también son incapaces de valorarse positivamente, también han caídos presos de la falsa concepción de que sólo lo que dicen los otros es verdad. Así que en cada oportunidad que se les presente, no dudaran en tirar por tierra nuestros logros o habilidades, tachandolos de insuficientes por ejemplo. La gente es cruel a veces, sólo porque tampoco pueden ver de lo que ellos son capaces de hacer y si ellos creen que no son buenos en nada, entonces tú tampoco lo serás aunque tu éxito sea evidente.

Intentar complacer a los otros es una enorme pérdida de tiempo. A veces nos crian en moldes estructurados donde sólo importa la opinión de nuestros padres, sus amigos, los familiares, y la nuestra no interesa porque no sabemos nada de la vida, todo lo que pensamos está mal y no está bien que tengamos pensamientos propios, originales, que querramos ser distintos de lo que nos están forzando a ser. Su «sadiduria» es mucho más amplia que la nuestra, así que debemos estar quietos y aprender. Nuestro espíritu se va desdibujando a expensas de lo que supuestamente deberíamos ser para complacer a los demás y así vamos relegando nuestros deseos, nuestros tiempos, nuestros proyectos en pos del beneficio de personas que quizás no nos amen lo suficiente o lo están haciendo de la manera incorrecta. Nadie tiene el derecho de decidir por ti, de decidir qué es lo que tú quieres de la vida, nadie puede quitarte las experiencias que necesitas vivir ni obligarte a pensar de determinada manera. Te conviertes en esclavo de los deseos ajenos mientras tu verdadero ser se va hundiendo lentamente bajo el peso de la tristeza, lo cual inevitablemente conducirá a una serie de conductas autodestructivas, depresión, desgano, y lo peor, cambias el bien más preciado de todos, tu felicidad, por unas migajas de fría aprobación.

Sé que suena trillado, que lo han leído, escuchado hasta el cansancio, pero amarse a uno mismo es la clave y siempre lo ha sido. Y parece sencillo hacerlo, pero en la realidad esto es una de las cosas más complejas a las cuales el ser humano se enfrenta. Amarse, cuidarse, comprenderse, escucharse, parecen tareas casi imposibles cuando estamos todo el tiempo pendiente de lo que nos devuelven los otros. Piensen en la tontería de este pensamiento, ¿cómo podemos encontrar valía en personas que tampoco se aman a sí mismas? ¿Cómo la respuesta va a estar en gente que quizás esté aún más perdida que nosotros? El reflejo verdadero, la única aprobación con la que debemos contar, es con la de nuestra propia conciencia. Somos los responsables de lo que hacemos, pero también de lo que sentimos. Es nuestro error obsequiar nuestro poder a personas a quienes no le corresponde. Basta de creer que somos patéticos, mira todo lo que has logrado y no repitas como papagayo ese discurso horrible de «que no es suficiente», ¡porque sí lo es! Todo lo que te ha enriquecido emocionalmente es un logro, que estés vivo ahora es un logro, que hayas decidido ir contra la corriente es un logro, que tengas ideales es un logro, que hayas hecho algo bueno por alguien sin esperar nada a cambio es un logro, que sepas amar y dejarte amar es un logro, que sonrías es un logro… la lista es infinita.

Así que comienza paso a paso, no cambiaras tu esquema mental en dos días, pero si lo puedes hacer en un período de tiempo prudencial. Cuando te sientas orgulloso de ti expresalo, no sólo a los demás, habla contigo, encuentra satisfacción en tu propia compañía. No esperes que los demás aplaudan que tan lejos has llegado, aplaudete a ti mismo, festejalo con toda la alegría. Yo celebro por ti hoy, ¿y tú cuando lo harás?


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3…2…1 Autodestrucción

Las personas tienen una tendencia natural a la autodestrucción, nuestro propio inconciente conspira en nuestra contra para influenciarnos de manera negativa. Existen muchas maneras de manifestar los comportamientos destructivos hacia nosotros, conductas tan simples como caminar descuidadamente por la calle, fumar, comer en exceso, sobre exigirse, dormir poco, realizar deportes extremos sin las precauciones necesarias, conducir demasiado rápido, tener sexo sin protección, consumir drogas, y una amplia gama de actividades potencialmente mortíferas más.

La autodestrucción se convierte en un hábito cuyas consecuencias usualmente no pueden visualizarse a corto plazo. Las metas de estas conductas es intentar hacer desaparecer el dolor, la angustia, la ansiedad, es una manera fallida de mantener el control sobre una situación. Hay personalidades más predispuestas a este tipo de comportamiento, son aquellas con rasgos antisociales, histriónicos, narcicistas, aquellos quienes gustan de llamar la atención y seducir, quienes buscan desesperadamente aceptación y amor. Son personas que tienden a tener amistades superficiales, con baja tolerancia a la frustración, por lo que deben obtener el placer de la manera más rápida posible, son impulsivos, tienden a negar la peligrosidad de sus actos y a veces actúan de manera egoísta.

Aún cuando se sabe que lo que estamos haciendo no está bien se prefiere ignorarlo, ya que no interesa que se destruyan tan sólo un poco ahora, la gratificación instantánea nubla el juicio y se dejan llevar por el momento, por esa necesidad imperiosa de aniquilar la angustia y no son capaces de medir que el goce luego se convertirá en suplicio.

Una historia de vida compleja donde el sostén emocional es pobre, un entorno poco habilitante, tipos familiares disfuncionales, son los culpables de que se creen personalidades «débiles», donde el dolor tiene que expresarse de una manera casi suicida, como si la muerte seduciera con su promesa de acabar con toda la angustia de una vez y para siempre.

Por supuesto que quien se está dañando no es conciente de todo lo subayecente que se encuentra en una conducta que hasta a veces se tilda de inofensiva, ya que es algo común, algo que muchas personas hacen, no deberíamos preocuparnos por las consecuencias. La negación se convierte en una aliada para mantener este lento suicidio a flote. La pulsión de muerte vibra en nosotros arrastrándonos por el fango de nuestra propia desgracia, y nosotros sin saberlo seguimos fielmente los dictámenes de nuestros impulsos.

¿Qué podemos hacer al respecto? Ya que es complicado que nos demos cuenta nosotros solos de lo que estamos haciendo, tendremos que aprender a escuchar a quienes están a nuestro alrededor, sus palabras pueden ser la primer señal de alerta para reaccionar. No hay que menospreciar el peligro de nuestras conductas porque lo que hoy brinda placer y alivio, mañana puede ser lo que se convierta en nuestro final. Tenemos que entender por qué lo hacemos, por qué buscamos dañarnos y una vez que descubramos la raíz debemos trabajar en eso mediante terapia o grupos de ayuda, es vital buscar apoyo, las conductas autodestructivas pueden ser un laberinto muy solitario. Tenemos que aprender a amarnos a nosotros, a valernos por nosotros mismos, tenemos que aprender a no vivir a través de los ojos de los demás, no buscar la aprobación ni el cariño de otros solo como sustituto a nuestra propia falta de amor y respeto. En los demás no se encuentra la solución ya que no importa cuanto nos amen y nos cuiden, jamás será suficiente para llenar ese vacío que sentimos, ese vacío que solamente nuestra propia valía puede hacerlo desaparecer.

Sí, la respuesta siempre ha estado y estará en escondida en los recovecos de nuestro ser, solamente necesitamos un día de claridad para decir basta y actuar. No dejemos pasar la oportunidad, no siempre vamos a estar fuertes para enfrentarnos a lo que nosotros mismos nos hacemos. Reconocer que hay un problema es el primer paso, sin importar cuan terrible sea decirlo con voz clara y alta, pero es el comienzo necesario de nuestro camino de sanación. Y siempre podemos cambiar…Siempre, no lo olvides.


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Psicología Positiva: Felicidad

El trabajo de Martin Seligman en Psicología Positiva nace gracias a su intensa preocupación por la depresión, tras 25 años de trabajo con esta patología, comenzó a cuestionarse por qué algunas personas optaban por ser felices. Cansado de trabajar desde las debilidades de las personas, va surgiendo la psicoterapia positiva que funciona como una «estrategia de amortiguación», donde el foco del tratamiento se basa en trabajar desde las fortalezas de las personas a la vez que se busca aumentar las emociones positivas. Comprendió que las habilidades para disminuir la infelicidad no son las mismas que esas habilidades que nos permiten ser feliz y comprometernos. Al contrario de la creencia popular de que el dinero o una prestigiosa carrera nos asegura la alegría, el secreto en realidad radica en la calidad de los vínculos emocionales que compartimos con los demás.

La teoría de felicidad que Seligman maneja nos plantea que un primer acercamiento a la felicidad es la  vida placentera, la cual está relacionada con las emociones positivas. Se refiere al bienestar nacido por el disfrute de cosas superficiales y efímeras como un buen almuerzo, una noche de sexo, ir al cine. Es inmediata, hedonista, y se mantiene por unos breves momentos. Puede funcionar como una droga donde obtenemos una satisfacción en pocos minutos pero luego sobreviene la desilusión. Seligman recomienda utilizar métodos para disfrutar mejor de estos placeres, como el hecho de compartirlos con los demás, recordarlos, describirlos. Si bien debemos de disfrutar de estas pequeñas delicias, tenemos que tener en cuenta que con este nivel no es suficiente, hay capas más profundas que debemos develar para poder alcanzar un estado de alegría pleno.  Si siempre estamos tomando atajos fáciles para obtener el disfrute vamos descuidando otros aspectos importantes como lo es el desarrollo personal.

Un nivel intermedio de felicidad es el de la buena vida, podría ser comparado con lo que Aristóteles denomibaba eudaimonia. Este nivel es el dejarse llevar por una actividad que realmente disfrutamos hacer y en la cual sentimos que somos excelentes. Teniendo en claro cuáles son nuestros talentos podemos compenetrarnos en una actividad, donde parecerá que el tiempo se detiene al estar absortos en lo que hacemos. Es aprender a armonizar con nuestras habilidades y aplicarlas en cada aspecto de nuestra vida siempre y cuando sea posible.

El nivel más importante de todos y al que podríamos llamar verdadera felicidad es el de la vida con sentido. Es un estado de felicidad que podemos mantener a lo largo del tiempo y se basa en formar parte de algo más grande que nosotros mismos, ser altruista, brindar nuestras virtudes para formar parte de una gran causa. Nuestra vida va adquiriendo valor relacionandonos con el mundo que nos rodea, sentimos la saisfacción del proceso en el cual estamos inmersos y no solamente nos concentramos en los resultados.

Para ser felices es importante que nos demos el permiso de serlo y una manera de acercarnos a la felicidad es siendo optimistas. El optimismo es un hábito que puede ser aprendido, mediante en trabajo en nosotros mismos gracias a la psicoterapia. El verdadero optimista no es ingenuo, entiende la realidad de un sentimiento o una situación negativa, pero en lugar de quejarse hace algo al respecto. Gracias al autoconocimiento podemos descubrir las razones inconcientes que nos toman por sorpresa y nos hacen actuar de maneras que no logramos comprender del todo, debemos descubrirnos a nosotros mismos y hacer algo con ese conocimiento. Debemos aprender a cuestionar lo irracional de los pensamientos negativos, los cuales tienden a exagerar la realidad, y se van creando por ideas infundadas surgidas en algún momento de nuestra vida, inspiradas quizás por una situación dolorosa.

Entre las técnicas que existen para pensar de un modo más positivo, encontramos que es necesario que hagamos un cambio de perspectiva. No podemos ser rígidos en nuestros pensamientos, desechemos la mentalidad «todo o nada», aprendamos a ver la complejidad de cada situación, potenciemos lo bueno y entendamos que cada una encierra un aprendizaje que puede sernos muy útil a lo largo de la vida, a pesar de que todavía no podamos comprenderlo. No hay que centrarse siempre en lo malo, disfrutemos de las pequeñas alegrías que nos rodean y hagamos oídos sordos a las críticas que los demás a veces utilizan en nuestra contra. No exageremos las dimensiones de un problema ni caigamos en la trampa de menospreciar lo que podemos hacer para enfrentarlo. Debemos ser responsables de nuestra felicidad, si bien los factores externos pueden ejercer una importante influencia en nuestro estado de ánimo, aprendamos a estar bien con nosotros en nuestro mundo interno.

La felicidad es un proceso más que una búsqueda, es un camino que debemos transitar con paciencia y amor, un descubrimiento de cada día. Conocernos a nosotros nos permitirá ser concientes de las herramientas que ya poseemos para seguir adelante y de lo que carecemos, descubriremos cuáles son nuestros puntos fuertes y cómo podemos hacer que la experiencia de vivir se convierta en algo placentero, como debe ser.

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Las emociones negativas

Ser felices es importante, es hermoso, se siente maravilloso, pero tampoco podemos caer en la necedad de negar nuestras emociones «negativas«. Es imposible ir por la vida sin sentir tristeza, angustia, dolor, odio, rencor, mal humor en algún momento nos vamos a enfrentar a estos sentimientos y no podemos huir de ellos, tenemos que darnos la oportunidad de sentirlos.

Lo que debemos tener en cuenta es que debemos atravesar por las emociones negativas y no suprimirlas, debemos darnos el tiempo para sentirlas, abrazarlas y considerarlas parte de nuestro ser. Esto no significa que debamos dejar que controlen nuestra vida y que todo lo que podamos llegar a sentir siempre esté cubierto bajo el velo de esta angustia. El dolor es parte de nuestra rutina, debemos aprender a sentirlo y sobrellevarlo cuando llega el momento, pero una vez que ese momento pasó, no hay nada que nos impida continuar trabajando en nuestro bienestar.

Lo que importa es nuestro tiempo, debemos ser sinceros y si necesitamos expresar nuestro mal humor, angustia, depresión, debemos hacerlo. Intentar ser felices, caer en el juego de usar falsas sonrisas para que los demás no se preocupen o simplemente nos dejen en paz, no va a conducir a ningun crecimiento personal real. La felicidad para que pueda ser disfrutada, tiene que ser genuina, de nada sirve engañar a los otros ni a nosotros mismos en el proceso. Debemos ser concientes de lo que sentimos, debemos lidiar con ellos y darnos el permiso de caer, jamás olvidando que el dolor es un momento y como todo instante pasara. Si ahora crees que es el fin del mundo, mañana abriras los ojos y te daras cuenta de que no es tan así. Date tu tiempo para sufrir pero no te olvides de sanar. Y hazlo por ti, no por nadie más que por ti, no intentes brindarle al mundo una imagen sólo porque crees que es la imagen que los demás quieren ver. Cuando aprendemos a amar todas las partes de nuestro ser, las negativas, las positivas, aprendemos a aceptarnos, y cuando realmente podemos apreciar la imagen que el espejo nos devuelve, es cuando estamos en el buen camino, el camino que nos conducirá a ser lo mejor que podemos y queremos ser.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Psicología Positiva: Agradecimiento

Caminamos por la vida sin ser concientes de las bendiciones que ya nos rodean, siempre quejandonos de todo lo que carecemos, incapaces de ver todo lo que ya hemos logrado. Las pequeñas alegrías de la vida pasan a nuestro lado y nosotros decidamente las ignoramos, siempre esperando algo mejor, siempre idealizando el pasado o ansiando el futuro, desperdiciando el presente por completo.

Trabajar desde el presente es algo fundamental, porque la felicidad no es una meta inalcanzable que apenas se vislumbra en el horizonte, es un camino que transitamos todos los días, es un proceso y la sabiduría radica en disfrutar cada pequeño instante de ese camino. Cuando nos concentramos en el ahora, cuando nos dedicamos a ver lo que ya disfrutamos, comenzamos a sentirnos mejor, a disminuir nuestra ansiedad. Tenemos que entender que cada día, hora, minuto vale, que cada pequeño granito de arena que dedicamos a estar contentos es una inversión en nuestro futuro. Si nos dejamos llevar por el proceso diario, tratando de incorporar pequeñas alegrías, ya sea disfutando de la compañía de alguien a quien queramos o sonriendo, compartiendo una cena, ir al cine, veremos como todo comienza a encajar perfectamente en nuestro puzzle de felicidad. La ansiedad es una gran enemiga y tendemos a querer todo ahora, pero la regla de la velocidad no es aplicable a nuestros sueños ni nuestros esfuerzos, todo requiere de tiempo, de paciencia, de amor. Que cada día se convierta en una meta en sí misma, disfrutemos el ahora, ya que el pasado no regresara y el futuro aún se nos muestra incierto, ¿qué mejor momento que el ahora para convertirnos en los dueños de nuestra vida?

¿Por qué es importante agradecer? Porque nos hace sentir más afortunados, nos llena de energía, de ganas de salir adelante. Si observamos todo lo que hemos logrado, eso nos da el empuje que necesitamos para concentrarnos en todo lo que podemos llegar a tener. Vivir cada día siendo conciente de que somos ya felices, nos inunda de una mentalidad positiva necesaria para salir adelante. Ser positivo nos posibilita desenvolvernos en la vida de una manera más óptima, nos permite ver las cosas que los demás ignoran, nos acerca a esa felicidad que algunos creen intangibles, simplemente porque todavía no se han dado cuenta de que ya son felices.

La gente camina por la vida creyendose dueña y señora de ciertas cosas que en realidad son obsequios. Insisto conque el poder ver, el caminar, el hablar, son regalos y que una persona sana cree que son cosas que por derecho le pertenecen, pero en realidad lo que algunos tienen por naturaleza, otros deben luchar por obtener. Curiosamente, muchas veces las personas que menos poseen o quienes han visto la cara del dolor frente a frente, son quienes más agradecidos se sienten por al vida, quienes más saben enfrentarse a las adversidades, ya que tener un padecimiento físico pone las cosas en perspectiva al igual que las personas que experimentan la muerte de cerca y regresan con nosotros con una nueva visión del valor de la vida. Y todo se reduce a una perspectiva, tan simple  y complejo como eso. Vemos, tocamos, sentimos la vida desde nuestra mentalidad particular, moldeada por nuestra historia personal, nuestro psiquismo, nuestros mecanismos de defensa, nuestros rasgos de personalidad, etc. Y en cierta manera, escogemos ver todo blanco o todo negro, escogemos no disfrutar de lo que tenemos porque nunca nada es suficiente. Tener ambición es algo saludable, siempre y cuando no se convierta en un obstáculo, en una venda, en un impedimento para apreciar aquello que ya hemos obtenido.  Se trata simplemente de ser agradecidos por toda experiencia, por todo logro material y espiritual, por cada vínculo que hemos aprendido a cultivar, por cada día que estamos respirando, por todo lo más mínimo o mágnanimo que puedan imaginarse. Y desde el presente, con el agradecimiento en nuestro corazón y nuestra mente, establecer metas y deseos para continuar adelante, trazando nuestro destino según nuestro capricho y no el de alguien más. Agradece lo que tienes en este instante y verás cómo la felicidad va a encontrarte. Elige tu perspectiva, nadie tiene por qué ser ignorante de lo que posee por siempre, está en ti, sólo en ti, decidir de qué lado estás, si de la felicidad y el optimismo, o de la desesperación y la oscuridad de la negatividad.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com