Los niños y la muerte, una enseñanza

Quedé pensando mucho en una de las charlas que compartí con una amiga doctora, quien me comentaba que había estado trabajando con niños que padecen cáncer terminal. Su historia me conmovió a la vez que me hizo reflexionar.

Estos pequeños asumen con completa serenidad que morirán, dibujan, sonríen, hablan contentos de que irán al cielo, dicen que en sus cortos años de vida han experimentado muchas cosas como el nacimiento de un hermano. Sin remordimientos, sin quejas, sin protestas, asumen la mala suerte que les ha tocado y hacen lo mejor que pueden con lo poco que tienen. Su única preocupación es qué sucederá con sus padres cuando ellos no estén, incluso en sus momentos más terribles, estos niños amorosamente se preocupan por el bienestar de sus progenitores, se preocupan por el vacío que dejaran en sus vidas cuando ya no sean parte de este mundo.

A veces nos quejamos de nuestros problemas creyendo que somos las personas menos afortunadas del planeta, que vivimos cada día plagados de tragedias, que no hemos logrado absolutamente nada. Incluso cuando estamos inmersos en problemas grandes, todo esto se reduce prácticamente a cenizas cuando pensamos en estas situaciones extremas pero reales. Los niños asumen inteligentemente y con amor lo que les sucede, son una lección de vida para nosotros  y ante estos sucesos casi inconcebibles, podemos inspirarnos  y aprender de ellos.

Nosotros tenemos una oportunidad cada día que despertamos, una oportunidad para ser mejores, para amar y dejarnos amar, para tomar control sobre lo que podemos tomar control, para ser felices, para sonreír, para volverlo a intentar. Cada día nos obsequia horas preciosas para poder hacernos cargo de nuestra vida y muchas veces desperdiciamos este regalo quedándonos con brazos cruzados y agrediéndonos a nosotros mismos en lugar de hacer algo para cambiar.

Estoy segura que la mayoría de nuestros problemas son solucionables, habrán situaciones más delicadas que otras no lo dudo, pero muchas veces lo que nos sucede es a causa de nuestro descuido y nuestra falta de aprecio.

Tenemos que aprender a amarnos y a mirar el mundo, cuando sientan que no hay nada por lo cual estar agradecido, piensen que estar vivos aquí y ahora es motivo suficiente para sonreír, saber que pueden compartir el día con quienes quieren es algo que no deben desaprovechar, tener la oportunidad de cambiar tu estilo de vida, de conocer nuevas personas, de simplemente sentir. Dejemos de dar cosas por sentado como si fueran un derecho, hay personas que no tienen este obsequio o lo tienen por demasiado poco tiempo. Pongamos nuestra vida y nuestros problemas en perspectiva, no nos ahoguemos en un vaso de agua, aprendamos a discernir cuáles son las verdaderas catástrofes de las que simplemente son malestares momentáneos y solucionables. Conozco personas que se quejan hasta el cansancio, insultan y maldicen a su vida  sólo por padecer un simple resfríado.

Estos niños me enseñaron una lección de amor y sabiduría, una serenidad admirable, una comprensión de la vida quizás mejor de las que muchas personas podrán llegar a obtener algún día.

Nuestras emociones son nuestro motor, entremos en contacto con ellas y aprendamos a aprovechar cada momento, recuerden que usualmente las cosas se aprecian cuando se pierden, no permitas que sea demasiado tarde para ti. Los niños son sabios y sus corazones están abiertos a lo que les sucede, debemos permitir que su enseñanza y su entereza sean un ejemplo. Yo los admiro profundamente por su valentía y ese coraje será su huella imborrable.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

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Un pensamiento en “Los niños y la muerte, una enseñanza

  1. Sinceramente no tengo palabras para expresar lo que esto me hace sentir, que valor, que fuerza, que hermoso ejemplo son estos niños para todos nosotros.
    Yo tuve una experiencia muy cercana, mi mejor amiga d la niñez, quien tenía 13 años cuando falleció, y su hermanita, que tenia 6 añitos cuando falleció 6 meses después que su hermana, esto fué hace casi 10 años ambas tenían leucemia. Fué una de las experiencias más dolorosas de mi vida.
    Y esa niña de tan solo 6 años me enseñó una de las cosas más valiosas, que el amor es lo único que importa, que el espíritu es lo único que perdura, porque el cuerpo es débil y puede sucumbir de una manera tan triste y lamentable, pero ellas no se rindieron nunca y mostraron una sonrisa en sus rostros hasta sus ultimos días. jamás voy a olvidar la esperanza que tenian en que sus padres pudieran rehacer su vida después de esto. Todavia soy amiga de sus padres, dos personas que realmente aprecian todo lo que sus dos hijitas les dieron y hoy, al igual que yo, muestran una sonrisa al recordarlas. Yo les agradezco muchísimo eso que me enseñaron, y gracias a ellas soy lo que soy. Gracias Melody y Melissa!

    También quiero decirte Mariana, que me encanta su blog, es algo muy lindo y lo voy a recomendar mucho!
    Gracias a ustedes también!

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