Archivo | mayo 2018

Tu mente: ¿aliada o enemiga?

Escrito por Oriol Lugo, Psicólogo e investigador de la Universidad Ramon Llull de Barcelona oriolugoreal@hotmail.com

 

En el presente artículo quiero hablarles de la mente y de cómo podemos usarla a nuestro favor a partir de un cambio en nuestros pensamientos y estados emocionales. Para ello vamos a efectuar un viaje hacia nuestro interior.

aliado

Cuando hablamos de mente, este concepto puede parecer abstracto y difuso. Esto se debe a que es un elemento que podría estudiarse desde distintos campos: psicología, neurociencias, filosofía… Aquí vamos a aportar una mirada práctica y funcional. Vamos a plantear la mente como una estructura personal que se manifiesta en nuestro día a día a través de pensamientos y a través de nuestro diálogo interno.

 

Podemos entender el diálogo interno como el discurso que todos tenemos con nosotros/as mismos/as en el día a día. Cuando nos despertamos un torrente de pensamientos nos invaden. Nos decimos frases como: “hoy voy a ir a este lugar”; o “voy a ver a tal persona”; o “me apetece desayunar…”

 

Este diálogo en la gran mayoría de las veces es automático e inconsciente. Es decir, surge de nuestra propia mente sin pensarlo y aparentemente sin control. Y en función de lo que nos decimos vamos a generar un tipo de realidad: más positiva, o tal vez, más negativa.

 

Si alguien se levanta y en su discurso interno aparecen frases como: “hoy va a ser un día estresante porque tengo que…”; es muy probable que esta persona va a empezar a generar todo un conjunto de emociones y de sensaciones físicas de estrés, angustia, miedo, cansancio, rabia…

 

Pero por el contrario si esa misma persona empieza su jornada con: “hoy voy a divertirme cuando haga…”; probablemente esa persona va a conectar con estados emocionales más positivos y con emociones y sensaciones de placer, satisfacción o alegría.

 

¿Pero cómo puedo cambiar estas actitudes mentales? Es necesario que te hagas con un diario. Necesitas una libretita donde vas a ir anotando todos estos diálogos internos que consideras que son más negativos. Al principio va a ser complicado y muy duro ya que es un nuevo reto que cuesta de instaurar. Pero a medida que vayas anotando estos pensamientos, descubrirás que cada vez es más fácil y divertido.

 

Una vez hayas anotado una frase o un pensamiento negativo, el siguiente paso es analizarlo de forma objetiva. Por ejemplo: “hoy en la reunión va a ser muy estresante…”. ¿Es realmente cierto?, ¿va a ser una reunión muy estresante?, ¿puedo sacar provecho o llegar a sentirme bien en esta reunión? El hecho de replantearte tu realidad, permite que puedas encontrar otra manera de plantearte las situaciones. Entonces, puedes buscar una frase que sea o más neutra, como, por ejemplo: “la reunión será formal, tranquila, rutinaria…”. O si lo consideras incluso positiva (sólo si crees realmente en ello): “va a ser una reunión provechosa donde vamos a tratar temas de interés”.

 

El último paso consiste en darte cuenta cada vez que vuelvas a usar ese diálogo interno negativo y sustituirlo por las nuevas premisas o frases que te hayas planteado. Al final, es un ejercicio de repetición, de ir automatizando un pensamiento más positivo.

 

Tu mente puede ser tu máxima aliada, pero tienes que darte el permiso para que te ayude en tu día a día.

 

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La separación: cómo manejar la situación con los hijos

Ante una separación, ambos padres deben ser muy cuidadosos con cómo se desenvuelven, ya que deben intentar hacer las cosas lo mejor posible por el bienestar de todos.

 

Uno se divorcia de su pareja, pero no de sus hijos. El vínculo que tenemos con ellos esseparados para toda la vida pero no necesariamente incondicional, el amor de nuestra prole no es un derecho adquirido, debemos ganarnos su respeto y su cariño de manera saludable. El primer paso es no dejarlos de lado a pesar de que ya no quieras saber nada con tu pareja. Aclaro que no siempre se da esta situación, pero algunas personas han caído en esta actitud y por eso lo menciono.

En los momentos previos a la separación, que pueden durar desde años a meses, los conflictos de pareja están a la orden del día. Debes intentar evitar a tus hijos presenciar estas discusiones. Nunca hables mal de tu pareja, ya que ellos deben estar por fuera de las problemáticas conyugales.  No es necesario demostrar quién es el mejor o el peor de la historia. A los niños les duele escuchar hablar mal de su papá o de su mamá, no aporta en nada y debes aprender a separar las cosas.

Al comunicar la noticia de la separación lo recomendable es que lo hagan los padres juntos. En el caso de los niños pequeños, es bueno hacer énfasis en que no es por culpa de ellos que esto ha ocurrido, ya que su imaginación fácilmente echa a volar.

Deja que tu hijo asimile la información, a su ritmo te harán preguntas, entiende sus reacciones pacientemente. Recuérdale todo el tiempo cuanto lo amas y lo importante que es para ti.

En algunas ocasiones el niño quiere que los padres regresen a toda costa, harán comentarios repetitivos en torno a esta temática y algunos pueden llegar a ser demasiado insistentes. Ten paciencia y explica las veces que sea necesario cuál es la realidad de la situación.

 

Cuando la separación se concreta es necesario que ambos padres respeten ciertos lineamientos para la educación positiva de sus hijos, reglas como los límites, rutinas, horarios, etc, deben estar conversadas de antemano y aplicadas de la manera más pareja posible.

 

Debes explicarle a tu hijo que tendrá momentos de felicidad con cada uno, habrán momentos especiales con mamá, otros con papá, y él podrá estar bien a pesar de que sus padres ya no estén juntos.

Las separaciones nunca son sencillas, aunque puede ser un proceso menos doloroso si se hacen las cosas con calma, con mucho dialogo y madurez. Recuerden que una vez se eligieron y el producto de su amor es ese hijo, hija o hijos. Que ya no exista amor romántico entre ustedes no quiere decir que no puedan hacer lo mejor y lo necesario para ellos.

 

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Descubre la Distimia

distimia

La palabra distimia proviene del griego, humor alterado. Es un trastorno depresivo que no encaja en el diagnóstico de una depresión propiamente dicha. Sus síntomas son menos severos, aunque más persistentes y suelen prolongarse en el tiempo hasta volverse crónicos. Para poder diagnosticarla, la persona debe haberlo padecido por al menos dos años.

 

Quienes la padecen suelen continuar con su rutina durante años sin recibir ningún tipo de tratamiento. Las personas presentan signos como el abatimiento, pero poco llaman la atención sus conductas o actitudes, lo que puede dificultar a la persona acceder a un tratamiento en tiempo y forma.

 

Los síntomas

Los más notorios son la melancolía y la tristeza. Quienes la padecen no se sienten capaces de hallar felicidad ni disfrute en su vida. Suelen tener dificultades a la hora de actuar, tomar decisiones, confiar en sí mismos y además tienen una baja autoestima.

Presentan cansancio, falta de energía y no suelen hacer demasiadas cosas. Se presentan alteraciones en el sueño (insomnio, dormir en exceso) y en el hambre (darse atracones o evitar el alimento)

La concentración y la memoria se ven bastante afectadas. Las personas suelen aislarse de los demás, lo que en casos más severos puede conducir a una fobia social.

La distimia, en la mayoría de los casos, está acompañada de otros trastornos como el de ansiedad generalizada y trastornos de la personalidad. Es una patología que afecta más a las mujeres y como en casi todo trastorno, existen componentes genéticos y ambientales que contribuyen a su aparición.

La distimia y la depresión son diferentes

A pesar de su trastorno, quienes atraviesan por una distimia suelen mantener una vida normal y bastante rutinaria. La gran diferencia con la depresión es el grado de incapacitación, en la depresión el sujeto está más afectado en todo y hay cosas básicas que no puede hacer por no contar con la energía emocional suficiente.

El distímico no pierde el interés y en ocasiones hasta puede experimentar placer, no está presente la lentitud motora y las ideas recurrentes de muerte tampoco son persistentes ni frecuentes.

¿Cuál es el tratamiento?

Lo más efectivo es la combinación de terapia cognitiva y tratamiento psiquiátrico.

En terapia se trabaja sobre las emociones, pensamientos y conductas negativas del consultante, se aprende a gestionar efectivamente las emociones, a comunicarse mejor con los demás, a mejorar las habilidades sociales, a reestructurar creencias negativas que estancan a la persona.

En cuanto a la medicación, se suelen recetar antidepresivos, a veces pueden estar combinados con ansiolíticos o estabilizadores del estado de ánimo.

Si te sientes identificado no dudes en consultar, es un trastorno que fácilmente puede tornarse en depresión sin la ayuda adecuada, además la tasa de efectividad en estas situaciones es alta cuando hay un compromiso con el tratamiento.

Estamos aquí para ayudarte.

 

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