Archivo | julio 2017

Desapego y Aceptación

Cuando una relación se termina, cuando nos desvinculamos de un empleo, cuando debemos afrontar una enfermedad, cuando perdemos a alguien, cuando una meta no se cumple, todas situaciones por las cuales los mortales deberemos transitar. Situaciones que podemos aprender a manejar mejor gracias al desapego y la aceptación.

 

soltarEste término del desapego ha sido ampliamente utilizado en el ámbito del desarrollo personal y alude a la liberación, al dejar ir, aunque no desde la resignación, sino desde la paz y nuestra sabiduría interior.

Cada uno es responsable de sí mismo y por lo tanto debemos hacernos responsables de nuestras actitudes y nuestras decisiones, pero no desde un lugar de autocastigo, sino desde un lugar de amor, paciencia y también de libertad.

El desapego es el arte de diferenciar el mundo exterior del mundo interior, es lo que nos habilita a no dejarnos influenciar negativamente por los demás, nos permite aprender a escuchar nuestra voz interior en lugar de la ajena.

La sabiduría de saber diferenciar aquello que podemos cambiar y lo que no, nos permite ser más libres y no perder el tiempo en preocuparnos o atormentarnos por aquello que no está bajo nuestro dominio.

Debemos aceptar nuestra realidad. Es lo que es por ahora, hay cosas que no podemos cambiar y otras que sí, quedarnos en aquello que no cambia es torturarnos.  Siempre podemos trabajar para aprender a manejar nuestras emociones y pensamientos, si bien no es tarea sencilla, vale la pena el trabajo para lograr esto.

El desapego también está relacionado con vivir el aquí y ahora, hacer las cosas y luego desapegarnos del resultado, sabiendo que si tienen que cumplirse así será. Hacer lo que esté en nuestras manos y luego esperar sin obsesionarnos pensando enfermizamente en eso.

Para poner en práctica el desapego podemos comenzar siendo concientes de quiénes somos y cuál es nuestro propósito en la vida. Acercarnos a nuestra espiritualidad, entendida esta en su amplio sentido y no atada a ninguna creencia religiosa en particular.

Entre los beneficios del desapego encontramos calma, una sensación de paz interior, la libertad para encontrar soluciones a nuestros problemas, transitar por el duelo necesario y luego crecer a partir de él.

Nos debemos desapegar desde la honestidad, de manera abierta y siempre con el compromiso y nuestra voluntad de intentarlo. Si nos desapegamos, estamos en una mejor posición para trabajar sobre nuestras emociones de dolor o resentimiento.

Para mí el tema del desapego también está muy relacionado con la aceptación. En la terapia dialéctica conductual, donde se pone el énfasis en la aceptación y la validación de las emociones para desde ahí acercarnos a un cambio, se habla de aceptación radical.

La aceptación radical tiene que ver con una aceptación COMPLETA Y ABSOLUTA. Es cuando aceptamos algo desde lo más profundo de nuestro ser. Cuando lo aceptamos en nuestra mente, en nuestro corazón e incluso en nuestro cuerpo. Cuando logramos aceptar algo radicalmente no estamos luchando contra eso, dejamos de luchar contra la realidad y contra lo que no podemos cambiar. Es soltar también.

Tiene que ver con un concepto interno que deberíamos darnos el derecho de sentir.  Para ponerlo en práctica podemos pensar en todas aquellas situaciones donde aceptamos algo completamente.

Cuando alcanzamos la aceptación podemos sentir que estamos dejando ir la lucha, la resistencia, simplemente dejamos ir aquello que nos había obsesionado. Si logramos este estado también nos podemos sentir más centrados, libres y en paz.

Incluso aunque podamos llegar a sentir aún cierta tristeza, si elegimos soltar sentiremos como si un peso hubiese sido quitado de nuestros hombros. Vamos a poder finalmente avanzar, para salir adelante es importante aprender a dejar ir aquello que nos estanca en todo sentido.

El dolor es dolor, pero la agonía y el sufrimiento, son el dolor más la no aceptación. La aceptación radical convierte el sufrimiento en mero dolor, algo que podemos aprender a manejar y utilizar a nuestro favor. El dolor permite crecimiento y maduración, tenemos que darle su espacio y abrazarlo.

Aceptemos que la situación que genera dolor tiene una causa a veces no manejable por nosotros. Esto es lo opuesto de decir ¿por qué a mí? Evitemos sentirnos víctimas desamparadas, vamos a ser victoriosos creadores y entender que lo que nos sucede también es parte de lo que nos construye y nos fortalece.

Intentemos aceptar una situación incluso aunque no conozcamos del todo las causas que la generaron. Y si somos lo suficientemente afortunados de conocer las causas que iniciaron determinada situación, quizás hasta podamos evitar vivir la misma experiencia en un futuro o al menos podremos comprenderla. Intentemos aceptar y seguir adelante, construir algo diferente desde nuestro poder.

Aceptemos que la vida vale la pena vivirla incluso aunque debamos sufrir a veces. Si no existiera el dolor, ¿cómo sabríamos que somos felices? Si no existiera aquello que no está en nuestro control, ¿cómo podríamos discernir que sí podemos cambiar y que no? ¿Cómo podríamos alcanzar esa sabiduría interna?

Estos dos conceptos trabajados hoy son muy útiles a la hora de avanzar en nuestra vida, a vivir desde el presente y aprender del pasado sin estancarnos en él. Te invito a que los utilices, ¡a crecer se ha dicho!

 

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El vínculo entre Felicidad y Espiritualidad

La espiritualidad es una noción poco trabajada en la psicología, veamos qué tiene que ver con la felicidad.

 

En Psicología Positiva (el estudio científico del bienestar y el florecer como ser humano)espiritualidad consideramos a la espiritualidad como una de las 24 fortalezas personales, ubicadas dentro de la virtud trascendencia. Esta virtud hace alusión a aquel conjunto de fortalezas que buscan afuera de uno mismo el conectarse con algo magnífico y permanente, conectarse con los demás, con el futuro, con lo divino, con el universo, con el futuro.

La espiritualidad es una noción muy poco trabajada en la psicología más clásica, pero nosotros prestamos especial atención a su valor. Vamos a conceptualizar a la espiritualidad como algo que en realidad no necesariamente está ligada a una religión en particular, podemos ver a la misma como una manera más profunda de conectarnos con nuestra vida, con nuestro ser. Es esa capacidad de tener fe, de poder vincularnos con “algo” que es más grande que nosotros mismos.

Por espiritualidad entendemos al conjunto de creencias y prácticas basadas en la convicción absoluta de que existe una dimensión no material de la vida. Psicológicamente estas creencias son importantes para la persona, ya que influyen en el significado que van construyendo y en la forma en la que establecen sus relaciones con los demás y con el mundo. La espiritualidad, a diferencia de la religión, describe lo privado, esa intimidad compartida entre el ser humano y lo divino

Quienes hacen uso de su espiritualidad se caracterizan por poseer una gran fortaleza interna y una manera positiva de ver la vida. Encuentran calma en las peores de las circunstancias, saben que todo lo malo termina y sienten que cuentan con algo que podrá ayudarlos y salir airosos de cada obstáculo que se presente.

La espiritualidad nos brinda un conjunto de creencias sobre la vida, creencias sagradas. Nos permite tener una visión más estable de nosotros mismos y también  una sensación de pertenencia. En definitiva, gracias a ella, encontramos significado y valor en nuestra vida.

Todos experimentamos la espiritualidad de manera diferente, e incluso dentro de cada individuo sus niveles de vivencia pueden variar también. En determinadas circunstancias puede ocurrir que no estemos con esa sensación de conexión a flor de piel. Los estudios realizados en torno a este tópico demostraron que cuando nuestro nivel de espiritualidad está bajo otras medidas son afectadas, como nuestra autoestima o el valor que le encontramos a nuestra vida. El camino a tu espiritualidad tiene que ser elegido por nosotros, encontrarle significado a nuestra existencia es un camino muy gratificante y también muy personal.

La espiritualidad va más allá de una actitud, es ser consciente de todo lo que actuamos, pensamos, sentimos y además ser conciente de los que nos rodea, personas, situaciones, diversos milagros personales.

Cristopher Peterson y  Martin Seligman (padres de la Psicología Positiva) se basan en una serie de estudios donde se hacen patentes los beneficios de la espiritualidad. Al proporcionar un marco moral claro ayuda a crear significado y ofrece un sentido de propósito, esperanza y apoyo emocional. 

Ser espirituales puede darnos fuerzas en esos malos momentos por los cuales tenemos que atravesar, ya sean enfermedades, pérdidas, stress en general. La espiritualidad está asociada a la capacidad de perdonar, a la amabilidad y a la compasión.

Como cada una de las 24 fortalezas, la espiritualidad es algo que puede ser potenciada, si la poseemos podemos desarrollarla aún más y si carecemos de ella, podemos elegir comenzar a implementarla en nuestra cotidianeidad.

¿Cómo podemos desarrollarla? Es importante que aprendamos a encontrar el equilibrio, un equilibrio que contemple una estabilidad física, mental y también emocional. Aprendamos a ser concientes de nuestros errores, sopesar qué cosas tendríamos que mejorar por nuestro bien, qué cosas tenemos que trabajar para seguir creciendo como seres humanos.

Tengamos cuidado con nuestros pensamientos negativos automáticos, intentemos  identificarlos para luego poder modificarlos. Lo importante es no brindarle más fuerza de la que tienen que tener y podamos cortar con el patrón negativo habitual.

Nutramos relaciones positivas, ayudemos a los demás sin dejar de cuidarnos, intentemos perdonar para poder liberarnos de esa carga emocional, disfrutemos del compartir.

Las mejores cosas en la vida no tienen por qué ser perfectas, a veces la felicidad se esconde en las cosas más sencillas, esos lindos momentos, detalles que vamos teniendo en el día a día, esas palabras de aliento, el compartir,  el permitirse sentir sano orgullo por uno mismo.

Una de las mejores maneras que tenemos para conectarnos con nosotros mismos, es tener tiempos de calidad a solas. Nos tenemos que regalar un rato para estar con nosotros. Para algunos la meditación es muy buena para encontrar nuestro yo interior, para otros disfrutar de caminatas al aire libre, siendo concientes de detalles sutiles como la brisa en los árboles, el calor del sol, o un cielo despejado. 

Reitero, no tenemos por qué practicar una religión en particular para poder alcanzarla. Dalai Lama en una de las tantas entrevistas que se le realizó, nos compartía que existe una especie de espiritualidad básica que nada tiene que ver con las creencias religiosas, sino con otras cualidades, como por ejemplo la amabilidad, la compasión, la bondad y el servicio a los demás.

El problema con la religión es que a veces en vez de unirnos como humanidad nos separa, nos quedamos atascados a una única verdad que consideramos certera y no hacemos espacio a otras perspectivas. En cambio, la espiritualidad es un concepto amplio que hace referencia a estas vitales cualidades que todos deberíamos practicar y cultivar, en pos de alcanzar una sociedad con menos problemáticas, más feliz, sin tanto prejuicios y con mucha más paz. 

La espiritualidad está ahí para que podamos apropiarnos de ella a nuestro ritmo, a nuestra manera. Es una fortaleza que tiene muchos beneficios positivos para nosotros, nos ayuda tanto a nivel personal como social, nos conecta con nosotros mismos y con los demás, con lo mundano y lo divino.

Es una virtud que nos mueve hacia la felicidad, aporta emociones positivas y nos hace sentir más plenos. Nos brinda esperanza y fe, y se vuelve necesaria a la hora de rescatarnos de todas aquellas situaciones por las que quizás debamos atravesar. Te invito a que la conviertas en tu aliada.

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Cómo vincularse sanamente con los demás

personas hablando

En Psicología Positiva consideramos que los vínculos interpersonales son una de las fuentes más poderosas para crear una felicidad real y sostenible. Veamos hoy cómo mejorar la calidad de nuestros lazos.

 

¿Por qué los demás importan? Las relaciones con los demás nos proporcionan una conexión emocional, apoyo, seguridad, impactan positivamente sobre nuestro bienestar emocional y nuestra salud psíquica.

La soledad no elegida puede llegar a ser muy desesperante, pero a veces sin darte cuenta, eres tú mismo el que va creando ese abismo, alejándote de los demás, escogiendo personas que no son agradables o siendo intolerante. Recuerda, está en tus manos generar el cambio y te voy a ayudar en el proceso con estos puntos a tomar en consideración.

Respeto mutuo

No siempre pensarán igual, pero tener derecho a compartir lo que cada uno piensa sin ser atacado por el otro ayuda a construir una relación sólida. El respeto también implica comprender los espacios individuales, no querer cambiar al otro y hablar sin críticas destructivas.

Comunicarse asertivamente

Aprender a escuchar sin estar ocupado pensando en qué vas a responderle a esa persona. Decir sin miedo lo que piensas, con firmeza pero sin imponerse. Tienen derecho a ser diferentes.

Emociones dañinas a raya

La ira, el egoísmo, la competencia, la envidia, la agresividad y también la desconfianza, debilitan los vínculos. Así que si te encuentras sintiendo algo de esto, es mejor que intentes comprender cuál es la raíz de esa emoción y trabajes de inmediato sobre ello.

 

Empatía

Debes ser capaz de reconocer los sentimientos del otro, de lograr ponerte en su lugar y respetar sus necesidades y gustos. Siempre y cuando exista de la otra parte el mismo respeto, todo puede intentar comprenderse. Las relaciones positivas son equitativas, tú das, pero también debes recibir. Cuando uno de los dos brinda más que la otra parte, puede sentirse mal y ese vínculo no llegará a ser sanador.

 

Manejar las discusiones de manera constructiva

Es inevitable que ante personas distintas surjan conflictos, debes hablar las cosas en el momento oportuno, no dejes pasar lo que te molesta, sé abierto en el dialogo, no temas pedir algo
o marcar límites. Recuerda de no atacar a tu interlocutor, estas charlas deben ser con cuidado de no herir susceptibilidades.

Una actitud positiva

No siempre esperes lo peor de los demás, no todos quieren atacarte o abusarse de tu confianza. Comienza a ser abierto y tener criterio con quienes te rodean. Busca personas optimistas que te apoyen, tú mismo se constructivo con los demás a la hora de elogiar y alegrarte por las victorias ajenas.

 

Habilidades sociales:

Son también nuestras aliadas a la hora de conocer nuevas personas o mantener vínculos saludables.

El lenguaje no verbal influye mucho en cómo los demás te interpretan. Puedes ser alguien muy dulce, pero si tu mirada es muy fría y tu cuerpo se muestra tenso y a la defensiva, los demás podrían leerte como una persona antipática.

Debes intentar mirar a tu interlocutor a los ojos o en la zona superior del rostro, la mirada es el complemento de una conversación, si el otro se da cuenta que lo estás mirando lo entiende como señal de que estás prestando atención.

Sonreír es señal de simpatía y calidez, facilita la comunicación. Presta atención a cómo está tu cuerpo, ¿encoges tus hombros? ¿cierras los puños? ¿tu cuerpo se muestra demasiado tensionado?

Los gestos que haces con tus manos o cabeza son importantes también, muestra las manos abiertas, no cruces los brazos, deja que tu interlocutor vea que estás atento y receptivo ante la comunicación.

Es tan importante el contenido de tu mensaje como la manera en que lo transmites. Muchas veces querrás ofrecer una idea distinta o un argumento válido, pero si tu mensaje es hiriente, prepotente o dicho de un modo agresivo, por más razón que tengas, tu interlocutor se pondrá a la defensiva y no estará de acuerdo en nada de lo que digas o tal vez ni te escuche. Sé claro, firme y sobre todo respetuoso a la hora de comunicar algo al otro.

¿Qué puedes hacer para actuar de una manera más asertiva?

Valorarte, no enojarte por cualquier nimiedad, evita amenazar a los demás, no ignores a los demás, admite tus errores y equivocaciones. No temas decir lo que sientes ni pedir explicaciones.

Espero que estos pequeños consejos puedan ayudarte a la hora de establecer relaciones más sanas con los demás. Practica estos consejos y amplía tu red social de una manera positiva.

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Comienza tu día con poder

Comenzar el día con actitud positiva te predispone a que más cosas buenas te ocurran, estarás más atento a los pequeños detalles y sentirás más entusiasmo. Lee cómo puedes lograr esto en tu rutina.

 

La manera en que comienzas el día tiene un gran impacto en cómo se irá desarrollando despertandoseel mismo. A veces ocurre que te despiertas bien y determinadas situaciones suceden que impactan en tu estado de ánimo de manera negativa. A veces comienzan mal directamente.

Ante el primer escenario, lo que tienes que hacer es olvidar rápidamente lo negativo, sobre todo si es algo sencillo como haber perdido el transporte, llegar tarde o mancharte la camisa. Y en el segundo escenario si ya sientes que estás mal predispuesto, practica estos ejercicios para sentirte mejor.

Si comienzas el día en un estado de gratitud, recordando el milagro de que estás vivo y tienes una nueva oportunidad para hacer algo distinto hoy, ya estás activando una de las emociones positivas más poderosas, asociada al optimismo también.

Sentirte en control del día es de utilidad, si te organizas, te impones metas realistas y haces algo, sin importar que tan pequeño sea, para acercarte a una meta mayor, ya te sentirás mejor contigo mismo.

Veamos las estrategias que puedes comenzar a aplicar de inmediato.

 

Despertar conciente:

Te recomiendo que te despiertes al menos quince minutos antes para no tener que estar corriendo, comenzar la mañana de una manera pacífica ayudará a reducir tu ansiedad. Relájate y disfruta de ese café, de ese desayuno. Incluso puedes hacer una breve meditación para comenzar con calma. También puedes estar simplemente en silencio, saboreando la paz, respirando hondo, antes de salir a cumplir con tus obligaciones.

 

Practica la gratitud:

La gratitud te ayuda a enfocarte en las cosas que sí funcionan en tu vida, te protege de desvalorizar todo aquello hermoso que posees. La gratitud te ayuda a estar más contento, menos estresado y te hará sentir más optimista.

El ser capaz de concentrarte en algo que aprecias, inmediatamente libera en tu cerebro dopamina y serotonina, las hormonas encargadas de potenciar un buen estado de ánimo y sensaciones de felicidad.

Lamentablemente, nuestro cerebro naturalmente está entrenado para encontrar lo malo e intentar solucionarlo. Al poner en práctica la gratitud te rebelas contra esta actitud y eres capaz de apreciar las pequeñas cosas positivas que pueden estar ocurriéndote en este instante.

Vivir en estado de gratitud es una práctica intencional, que te ayuda a poner una pausa en tu alocada cabeza para poder apreciar todo lo grandioso y lo sutil que puede estar sucediendo y tal vez estés demasiado ocupado como para darte cuenta.

Compromiso con una intención positiva:

Antes de comenzar con tus quehaceres y responsabilidades, haz una lista pequeña, tal vez dos, cuatro cosas, que necesitas realizar para tener un día exitoso. Pueden ser esos pequeños mini pasos para alcanzar una meta grade, tal vez sea alimentarte de una manera más conciente, puede ser trabajar en ti mismo para desarrollarte como persona, o simplemente ser más aplicado en el estudio o en el trabajo.

Tener en cuenta cuáles son esas cosas importantes que no debes olvidar por las urgentes, te ayuda a mantenerte concentrado y organizado.

¿Estás preparado para el desafío? Comienza tu día con energía y alegría, verás cómo las cosas resultan más sencillas e interesantes cuando te mantienes cerca de lo que te hace bien.

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