¿Qué tan caprichosos somos?

¿Qué tan caprichosos somos?

¿Qué tan caprichosos somos?

Hemos planeado la velada ideal para compartir con nuestra pareja, en nuestra mente todo era perfecto, las cosas tenían que suceder de determinada manera y en determinado momento. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a la situación real las cosas se alejaron muchísimo del perfecto plan que habíamos delineado. Ese restaurant que querías está lleno, el hotel que pensabas era precioso no lo era tanto, te encontraste con conocidos e interrumpieron ese momento a solas. Un millón de cosas pueden suceder para arruinar la perfección y lo peor es que en lugar de disfrutar la compañía de nuestro amado, nos concentramos en todas aquellas cosas que no salieron exactamente como quisimos.

Este ejemplo puede ser aplicado a cualquier área de nuestra vida, cuando esas cosas tan especiales que pensaste se rehusaron a darse de la manera en que te habías empecinado que se dieran…Cabe preguntarse ¿qué tan caprichosos somos a veces? ¿Qué tanto nos complica la existencia las decisiones que tomamos? ¿Somos racionales o impulsivos? ¿Somos infantiles o maduros? ¿Cómo nuestro comportamiento afecta a los demás?

No importa que tanto planeemos o que tanto deseemos algo, usualmente las cosas jamás se dan EXACTAMENTE como queremos y esto no necesariamente implica algo negativo, ya que a pesar de que ciertas cosas no se adaptan a nuestra manera de pensar o comportarnos no quieren decir que no sean provechosas.

Quizás esa velada especial terminó siendo diferente pero más divertida de lo que creías, quizás ese compañero de trabajo insoportable que asignaron en tu sección haga que te luzcas más en tu trabajo, tal vez haber perdido ese examen ahora implica que al estudiar más también aprenderás más y hasta llegues a alcanzar una nota más alta.

La vida y los otros se interponen entre nuestros caprichos y nosotros, para enseñarnos que si bien debemos pensar en nosotros de una manera positiva, tampoco podemos imponer nuestros deseos al de los demás. Si salirnos con la nuestra implica hacerle la vida imposible a quienes están alrededor, entonces ese deseo no está alineado de la manera correcta, no es justo para los otros y a la larga puede provocar un abismo entre nosotros y aquellos que intentan amarnos a pesar de nuestra impertinencia.

Así que los invito a pensar por qué creen que solamente hay una manera de hacer las cosas, quiero que aprendan a valorar las opiniones de los demás y les den una oportunidad de ofrecerles una manera distinta de hacer las cosas. Quiero que entiendan que si las cosas no salen perfectas no quiere decir que no valen la pena. Nuestra manera no necesariamente es la única y la mejor, podemos aprender muchísimo si tan sólo nos dejamos llevar un poco más y aprendemos a ignorar esas irracionalidades que suelen dominarnos. Démonos una oportunidad de pensar más allá de nuestros caprichos y sin duda los resultados serán más satisfactorios de los que crees.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

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