El club de los optimistas llega al Diario

El club de los optimistas

Esta nota escrita por Gabriela Vaz se publicó hoy 12/2/2012 en el Diario El país y básicamente versa sobre qué se trata la propuesta de  nuestro club.

Es solo una cuestión de actitud reírse del fracaso y del oro/ Es solo una cuestión de actitud no tener nada y tenerlo todo”. Así reza una canción de Fito Páez que pone melodía a la premisa del optimista: hasta de los hechos más desgraciados se puede sacar un beneficio. Siempre, aún en las circunstancias más adversas, es posible ver el vaso medio lleno.

Claro que es más fácil decirlo que ponerlo en práctica. Suele ser más cómodo, más “inevitable” o tal vez más humano, dejarse caer y hasta aceptar los males de nuestras vidas como si fueran parte de un destino preestablecido que nada podemos hacer por cambiar.

Pero también están los que acostumbran a ponerle buena cara al mal tiempo, gritan “alegría” si se derraman vino encima de una camisa recién estrenada y andan por la vida honestamente convencidos de que cada crisis supone una nueva oportunidad. Pues bien, desde hace unos meses, estos raros especímenes han formado un club y hasta tienen mitines mensuales.

Todo surgió a iniciativa de la psicóloga Mariana Alvez, quien, tras escuchar la propuesta de uno de sus consultantes, Martín Etcheverri, abrió un grupo en Facebook llamado El Club de los Optimistas. “La consigna era empezar ahí para luego conocernos personalmente”, explica la profesional, exponente de una corriente conocida como “psicología positiva”, que hace hincapié en el bienestar, la felicidad y el buen humor para trabajar con los consultantes. Así surgió, en septiembre pasado, la primera reunión, donde los integrantes del grupo se vieron las caras por primera vez en un café céntrico y charlaron sobre la pasión, que fue el tema propuesto por la terapeuta en esa oportunidad. En la segunda reunión, con más participantes, la charla-debate giró sobre el optimismo.

El próximo sábado 18, a las 16 horas, tendrá lugar la tercera reunión de El Club de los Optimistas, gratuita y abierta a todo el que desee participar, sin restricciones de edad ni de ningún otro tipo. Dado que el encuentro es en el Café Tribunales -ubicado en Plaza Cagancha-, el interesado puede abonar si lo desea solo el costo de un refresco o café, o no consumir nada. El tópico a tratar en esta ocasión será la inteligencia emocional.

Alvez aclara que, aunque ella es psicóloga y se ocupa de moderar la charla, bajo ningún punto de vista se trata de una terapia de grupo, ni tiene ningún sesgo formal. La idea es que, a partir del tema propuesto, surja un debate espontáneo en un clima distendido.

“Es una presentación. Yo llevo materiales para compartir y propongo un tema que actúa como disparador. Luego cada uno tiene su tiempo para hablar, charlar de sus historias personales. Es un momento ameno para compartir entre todos. Si bien hay algo psicológico detrás, porque yo llevo algo armado y tiene que ver con la psicología positiva, en realidad es una presentación científica-teórica -si se quiere- pero en un lenguaje que pueda entender todo el mundo. Es para conocerse, para desarrollarse como persona, pero en un ámbito informal, relajado, para estar cómodo, no va a analizarse a nadie. Y sirve como vínculo social. Es un híbrido entre el conocimiento formal, el informal y la sociabilidad”.

Hasta el momento, se ha presentado gente de entre 27 y 60 años, que llega sin mucha idea de “de qué se trata” todo eso, pero que se va muy satisfecha con el resultado, asegura Alvez. Y agrega: “Por un lado es catártico, porque se comparten cosas en un ambiente relajado, donde nadie te va a juzgar. Y por otro aprenden cosas”.

PERSPECTIVA. Uno de los objetivos de esta iniciativa es demostrar que el optimismo se puede aprender, pues tiene que ver con un mecanismo del pensamiento. Y además, asegura la psicóloga, no se trata únicamente de aplicar estos principios a cuestiones pequeñas o domésticas, sino incluso a los problemas más graves. “Cualquier situación, por dolorosa que sea, la tenés que ver de otra manera. Con una pérdida, un duelo, una separación, una enfermedad, obviamente vas a sufrir. Pero si además negás la realidad o te colocás en la posición de víctima, de `¿por qué a mí?`, te aislás. Sos sólo la enfermedad, sos solo la muerte o sos solo la pérdida. Si te quedás estancado, aparece la depresión, la angustia, la ansiedad, y no podés salir de eso. Es como si el dolor se esparciera a todo y quedás inmóvil. El dolor existe, claro, es una parte de nuestra vida, pero tiene que tener un propósito. Ya que está, tenemos que sacarle algo, algo que nos impulse a ser más fuertes, a encarar la vida de otra manera. Por ejemplo, una enfermedad puede ser el disparador para ver la vida de otra manera, para poner todo en perspectiva. Hacé tu duelo correspondiente, sí. Tené tu tiempo para patalear, gritar, estar mal. Pero después, tratá de seguir adelante”.

Alvez hace continuo énfasis en el poder que tiene la mente en ese sentido y refiere al concepto de la “profecía autocumplida” (ver recuadro arriba), que postula que si una situación es definida como real, pues entonces tendrá efectos reales. El secreto está en aprender a pensar distinto. “Decimos: `Fulano no me llamó; no me llamó porque no le intereso`. ¿Por qué pensar en una sola opción? ¿Cuáles son las otras? No me llamó porque estaba ocupado, porque fue interrumpido, por un montón de otras cosas. Siempre pensamos en lo malo. Tener alternativas de pensamiento -que es de las cosas más sencillas que se pueden hacer- te puede cambiar el día. Si me tropiezo y eso tiene el poder de arruinarme el día, me perdí de disfrutar una cena con amigos o un buen momento con alguien. Si algo te pone mal, lo mejor es decir `ya pasó, qué más hay en el día que sea bueno`. Es una visión de la vida mucho más amplia. Eso te permite ser más exitoso, más saludable, más feliz, tener relaciones significativas con los demás”, expone la terapeuta.

El Club ayuda a cuestionarse el modo de ver las cosas, dice Alvez. Y “eso ya está bueno”, dado que “tenemos hábitos negativos que ni nos cuestionamos. A veces la gente quiere cambiar y no sabe cómo. Al ver la vida desde otro ángulo, uno empieza a sentirse mejor. Ver cómo transformar el dolor en algo positivo o cómo dejar ir lo que no podemos controlar”.

El Club de los Optimistas es una idea que no sólo está prendiendo en Uruguay. La psicóloga ya ha tenido consultas desde Córdoba (Argentina) y Santo Domingo (República Dominicana) para averiguar sobre el método.

El club de los optimistas se reunirá el sábado 18. la participación es gratuita.

Ser positivo es una cualidad a entrenar

Al contrario de la psicología más clásica, que se centra en los conflictos de las personas para, a partir de ahí, resolver los problemas, la corriente positiva pone el foco en el bienestar y la felicidad como fortalezas a trabajar. Mariana Alvez, psicóloga uruguaya exponente de esta rama y coordinadora de El Club de los Optimistas que se reúne mensualmente en bares de Montevideo, explica que la psicología positiva trabaja con el modelo de conducta ABC. En inglés, la sigla refiere a: 1. un Acontecimiento que genera el pensamiento negativo, 2. las Creencias que se tienen sobre ese acontecimiento, y 3. las Consecuencias, es decir, lo que uno siente sobre lo que pasa. La psicóloga ilustra con este ejemplo. Acontecimiento: hoy me peleé con mi jefe. Creencia: soy un mal empleado. Consecuencia: me siento fracasado a nivel profesional. ¿Cómo cambiar esa creencia? Teniendo alternativas de pensamiento: “Mi jefe tuvo un mal día, siempre me halaga y solo fue hoy, sé que suelo hacer las cosas bien”. “Al cambiar la creencia, cambiás la consecuencia, el cómo te sentís”, alega Alvez. ¿Qué tan fácil es desarrollar esta estructura de pensamiento? “Es muy variable”, dice la psicóloga y explica que mientras una patología de fondo (trastorno de personalidad, depresión, etcétera) puede dificultar el proceso, en el promedio no debería costar tanto. Es cuestión de voluntad y constancia para aplicarlo. Las personas optimistas suelen tener este mecanismo más aceitado, a veces de forma innata pero otras veces luego de haberlo trabajado durante un tiempo. Según la terapeuta, se trata de “entrenar” la cabeza. “Así tenemos más dominio sobre eso, podemos pensar diferente y sentir diferente”, concluye.

Fuente: http://www.elpais.com.uy/suplemento/ds/un-cafe-de-optimismo/sds_623863_120212.html

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

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