¿Por qué no nos escuchamos?

Por que no escuchamos
Somos los mejores dando consejos, siempre tenemos una respuesta para todo, ayudamos a nuestros amigos cada vez que ellos nos necesitan, la gente acude a nosotros porque saben que tendremos una solución. Sí, somos muy sabios, muy sabios con los demás…Pero cuando llega el momento de la verdad, cuando es hora de hacer caso a nuestro propio conocimiento, es cuando todo falla.

Es más sencillo ver los defectos de los demás que los propios. Incluso a veces nos disgustan determinadas características de los otros, ya que inconcientemente identificamos en los demás lo que aborrecemos de nosotros mismos, lo que puede conducirnos a detestar o adorar a alguien con tan sólo pocos minutos de conocerlo. Entonces, si es más sencillo ver lo equivocados que están los demás, ¿por qué no podemos darnos cuenta de que nosotros hacemos lo mismo o peor?

Hay una resistencia de nuestra parte a reconocer que algo está mal, no queremos sucumbir a la debilidad y tendemos a tapar con un dedo lo que es tan obvio. Cuando tenemos un problema somos los últimos en reconocerlo. Se produce una herida narcicista, una herida a nuestro amor propio cuando comprendemos que no somos tan geniales como nos habíamos creído, nosotros también nos equivocamos a pesar de querer creer lo contrario. Y no tiene nada de malo, después de todo la vida es una sucesión de experiencias, de las cuales se aprenden cosas, cosas que pueden ayudarnos tanto a nosotros como a los demás y es de aquí donde proviene nuestra noble sabiduría.

Si tenemos las herramientas, la sapiencia, ¿por qué escogemos no escucharnos? ¿Se imaginan en lo increíble que podría convertirse nuestra vida si tan sólo aprendieramos a seguir nuestros propios consejos? Las mujeres con el corazón roto que no han podido superar su propia pérdida amorosa aconsejaran a su amiga de la mejor manera para olvidar a quien la lastimó, los médicos nos dicen todo lo que debemos hacer para tener una salud envidable cuando ellos comen en exceso o fuman a nuestras espaldas, los padres cuidan celosamente a sus hijos y les aconsejan no hacer nada de todo lo que ellos hicieron cuando tenían la misma edad. ¿Es acaso esto hipocresía? No, en realidad, preferimos no escucharnos porque a pesar de tener el conocimiento, nos es difícil aplicarlo. Esperamos que los demás sigan fielmente nuestras palabras cuando nosotros no podemos poner en práctica lo que creemos. Existe un deseo oculto de ayudar a los demás, porque quizás en el proceso podemos ayudar a nuestro propio ser.

Tenemos que aprender a hacernos cargo de lo que nos sucede. Tenemos que tener la humildad suficiente para reconocer cuando algo no está bien en nuestra vida, debemos aprender que no somos omnipotentes y que no tiene nada de malo pedir ayuda. Cuando se trata de la salud tanto física como mental las personas tienden a minimizar lo que ocurre y genera mucha resistencia acudir a un profesional, primero porque se tiene que reconocer que algo no está tan bien como pensabamos y segundo, las personas tienen una serie de fantasías con respecto a la terapia, a la consulta médica.

Lo irónico del asunto, es que comenzamos a escucharnos cuando alguien de afuera nos dice que debemos hacerlo, miramos cuidadosamente nuestra vida y apreciamos lo que tenemos cuando alguien nos da un empujón. Muchas veces necesitamos de un otro que nos diga exactamente lo que ya sabemos. Sigamos nuestros propios consejos, explotemos al máximo ese conocimiento ganado con cada día, podemos ser nuestros propios maestros si tan sólo nos lo permitimos. Y es cierto, los cambios requieren esfuerzo y perseverancia, piensen en el esfuerzo como en una inversión. Una vez que nos decidimos a explotar el tiempo, la paciencia, la fuerza, esto se convertirá en un hábito en nosotros, en algo tan natural como respirar y es ahí cuando podremos ver el fruto de lo que hemos ido construyendo de a poco. Aprendamos a escuchar nuestra voz interior, después de todo es la que en verdad sabe qué es lo mejor para cada uno.

Manipulación: cortando sus hilos

Manipular, ese interés por convencer al otro de que haga lo que se quiere. En mayor o menor medida, todos en algún momento en nuestra interacción con los demás sentimos que es imperioso que nos ayuden en algo o que acepten hacer lo que queremos. Otras veces, nos encontramos del otro lado, sabemos que nos resulta muy inconveniente o ilógico ceder ante esas peticiones y nos hallamos inmersos en una situación muy incómoda que nos hace sentir muy mal, ya que nuestro interlocutor parece necesitar mucho de nosotros pero no alcanza a entender nuestras razones por más que nos esforcemos en explicárselas y en no entrar en una discusión.

Existe una amplia gama de motivos que hacen posible que las personas quieran manipular, la cual va desde razones sencillas hasta otras complejas pudiendo algunas de ellas relacionarse con una patología. Dentro de los motivos más frecuentes podemos encontrar, baja autoestima (creyendo que no son lo suficientemente importantes y capaces como para conseguir lo que quieren o la ayuda de los demás, por lo que sienten que deben convencerlos a como dé lugar), desconocimiento de cómo lograr lo que desean (prefiriendo que los otros se esfuercen en lugar de ellos), un sentimiento de poder cuando logran manipular (lo cual se relacionaría también con baja autoestima), entre otros.

No obstante, en algunos casos la manipulación se convierte en algo rígido, una característica que sobresale y siempre está presente en esa persona con la que inevitablemente tenemos que relacionarnos. En dichas ocasiones, según el tipo de vínculo que tengamos con este sujeto y el tiempo que debamos compartir con él, puede que necesitemos la ayuda de un profesional. Si sientes que estás atravesando por una circunstancia de este tipo, puedes contar con los espacios de consejo y terapia que la Lic. Mariana Alvez pone a tu disposición.

A continuación encontrarás algunos puntos sobre los que es oportuno reflexionar, a fin de percatarnos y actuar de la manera más conveniente cuando intenten manipularnos, así como de modificar nuestra interacción con los demás cuando notemos que somos nosotros quienes intentamos jugar el rol de manipulador.

* Cuando haya algo que no te guste, exprésalo. Si bien puede que desees criticar a quien intenta manipularte, obtendrás mejores resultados si haces referencia específicamente a su comportamiento, ya que éste es plausible de ser modificado. Mientras que si te refieres negativamente al individuo en sí, seguramente caerán en una discusión que implique un gasto de energía significativo y que es probable, no arribe a ningún resultado útil. Esto se debe a que sencillamente, cuando las personas creen percibir un ataque hacia sí mismas lo que aflora en ellas no es una actitud de apertura al diálogo, sino defensa. Como una suerte de fortaleza que cierra sus puertas para protegerse del ataque enemigo, más allá de que luego quieras presentar argumentos que puedan ser muy lógicos. Por tanto, no olvides que tu objetivo es modificar la situación, y para ello es esencial enviar un mensaje no sólo claramente comprensible, sino que también pueda llegar y ser asimilado con las menores resistencias posibles por la otra parte.

* No temas referirte a cómo te sientes. Es una actitud prudente, no ir por la vida dejando que todos conozcan al 100% cómo nos sentimos, lo que pensamos, lo que nos gusta y lo que no, en fin, nuestra personalidad completa. Es un indicativo de salud reservar ciertas cosas para nosotros y nuestros seres queridos más próximos e incluso ciertas otras, para un ámbito exclusivamente personal. No obstante, podrás también conseguir resultados muy positivos, si en cierta medida que dependerá de la persona y las circunstancias específicas, te atreves a referirte a tus sentimientos y a las cosas que quieres logar. Ello usualmente tiene como consecuencia, que nos hagamos de más amigos, de una pareja o que tengamos mejores relaciones laborales. Si por el contrario, nuestro interlocutor nos hace saber que no comparte nuestros sentimientos y metas o que no desea emprender alguna actividad con nosotros, más allá de que esa situación pueda causar en un primer momento malestar, hay que tener en mente que en realidad hay una ganancia para ambas partes aquí, ya que conociendo el estado real de las cosas, sin más demora ambos pueden seguir su camino.

* No dudes en expresarte en primera persona. Aunque muchas veces referirse a hechos de una forma general, sin emplear palabras más comprometidas como “yo pienso que” o “yo siento que”, pueda parecernos que resulta más diplomático y hay veces en que efectivamente lo es. Si esta postura se convierte en algo rígido que siempre adoptas, la transmisión de información será difícil, así como el conseguir resultados. Si demuestras un grado de interés y que te involucras en la situación, tus opiniones tendrán más posibilidades de ser tenidas en cuenta.

* La firmeza y la serenidad evitan que te manipulen. Si para lograr su objetivo, alguien te critica o te dice lo que en su opinión deberías hacer, con ponerte evidentemente a la defensiva no lograrás que cambie su actitud. Ten en cuenta, que este individuo está partiendo desde un lugar en el que no es de su interés aceptar argumentos lógicos o iniciar un verdadero debate, sino solamente conseguir su propósito. Si intentas explicarle lo que piensas, tomará parte de tu discurso para intentar deformarlo y dar una aparente validez a sus planteos. Entonces, resulta mucho más efectivo decir que respetas su opinión pero no la compartes, de esta manera, si no entras en su juego y te mantienes sereno pero firme, la otra persona percibirá que tienes autocontrol y que no puede manipularte.

Si ves que la crítica es válida, admítela, pero no por eso cedas ante los deseos del otro. Sin llegar a entrar en una discusión, dile que la crítica no es por completo cierta, si observas que tal es el caso.

* Sé coherente si decides negarte a algo importante. Si te han planteado alguna situación y luego de pensar detenidamente en la misma, llegas a la conclusión de que no estás de acuerdo, no temas comportarte de forma coherente con tus ideas, ni te sientas culpable al hacérselas saber a la otra persona, ni busques excusas. Expresar el desacuerdo es un derecho que todos tenemos. Siendo asimismo una defensa, una herramienta que nos permite establecer límites, los cuales no sólo detienen sino también, al mismo tiempo contienen y protegen nuestra individualidad. Muchas veces aceptar las demandas externas a fin de evitar una discusión, puede acarrear peores consecuencias, ya que te estarías faltando a ti mismo. No es extraño, sino bastante usual, que en casos así el otro pretenda hacernos sentir culpables de alguna manera, ya sea que se plantee explícitamente hacerlo o no. Como mínimo, es muy esperable que la otra parte intente hacernos desistir de nuestra postura. Por tanto, para salir de la situación de la mejor manera, es esencial cuidar la forma en que se dice lo que se dice. Sin buscar justificaciones que raramente se encuentren o le resulten convincentes a la otra parte, no dudes en decir no todas las veces que sea necesario. Si la otra persona no quiere entender, repite tu no todas las veces que sea necesario. Si lo haces de una manera segura y pacífica, no tiene por qué ofenderse.

En caso de que llegases a equivocarte, si ello sucede a causa de una decisión tuya al menos habrás aprendido algo, pero si te encuentras en un error por haber seguido lo que otro te dijo que hicieras y no lo que realmente querías, no sabrás ni dónde estás parado.

Tomar la decisión de combatir la manipulación en nuestras vidas, implica comenzar a transitar un camino que nos aleja de discusiones infructuosas, estrés, culpa y otras emociones negativas, mientras nos acerca a un nivel de autocontrol y análisis más elevado.

Por: Pilar Naveira

Amor con violencia no es amor

al amor con violencia no es amor

Había una vez una princesa que estaba enamorada de un ogro, pero este ogro no era simpático ni dulce como el de la película, era un verdadero monstruo que golpeaba a su amada. Y la princesa inocente lloraraba en su palacio, esperando en vano que su amor cambiara y que aquella golpiza fuera en verdad la última, como los susurros que escapaban de los labios grotescos prometían sin descanso.

No es desconocido que muchas mujeres viven situaciones de violencia extremas, en algunos casos tan intensas que incluso pueden provocar la muerte. ¿Por qué las mujeres caen en esta situación? ¿Por qué algunas mujeres se empecinan en creer mentiras?

Existen distintas razones por las cuales las mujeres se ven involucradas en una situación abusiva. A veces los problemas económicos hacen que alguien esté junto a su pareja sin importar las consecuencias, porque el marcharse significaría no tener un lugar a dónde ir, perder el techo sobre su cabeza, perder la comodidad financiera el agunos casos. Estas mujeres tendrían que preguntarse qué tan factible es permanecer víctima del dinero, sabiendo que sus vidas hasta corren peligro así como la de sus hijos, es imperante que se busque ayuda ya sea con familiares o con instituciones. No crean que están seguras junto a un hombre violento, lo impredecible está a la orden del día y lo mejor es actuar rápido. Bajo ningún concepto dejen que el dinero sea una atadura a alguien así, por todos los medios intenten encontrar la ayuda necesaria, siempre habrá alguien dispuesto a dar una mano, no hay lugar para el orgullo cuando la integridad física y psíquica están comprometidas.

Las mujeres que permanecen junto a un hombre golpeador pueden estar actuando así por razones inconcientes. Una baja autoestima será quien engañara a la mujer haciendole creer que nunca nadie más que ese hombre la amara, por lo cual vale la pena soportar cualquier tortura para poder disfrutar de al menos unas migajas de amor y paz cuando él lo decida. Ellas creeran las falsas promesas de que jamás se repetirá la agresión, un juego engañoso donde en el fondo ambos saben la verdad, pero trae una calma momentánea hasta el próximo incidente. Una incapacidad para poner límites y problemas provenientes de la infancia también contribuirán a esta cárcel emocional.

La violencia va más allá de lo físico, el menosprecio mediante palabras también genera sentimientos desagradables y consecuencias psicológicas importantes. Los insultos con el tiempo incluso pueden convertirse en golpes y en algunos casos extremos pueden desembocar en la muerte.

Las mujeres siente humillación e impotencia y muchas veces intentando apartarse de la lástima o el desprecio de su entorno, son capaces de callar lo que está sucediendo en la intimidad de su hogar. El miedo a que su pareja haga algo al respecto si la mujer decide hablar, es otro disparador para permanecer en este estado de mutismo cómplice y doloroso.

En la violencia familiar  los ciclos de tranquilidad se reducen en duración con el paso del tiempo, los episodios violentos iran aumentando en intensidad y frecuencia. Debemos estar atentas a los niveles de stress del agresor, quien podrá actuar de una manera más peligrosa si es alcohólico, consume drogas, se ha quedado sin trabajo, está enfermo, etc.

Ahora veremos el perfil del hombre golpeador. Usualmente nos encontramos con un hombre que en su infancia también ha sido víctima de malos tratos o ha sido testigo de los mismos. Sus padres fueron rígidos en la crianza o alentaron que el niño reaccionara con violencia en la resolución de problemas, también pudo haber sido criado de manera tal que se acostumbró a que todos sus caprichos fuesen cumplidos de una manera egocéntrica, comportamiento que permanece en la vida adulta.

¿Que elementos están participando en la personalidad de este hombre? Puede haber una necesidad extrema de ejercer poder sobre su pareja, esta necesidad de control absoluto está ligada a una baja autoestima y sentimientos de inseguridad, vulnerabilidad e incluso ineptitud. Intentará dominar a la mujer por un deseo enfermizo de ser lo único en su vida, hay una dependencia emocional profunda hacia el otro, que lo empujara a un estado de ansiedad cada vez que la más ínfima posibilidad de separación se perciba. Estos hombres no toleran que su pareja exprese afecto hacia otras personas, incluyendo a sus propios hijos. El agresor es callado, no habla sobre sus problemas, tiene muy en claro cuáles son las flaquezas de su pareja, ignora las consecuencias de sus actos y racionaliza los mismos, convenciendose a sí mismo que no ha hecho nada malo o que la situación de violencia no volverá a repetirse.

Algunas señales de alarma para detectar a estos hombres se dan ya desde el noviazgo, las cuales pueden ser pasadas por alto gracias a la etapa de enamoramiento que nos conduce a idealizar al otro, señales como el exagerado control sobre sus parejas y exigencias en cuanto a puntualidad o vestimenta. Estos hombres pueden ejercer un poder económico sobre su esposa, llevando el control desmedido de los gastos del hogar o incluso haciendo sentir inferior al otro por no estar aportando el mismo sueldo o más al hogar.

Lamentablemente, los niños son los testigos silenciosos de este maltrato, incluso aunque no padezcan físicamente de los abusos, en su mente se irá grabando lo que viven cada día. Ellos vivirán el conflicto de percibir a sus padres como fuente de confusión, resentimiento, se ama a su padre, pero él lastima a su madre, algo difícil de procesar en el psiquismo del pequeño. Podría ocurrir también que el niño se identifique con el agresor creyendo que debido a que la madre no tolera los abusos, la pareja terminara en divorcio y el padre se vera forzado a abandonar su casa. En estos niños es común encontrar ciertas reacciones como trastornos de aprendizaje, problemas de integración social o stress post-traumático.

Mujer, no puedes arriesgarte por más tiempo busca ayuda de inmediato y no dudes en consultar a un psicólogo para trabajar sobre las heridas emocionales producidas por este abuso.

Aquí comparto unos links sobre instituciones que podrán ser de ayuda en estos casos.

 

No dejes que la princesa que hay en ti muera cada día un poco más por alguien que no sabe apreciar lo que encontró en su camino.

Mentiras: Grito de ayuda

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Todos sabemos que mentir no es correcto, que puede traernos problemas y la mejor política siempre es la sinceridad…  ¿Pero qué sucede cuando nos sentimos obligados a mentir?

Existen varios tipos de mentiras, pero en este artículo hablaremos de las mentiras “por necesidad”. Los padres muchas veces se sienten traicionados al descubrir que sus hijos adolescentes les han mentido descaradamente, o las parejas se enfurecen cuando descubren alguna mentira por parte de la persona amada. En estos casos habría que preguntarse, ¿por qué nos miente el otro?

No es nada nuevo el tema de la búsqueda de independencia de los adolescentes, la necesidad de separarse de sus padres en el intento de construir su propia personalidad. Y no nos debemos de extrañar cuando nuestros hijos quieran experimentar nuevas salidas porque simplemente están en la edad de hacerlo.

Los padres muchas veces por miedo, prohíben a sus hijos a salir con ciertos amigos o no les permiten ir a determinados sitios, lo cual a veces es razonable y otras veces no. Primero deberíamos preguntarnos si lo que nuestro hijo nos pide es tan terrible como lo imaginamos en nuestra mente. Porque por supuesto que quedarse a dormir en lo de un amigo puede no significar ninguna amenaza, o ir a ese baile no es el fin del mundo.

Antes de decirle que no a raja tabla, escuchemos los que nuestros hijos quieren decirnos y si hay algo que no nos convence demasiado, siempre podemos buscar soluciones alternativas a ese no, quizás nuestro hijo pueda ir acompañado de un hermano mayor o un amigo de confianza.

Si nuestra primera respuesta a sus atisbos de independencia siempre será una negativa, los adolescentes se sentirán forzados a mentir para salirse con la suya, ellos son obstinados y cuando hay una idea que los seduce la mayoría lo harán con o sin el consentimiento de los padres, por eso la comunicación es fundamental, saber qué es lo que nuestros hijos quieren, sienten, necesitan.

Si descubrimos una mentira por parte de ellos, en vez  de poner el grito en el cielo, es hora de que nos sentemos tranquilamente a charlar y averigüemos qué es lo que los condujo a hacer eso en un primer lugar.
Otro caso clásico de mentiras “por necesidad” es cuando estamos involucrados en una relación amorosa donde los celos están a la órden del día.

Muchas veces querremos hacer algo por completo inocente, pero en la cabeza alocada de nuestra pareja esa inocente actividad puede ser el comienzo de un verdadero desastre, el otro confundido entre lo que desea hacer y lo que debería hacer para no herir la susceptibilidad de su pareja, se ve “obligado” a mentir.
Solemos mentir para no herir al otro o para salirnos con la nuestra a como de lugar, pero tras las crueles mentiras siempre se esconde un pedido de ayuda, un reclamo de atención de que las cosas no están bien.

Debemos aprender a respetar al otro en su diferencia y en sus deseos, no podemos pretender gobernar el corazón ni la mente de los demás, la libertad y la honestidad son la clave. Así que cuando se vean enfrentados a alguna de estas situaciones, donde se sientan tentados a mentir o sean víctimas de una mentira, hablen, comuniquen qué es lo que está sucediendo, lo que están pensando, sintiendo, el diálogo es nuestra mejor herramienta para dejar en claro lo que queremos y como deseamos que nos traten. Tenemos derecho a ser sinceros sin temor a las consecuencias así como también tenemos derecho a conocer la verdad.

Límites que liberan

Los padres no deben perder de vista la importancia de los límites para el óptimo desarrollo de la identidad de su hijo, los límites educan y apuntan a obtener madurez psicológica, dan fin a la fantasía de omnipotencia e ilimitación infantil.  El rol del adulto consiste en crear condiciones emocionales y marcos de referencia para que el niño se desarrolle  con autonomía y seguridad. limites que liberan1 Los límites ayudan a que los niños puedan distinguir quiénes son ante los otros y contribuyen a diferenciar la realidad de la fantasia.  Desde pequeños deben comprender que la realidad limita y que no siempre será todo tal cual lo dicte su capricho. Esto se conoce como tolerancia a la frustración


Los padres a veces creen que imponer límites es sinónimo de autoritarismo o falta de cariño hacia los hijos. Sin embargo,  a veces es más dañino no hacerlo, ya que los pequeños comienzan a actuar de manera confusa e intolerable, donde usualmente se exterioriza como falta de respeto a los mayores, pataletas, insultos, gritos e incluso hasta violencia hacia sus amigos.

limites que liberan2Los límites deben ser reglas claras, cuidadosamente explicadas, precisas, los padres no deben sucumbir ante los intentos de trangresión de las normas que sus hijos llevaran a cabo. El NO debe ser firme siempre y cuando estemos ante un peligro real para el niño, de lo contrario tratemos de utilizar maneras más suaves para implementar el límite. Si se permite que el niño gane y quiebre el límite, se pierde autoridad, no podemos colocarnos en un rol de amigo del niño, no somos su igual, debemos saber desempeñar correctamente nuestro papel para no confundir y para modelar una persona que deberá saber afrontar los altibajos de la vida, un adulto maduro, responsable y seguro de sí mismo.