Archivo | octubre 2012

¿Por qué nos da miedo enamorarnos?

A veces enamorarse simplemente nos resulta aterrador, el entrar en una íntima sintonía con el otro nos deja expuestos y sobre todo ¿Por qué nos da miedo enamorarnos?muy vulnerables. Es un juego donde por un lado encontramos “el te amo y quiero entregarme a ti” y por otro hallamos el miedo atroz a que esa relación termine y nos rechacen.

La salud puede verse beneficiada siempre y cuando nos involucremos en vínculos positivos. La vulnerabilidad que le demostramos a quienes amamos no tiene que ser desde la sumisión ni la debilidad, debemos mostrarnos honestos, demostrarle al otro quienes somos en realidad y demostrar nuestros sentimientos.

La vulnerabilidad, la sensibilidad, es parte de nuestro diario vivir. En todo tipo de relaciones siempre estamos expuestos, nos tocan vivir casos de personas que sufren, o situaciones laborales complejas. Situaciones donde nos tenemos que entregar al otro, o el otro se tiene que entregar a nosotros de alguna manera. Todos en algún punto necesitamos contención y ser vulnerables con aquellos que han demostrado estar ahí para nosotros, en realidad es algo necesario y de alguna manera casi inevitable.

Le tenemos miedo a la vulnerabilidad porque creemos que si alguien nos ve débiles, o descubre nuestra verdadera esencia nos va a rechazar. ¿Pero que mejor que alguien nos acepte tal cual somos? Siendo honestos con lo que sentimos, con lo que queremos, con lo que pensamos, no teniendo que moldear nuestra personalidad simplemente para encajar.

Teniendo un dialogo abierto con el otro podemos lidiar con nuestras emociones de una manera más eficaz, si hay situaciones de duda, de miedos, de conflicto, tenemos que hablarlo tranquilamente e intentar llegar a una conclusión con el otro.

Al ser abiertos con las personas con quienes nos vinculamos, nuestras relaciones mejoran y se tornan positivas. Todos los humanos nos sentimos atraídos a la autenticidad, nos genera comodidad y seguridad. Si sabemos que nuestra pareja es abierta, se muestra vulnerable con nosotros, no nos oculta sus sentimientos, de esta manera nos está brindando el permiso para poder hacer lo mismo, mostrar nuestro verdadero ser.

La vulnerabilidad por supuesto que puede llevarnos a salir lastimados, si nos abrimos a la persona incorrecta. En ciertas situaciones confiamos en la persona equivocada, aunque esto no quiere decir que si nos lastimaron una vez nos va a volver a suceder. Quizás una manera para saber si vale la pena demostrar quiénes somos, desnudar nuestra verdad y entregar nuestro corazón a alguien, es teniendo en cuenta cómo es la otra persona conmigo. ¿Es honesta? ¿Me toma en cuenta en sus decisiones? ¿Cómo es con sus amigos? ¿Me habla sobre lo que siente?

El amor también es un lugar donde yo me muestro tal cual soy y amo a otro que también es vulnerable y con defectos. Vale la pena entregarse a la intimidad, el conectarse profundamente con alguien. Las grandes cosas de la vida requieren coraje de nuestra parte y cuando queremos algo grande, tendremos que asumir el riesgo. Quizás salgamos lastimados, quizás salgamos victoriosos, sin duda vale la pena intentarlo. También aprendamos de las malas experiencias y poco a poco iremos delineando cómo involucrarnos en una relación sana de pareja. Enamorarse es hermoso y siempre existirá alguien que nos adore tal cual somos.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Nota para el Diario El País: Furiosos sin control

Nota para el Diario El Pais: Furiosos sin control

Y como ustedes saben gracias a mi trabajo he participado en la radio, los diarios y la televisión, así que quería compartir con ustedes esta nota donde también participo publicada el día de hoy. Escrita por Leonel García aquí les dejo Furiosos sin control

Baja tolerancia a la frustración, entender todo como un ataque personal y no saber ponerse en el lugar del otro, alimentan los ataques de ira. Cada vez hay más personas que piden ayuda.

Primer caso: “J” (23) no puede digerir que su novia haya preferido salir con sus amigas que ir al cine con él. Mientras camina refunfuñando por la calle, un transeúnte le roza el hombro. Estalla. Qué-hacés-que-no-mirás, rechaza disculparse, pelea. “J” termina con una nariz rota. Segundo caso: “L” (30) está furiosa porque su pareja no le atiende el celular ni los 10 mensajes de texto que le manda en hilera. “Debe estar con otra este hijo de puta”,piensa. Explota. La ropa del susodicho vuela por la ventana. Cuando llega, lo primero que hace es contarle que no pudo atenderla porque estaba manejando; lo segundo es abandonarla de inmediato. Tercer caso: a “M” (35) le salta la térmica seguido. Cada vez que sus hijos no le hacen caso o no logra ponerse de acuerdo con su esposa, comienza a ponerse colorado, las manos le tiemblan y se le tensan los músculos. Grita e insulta. Esta conducta no se limita al hogar: él es comerciante y los empleados le duran poco; a uno de ellos le llegó a pegar.

Los dos primeros casos han pasado por la consulta de la psicóloga Mariana Alvez, especialista en Psicología Positiva. El tercero es de su colega Verónica Orrico, terapeuta cognitivo-conductual e integrante de la Clínica Psinco. Ambas sostienen que la ira (o furia, o bronca, o enojo) es una emoción básica, adaptativa, inevitable y justificada en ocasiones, que puede ayudar al individuo a pararse mejor en el mundo que le rodea: manifestar su disgusto, reclamar y obtener un cambio, afrontar una situación adversa, posicionarse mejor ante la vida y los suyos, sobrevivir. El tema es cuando esta situación se pasa de la raya, cuando ante un episodio inesperado o desagradable la persona explota, “salta”, perdiendo el control y realizando comportamientos dañinos para los demás y para consigo mismo, a veces ante cuestiones que para otros individuos representan apenas una incomodidad.

“Para los estallidos de ira no importa tanto qué es lo que está pasando, sino cómo la persona interpreta lo que está pasando”, sostiene Orrico. Un ejemplo claro es el del tránsito: no todos reaccionan igual ni se ponen nerviosos en un embotellamiento; no todos son Michael Douglas en Un día de furia. En las personas irascibles, continúa Orrico, “hay una tendencia a `personalizar` la situación”; o sea, interpretar la conducta del otro como una acción destinada a perjudicarle. Suelen ser personas con esquemas muy rígidos de lo que debe ser la realidad. Los causantes son mucho más culturales y familiares que genéticos, y también son propensos a estos ataques “los individuos que se caracterizan por su baja tolerancia a la frustración”, sentencia Alvez. Este último elemento es fundamental.

TOLERANCIA. Darío Ibarra, psicoanalista especializado en cuestiones de género, asegura que el manejo de la bronca depende de cada persona en función de su salud mental y -nuevamente- “su tolerancia a la frustración”. Es por este motivo que, así como los hombres son mucho más victimarios que víctimas en situaciones de violencia doméstica, también son mucho más comunes en ellos los casos de ataques de ira, cuestiones que aunque tengan ciertas componentes similares no pueden tomarse como análogas (ver aparte).

“Eso se debe a patrones culturales. A la mujer se le educa más para reprimir y soportar la frustración; entonces, los hombres tenemos menos capacidad de tolerarla”, indica Ibarra. Alvez agrega a la crianza en “familias caóticas”, donde para la resolución de problemas prima “la manipulación, la violencia o la culpa”, antes que una comunicación acertada, como caldo de cultivo para los iracundos.

Estos comportamientos pueden derivar no solo en agresividad y violencia, sino en despidos, pérdida de pareja (de hecho, las explosiones en este ámbito son los disparadores de la mayoría de las consultas con los profesionales), lesiones y problemas con la ley. Así como hay manifestaciones fisiológicas de los ataques de ira -activación del sistema nervioso, aumento de la frecuencia cardíaca, presión arterial y tensión muscular, además de incrementar la producción de adrenalina-, también hay, según consignan distintos expertos en portales sobre el tema, posibles consecuencias negativas para la salud, como más chance de sufrir problemas cardiovasculares o infartos cerebrales.Y, si bien estos estallidos existieron siempre, los expertos tienen la sensación -no mensurada- de que cada vez ocurren con más frecuencia, o que cada vez están más presentes en los consultorios. O que, al menos, como una consecuencia positiva de una realidad desagradable, cada vez son más quienes quieren aprender a controlarse.

CAMBIOS. Según Alvez, el ciclo del ataque de ira inicia por una etapa de intensificación, en la que se presentan las señales del estallido; le sigue la explosión en sí; y, finalmente, está la postexplosión, con las consecuencias poco agradables de haber cedido a ese impulso (insultar a un ser querido, golpear una pared, romper un artículo del hogar, agredir a alguien y un largo etcétera). Para Orrico, si la persona es capaz de aprender a detectar los síntomas que preceden a los estallidos, como temblor en las manos o ponerse colorado tiene más posibilidades de aprender a controlarse.

Hay cosas para tener bien claras. No vale la excusa “así es él/ella” para explicar una conducta explosiva. “Eso llega a ser una forma de justificar la violencia. `Él es calentón, dejalo`. O una mujer: `Soy temperamental, soy así`. Eso lo único que justifica es el no saber manejar la frustración. Y es creer que no se puede cambiar la personalidad”.

Salvo en casos en que la persona sufre de patologías psíquicas severas, el tratamiento psicoterapéutico, a veces combinado con ansiolíticos y antidepresivos, y las técnicas de control de ira (ver aparte) suelen tener buenos resultados. Estas van desde algo tan básico como contar hasta diez o respirar hondo, hasta otras actividades que requerirán una participación más proactiva del individuo, desde ya la parte más difícil de la recuperación.

También se debe despersonalizar la causa del enojo. “Tenemos que intentar modificar el pensamiento de `estoy siendo atacado` por preguntarnos `¿realmente me están atacando?`”, señala Alvez. “Aprender a controlar el enojo significa ser libres, libres de la opresión que nuestras emociones ejercen sobre nosotros y libres de esos pensamientos limitantes que solo nos meten en problemas”, concluye.

Trabajar con la empatía, ponerse en el lugar del otro, es otra de las herramientas fundamentales. “Eso ayuda a ver las cosas desde otra perspectiva. La regla de oro sería tan sencilla como tratar al otro como te gustaría que te traten así”, resume Orrico. Tan sencillo y tan difícil.

CUENTE HASTA DIEZ Y RESPIRE PROFUNDO

Aunque los ataques de ira son tan viejos como el hombre, el concepto anger management (control de ira) es de reciente data. El DSM-IV, algo así como la Biblia de los trastornos psiquiátricos, no incluye nada relativo a los trastornos de la ira. Sin embargo, cada vez más gente consulta por casos y cada vez hay más websites dedicados al tema. “Es como el bullying en la escuela. Siempre existió, solo que ahora se le pone nombre a una cuestión que estaba naturalizada”, resume Darío Ibarra. Aquí hay algunas recomendaciones y técnicas para mantener el control cuando se venga el estallido.

Apelar a técnicas de relajación. Entre ellas está respirar lentamente, de forma pausada y no hiperventilar.

Practicar la comunicación asertiva, con afrontamiento y resolución de problemas, apelando a habilidades de negociación.

Separar lo que le sucede a la otra persona de lo que le sucede a uno. Despersonalizar la situación, poder generar empatía.

Apelar a la psicoterapia. Si es necesario trabajar en la capacidad de soportar frustraciones, problema que puede haber comenzado en la infancia.

Redirigir la energía. Hacer ejercicios o escribir tus sensaciones en un cuaderno o blog.

El simple acto de respirar profundo y contar hasta 10 permite un “tiempo de espera” que evita tensionar más una situación.

Detectar cuáles son las señales físicas que preceden los ataques de ira, y evitar decir algo en ese momento. De seguro lo vas a lamentar.

(Fuente: psicólogos Mariana Alvez, Darío Ibarra y Verónica Orrico, y portal http://www.ControlDeLaIra.com)

UN PRIMER PASO HACIA LA VIOLENCIA

La psicóloga Verónica Orrico diferencia la ira de la agresividad y de la violencia doméstica. La segunda la define como una conducta que busca provocar daño intencional a otras personas; la tercera, según ella, pretende lograr la sumisión del otro apelando a diferentes tácticas como amenazas, insultos o agresiones físicas. “La ira es una emoción que puede favorecer la aparición de la agresividad y la violencia. Pero una persona que sufre ataques de ira no necesariamente busca la dominación del otro. La persona violenta suele actuar así en su familia y fuera de ella tiene una imagen distinta. La persona que no maneja bien su ira no la puede controlar en ninguna parte”.

En cambio, para Darío Ibarra, quien trabaja con hombres golpeadores, la diferencia es muy sutil. “Una persona impulsiva, que siempre saca la ira para afuera está ejerciendo violencia, no vamos a diferenciar si es física o psíquica”.

Fuente: http://www.elpais.com.uy/suplemento/ds/furiosos-sin-control/sds_670793_121021.html

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

La Risoterapia y sus beneficios

La Risoterapia y sus beneficios

En la Risoterapia se utilizan una serie de técnicas variadas involucrando a la risa, como expresión corporal, danza, juegos, masajes, entre otras. Su propósito es la relajación, potenciar  la capacidad de sentir, de amar, despertar nuestra creatividad, hacernos sentir mejor, potenciar el buen humor, despertar todos los beneficios físicos y psicológicos que la risa posee.

Si tuviéramos que marcar un inicio en la historia de la Risoterapia, podríamos decir que el concepto de que la risa es beneficiosa ya se trabajaba desde la antigüedad, encontrando pruebas de esto en las obras de los filósofos.

En distintas culturas encontramos que la risa se conecta con lo espiritual, como un método de meditación incluso. Existe una creencia hindú que nos dice que reírse al menos una hora tiene efectos más profundos para el cuerpo que realizar cuatro horas de yoga.  La risa parecería ser un excelente método para tener la soberbia a raya, ya que quien sabe reírse de uno mismo y aceptarse no cae en la fanfarronería.

Muchas personas importantes en el ámbito de la medicina recomendaron la risa como una herramienta para aliviar el dolor y sentirse mejor. En épocas más contemporáneas encontramos la historia de Patch Adams, quién promovió el uso de la Risoterapia en hospitales para el tratamiento de las patologías.

Ha sido ampliamente comprobado por los científicos que la carcajada brinda muchos beneficios, como eliminar el estrés, oficiar de lifting natural para las arrugas, eliminar tensiones, ansiedad, depresión, dolores en general. Cuando nos reímos liberamos en nuestro organismo un importante número de endorfinas, logrando que alcancemos un estado de bienestar profundo.

Mediante la variedad de técnicas con las cuales este método cuenta, se intenta erradicar bloqueos emocionales, mentales, físicos, habilitar nuestro crecimiento personal. Es un espacio para aprender a disfrutarnos, a vivir desde el presente. 

Aquí en Uruguay ustedes pueden contactarse con http://www.saludarte.org.uy/ por esta técnica.

Invitemos a la risa, que sea parte de nuestra rutina, de nuestros días. A la vida no hay que tomársela tan en serio, vivamosla como un juego desafiante lleno de posibilidades.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

 

Ayudando positivamente

Saben que todo comienza en uno mismo, el amarse primero para poder amar a los demás. Y cuando podemos amar a los demás, esAyudando positivamente vital que le demos la importancia que merecen.

Una buena estrategia para que nosotros y los otros podamos sentirnos mejor es ayudar a alguien a que también alcance su felicidad. La felicidad no es negativamente egoísta (recuerden que el sano egoísmo es amarse a uno mismo en medidas razonables), la felicidad tampoco es puro hedonismo (pasar bien el momento), en realidad es algo más profundo que contempla varios pilares.

La felicidad viene cuando estamos en contacto con nosotros mismos de manera honesta, cuando reflexionamos acerca de quiénes somos, tanto en lo bueno como en lo malo, y también cuando nos permitimos ayudar a los demás de una manera óptima, cuando entendemos que el resto no es más ni menos importante que nosotros y una buena vida implica el estar ahí para los demás, siempre desde una base de límites y respeto.  

Quiero invitarte a que escojas un día para realmente preocuparte por alguien, preguntarle si está bien, obsequiarle tu tiempo, tu amor y tu presencia. Esto genera vínculos más significativos con los demás y te hace sentir muy bien en el proceso también.

Ayudar es algo grandioso siempre y cuando tengas en claro que los otros no son más importantes que tú, pero que es positivo brindarles tu tiempo porque pueden llegar a necesitarte. Brinda ayuda con límites, en el sentido que si alguien se abusa de tu confianza ya no está siendo un vínculo positivo para ti. Teniendo en claro que las relaciones positivas son un ida y vuelta desde el cariño y el respeto, puedes guiarte. No permitas que alguien te haga sentir culpable o te manipule para obtener lo que desea, eso tampoco es algo bueno.

Ayuda desde el cuidado a ti mismo, ayuda porque los demás importan

 

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La diferencia entre el TOC y el TOCP

La diferencia entre el TOC y el TOCPEl conocido TOC  (trastorno obsesivo compulsivo) es una patología bastante común, la cual forma parte de los trastornos de ansiedad. Se caracteriza por las obsesiones y las compulsiones. Las obsesiones toman la forma de pensamientos, imágenes o impulsos que se sienten ajenos a la persona, que inundan la mente y son experimentados como desagradables e incoherentes.  Las compulsiones, por su parte, se tratan de conductas repetitivas, estereotipadas. La persona siente que tiene llevar a cabo esa compulsión, a veces intenta resistirse a ella, muchas veces simplemente las lleva a cabo. 

Dentro de las obsesiones más usuales que encontramos en las personas con TOC vemos el temor a contaminarse, miedo a dañar a otros, ideas cargadas de agresividad y sexualidad, religiosidad exagerada, miedo a que algo malo ocurra en su familia.

Entre las compulsiones encontramos lavarse las manos repetidas veces, hacer una acción una y otra vez hasta que se pueda realizar de la manera correcta (de acuerdo a sus parámetros), asegurarse de que la puerta esté bien cerrada, tocar cosas, ordenar, acumular objetos, rezar intensamente.

Dentro del TOC podemos diferenciar distintas manifestaciones.

1)       Verificadores: inspeccionan de manera exagerada intentando evitar catástrofes.

2)    Sexuales: tienen pensamientos sexuales recurrentes, que incluyen mayoritariamente un temor abrumador a ser homosexual.

3)       Lavadores y limpiadores: obsesionados con la contaminación y las maneras de evitarla.

4)       Repetidores: ejecutan acciones repetitivas.

5)       Acumuladores: coleccionan todo tipo de objetos y no pueden desprenderse de ellos.

6)   Obsesivos puros: experimentan pensamientos negativos de forma reiterada, éstos resultan incontrolables y bastante perturbadores.

7)   Ritualizadores mentales: apelan a pensamientos o imágenes repetitivas con el objeto de contrarrestar la ansiedad generada por ideas o imágenes que conforman las obsesiones.

8)    Ordenadores: las cosas tienen que estar ordenadas de una manera particular y de acuerdo a determinadas reglas rígidas.

El TOC puede comenzar en la infancia, de los siete a diez años de edad aproximadamente. El niño se avergüenza de sus compulsiones al percatarse de que carecen de lógica, pero no las puede evitar ya que considera que si no las lleva a cabo algo terrible sucederá.

Por su parte, el trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad (TOCP) es también frecuente, sobre todo en hombres. Sus aptitudes emocionales e interpersonales son pobres, evitan la intimidad por miedo a que los conozcan en realidad.

En algunos casos se comprobó que quienes padecen este trastorno vivieron con padres controladores, muy exigentes, sin demasiada empatía ni afecto, donde existían señales contradictorias de amor (“te golpeo, pero me duele más a mi que a ti”)

Son personas que casi continuamente están atentos y concentrados. Su autocontrol es distorsionado, ya que quieren controlar absolutamente todo, desde sus emociones y actitudes hasta las emociones de los demás. Se rigen por una estricta moral y lógica, reglas firmes que los hace ser inflexibles.

Amantes del perfeccionismo, necesitan tener una absoluta certeza en cada paso que dan y consideran que siempre hay una respuesta correcta para todo. Este tipo de creencias conlleva a que sean muy dubitativos, en busca de esa perfección inalcanzable muchas veces se ven estancados y no pueden hacer nada por temor a equivocarse. La perspectiva de llegar a ser imperfectos en el futuro genera ansiedad y angustia. Ya que el fracaso es considerado como el peor de los castigos, muchas situaciones vitales comunes serán vistas como verdaderas catástrofes.

Son excesivamente autocríticos, creen que si se censuran lo suficiente, si se sienten exageradamente culpables, lograran acercarse más a su ideal de perfección. Si son más indulgentes con ellos mismos, seguramente se están dando permiso para equivocarse y eso es imperdonable.

Tienen un pensamiento dicotómico, la tendencia a ver las cosas en términos de “todo o nada”/ “blanco o negro”.

Se preocupan desmedidamente por los detalles, las normas, la organización. El trabajo los absorbe desmedidamente, consideran que solamente valen la pena las experiencias productivas y no el ocio ni pasar tiempo con amigos, sino hay producción es tiempo perdido.

En algunas ocasiones les cuesta desprenderse de objetos inútiles, pueden llegar a ser acumuladores. Se niegan a delegar tareas, a menos que alguien siga al pie de la letra los procedimientos que ellos prolijamente ejecutan.

En cuanto al dinero son excesivamente cuidadosos, consideran que siempre tienen que tener ahorros ya que no saben qué puede suceder en un futuro y deben estar preparados.

Si biel el TOC y el TOCP  tienen elementos en común, lo más relevante a la hora de diagnosticarlos diferencialmente es que en el TOCP hay ausencia de obsesiones y compulsiones, aunque ambos trastornos pueden existir en una persona al mismo tiempo. 

El tratamiento recomendando para ambos casos es la terapia cognitivo conductual y en ciertas situaciones la medicación psiquiátrica.

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