Archivo | julio 2011

Nuestras maneras de comunicarnos

Nuestras maneras de comunicarnosLa manera en que nos comunicamos quizás hasta sea más importante que lo que tenemos que decir. Cualquier cosa dicha en un mal tono o en el medio de un conflicto perderá fuerza por más certeza que contengan nuestros argumentos. Quedarnos callados cuando hay temas sobre los cuales hablar tampoco es la salida más sana, así que veamos cuáles son los estilos de la comunicación y cuál es el mejor para que nuestro mensaje llegue fuerte y claro al interlocutor del momento.

La comunicación agresiva siempre tiene dentro de sí al componente de la manipulación. Intentaremos salirnos con la nuestra inculcando en el otro diversos sentimientos ya sean de culpa o miedo. No interesa cómo lo logremos, no hay lugar para los escrúpulos en este tipo de comunicación, queremos que nos escuchen y queremos tener beneficios inmediatos. Por supuesto que esta manera de hacer llegar nuestro mensaje fomentará daños importantes especialmente en nuestros vínculos más cercanos.

La comunicación pasiva se basa en complacer a los demás todo el tiempo, sin importar el costo que eso tenga para nosotros, la meta es evitar el conflicto y encontrar la aceptación. Evitaremos hablar y preguntar demasiado, lo que se intenta es mantener todo lo más tranquilo posible. Es como si sintiéramos que es más seguro no reaccionar jamás antes que decir lo que realmente pensamos y obtener rechazo del otro lado.

La comunicación pasivo-agresiva intenta no generar conflicto, pero se suma el componente de la manipulación. Es una manera un tanto más sutil de lograr lo que queremos pero de manera tal que no pareciera que estamos ejerciendo ningún tipo de control sobre la otra persona. Somos los lobos disfrazados de cordero, parecemos inocentes pero solamente queremos satisfacer nuestros propios deseos y no nos interesa que el otro se sienta mal a causa de nuestra manipulación.

La comunicación asertiva es por lejos la manera más efectiva y saludable que tenemos para comunicarnos con el resto de las personas. Este estilo es el más utilizado por aquellos quienes disfrutan de una alta autoestima y poseen un elevado sentido de confianza en sí mismas. ¿Cómo no reaccionar agradablemente hacia alguien que no tiene miedo de decir lo que quiere pero lo dice de una manera respetuosa y sensible? Al ser asertivos no solamente estamos pensando en salir victoriosos o tener la razón siempre, sino que también contemplamos las posibilidades para que la otra persona también este satisfecha, si ambos podemos salir ganando, mucho mejor.

Poner en práctica la asertividad requiere de cuatro pasos fundamentales:

1)      Describir lo que nos molesta, enoja, entristece, de la manera más objetiva posible. Aquí sin entrar en detalles de cómo nos sentimos ni juicios de valor, ni ataque hacia el otro, nos limitamos a describir qué es lo que sucedió.

2)      Le decimos al otro cómo nos sentimos ante el hecho anteriormente descripto, no culparemos al otro por cómo nos sentimos, sino que le diremos cómo esa situación en particular generó determinados sentimientos en nosotros.

3)      Dejaremos en claro cómo nos gustaría que la persona reaccionara en un futuro ante un evento igual o similar. Es importante ser específicos y muy explícitos en este punto.

4)      Le haremos saber al otro cómo nos sentiremos ante la respuesta esperada, si ellos comienzan a comportarse como amablemente le sugerimos nos sentiremos mejor, más seguros, cómodos, etc.

En este tipo de comunicación nos importa la relación con el otro en cualquier ámbito (laboral, familiar, sentimental). Somos concientes de nuestros límites o nuestras molestias y se lo transmitimos a nuestro interlocutor naturalmente.

Si quieres tener más control sobre ti mismo y además ser más fiel a lo que sientes y piensas practica esta manera de comunicarte, te ayudará a sentir menos enojo, menos culpa y tener relaciones más satisfactorias.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Abuso sexual

El abuso sexual no es únicamente un ultraje al cuerpo, sino también a los límites de nuestra persona y a la confianza que podemosAbuso sexual profesarle a alguien en caso de que el atacante haya sido alguien conocido. Las consecuencias son variadas y terribles, ese tipo de violencia afecta la psiquis, las emociones, incluso puede afectar al cuerpo. Las manifestaciones de las consecuencias pueden darse bajo la forma de depresión, ansiedad, fobias, problemas psicosomáticos. Hay cierta dificultad para regular el afecto, la persona al estar sobrecargada de emociones puede sentirse como transitando por la vida anestesiada, casi sin sentimientos. Quienes han sido abusados también sienten muchísima furia, problemas de relacionamiento con los demás a nivel sexual y social, son demasiado permisivos o rígidos en cuanto al establecimiento de límites, desvalorización personal, tendencia a adicciones o problemas de alimentación, se sienten confundidos, les cuesta muchísimo confiar en los demás, sienten temor a perder el control de las situaciones, amnesia, disociación (sentirnos como si estuviéramos fuera de nuestro cuerpo). Quienes padecen del abuso suelen sentirse culpables y muchas veces responsables de lo ocurrido cuando obviamente esto no es cierto. Nadie tiene derecho a lastimarte.

Los abusadores estadísticamente son hombres, lamentablemente suelen ser conocidos en varias ocasiones que presionan al atacado para que mantenga silencio. Sus ataques tienen más que ver con el control, el poder y la dominación del otro más que la satisfacción de su impulso sexual.

Tienes que buscar de inmediato apoyo de alguien más, ya sea un familiar o un amigo, primero hay que tener el valor de elaborar con palabras lo sucedido. Siempre realiza una denuncia en contra de tu agresor, la situación es tan abrumadora y caótica que a veces se prefiere mantener el silencio y no entrar en los vaivenes legales, sin embargo esto es vital, tu denuncia puede ayudar a alguien más.

Es absolutamente necesario la búsqueda de ayuda profesional para ir poco a poco sanando las heridas. Si bien el proceso puede ser largo las consecuencias positivas valen la pena la inversión de tiempo y esfuerzo. Puedes volver a sentirte conectado contigo mismo, puedes volver a abrirte a los demás, a esas personas que te quieren y sentirte merecedor de ese amor. Es importante que se aprende a amar al cuerpo de nuevo, a cuidarlo y permitirle sentir placer. No existen técnicas mágicas, el tratamiento tiene que ser cuidadoso y trabajar con el dolor y también las fantasías asociadas al mismo, vale la pena intentarlo para salir adelante.

 

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

La confianza

La confianza

 

Dicen que la confianza es como un vaso de cristal si se quiebra aunque tratemos de pegarlo no será igual y un poco de cierto hay en este dicho. Una vez que nos traicionan es muy difícil volver a abrir nuestro corazón hacia esa persona, pero lo que es aún peor, quizás cerremos nuestra alma a todos los demás. Todos pueden caer en la misma categoría, si alguien nos traicionó de seguro que todas las personas que encontremos en nuestro camino serán capaces de hacerlo también.

Para tener confianza en los demás, es básico que confiemos en nosotros primero, porque si partimos de una base tambaleante proyectaremos sobre los demás nuestras propias dudas, lo que conducirá a vínculos complicados o malas decisiones en general. En algún punto debemos permitirnos ser vulnerables con aquellos que demuestren que vale la pena que nos entreguemos. Debemos ser responsables de las personas que decidimos tener a nuestro alrededor, ser cuidadosos con los vínculos que escogemos, ¿estamos con personas constructivas o destructivas?

Comencemos con el caso más clásico, la traición de pareja. Existen muchas maneras de traicionar a alguien, no solamente con una infidelidad. Puede ser con falsas promesas, con mentiras, con elecciones. Sin importar cuál sea el motivo lo que realmente cabe preguntarse es, ¿vale la pena darle otra oportunidad a esa persona? Cada caso es particular, siempre debemos tener en cuenta el contexto en que se dan las circunstancias, los atenuantes de cada caso. Las explicaciones sin caer en justificaciones nos permiten tener una visión más amplia del hecho y nos puede dar herramientas para tomar nuestra decisión. Creo que la respuesta más clara es que hay que estar ahí para quien realmente está arrepentido y que con sus acciones nos demuestra su cambio. Quienes dicen que cambiarán para una y otra vez cometer el mismo error solamente van a perder nuestro respeto, y en algún momento, por más dolorosa que sea la situación, tenemos que decidir si vamos a continuar brindándole eternas oportunidades a quien no se lo ha ganado.

En nuestra vida podemos encontrarnos con muchas personas que nos decepcionan, gente que creíamos que eran nuestros grandes amigos para luego descubrir que no estaban ahí cuando más los necesitábamos. Estas acciones desconcertantes también tiene su explicación, las personas cometemos errores, a veces estamos demasiado ensimismados en nuestros propios problemas o nos alejamos para no molestar. En todo caso, nunca asumas nada y ante la duda siempre pregunta. Está en nosotros decidir si una amistad vale la pena mantenerla o es hora de dejarla ir, también debemos ser pacientes con las limitaciones emocionales de los demás, no todo el mundo tiene el mismo poder de empatía o comparten el mismo conjunto de valores que nosotros, por eso debemos entender a la persona en su globalidad antes de dar el veredicto. Si queremos a alguien en nuestra vida debemos aceptarlo como es, si nos hiere, nos decepciona, podemos tener cierta tolerancia, pero como en todos los casos, todo tiene su límite, está en ti decidir qué es lo tolerable y que no.

Una manera práctica de ver qué tan confiables son las personas a nuestro alrededor es ver si sus palabras son congruentes con sus actos, si cumplen con lo que prometen, si nos han demostrado activamente que están ahí para nosotros en alguna que otra oportunidad.

A propósito de este tema, el psicólogo Silvan Tomkins de la Universidad de Princeton, considera que existen dos grupos de personas, las normativas y las humanistas. Las características de cada uno son estables en el tiempo y pueden ser tanto innatas como adquiridas.

Las personas normativas llegan a considerar a los demás como amenazantes, por lo tanto, mantendrán sus sentimientos escondidos, estarán alertas y usualmente a la defensiva. Buscarán codearse con sujetos que sean lo más parecidos a ellos posibles y buscarán generar relaciones sin compromiso.

Las personas humanistas optan por creer en la honestidad de los otros, suelen ser más positivas en sus vidas, buscan expresar libremente sus emociones y tienen un alto grado de  empatía. Intentarán rodearse de personas fieles a estos principios. ¿Te reconoces en alguno de estos grupos?

Nuestra confianza es un regalo, a veces se la brindamos a las personas equivocadas, a veces desconfiamos cuando no hay razón para hacerlo. Es complejo saber qué camino seguir, pero una buena guía es ser fiel a uno mismo, cuando hay un vínculo o situación con alguien que nos genera dolor por alguna razón, lo mejor es hablarlo, tener la mayor cantidad de elementos objetivos para poder tomar un accionar coherente. A veces la mejor opción es perdonar y brindar una segunda oportunidad, a veces perdonar y dejar ir a esa persona que no supo valorarnos lo suficiente. Intenta ser un juez justo tanto contigo como con los demás, la decisión siempre estará en tus manos.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Familiares depresivos: Cómo ayudarlos

Familiares depresivos: Cómo ayudarlosAnte la eventualidad de vernos envueltos en el descubrimiento de que nuestro ser querido está padeciendo de depresión, debemos armarnos de valor y no entrar en pánico. Nuestras buenas intenciones pueden traernos más problemas que otra cosa si no nos informamos lo suficiente.

Primero tenemos que tener en claro de que se trata la depresión y qué significa para la persona que lo padece. No es algo opcional y quienes lo deben vivir sufren y mucho, tenemos que tener cuidado de no caer en consejos fáciles movidos por nuestra desesperación. Será sencillo caer en la frustración si pensamos que todo lo que intentamos brindarle no sirve, porque en realidad no es así.

Algo que puede darnos mucha calma es hablar con el profesional que está atendiendo a nuestro familiar. Es importante alentar el tratamiento psicológico y psiquiátrico, es probable que las personas se resistan a recibir ayuda pero es vital hacer hincapié en este aspecto y que el compromiso de  asistir a las sesiones se mantenga. Todo el tiempo debemos alentar su camino a su bienestar, haciéndoles ver que cada pequeño paso que dan para sentirse mejor será enormemente recompensado. Podemos acercarnos a los profesionales que están tratando a nuestro familiar y aportarle toda la información necesaria acerca de su entorno, debemos estar atentos a que asista a todas las sesiones y sobre todo tener cuidado con las ideas de suicidio.

Mucho cariño, comprensión y simpatía se requerirá de nuestra parte. A pesar de que a veces nos contesten mal o no sientan ganas de hacer nada, intentemos mantenernos calmados y entender que en realidad muchas de sus conductas no las pueden evitar y sobre todo no lo tomemos como algo personal, su ira o mal humor es una manera de expresar el dolor. A veces simplemente con el hecho de estar junto a ellos podemos hacerlos sentir acompañados y nuestra presencia puede ser mejor que nuestras palabras.

Evitemos minimizar lo que la persona siente, más allá de que no comportamos su visión oscura del mundo, démosle tiempo para que puedan aprender a pensar de otra manera, presionándolos no será la opción.

A pesar de que no quieran salir o dedicarse a tareas que les agradaban en algún punto de su vida, hay que insistir suavemente para que las retomen o que al menos salga a disfrutar de un paseo junto a nosotros.

Una contención por parte nuestra puede darle a nuestro familiar el empujón necesario para salir adelante y podemos ayudarlo a que se sienta menos agobiado por los menesteres de la rutina.

Acompañar no significa hacer todo por el otro, es simplemente estar ahí para ser un sostén, pero no está en nuestras manos “curar” a la persona. Tenemos que ser concientes de nuestras limitaciones en cuanto a lo que podemos hacer y lo que no, brindar amor y comprensión sí, intentar por todos los medios que el otro se sienta mejor será una tarea casi titánica.

Podemos sentirnos muy abrumados ante esta patología, por eso es necesario que también busquemos nuestro espacio de desahogo para poder ir afrontando esto día a día. Seamos concientes de que nosotros también tenemos que vivir nuestra propia vida y no está mal tener nuestros momentos de esparcimiento o de alejamiento de esta situación, es necesario para recuperar fuerzas. No te sientas el responsable de lo que le pasa al otro porque eso te añadirá un peso innecesario sobre los hombros, puedes ayudar hasta donde puedes, no te exijas más de lo que puedas brindar. Sobre todo hay que tener cuidado con el comportamiento del depresivo, porque en algunas situaciones tanta atención puede ser contraproducente, y sin quererlo, pueden terminar abusando de la paciencia y comprensión del otro en su necesidad de sentirse mejor.

Así que recuerda, tu puedes ser de mucha ayuda para tu familiar, pero nunca jamás descuides tu propia salud en este proceso.

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Cómo lidiar con tu hijo adolescente

Amamos a nuestros hijos adolescentes pero a veces no podemos entenderlos, es una etapa Cómo lidiar con tu hijo adolescentecompleja porque ellos atraviesan por un torbellino de sensaciones, tentaciones, mal humor, incomprensión y demás.

¿Cómo podemos ayudarlos en esta etapa? Primero tenemos que siempre tener en cuenta que nosotros debemos predicar con el ejemplo, perdemos mucha credibilidad cuando les exigimos cosas que ni nosotros somos capaces de cumplir. Es hora de que superemos nuestras propias carencias emocionales y ser mejores para ellos, tratemos de controlar nuestros propios impulsos, nuestros enojos, seamos maduros y estemos abiertos al diálogo, no asumamos nada y no los consideremos culpables hasta que nos demuestren lo contrario.

Seamos coherentes, si decidimos castigarlos porque rompieron una regla no podemos cambiar de opinión de inmediato. Si les has dicho que porque perdió ese examen no puede salir a bailar mantén tu palabra, no sucumbas bajo sus encantos, no es NO y es muy pero extremadamente importante que seas conciente de esto.

Démosle la oportunidad de que nos cuenten que les sucede, no juzguemos lo que piensan o sienten, no lo minimicemos tampoco. Recuerda ponerte en el lugar del otro, nos habilita a comprender desde la empatía lo que le sucede. Para poder tener una comunicación más fluida con los adolescentes evitemos los interrogatorios interminables, ellos no nos tienen por qué contar cada minúsculo detalle de su vida, démosle un voto de confianza, tienen derecho a su privacidad. Busquemos momentos para hablar, que sea una costumbre el compartir cosas sin invadir. Se pueden llegar a acuerdos con sentido, siempre y cuando las reglas sean claras. Hay ciertas negociaciones que podemos realizar con ellos de acuerdo a su nivel de responsabilidad y madurez.

Cuando tengamos que llamarle la atención por algo, evitemos dejarlo en ridículo con sus amigos, es una actitud que seguramente no nos perdonará con facilidad.

Podemos darle la oportunidad de crecer y ser responsables cuando les damos tareas que puedan hacer, que entiendan que sus actos tienen consecuencias y si ellos se comprometen a hacer algo deben aprender a cumplir con su palabra. En la vida tendrán que aprender a cumplir con los demás, aprender a respetar los espacios ajenos y es algo que tienen que comenzar a practicar desde ahora.

Seamos tolerantes con sus gustos en su amplio sentido, la música, los tatuajes, los lugares que les llaman la atención, su manera de vestirse.

Ellos necesitan límites más allá de que pataleen cuando se les imponen algunos, pero inconscientemente eso brinda seguridad, parámetros firmes en donde moverse, sin ser exageradamente autoritarios, tampoco podemos ser totalmente permisivos porque en lugar de hacer un bien estaremos generando inseguridad, confusión y hasta ira en algunos casos.

Así como exigimos, recuerda siempre valorar las cosas buenas que hacen, festejar sus logros, hacerles ver que estamos orgullosos de ellos.

Evita los vínculos simbióticos, ellos son tus hijos no tu posesión, tienen derecho a sus propias ideologías, elecciones, gustos, intereses. No intentes vivir tu vida a través de ellos, deja que elijan su carrera, sus pasiones, tienes que ser una guía no un amo.

Los padres son padres y no amigos, evita confundir los roles, los límites son importantes y si te comienzan a ver como un igual se pierde el respeto, la admiración, la autoridad, elementos absolutamente necesarios para ellos a pesar de que se rebelen contra los mismos a veces.

Que esta etapa no sea más complicada de lo que debe ser, juntos pueden aprovechar este tiempo para unir sus lazos y aprender a respetarse mutuamente desde sus diferencias.

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Miedos irracionales: Fobia Social

Miedos Irracionales: Fobia Social

Quienes padecen de fobia social se caracterizan por sentir un miedo intenso a ser observados todo el tiempo y ser calificados de una manera negativa por los demás en situaciones sociales. Esto hace nacer en el sujeto un deseo irrefrenable de evitar cualquier tipo de situación donde se sientan expuestos a este malestar.

Tenemos dos tipos de esta fobia. La denominada fobia social no generalizada donde el miedo se relaciona a determinadas situaciones específicas como hablar en público, acercarse a personas del sexo opuesto, comer delante de otras personas, ir a reuniones sociales. En la fobia generalizada o difusa el miedo se aplica a prácticamente todas las interacciones sociales.

Cuando la persona se ve enfrentada a la situación temida experimenta una ansiedad intensa acompañada de palpitaciones, temblores, tensión muscular, a veces incluso náuseas. No pueden evitar pensar que harán el ridículo, que los demás pensarán mal de él, que no son aceptados.

Quienes son más propensos a sufrirla son aquellos que tienen una baja autoestima, quienes se preocupan en demasía por lo que los demás puedan llegar a pensar de él, sujetos extremadamente sensibles ante las críticas y quienes tienen pocas habilidades sociales.

Una característica muy notoria del fóbico social es su estilo de pensamiento autoreferencial negativo, esto quiere decir que la persona estará predispuesta a relacionar todo lo que suceda a su alrededor consigo mismo. Por ejemplo, si en una fiesta hay un par de invitados riéndose a pocos metros, lo primero que asumirá el fóbico es que se están riendo de él, obviamente se trata de una manera distorsionada de interpretar la realidad, creen que llamarán exageradamente la atención en circunstancias que es muy raro que en verdad suceda.

Las consecuencias de la fobia social incluye un sentimiento de fracaso y soledad por no poder relacionarse naturalmente con los demás, es complicado para ellos tener nuevas amistades o incluso formar pareja ya que todo el tiempo se sienten a merced del juicio crítico de los otros, cuando en realidad no es así.

En cuanto al tratamiento, es importante que la persona esté dispuesta a aprender nuevas estrategias que le permitan enfrentarse de forma gradual a las situaciones interpersonales anteriormente desdeñadas.

La ansiedad por estas situaciones es algo que se aprende y por lo tanto pueden aprenderse otras técnicas que permitan mantenerla a raya y además poder disfrutar de situaciones que antes provocaban rechazo.

Es importante aprender a relajarse mediante la respiración, manejar técnicas que permitan dirigir nuestro pensamiento de una manera productiva. Se pueden recrear situaciones en la imaginación junto al psicólogo y de a poco ir quitándole el monto de fantasía que las situaciones sociales encierran para ellos.

Los miedos pueden manejarse, son solamente fantasías que atentan a nuestra calidad de vida. Anímate a probar algo diferente, las fobias tienen solución.

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¿Quién podría algún día amar a una bestia?

¿Quién podría algún día amar a una bestia?¿Qué sucede cuando damos lo peor de nosotros? ¿Qué esperamos a cambio? ¿Somos tan horribles como pensamos? ¿Queremos hacerle creer a los demás que somos más monstruosos de lo que en realidad somos?

Como les había mencionado en un post anterior, el ser humano es bastante autodestructivo y algunos más que otros. En algún punto todos creemos que somos peores de lo que en realidad somos, ¿y cuál es el propósito de esta creencia?

En cada persona varían las razones aunque puedo enumerar algunas que se repiten en varias de ellas. El creerse un ser espantoso puede nacer de una mala interpretación de la realidad, quizás sus padres no festejaron demasiado los logros de ese sujeto, es un arduo juez consigo mismo y por lo tanto no tiene derecho a equivocarse nunca, un número de situaciones donde no se tomaron las mejores decisiones y lastimaron a otras personas. Cada equivocación, cada soledad, se consideran como pruebas irrefutables de que no hay nada que amar en ellos, que si alguien se queda a su lado no tiene sentido porque seguramente volverán a hacer algo que no quieren, algo más fuerte que ellos, algo que no comprenden.

Cuando nos consideramos seres crueles y poco dignos de ser amados, buscaremos tener razón. Nos vamos a equivocar para sabotear las cosas hermosas que sí tenemos, en esa búsqueda enfermiza de autocastigo. Si somos malos entonces merecemos lo peor. No tener pareja, esquivar buenas oportunidades de desarrollo, no tener demasiados amigos, descuidarnos tanto física como mentalmente, no nutrirnos de las cosas que nos brindan felicidad, sino más bien alejarnos de ellas como si fueran la peste.

Por otro lado, sin saberlo siquiera, el comportarnos como si fuéramos criaturas realmente desagradables trae aparejado un llamado de atención. Quizás la única manera de realmente salvarnos es encontrar a alguien que nos acepte cien por ciento como somos, a pesar de que nos comportemos de la peor manera que se nos pueda ocurrir. Porque si somos despiadados, si hacemos uso de nuestro peor arsenal contra quienes más queremos y aún así ellos permanecen estoicos a nuestro lado entonces la máscara se cae. ¡Nos aceptan! ¡Estábamos equivocados! No somos tan horribles. Y ya no tendría sentido continuar demostrándole al mundo nuestra peor cara porque alguien tuvo la paciencia suficiente para quedarse a nuestro lado y descubrir lo que estaba más allá, lo realmente hermoso que como fuera estábamos intentando ocultar, guardado tan sólo para aquellos que permanecieran hasta el final, dispuestos a descubrir la verdad.

El problema con este comportamiento, con este ideal romántico si se quiere, es que en la realidad pocas personas cuentan con la paciencia o visión suficiente para encontrar que hay debajo de esas capas y capas de mentiras o maldad. Y es por eso que nuestra comportamiento autodestructivo aleja a los demás, cansados, hastiados de soportar la misma teatralidad, manipulación, secretos y todo lo que se les pueda ocurrir.

 Así que primero intenta dilucidar si tú has caído en este peligroso juego de ser quien no eres, de solamente resaltar lo espantoso que hay en ti. Si lo has hecho, no interesa, siempre se está a tiempo de cambiar. Pocas personas podrían amar a una bestia, pero seguramente podrían amar al príncipe o la princesa que tanto trabajo te está dando ocultar.

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