Los riesgos que deberíamos correr

La vida es un constante cambio, vivimos en el caos de la incertidumbre y está bien. Los vaivenes emocionales, los vaivenes Los riesgos que deberíamos corrermateriales, de relaciones, de lugares, son parte del movimiento, del crecimiento. Si estamos vivos sentimos todo lo bueno y todo lo malo. Si estamos vivos las cosas cambian, lo deseemos o no, para bien o para mal, el secreto está en aprender a colocar el cuerpo y el corazón en ese nuevo lugar.

Tomar riesgos, vivir la vida como una aventura, perderle el miedo a perder, son características de las personas felices. ¿Sabían que la gente optimista toma riesgos a menudo? ¿Cuáles son los riesgos que valen la pena correr? Vamos a analizar algunos.

Comenzar una relación. Cuando nos enamoramos nunca sabemos qué es lo que sucederá, si bien el amor es una emoción positiva renovable, si no trabajamos en ella tiende a desaparecer o fracasar fácilmente. Vivamos con intensidad el amor, siempre y cuando sigamos los parámetros de las relaciones positivas, nadie que nos haga daño merece que lo tengamos a nuestro lado, el costo emocional es demasiado elevado.

Ser nosotros mismos. Siempre hablamos de ser la mejor versión de nosotros mismos, pero cuidado, esto no significa que tenemos que cambiar nuestra esencia, por el contrario, es saber identificar qué es lo fuerte en nosotros para potenciarlo. Si existe algo que creemos conveniente cambiar, ya sea por motivos de salud física o mental, lo haremos desde el amor, desde la paciencia, no desde el enojo o la rabia. Aceptemos quienes somos, veamos lo que somos capaces de hacer y trabajemos en nosotros, a favor de nosotros y de quienes nos rodean.

Ayudar a los demás sin esperar nada a cambio. Muchas veces nos quejamos de que no recibimos de los demás lo que nosotros damos, pero el punto es que los otros nos brindan lo que pueden y que no necesariamente va a ser exactamente eso que esperábamos. Caemos en el error de creer que los demás van a pensar igual que nosotros y eso no es verdad, todos somos diferentes y le damos valor a distintas cosas. Si queremos ayudar a alguien que sea de manera desinteresada, no esperando algo a cambio de manera solapada, ya que seguramente nos vamos a ver desilusionados. El hecho de ayudar de una manera profunda nos brinda felicidad por sí mismo.

Somos responsables de nuestra felicidad. Admitir esto es obligarnos salir de una zona cómoda, en última instancia, nuestras actitudes y pensamientos, nuestra manera de interpretar el mundo y lo que nos sucede es lo que determina nuestra felicidad. Si nos ubicamos en una posición negativa nada de todo lo que funciona en nuestra vida nos parecerá suficiente, siempre tendremos a culpabilizarnos y no veremos que somos capaces de ser diferentes. ¿Cómo ser protagonistas y no víctimas? Si alguien nos hace daño de manera irreparable, nos alejamos. Si un trabajo llegó a colmar nuestra paciencia y se ha convertido en una fuente de malestar, nos vamos. Si algo de nosotros nos incomoda, lo pulimos. De la queja no nace nada, la acción es lo que nos empuja a lo que queremos.

Aceptemos el dolor. Como la vida es constante cambio, vendrán momentos malos, difíciles, de pérdidas, donde tendremos que apelar a nuestra fortaleza interna más que nunca y aprender de esas experiencias. El dolor nos hace madurar, nos da fuerza, es necesario.

Arriesguémonos a fracasar. ¿Cómo vamos a aprender a hacer las cosas de la manera correcta si no nos equivocamos? Equivocarse es la oportunidad para aprender, para perfeccionarnos. Si no nos desafiamos a menudo, perdemos la chance de tener más habilidades, de lidiar con las contrariedades de manera más efectiva. Cosas muy buenas aparecen cuando perdemos el miedo a fracasar. Quien no arriesga no gana, reza el dicho. Si nos estancamos nos perdemos mucho más de lo que creemos protegernos al no hacer nada.

Tomemos el riesgo de dejar ir el pasado. Muchas personas se quedan estancadas creyendo que el mejor momento de sus vidas ya sucedió, que jamás volverán a sentirse tan plenas o felices como en aquel entonces, o como con aquella persona que ya no está. Y esto no es cierto.  Cada día es una nueva oportunidad para comenzar de nuevo, para conocer a alguien, para marcar una nueva historia. No necesariamente ya vivimos lo mejor, seguramente queda mucho más por experimentar y mientras antes tomemos riesgos, mientras antes dejemos ir los miedos, más experiencias positivas y enriquecedoras nos encontraremos en nuestro camino.

Y ustedes, ¿cuáles son los riesgos que quieren tomar?

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Cómo potenciar la confianza en uno mismo

Cómo potenciar la confianza en uno mismo

¿Qué significa tener confianza en uno mismo? Significa ser capaces de tener una visión positiva de nosotros con una base realista, poder entender cuáles son nuestras habilidades y explotarlas a nuestro favor. Saber distinguir qué es lo que se puede controlar y qué es lo que no. Las personas con confianza son inquietas a la hora de aprender algo nuevo y no se detienen si es necesario desarrollar una nueva habilidad para cumplir con sus objetivos. Los fracasos los viven como experiencias de aprendizaje y se aventuran con nuevos proyectos, a pesar del miedo al rechazo de los demás o el riesgo en el cual están incurriendo. Son hábiles a la hora de enfrentarse a las responsabilidades y los cambios que la vida trae aparejados.

¿Estas características les parecen familiares? Sí, son las mismas que describen a una persona optimista. Esto quiere decir que uno de los pasos para tener más confianza en nosotros es cultivar nuestro optimismo, y en esta web encontrarán varios artículos para potenciar esta bella cualidad.

Otro pilar fundamental en el tema de tener confianza en nosotros es cuidar nuestra autoestima, entendida ésta como el conjunto de percepciones, creencias, la imagen y la valoración que tenemos de nosotros mismos. La autoestima se genera gracias al aporte de varios factores, entre ellos si sufrimos de experiencias de aceptación o rechazo en nuestra infancia, si pudimos contar con un buen apoyo familiar y social o estos faltaron. Si tenemos una visión de nosotros mismos distorsionada o somos demasiado autoexigentes vamos a condenarnos a sufrir, ya que vamos a limitarnos, no nos vamos a dar el permiso para vivir nuevas experiencias y desafiarnos y seguramente fracasemos por la falta de confianza que esto nos genera. Vean por favor profecía autocumplida.

Algunas pautas para mejorar nuestra autoestima y por ende la confianza en nosotros mismos serían las siguientes:

Ser quien eres. Aprecia las fortalezas y cualidades que tienes y utilízalas a tu favor, no intentes ser alguien más, simplemente potencia lo que sí existe en ti. A veces creemos que tenemos que ser más simpáticos, llamar más la atención, o actuar de maneras que no nos nacen porque traicionan nuestra esencia, eso no es necesario. Lo mejor es conocernos, apreciarnos y ver en qué áreas somos fuertes para contagiar esa sensación a las demás áreas.

No generalizar. Si hemos fracasado en el pasado o las cosas no han salido exactamente como esperábamos, eso no quiere decir que no podamos lograrlo más adelante. Equivocarnos es parte de la vida y caer en el error no necesariamente implica que siempre va a volver a sucedernos.

No minimizar. Tendemos a despreciar lo bueno o los éxitos que hemos tenido, nos encaprichamos en poner la luz en lo terrible que nos sucede. Siempre hay algo que funciona, que nos da alegría y es ahí donde tenemos que concentrarnos. Tenemos cosas, personas o experiencias de las cuales estar agradecidos, jamás las olvidemos ni las despreciemos, porque son las mismas cosas que tendrían toda la importancia del mundo si las perdiéramos.

Aceptarnos. Con lo bueno y con lo malo, ser concientes de que tenemos defectos pero también cualidades. Los cambios nacen del amor a nosotros mismos, primero nos aceptamos, luego nos “pulimos” y mejoramos.

Cumplir nuestras promesas. Elaborar proyectos, grandes o pequeños, e intentar por todos los medios cumplirlos. A medida de que vemos que somos capaces de lograr lo que nos proponemos (siempre comencemos con metas pequeñas) vamos generando más confianza en nosotros y podemos sentirnos sanamente orgullosos de lo que estamos haciendo.

Y por supuesto no se olviden de cultivar siempre el optimismo inteligente, realista, aquel que nos hace cuestionar nuestros pensamientos negativos, nos empuja a creer en nosotros, nos ayuda a aprender del dolor y nos brinda esperanza.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Mejorando nuestra concentración

Mejorando nuestra concentraciónLa falta de concentración es un gran problema a la hora de trabajar, estudiar o realizar tareas que necesariamente requieren de nuestro foco. Usualmente la falta de concentración se asocia a estados depresivos, momentos emociones vulnerables, déficit atencional, aunque tengamos en cuenta que no necesariamente debemos caer en estos grupos para vivenciar la desconcentración. En este artículo les comparto unos muy buenos consejos para poder potenciar y sacarle provecho a su concentración.

  • Algo importante con lo cual comenzar es saber qué es lo que queremos hacer este día. Tener objetivos diarios claros, específicos y realistas será el puntapié inicial.
  •  Si debemos hacer una tarea demasiado elaborada, siempre nos vendrá bien poder dividir esta tarea en pequeñas actividades más manejables. Poder ser capaces de ir cumpliendo con los puntos establecidos nos brindará más motivación.
  •  Piensa cuál es tu momento de mayor productividad, ¿es acaso por las mañanas, las tardes, la noche? Monitoréate y préstate atención para descubrirlo.
  • Elimina todo aquello potencialmente distractor, como el celular, internet, los snacks, la televisión. Mantén tu lugar de trabajo ordenado. Ten a tu alcance todo lo que puedas necesitar. Si estás trabajando en un ambiente ruidoso, ponte unos auriculares o unos tapones para los oídos.
  • Descansa. Hay distintas técnicas que nos dicen que deberíamos intentar trabajar 25 minutos de corrido y luego descansar, tú encuentra tu propio ritmo. Lo que sí debes tener en cuenta es que la atención disminuye luego de los 90 minutos, así que quizás sea conveniente descansar luego de este período de tiempo para recargar energías. Y también agrego que hay que dormir bien, si nuestra mente está extenuada no va a poder funcionar con toda la energía que necesitamos.
  • Recompénsate una vez que hayas logrado uno de tus objetivos, puede ser tomarse un café, leer, jugar, mirar la televisión un rato, tú eliges.
  • Intenta no prestar atención a los estímulos exteriores, como portazos, gritos, ruidos, etc. Siempre vuelve a lo que estás haciendo, una y otra vez.
  • No dejes que las preocupaciones te inunden. Si estás atravesando por un momento difícil, puedes elegir pensar en tus problemas en un momento acotado del día, no cuando estás estudiando o trabajando. Esta técnica de posponer pensar en lo problemático ayuda porque circunscribe los pensamientos negativos a un momento específico del día, requiere mucha práctica pero es útil. También ten cuidado con las fantasías si tienes una imaginación muy activa haz lo mismo, dedícale un tiempo a ellas pero más tarde.
  • Ciertas personas encuentran la música inspiradora, si es tu caso, no dudes intentar hacer tu tarea mientras escuchas tus canciones favoritas.
  • En el caso del estudio, ayuda hacer esquemas, subrayar, tomar notas, utilizar colores. Tenemos que pensar en la opción de acudir a la biblioteca si estamos demasiado distraídos en casa. Si te aburres fácilmente, alterna el material de estudio, no estudies demasiado tiempo la misma materia. Ten cuidado con los juegos de computadora o PlayStation, guárdalos como premio una vez que hayas concluido lo que estabas haciendo.

Espero que pongan en práctica estos consejos y puedan explotar su concentración a pleno. Poder hacer una tarea y perderse en ella resulta ser muy satisfactorio y también productivo.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Afrontar en vez de evitar

Afrontar en vez de evitarLa felicidad es un proceso, una elección, un esfuerzo, una decisión. La nueva teoría del bienestar nos habla de que sentir placer no es suficiente, perdernos en las mareas de lo hedonista mientras pasa el tiempo no alcanza para disfrutar la felicidad es su plena manifestación.

Evitar el dolor, no es una opción tampoco, ya que es parte de nuestra vida. Entonces, si no hablamos de evitar, hablamos de potenciar lo que sí funciona en nosotros y en nuestra cotidianeidad en general. Hablamos de estrategias eficaces de afrontamiento en lugar de evitación. Los problemas no desaparecen simplemente porque no les prestemos atención, los problemas desaparecen, se solucionan en parte o no nos destruyen porque activamente escogemos hacer algo al respecto.

Cuando las cosas no están saliendo tan bien como esperamos, una de las primeras herramientas a las cuales podemos apelar es a nuestra auto compasión. El ser exageradamente exigentes con nosotros mismos nos entristece y anula, nos estanca. Admitir que somos seres humanos imperfectos es más saludable que creer que jamás nos equivocaremos en nada. Cuando nos equivocamos evitemos castigarnos, sino comprendernos y ver si hay algo que podemos hacer para remediar el daño.

Estar enfrentados a tomar un número importante de decisiones por día resulta ser agotador, por eso podemos utilizar la rutina a nuestro favor. Quizás ya podamos tener organizado qué vamos a comer, o qué ropa utilizar en la semana. Si tenemos un trabajo extenuante estos pequeños detalles del día a día pueden agilizar las cosas.

Las rutinas aunque suenen aburridas, dan contexto y reglas a nuestra vida que terminan muchas veces siendo beneficiosas al propiciar orden. Una herramienta que también podemos utilizar a nuestro favor son las clásicas listas de qué cosas tenemos que hacer durante el día. Pensar en el horario y el lugar, listas más detalladas, parecerían ser más eficaces que una lista común y corriente.

A veces pequeños cambios se convierten en grandes. ¿Qué decides hoy para manejar mejor tus problemas cotidianos?

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com