Entre realidad y fantasía: Mentirosos compulsivos

Entre realidad y fantasía: Mentirosos compulsivos

La mitomanía ocurre cuando un sujeto siente un impulso por mentir que no puede controlar, esta palabra proviene del griego mythos (mentira) y manía (compulsión). ¿Qué es lo que impulsa a las personas a mentir sin control? Todo surge por un profundo deseo de construir una mejor imagen de ellos para los demás satisfaciendo así su necesidad de aceptación ajena y también por la necesidad de crear una imagen soportable para sí mismos. Esta conducta patológica hace que el sujeto en algún punto termine creyendo sus propias mentiras, viviendo en un mundo de fantasías.

Todos hemos mentido en alguna otra ocasión, ya sea para salir de apuros o para llamar la atención, sin embargo, en el caso de la mitomanía, la mentira comienza a ser una conducta repetitiva.

Quienes más propensos son a convertirse en mentirosos compulsivos son aquellos sujetos que tienen tendencia a la manía (personas con un ánimo exageradamente elevado, superficiales, frívolas). Las personas que necesitan desesperadamente la aprobación, admiración y el afecto de los demás, quienes tienen baja autoestima, inmadurez emocional, quienes se ven influenciados por un componente genético. También son propensos a padecer la mitomanía aquellas personas que provienen de  familias cuyo objetivo es fingir poseer aquello que no tienen, ya sea una buena posición económica, una buena relación, o familias que buscan ocultar determinadas situaciones como infidelidades, hijos fuera del matrimonio, etc.

La mentira es para el mitómano su motor, falsean la verdad con respecto a hechos, cosas y personas. Estos individuos son convincentes, manipuladores y mienten tan bien que es todo lo que dicen parece real, saben fingir, son de cambiar de tema habitualmente durante las charlas y brindarán distintas versiones del mismo tema en ocasiones diferentes y a  personas diferentes. Su mentira parece real porque muchas veces en su discurso utilizan cosas que sí son ciertas o al menos creíbles. La temática de sus mitos gira en torno a todo, desde su edad hasta su historia de vida completa, hay una tendencia morbosa, incontrolable, de desfigurar su realidad. Esta patología es más frecuente en los hombres.

Podemos encontrar el inicio de la mitomanía en la infancia. La conducta del mentiroso compulsivo tiene su raíz en los vínculos más cercanos, la educación del niño y su contexto siempre ejercen una importante influencia. Es habitual que en la infancia los pequeños vivan en un mundo de fantasía y mientan a modo de juego, esta conducta por supuesto que no debe de ser estimulada y desde pequeños se les debe enseñar a que decir la verdad es lo deseable en la mayoría de las ocasiones, aunque también se debe tener en cuenta que la mentira tampoco debe ser severamente castigada, el tema debe ser tratado con delicadeza pero sin tirantez ya que es normal que los pequeños mientan  como es el caso de los amigos imaginarios o sus intentos de imitar a los mayores.

Las consecuencias a nivel social y familiar son severas, ya que el mentiroso compulsivo pierde credibilidad, confiabilidad, respeto, y muchas personas queridas terminan alejándose de él por sentirse traicionadas en algún punto.

Es muy difícil que el mentiroso compulsivo decida asistir a terapia por voluntad propia, ya que niega su problema restándole importancia o siente que es parte de su vida y no hay nada que pueda hacerse al respecto. Es vital que como profesionales podamos descubrir qué es lo que se esconde detrás de esa mentira y hacérselo entender a la persona que consulta, conociendo lo que nos sucede es más sencillo controlarlo.

Más vale una vida verdadera que una vida llena de fantasías que solamente hiere la confianza de los demás, sé fiel a ti mismo y anímate a dejar esta trampa.