Niños disléxicos: cómo ayudarlos

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Muy buenas tardes estimados lectores, es un gusto reencontrarme con ustedes luego de algunas semanas de vacaciones. Hoy les propongo conocer en qué consiste y qué medidas pueden tomarse frente a la dislexia. Un tema que seguramente hemos escuchado nombrar en más de una ocasión, ya sea en los medios de comunicación o por comentarios de alguna persona conocida.

La dislexia es un trastorno de la lectura, que afecta a su precisión, velocidad y comprensión, siendo el más usual en los niños llevados a consulta a causa de problemas de aprendizaje. Implica una diferencia marcada entre el potencial de aprendizaje y el rendimiento en la práctica. El niño disléxico suele tener un nivel de inteligencia normal de acuerdo a su edad, o pudiendo ser incluso superior a la media. Por tanto, este trastorno específico, no significa una alteración general de todas las demás áreas.

La dislexia tiene por supuesto, implicaciones que van mucho más allá de las dificultades al leer. Desde lo psicológico, significa una herida importante en la autoestima, con su consiguiente sufrimiento a causa de los numerosos fracasos a lo largo de años. Durante la primaria estos niños dedican horas y horas para superar su dificultad, siendo los esfuerzos mayores a los resultados. Todo ello lleva a un agotamiento psíquico e intelectual.

Aproximadamente el 80% de estos infantes, presentan además disgrafía. De esta forma, la lectura está alterada junto con la escritura y ésta última es considerablemente más difícil de reeducar. A ello se debe que después de dos o tres años de reeducación, el pequeño haya aprendido a leer pero no así a escribir.

Antes de aprender a escribir, los niños van adquiriendo ciertos automatismos que les permiten ir avanzando en el dominio de la expresión gráfica, gracias a ello, al comenzar la escolarización sus primeras letras son relativamente regulares.
No obstante, eso no sucede con el niño disléxico, quien continúa con una producción torpe. Mientras sus progresos son muy lentos y logrados con arduo esfuerzo, no puede evitar compararse con los demás y notar no sólo que avanzan más rápido, sino que además disfrutan de aprender.


¿Cómo se los puede ayudar?

En primer lugar, es de suma importancia el apoyo y sostén de los padres, ya que juegan un rol fundamental a la hora de hacer comprender al niño que no es culpable de la situación, así como de acompañarlo a descubrir el placer de aprender.
Una actitud conveniente a tomar, es pasar tiempo con su hijo realizando ejercicios o tareas que le gusten y le salgan bien o en las que incluso se destaque. El objetivo aquí, es fortalecer los sentimientos de valía y confianza del niño, implica evidenciarle que sí es capaz, además de que cuenta con el amor y apoyo de sus padres.

Igualmente, con el fin de fortalecer su autoestima y valorarlo ante los ojos de la clase, los maestros pueden también poner énfasis en sus habilidades preservadas, como podría ser por ejemplo, la matemática.
Teniendo en cuenta que los compañeros de clase se darán cuenta de lo que le sucede, otra actitud pertinente que pueden adoptar los docentes es no sólo consolar al pequeño sino también dar explicaciones al resto de la clase, señalando que todos tenemos facilidad e inclinación por ciertas cosas, así como dificultades en otras, que no somos culpables de que hayan cosas que nos cuesten y que es importante valorar la dedicación puesta en superarlas.

Es necesario que docentes y reeducadores cooperen, y también evalúen en conjunto los resultados. Al no tratarse de un problema que surja súbitamente al comenzar el aprendizaje escolar, sino que muy probablemente este déficit ya exista desde el nacimiento, puede intentar detectarse en la etapa preescolar. De esta forma, podrían comenzar a implementarse medidas preventivas, que luego repercutan en un mejor desempeño y un menor sufrimiento.

Con educación ortofónica, la mayor parte de los disléxicos hacia el final de la primaria logran una lectura satisfactoria, que además les permite comprender el significado de los textos.  La lentitud con la que puedan leer y los errores que puedan cometer son en estos casos, aceptables.
Al comenzar la secundaria, necesitarán aún del espacio reeducativo para enfrentar las nuevas dificultades, así como de la ya mencionada valoración de sus puntos fuertes y de un interés por descubrir cada vez más y potenciar sus preferencias.

Hiperactividad infantil: tiene solución

Cuando se escuchan las palabras niño hiperactivo, es usual que se piense en un pequeño movedizo, que hace difícil la vida de sus padres por ser incapaz de quedarse un segundo quieto. ¿De qué hablamos cuando hablamos de hiperactividad infantil? La definición misma del término es bastante controvertida, debido a las diferencias en conceptos y enfoques del tema por parte de especialistas. Los neurólogos por su parte, suelen centrarse en posibles deficiencias cerebrales. Desde la psiquiatría, se considera que se trata de un trastorno caracterizado por una actividad motriz excesiva, impulsividad e inatención. Mientras que desde una perspectiva pedagógica, la hiperactividad en el niño está relacionada con dificultades de aprendizaje y deficiencias perceptivas. Actualmente, muchos expertos están de acuerdo en que se trata de un síndrome con una probable causa biológica relacionada con alteraciones en el cerebro, ligadas a factores hereditarios o a una lesión.

El déficit de atención con hiperactividad no se diagnostica previamente a los seis o siete años, cuando el niño ya ha comenzado el período escolar, donde puede observarse que su conducta es notoriamente distinta a la de sus compañeros, con los que suele pelearse siéndole difícil hacerse de amigos. Le resulta dificultoso también, escribir, leer, hacer cuentas, así como memorizar y aplicar lo aprendido. En el horario de clase le es literalmente imposible, permanecer durante mucho tiempo sentado, constantemente tiene que estar haciendo por lo menos algún movimiento, intenta interactuar con los demás cuando todos debieran estar trabajando, no termina sus tareas ni se concentra, viéndose la maestra en la obligación de prestarle gran atención. Todo ello aún teniendo una inteligencia normal, normal – alta o incluso alta.

La tolerancia de estos niños a la frustración es muy baja, por lo que es usual verlos de mal humor o irritables, pudiendo de igual forma cambiar rápidamente su estado de ánimo. Suelen tener gran dificultad en obedecer y tampoco es extraño que culpen a otros de sus errores. Estos aspectos, no sólo tienen sus repercusiones a nivel familiar, social y académico, sino también a nivel de las emociones y la autoestima del niño, ya que un infante que muestra un comportamiento tan poco adaptado suele ser rezongado por sus padres, otros familiares, educadores y compañeros.

¿Cómo se trata la hiperactividad infantil?

Considerando que las intervenciones terapéuticas en la infancia, tienen el común denominador de apuntar a favorecer el desarrollo de los niños, en el caso específico de la hiperactividad el tratamiento se basa en el empleo de fármacos acompañados de terapia cognitivo – conductual. Dicha combinación, tiene como efecto mejorar sustancialmente y de forma sostenida, el comportamiento en distintas áreas.

El tratamiento medicamentoso consiste básicamente en estimulantes, los cuales suelen a corto plazo, mejorar la atención y el rendimiento en tareas escolares. En cada caso, un médico evaluará cuál es el fármaco y la dosis adecuada a causa de diferencias en la absorción entre un niño y otro o en el mismo niño en distintos días. Usualmente las dosis suelen ser pequeñas e irse aumentando progresivamente. Los resultados del tratamiento medicamentoso son evaluados teniendo en cuenta, información sobre el comportamiento del niño proporcionada por sus padres y maestros, así como la observación de su desempeño en tareas que implican resolver problemas. Uno de los primeros aspectos observables en todas las áreas, es la reducción de los movimientos. Igualmente, se percibe una notoria disminución del nerviosismo cuando se le proponen actividades. Dependiendo del carácter de cada niño, también se reduce en gran medida la agresividad tanto en la casa como en la escuela. Todo lo cual, redunda en una mejor adaptación y convivencia con los demás.

Por su parte, en la terapia cognitivo – conductual los métodos mayormente empleados consisten en técnicas operantes y cognitivas. Las primeras, apuntan a un control de las conductas alteradas, pensadas éstas como efectos cuyo origen se remonta a estímulos percibidos en el ambiente, siendo por éstos que esas conductas se mantienen. En el empleo de técnicas operantes, se hace un especial énfasis en las consecuencias que causa un determinado comportamiento. Por ejemplo, si a un comportamiento desagradable del niño como una rabieta con gritos, le siguen consecuencias negativas como ser la retirada de ciertas recompensas (como salir a jugar u otras), la probabilidad de que el niño vuelva a poner en práctica ese comportamiento va siendo cada vez menor, tendiendo a desaparecer. Nótese que ello no implica rezongos ni mucho menos castigos físicos para el niño, sino una actitud segura y firme por parte de padres e incluso de educadores.

El empleo en la práctica, de conceptos relacionados con el reforzamiento, la extinción y el castigo de las conductas alteradas, lleva a la adopción de conductas más adaptadas. De esta forma, el tratamiento conductual de la hiperactividad se basa en la adquisición de modos de manejar las consecuencias ambientales. Para un mejor desempeño académico, no es el objetivo final que el niño permanezca más tiempo quieto, aunque ello sí suceda, ya que podría por ejemplo, estar quieto y no prestar atención, sino el propiciar el mantenimiento de conductas que hagan posible el llevar a cabo tareas escolares siendo una de ellas la atención, además de hábitos de trabajo y estudio. Y es en gran parte a raíz de reforzar estas conductas, que la actividad motriz excesiva va disminuyendo. Por tanto, primero se tiende al aprendizaje de comportamientos adaptados, para luego modificar aquellas conductas alteradas.

Por su parte, entre las técnicas cognitivas se destaca el Entrenamiento en Autoinstrucciones. Este método propuesto por Goodman y Meichembaun, consiste en enseñar a los niños hiperactivos, estrategias que les permitan llevar en práctica exitosamente todas las actividades que les implique controlar su comportamiento, incluyendo por supuesto, a las tareas escolares. Según los mencionados autores, en estos niños las habilidades cognitivas necesarias para realizar las tareas escolares son deficitarias, lo que a su vez tiene como consecuencia, la aparición de esos comportamientos que se perciben alterados. El entrenamiento en autoinstrucciones se focaliza, en cambiar aquellas cosas que el niño se dice a sí mismo cuando realiza una actividad, se trata en definitiva de un cambio de instrucciones. Más allá de que en un principio dichas consignas se concentren en el ámbito escolar, luego que el niño ya las ha internalizado, se hacen extensivas a otras situaciones de su vida cotidiana. Pudiendo de esta forma, controlar su conducta en diferentes contextos. La meta no es enseñarle al niño lo que tiene que pensar, sino la forma en que tiene que hacerlo.

En este entrenamiento pueden diferenciarse cinco momentos; en el primero, un adulto que se ofrece como modelo a imitar pudiendo ser de acuerdo a la situación el terapeuta, los padres o la maestra, lleva a cabo la tarea mientras se habla a sí mismo en voz alta. En el segundo momento, el niño realiza la actividad con las instrucciones de ese adulto. En la tercera instancia, el niño pasa a realizar esa misma tarea diciéndose a sí mismo las instrucciones en voz alta. En la cuarta, al hacer la tarea se susurra a sí mismo lo que debe hacer. Y en la quinta etapa, el niño ya hace la tarea indicándose las instrucciones internamente.

Dentro de las técnicas cognitivas, otros método para resolver problemas usualmente empleado son la Técnica de la tortuga, y el Entrenamiento en la solución de problemas interpersonales. Con la Técnica de la tortuga se enseña a los niños formas de controlar sus conductas hiperactivas e impulsivas. Además de un aprendizaje en cuanto a métodos de relajación, esta técnica abarca cuatro fases. En la primera, el terapeuta le transmite al niño la estrategia que tiene que aprender mediante un cuento en el que una experta tortuga, le aconseja a otra lo que debe hacer ante una situación que a la segunda le resulta difícil. Esta etapa inicial se focaliza en evitar actuar por impulso, enseñando al niño a esperar, relajarse, pensar en distintas posibilidades y después llevar a cabo la que resulte más conveniente. El personaje de la tortuga ayuda a visualizar el esperar antes de actuar, como meterse adentro de un caparazón, respirar profundamente, calmarse, pensar y finalmente escoger una opción. La segunda etapa se centra en entrenar la relajación, empleando ejercicios donde se aplica la tensión y distensión. La tercera fase pone énfasis en definir y delimitar un problema, pensar en posibles alternativas para solucionarlo, elegir una teniendo en cuenta sus consecuencias y por último luego de llevar a la práctica la solución elegida, se verifican los resultados que se habían supuesto observando las mejoras o los cambios que se alcanzan. En la cuarta y última etapa de la Técnica de la tortuga, la meta es que el niño adopte de forma general y permanente la estrategia que aprendió, en este punto es importante el papel reforzador que pueden tener los padres, otros familiares y educadores al felicitar al infante cuando adopta este comportamiento más reflexivo.

El Entrenamiento en la solución de problemas interpersonales, al ser aplicado con niños impulsivos, implica también el aprendizaje de estrategias cognitivas en las que se analizan los problemas y se opta dentro de las posibles soluciones por la que resulte más efectiva, sólo que en este caso en particular se apunta a reducir las dificultades específicamente en la adaptación social.

En la hiperactividad infantil, es necesario que los padres comprendan que el comportamiento incontrolable de su hijo no se debe a mala voluntad por parte de éste, sino a que tiene un problema que debe atenderse cuanto antes. Asimismo, resulta de gran utilidad que se contacten con otros padres que hayan pasado o estén pasando por la misma situación, ya que pueden ayudarles desde un lugar distinto al del terapeuta, a manejar mejor sus propias dificultades y ansiedades.

Discapacidad…¿Impedimento?

No es fácil tener una discapacidad, vivir de acuerdo a reglas distintas a los demás, sin embargo, esto no quiere decir que no podamos tener una vida plena a pesar de tener un impedimento físico.

Una de las cosas en las que más tenemos que trabajar es en adaptarnos a la situación, hay personas quienes nacen ya con determinada discapacidad, lo que en cierta medida hace la situación un poco más sencilla, ya que esta ha sido asumida como parte de su vida. Las personas que hasta el momento han sido sanas y de pronto se ven diferentes son quienes pueden sentir más difícil la situación de adaptación.

Al ser algo físico debemos siempre asistir a las consultas que el médico nos dicta, para hacer un seguimiento de la situación o acatar el tratamiento que se nos ha especificado. Para aceptar la nueva situación es recomenadable asistir al psicólogo, también es beneficioso compartir tu experiencia con otros quienes hayan pasado por lo mismo que tú, los grupos de autoayuda son una excelente herramienta para estos casos.

Sin un accidente te ha empujado a abandonar tu sueño, es hora de que aprendas a buscar en tu interior y descubras nuevos intereses. Los hobbies ayudan a mantener la mente despejada, a entreternos y a sentir que hacemos algo valioso para nosotros. Tú sigues siendo tú, deberas adaptarte a otras reglas, a otros cuidados, pero tienes el derecho a ser feliz y a explorar nuevas chances.

Lo fundamental es la aceptación y el amor propio. A veces uno cuando ha perdido la imagen que tenía de sí mismo comienza a desvalorizarse, a perder las buenas cualidades que en un momento supo tener, la persona se hunde en la depresión y arrastra consigo a los que ama, quienes se sienten impotentes ante lo que está aconteciendo. Está bien permitirte sentir enojo, frustración, tristeza, rabia, todo lo que desees, tampoco es válido guardar estos sentimientos o mentirse a uno mismo y a los demás, pero por eso debes buscar aliados para poder salir de ese estado. Es esperado sentirse mal en estos casos, es aconsejable dejar fluir los sentimientos y no intentar mostrar una máscara al mundo o forzarse a sentir algo que no es verdadero. Tenemos que ser pacientes y darnos todo el tiempo que necesitemos y cuando estemos preparados, será el momento de comenzar de nuevo. No hay lugar para el orgullo, no está mal pedir ayuda, no está mal admitir que necesitamos del cariño y el apoyo de quienes nos rodean.

 ¿Qué hacer con una discapacidad congénita?

En estos casos se necesita todo el apoyo de los padres, primero los padres deben aceptar las condiciones en que su hijo ha venido al mundo, procesarlas, tener mucha fortaleza. Cuando aceptamos lo que sucede, estaremos más aptos para brindarle un ambiente cálido y fortalecedor al niño, desde la comprensión de la situación. Los padres deben sentirse poderosos, confiados y tranquilos, ya que estas cualidades serán transmitidas a su hijo. Si nosotros no podemos aceptar la enfermedad, le estaremos brindando un mensaje terrible a nuestro hijo, quién sufrirá aún más y sentirá rechazo hacia si mismo. Debemos servirle de ejemplo para que pueda elaborar confianza en sí mismo.

Todos conocemos casos en los cuales una discapacidad no ha sido impedimento de nada, muy por el contrario, ha empujado a artistas a expresarse de maneras poco convencionales y creativas. Hay personas que han tomado una desgracia en el terreno de la salud y lo han sabido convertir en algo muy positivo. Incluso las personas con discapacidad pueden llegar a ver el mundo de una manera más optimista y agradecida que el resto. Ellos no creeran que el fin del mundo se encuentra en las tonterias de las cuales la mayoria de las personas se quejan, sabran apreciar hasta la más mínima cosa que la vida les ha brindado, podrán ver milagros donde los demás no son capaces de ver nada. Una vida desde el agradecimiento y el disfrute de cada pequeña actividad inevitablemente construye una visión del mundo enriquecedora y feliz. La gente sana muchas veces no sabe apreciar las bendiciones que tiene y da por sentado cosas que para otros significan todo, como el caminar, el escuchar, el ver.

La complejidad psíquica que los sujetos con discapacidad experimentan no es algo para tomar a la ligera y considero vital el poder compartir lo qué les sucede con personas que han atravesado por lo mismo. Una vez que la persona ha podido aceptarse a sí misma, considero que no hay limites para lo que puede llegar a construir a nivel personal y he visto también que a veces tener todas las ventajas de la salud es lo que puede llegar a convertirse en nuestro impedimento.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Abuso sexual infantil: estrategias para prevenirlo

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El abuso sexual, nos resulta siempre una temática terrible, que no sólo afecta a una persona y a un núcleo familiar, sino que también hiere a la sociedad entera. Hoy abordaremos específicamente el abuso sexual infantil, el cual es asimismo, un tema sumamente pesado a nivel emocional, que siempre produce un gran malestar cuando nos enteramos de algún caso. No obstante, por muy difícil que sea es necesario encararlo de frente, para ser capaces de prestar amparo y asistencia a las víctimas y mejor aún, de prevenirlo. Si bien puede suceder en el propio hogar, el objetivo de este artículo, es brindar pautas para la prevención del abuso que pueda ser cometido por personas fuera del núcleo familiar más cercano, ya sean completos desconocidos, amigos o parientes.  A pesar de estar principalmente dirigidas a padres, estas líneas podrían ser igualmente útiles para familiares o educadores interesados en la temática.

El abuso sexual infantil, consiste en una conducta llevada a cabo por un adulto o un adolescente hacia un infante, utilizándolo como objeto sexual, sin su consentimiento o manipulándolo mediante engaños.

* Empezar por hablar sobre el tema. La prevención empieza por hablar con los hijos, si bien el concepto de abuso sexual los niños no lo entienden, sí se puede señalarles que hay ciertos comportamientos que son inadecuados en adultos o adolescentes. Como por ejemplo, que los demás tienen que respetar su espacio corporal, no estando bien que adultos o chicos más grandes vengan a abrazarlos, acariciarlos o a sentarlos sobre sus piernas. Además, decirles con todas las letras, que hay partes del cuerpo que son privadas, donde nadie puede venir a tocarlos o mirarlos.

Es pertinente indicarles, que lamentablemente en el mundo hay también gente mala, y que cuando presencien situaciones así o esos adultos les demuestren algún comportamiento que les parezca extraño y no les guste, que no tengan ningún reparo en decir “¡no!”, en mostrarse serios, gritar si es necesario, alejarse de ahí y acudir a los padres o cualquier otro adulto que en ese momento esté cerca.

Dejemos de lado por el momento, el hecho de que los conceptos “bueno” o “malo” nunca se pueden aplicar por entero a las personas, debido a la complejidad del psiquismo humano, a lo que se suma, una constante interacción con el ambiente e influencia de las circunstancias. Los niños necesitan que se les precise con claridad, qué cosas son aceptables en la sociedad en la que viven y qué cosas no.

Ante este tipo de circunstancias, los niños suelen no poder definir exactamente de qué se trató lo que vieron, ya que su desarrollo sexual difiere en gran medida de la sexualidad adulta, pero sí se dan cuenta de que no fue normal y que les hizo sentir sumamente mal.

* Dejarles bien en claro que en nosotros siempre pueden confiar. Teniendo en cuenta que los abusadores buscan crear en los niños una situación de chantaje, donde es este adulto quien tiene el total control, pretenden hacerles creer a los pequeños que ellos son los únicos culpables de lo que pasa, o que provocaron la situación. Es muy usual que estos adultos les digan entonces, que no le cuenten nada a nadie sobre lo que han pasado o visto porque de lo contrario no les van a creer o los van a rezongar. Incluso, si lograron manipularlos, pueden llegar a amenazarlos con hacerles algún perjuicio grave si llegasen a decir algo, un ejemplo ello muy sonado en los medios, es el caso de quienes logran tomarles a los niños fotos desnudos y luego los amenazan con mostrárselas a sus padres.

Antes de poner de manifiesto estas conductas, no es nada extraño que estos mayores, demuestren un comportamiento sumamente amistoso con los chicos dándoles regalos, para ir paulatinamente manipulando sus mentes y logrando hasta cierto punto su colaboración (por ej., no contando nada a sus padres o convencerlos de que hagan ciertas cosas).

Por tanto, es de vital importancia decirles explícitamente a los hijos, que además de que queremos saber sobre cómo les va en el colegio o en actividades extracurriculares, siempre nos va a interesar y vamos a tener tiempo para escucharlos (sea lo que sea que estemos haciendo en ese momento) si vieron o pasaron por alguna situación que les resultara muy extraña, que los asustara o los incomodara mucho. Que no les quepan dudas, de que si tienen algo serio que decirnos pueden comunicárnoslo en el momento que sea con toda confianza, ya que en nosotros van a hallar siempre comprensión y amparo.

* Creer en los niños cuando acudan a nosotros. Si el niño viene a contarnos sobre una circunstancia que presenció o que le sucedió, la cual le causó un gran malestar y que involucra a un adulto o chico mayor, siempre creamos en el pequeño y actuemos en consecuencia dirigiéndonos a las autoridades correspondientes. Si bien es cierto, que pueden existir algunos casos en los que el infante mienta diciendo que un adulto tuvo ese tipo de conductas con él, esos casos son sumamente infrecuentes, y de todas formas hay que buscar ayuda urgente, ya que denotan algún tipo de alteración grave, puesto que no es lo mismo que invente algo como “mi papá escaló una montaña altísima” a que alguien mayor se ha propasado.

Siempre hay que responsabilizar al adulto o adolescente que abuse o pretenda abusar, diciéndole al pequeño que no es culpable, sino que lo son aquéllos, quienes son mayores y saben que lo que intentan hacer o hicieron, está mal.

* Hacerles saber cómo suelen acercarse estos individuos. Estos sujetos, acostumbran por ejemplo, a inventar que van a buscarlos al colegio o al club porque los han mandado sus padres, ya que algo les ha sucedido a éstos o en la casa. Nadie, ya sea un médico, enfermera, policía u otro, le puede pedir a un niño que lo acompañe sin el consentimiento de un adulto responsable del mismo. Pueden haber averiguado el nombre del niño y al dirigirse hacia él con el mismo, enseguida captan su atención para luego decirle alguna mentira como la anterior u otra. Otra táctica que pueden intentar emplear, es llamar a la posible víctima desde un auto, simulando querer preguntar por alguna calle o lugar, por tanto, es preciso que el niño sepa que ninguna persona con buenas intenciones va a pedirle que se acerque a su auto. Han habido casos, en los que el abusador incluso se presenta en la casa del chico cuando está solo, fingiendo ser alguien que tiene que realizar alguna tarea en el hogar, la cual había acordado previamente con los padres. Nunca sobra remarcarles que no le abran la puerta a nadie cuando estén solos, diga lo que diga quien golpea, que luego de un caso así marquen en seguida celular de su madre o padre, y si esa persona sigue ahí insistiendo que llamen a la policía.

* Decirles que no siempre se trata de un desconocido. La mayoría de los casos de abuso son cometidos por gente del entorno familiar, por lo general parientes o al menos conocidos a los que se les tenía cierto nivel de confianza. Aquí deben ser los padres los primeros en prestar atención a aquellas personas que forman parte del ambiente familiar y amistoso, teniendo la valentía de interpelar incluso a parientes, alejando al pequeño de los mismos si se les observa conductas “cariñosas” en demasía. Desafortunadamente no son inusuales, los casos en los que cuando hay un abusador en una familia, ésta tiende a protegerlo, negando sus acciones o sus intentos y culpabilizando y tratando de silenciar al abusado, acosado o a quien intente denunciar ante el grupo la conducta del abusador. Es preciso, que los padres en estas situaciones no cedan ante las presiones del grupo, tomando medidas para proteger a su hijo si notan conductas inadecuadas por parte de un familiar o amigo. Si se convive con esa persona y no es posible hacerla salir del hogar, no hay que dejar de buscar apoyo inmediato de profesionales e instituciones que con su intervención ayuden entre otras cosas, a la reubicación del menor y sus padres, así como al posible inicio de acciones legales.

* Que griten. Es también oportuno, preparar al niño para defenderse por si en un caso extremo, llega a enfrentarse a una situación de ataque directo. Por ejemplo, si intentan secuestrarlo que no dude en gritar algo como “¡auxilio, éste no es mi padre!” o “¡ésta no es mi madre!” Más que pegarle al adulto, es mejor que emplee sus energías en gritar. Conversar y preguntarse sobre cuál sería la mejor estrategia a adoptar en situaciones de esa índole, no sólo refuerza el aprendizaje del niño, sino también la idea de que sus padres y por qué no también, los educadores y familiares que les hablen del tema, son personas a las que pueden dirigirse con toda seguridad ante cualquier situación extraña que pueda suceder.

* No los dejarlos navegar solos en Internet. Si bien Internet puede ser una gran herramienta de estudio, que posibilita el acceso a información de calidad en sitios serios, sitios de museos, sitios para practicar idiomas, entre otros, o una vía de comunicación con seres queridos que se encuentren muy lejos, también puede ser nociva para el niño si lo dejamos sólo en esta gran autopista de circulación de personas e información. El inconveniente no sólo radica en que ingrese a un sitio desconocido donde pueda por ejemplo, abrírsele de repente una ventana de otro sitio con pornografía, sino también, en chatear con desconocidos, ya sea que se hagan pasar por otro niño o no. Es usual que los pedófilos cuando chatean con menores, les digan que quieren verlos por cámara e incluso les pidan que se saquen alguna ropa como la remera, para “ver cómo son”. Siendo éste, uno de los principales motivos para estar bien atentos a lo que hacen y con quienes se contactan los hijos en la red, siendo aquí pertinente enseñarles que chatear con desconocidos es igual a estar en la calle y ponerse a conversar con extraños, que si bien hay gente con buenas intenciones también hay otra con malas que pueden intentar engañarlos para hacerles daño.

Debido a que como se mencionara anteriormente, los niños no pueden comprender del todo la idea de abuso sexual, es necesario que en la educación para su prevención, los padres, parientes o educadores, les hablen varias veces del mismo, valiéndose de distintos ejemplos para explicar los consejos e ideas que se quieren transmitir de diversas maneras.

Por: Pilar Naveira

Depresión posparto: 9 pasos para prevenirla

Postparto

El siguiente artículo fue escrito por Pilar Naveira, estudiante avanzada de Psicología, quien tiene un gran interés en la temática planteada y una interesante experiencia práctica. Cabe destacar en el presente trabajo la importancia de la autoestima de la madre y la necesidad de proporcionar al bebe experiencias de insatisfaccion tolerables para que pueda desarrollarse como un ser humano pleno.

Usualmente las personas suponen que una madre luego de tener a su bebé debe sentirse sumamente feliz, y esto incluye por supuesto, a los días posteriores al parto. Sin embargo, los cambios en el humor luego de dar a luz son prácticamente inevitables, pasando la gran mayoría de las madres, por una etapa de tristeza durante los 3 a 5 días siguientes al alumbramiento. Se ha observado que en algunos casos, dicho estado de tristeza puede surgir incluso alrededor del primer mes o mes y medio.

Esta etapa puede presentarse con sentimientos de vulnerabilidad, insatisfacción, miedo de no ser lo suficientemente capaz de cuidar al niño, sentimientos todos que asustan. Por lo general, dicho estado de ánimo es pasajero, aunque en algunas ocasiones podría prolongarse terminando en una depresión. El riesgo es mayor cuando la madre no cuenta con un entorno que la apoye y la contenga, cuando es primeriza, cuando se le ha practicado cesárea, o cuando el bebé nace con problemas serios.

Para prevenirla, es necesario tener expectativas realistas acerca de la nueva etapa a vivir y cuidarse tanto como durante el embarazo.

¿Por qué sucede?

Los momentos de tristeza que surgen sin motivo aparente, se deben a diferentes factores psico – físicos que se conjugan.

* Por un lado, existen causas hormonales que se producen luego del parto y que están relacionadas con una preparación del cuerpo para la lactancia. Asimismo, es normal que exista cansancio tras el nacimiento del niño, a lo que se suma la alteración en el sueño y la vigilia.

* Por otra parte y en lo referente a los factores psicológicos, es usual que exista estrés después de un hecho tan significativo. A lo que se añaden inquietudes acerca de la lactancia y el cuidado del bebé, siendo muy común que la mamá no se sienta lo suficientemente capacitada como para llevar a cabo dicha tarea. A su vez, suelen tener lugar conflictos relacionados con su rol, como por ejemplo el acostumbrarse a la nueva rutina que implica permanecer en casa mientras que hasta hace no mucho tiempo cumplía una jornada laboral. También puede inquietarle pensar en la vuelta a su empleo, mientras que lo que desearía sería quedarse con su bebé y puede que no le guste la idea de dejarlo al cuidado de otra persona.

Segunda
¿Cómo prevenir la depresión?

* La mejor prevención es el conocimiento. Saber que además de alegría, habrán momentos de malestar y reflexionar acerca de ciertos pensamientos que se presenten, tales como la tendencia a subvalorarse. Es igualmente beneficioso, hacer participar a la pareja (o persona más cercana a la nueva mamá) para ir consolidando en un espacio psíquico que ahora hay una nueva vida con el bebé. La información permite a la madre y a su entorno próximo, reaccionar mejor ante sus cambios de humor.

* Mantener una alimentación sana. No olvidando lo importante que es la nutrición también luego de dar a luz, incluso aunque no esté dando de mamar. Una dieta rica en frutas, verduras y cereales brinda vitaminas y nutrientes necesarios que también ayudan a recuperar un buen estado físico, lo que a su vez repercute en la salud psíquica.

* Descansar cuando el niño lo hace. Es muy recomendable que la mamá aproveche para descansar y dormir  cuando el recién nacido duerma. Es necesario que tome conciencia de que merece descansar.

* Aceptar ayuda. Hacerse a la idea de que es humano que necesite delegar funciones, y que no es ni aconsejable ni viable el pretender ser una mamá hiperactiva que abarque todo y aún así esté sonriente todo el tiempo. Lo conveniente es que  la ayuda externa se ocupe de los quehaceres domésticos para que la madre, y el padre si está presente también, se dediquen al cuidado del bebé y se familiaricen. En el caso específico de los primeros días, la ayuda es necesaria hasta que la mujer se recupere completamente.

* Marcar prioridades. Es preciso procurar ser razonables, teniendo en cuenta que es inviable pretender mantener la casa igual y además adaptarse al ritmo y horarios del bebé. A las tareas domésticas definitivamente es necesario contemplarlas como algo secundario.

*Dedicar el tiempo que se necesite para el cuidado personal. Es saludable reservar tiempo para una misma, y si es posible salir ya sea con o sin el bebé según se desee. Este punto incluye por supuesto, lo positivo que es mimarse y comprarse ropa. La buena apariencia alegra, es buena para la autoestima, y en este momento es de gran importancia sentirse bien consigo misma.

* Ejercitarse. Existen estudios que demuestran que practicar ejercicio durante y después del embarazo, ayuda a sentirse mejor emocionalmente y a mostrarse más sociable. Varias actividades con el asesoramiento adecuado, pueden ser muy beneficiosas. Como por ejemplo el yoga o la danza oriental, que tienden a una mayor conexión con el cuerpo y dominio del mismo.

* Compartir opiniones y experiencias con otras madres. Incluyendo estados de ánimo por los que puede pasar luego del alumbramiento, lo que ayuda a prevenir sustos y sentirse más comprendida.

* No intentar ser la madre perfecta. Aceptar que se cometen errores permite aprender de ellos. Gran número de las mujeres que sufren depresión luego del parto tienden a ser perfeccionistas, reprochándose el no poder hacer absolutamente todo bien y dando por seguro que otras madres se desempeñan mejor. No obstante, en la práctica son necesarios esos errores que comete naturalmente no satisfaciendo los deseos del niño de inmediato, ya que le permite al bebé tener vivencias tolerables de insatisfacción. Es una madre humana y no excesivamente buena, la que permite el espacio para el crecimiento del bebé como persona.

Por: Pilar Naveira