Archivo | mayo 2011

Disputando pensamientos negativos

Disputando pensamientos negativos

El problema con las cosas que nos decimos a nosotros mismos es que las consideramos verdades absolutas. Es hora de que aprendamos a disputar esos pensamientos que tomamos como ciertos por el simple hecho de que decidimos creer que así es. Nuestras creencias no son más que hipótesis que tienen que ser puestas a prueba.

Primero tendríamos que aprender a evitar a exagerar la magnitud de nuestras creencias e interpretaciones acerca de las cosas que nos suceden. Disputar efectivamente involucra tener argumentos sólidos, no basta con decirse lindas frases, tenemos que buscar las evidencias positivas que nos demuestren que no todo es tan terrible como pensamos.

Cuando la catarata de pensamientos negativos aparece, el primer paso que tenemos que tomar es el de calmarnos y darnos un tiempo prudencial para pensar. Hay que distanciarse de esos pensamientos para poder sopesarlos objetivamente. Muchas veces puede haber algo de cierto en ellos, pero eso no quiere decir que sea tan cierto como creamos. Por ejemplo, podemos no tener pareja en el momento actual y por eso creer que siempre nos equivocamos en la elección amorosa, pero supongamos que sí te equivocaste un par de veces, eso no quiere decir que te volverá a suceder en el futuro ni que te quedaras solo para siempre. La verdad de nuestra vida debe ser puesta a prueba, porque muchas de nuestras verdades no son más que un constructo de pensamientos catastróficos que en realidad no reflejan toda la certeza de nuestros actos.

Cuando pienses en las evidencias que respaldan tu teoría, debes tomarte el tiempo para buscar aquellas que estén en contra también, de esta manera te aseguras de disminuir tu tendencia a ver sólo una cara de la moneda. Otra táctica es generar alternativas, ¿de qué otra manera puedes considerar la situación? Recuerda pensar en contexto, las situaciones están repletas de detalles muchos de los cuales ni siquiera conocemos, sería arrogante de nuestra parte considerar que sabemos todo de una situación cuando en realidad no es así.

Si un evento malo nos ocurre tenemos que detener la avalancha de pensamientos que nos dicen que cosas terribles nacerán de esto, deja de preguntarte ante cada pelea con tu pareja ¿qué pasaría si mi esposa me deja?, ante un llamado de atención de tu jefe ¿qué pasaría si me despidieran? Y si esto sucediera, ¿qué tan terrible sería? Sé específico y brinda detalles a esta respuesta.  ¿Cómo harías para mejorar la situación? Ahora pregúntate, ¿qué es lo mejor que podría pasar en esta situación? Usualmente no ocurrirá ni la peor ni la mejor, será algo intermedio.

El estar preparado para las situaciones brindará un poco de calma, en lugar de asustarte, piensa en un plan de ataque. ¿Cómo puedes trabajar en ti? ¿Qué puedes hacer ante ese evento en particular? ¿Cómo puede suavizar una pelea? Tomar acción, sentirte dueño de la situación te brindará más paz.

En esta serie de artículos han aprendido a identificar los pensamientos negativos, a buscar evidencias en contra de ellos, a no exagerar los resultados de determinadas situaciones, a buscar alternativas, a cambiar sus creencias. La vida es tan díficil como ustedes decidan verla, siempre habran contratiempos y dolor, pero eso no significa que serán eternos, lo malo también se termina y no pierdan la esperanza de salir adelante. Si ustedes no pueden llevar a cabo estos consejos por sí mismos, no duden en buscar ayuda, todas las herramientas que puedan utilizar a su favor serán bienvenidas.  Sigan trabajando en su camino hacia la felicidad porque es el más hermoso y el que sin duda vale más la pena.

 

 

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Cambiando tu estilo explicatorio

Cambiando tu estilo explicatorioLa gran diferencia entre optimistas y pesimistas es su manera de explicar las situaciones que les suceden, esto se conoce como estilo explicatorio. El mismo involucra tres grandes áreas que son la permanencia, la personalización y la omnipresencia. El pesimista creerá que las adversidades no pueden ser derrotadas y que siempre estarán presentes afectando todos los aspectos de su vida. La persona cree que es ella misma la causante de todo sus contratiempos, sin tomar en consideración las circunstancias y las demás personas que la rodean, e incluso sí cree que no es su culpa continua creyendo que nada está en su poder para hacer el cambio.

Primero tenemos que tener en claro ciertos conceptos para poder detectar lo que nos ocurre y podes utilizar esto a nuestro favor. Las explicaciones que le damos a un evento pueden tener las siguientes características:

  • Permanentes: la causa es algo que persistirá y no podemos hacer nada para cambiarlo
  • Temporales: la causa es algo cambiante, transitoria
  • Omnipresentes: la causa puede afectar varias situaciones
  • Especificas: La causa solamente afectará algunas situaciones
  • Personales: Yo soy la causa
  • Impersonales: La causa está relacionada con otras circunstancias o personas

La personalización es un concepto muy importante que implica saber distinguir hasta qué punto en realidad somos responsables de lo que está ocurriendo. ¿Siempre dices que es tu culpa cuando algo ocurre? ¿Atribuyes tu culpa a la manera en la cual te comportas o a tu carácter? Si atribuyes la culpa a tu comportamiento es algo más manejable, ya que las conductas son cambiantes eso sería una visión más temporal. En nuestras interacciones no siempre somos culpables ni siempre somos inocentes, tenemos que intentar medir las situaciones de la manera más objetiva y exacta posible, si siempre te hechas la culpa no podrás disfrutar tranquilamente de tus relaciones con los demás.

Ahora pongamos un ejemplo para ver como esto se desarrolla en determinada situación. Supongamos que un chico está molesto porque su novia lo llamó la noche anterior diciéndole que necesitaba tomarse un tiempo de la relación, ante este hecho él piensa “Ahí vamos de nuevo, está de mal humor seguramente, en una semana estará mejor, siempre se le pasan estas locuras” Esta explicación estaría dentro de la categoría de temporal (el humor es cambiante) es omnipresente porque el estado de ánimo de su novia afecta varias situaciones y es impersonal, porque la de la loca idea es ella y no él.

Ante las diversas experiencias de nuestra vida, nuestras explicaciones y pensamientos estarán relacionados con algunos de los conceptos previamente enumerados. Ahora tu puedes hacer un ejercicio, escribe una situación cualquiera y piensa cuáles son las explicaciones que tiendes a brindarle a tus circunstancias. Los optimistas consideran que las causas buenas son las permanentes, omnipresentes y personales, ten esto en cuenta a la hora de comenzar a cambiar tus explicaciones. Si tienes dudas acerca de estos conceptos contactame a mi mail y estaré feliz de poder ayudarte.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

El modelo ABC

Martin Seligman nos explica en su libro The Optimistic Child que creemos que las El modelo ABCadversidades tienen más peso en nuestra vida de lo que en realidad tienen.  Claro está que los eventos influyen en nuestras emociones, pero no tanto como nosotros pensamos y esto se pone en evidencia cuando observamos que dos personas distintas reaccionan de manera diferente ante un mismo hecho. Por ejemplo, ante un viaje fallido de un matrimonio, uno de los integrantes de la pareja puede pensar que fue un verdadero desastre, que nada puede rescatarse de esa experiencia, que está arrepentido de haber salido de su casa. Sin embargo, el otro integrante de la pareja con una visión más optimista puede sentirse emocionado de contarle a sus amigos las anécdotas desastrosas del viaje porque las toma como graciosas y las considera una buena oportunidad para reírse y hacer reír a los demás.

Vemos lo que deseamos ver, si estamos convencidos de que no somos personas atractivas, por ejemplo, buscaremos las evidencias del rechazo, sin darnos cuenta de que nuestra propia inseguridad puede estar jugándonos en contra en lugar del hecho real en sí. Solamente buscaremos las evidencias que sustenten nuestras creencias y las que nos hagan considerar una opción distinta serán desechadas de inmediato. Lo cruel de este juego, es que consideramos reales e irrefutables determinadas pruebas que en realidad no lo son tal, sino que nosotros nos convencemos de que son ciertas porque deseamos creerlo a nivel inconsciente.

Albert Ellis y Aaron Beck crearon el modelo conocido como el modelo ABC. En inglés A de adversity (adversidad), B de beliefs (creencias), C de consequences (consecuencias). La adversidad es el hecho en si que nos hace sentir mal, un evento negativo.  Las creencias son nuestros pensamientos acerca de ese hecho y las consecuencias son nuestras emociones y acciones posteriores al hecho. Por ejemplo una joven puede sentirse muy mal porque su novio no la llamó a la hora que le había prometido (adversidad). Comienza a pensar que es porque él ya no la quiere lo suficiente (creencia) y por lo tanto se siente muy mal, se enoja y siente que no es importante (consecuencias). Un hecho trivial puede convertirse en terrible si dejamos volar nuestra imaginación.

Para comenzar a practicar con este modelo, pueden comenzar a anotar las adversidades de su día a día en una columna. En otra columna prestarán atención a los pensamientos asociados a ese hecho y en una tercer columna expresarán como se sienten al respecto. Cuando escriban sus creencias, pongan en tela de juicio qué tan certeras éstas son. Por ahora solamente concentrense en identificar esta trilogía, en el próximo artículo seguiremos con este tema.

 

 

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Detectando pensamientos automáticos

Detectando los pensamientos automáticos

Este es el primer artículo de una serie de artículos que paso a paso les darán las herramientas para poder combatir esos pensamientos que los limitan y los hacen ver la vida de una manera pesimista.

Para poder luchar con esos pensamientos negativos, automáticos, el primero paso radica en saber identificarlos. ¿Qué es lo que dice esa voz insistente? ¿Con qué te atemoriza? ¿Con que te presiona? ¿Te dice que nunca lograras lo que deseas? ¿Que eres un bueno para nada? ¿Que las cosas buenas le pasan a los demás pero jamás a ti? ¿Que no eres suficiente?

Nuestro monólogo interno puede llegar a ser el más despiadado de los verdugos, por eso debemos escucharnos intensamente para detectar qué es lo que nos decimos que nos termina haciendo actuar como actuamos. Estos pensamientos suelen ser fugaces, a veces casi imperceptibles, pero son tan poderosos que pueden hacerte sentir triste, ansioso o furioso.

Si nos prestamos la suficiente atención, comenzamos a percatarnos de estos pensamientos. Una vez que podemos hacer esto, es hora de poner en tela de juicio el contenido de esos pensamientos, su veracidad. Solemos enojarnos mucho con los demás cuando nos dicen algo que no nos gusta, podemos llegar a discutir y defendernos, pero ante nuestra voz interior nos quedamos paralizados y a pesar de que ella esté equivocada, ciegamente le damos la razón. Quienes más tienen tendencia a creer firmemente en su monólogo interno son aquellas personas quienes padecen depresión.

Para contrarrestar esto, tenemos que jugar a ser detectives, comenzar a ver las evidencias positivas y no las negativas. Por ejemplo, si crees que eres malo en el amor, busca aquellas evidencias donde pudiste haber sido bueno o al menos intenta contextualizar las cosas. Nada puede ser pensado fuera de su contexto, porque todos actuamos de determinada manera de acuerdo a una mezcla de circunstancias, pensamientos que tienen sentido en ese momento. Si tu relación terminó no necesariamente implica que tu fallaste, sino porque en esa situación determinada hubieron carencias que evitaron que la relación floreciera, pero eso no indica que tu seas un fracasado o que jamás encontraras a tu media naranja, simplemente el resultado no fue el que esperabas.

Las cosas que nos decimos a nosotros mismos no necesariamente son verdaderas a pesar que así lo creamos. Comienza a ver esos pensamientos como hipótesis que deben ser comprobadas, trata de verlos de la manera más objetiva posible. En algunos casos no encontrarás evidencia en la realidad, en otros deformaras la realidad para que tengas razón, también puede suceder que en cierto grado tengas razón, por eso es importante lo que había mencionado de contextualizar.

Debes tener en consideración, que lo mejor que puedes hacer por ti es buscar otro tipo de explicaciones a las cosas malas que te han sucedido o suceden, debes desafiar esos pensamientos automáticos.

Vamos a poner un ejemplo. Martha suele enojarse mucho con sus hijos por la mañana, por eso considera que es una mala madre. Para cambiar este pensamiento, comenzó a ver evidencias de que en realidad por la tarde estaba de muy buen humor, era cariñosa y los ayudaba con las tareas de la escuela. Entonces comenzó a decirse a si misma “No suelo estar de buen humor en las mañanas, debería aprender a controlar mi mal humor matutino, pero esto no quiere decir que sea una mala madre, simplemente que las mañanas no son mi mejor momento del día.” Al hablarse de esta manera, comienza a quitarse la carga negativa de asumir que es una mala madre por el hecho de que está malhumorada, evidencia poco suficiente para creerse algo tan importante como eso.

Así que recuerda, primero intenta detectar toda esa cascada de pensamientos que te inundan y después intenta comprobar que no son tan ciertos como crees. Si te cuesta verlo, no te olvides de contextualizar, así como puedes perdonar a los demás puedes perdonarte a ti mismo, no te olvides de los detalles, las personas y las circunstancias que confabularon para tener ese resultado.

Nuestro pesimismo es aprendido, usualmente de nuestros padres, profesores, de aquellas figuras de autoridad y cariño que nos rodean. Por supuesto que nadie nos enseña a ser pesimistas a propósito, simplemente transmitieron lo que conocían. Y lamentablemente, lo que muchas personas conocen naturalmente es el pesimismo.

Cambiar nuestra manera de pensar y ver el mundo no tiene nada de mágico, requiere de esfuerzo de nuestra parte, de determinación y elección. Es aprender las estrategias y utilizarlas todo el tiempo, convertirlas en parte de nuestra vida hasta que lo automático sea pensar de una manera optimista no pesimista. Estén atentos a los siguientes artículos, recién estamos comenzando.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com



Psicología Positiva en el Deporte

Psicologia Positiva en el DeporteSin lugar a dudas el deporte es una herramienta excelente para obtener emociones positivas. La adrenalina, la competencia, el establecimiento y posterior cumplimiento de metas hacen que nuestro destino se complete armónicamente en un precioso equilibrio de energía y deseo.

La Psicología Positiva aplicada al deporte está cobrando fuerza dentro de los profesionales quienes comienzan a trabajar desde una perspectiva enriquecida con nuevas estrategias, ansiosa por experimentar con el optimismo y la reestructura de esos pensamientos que entorpecen a la hora de alcanzar el anhelado éxito.

El bienestar que brinda el deporte, desde la perspectiva de la Psicología Positiva, incluye la vida placentera relacionada a las emociones positivas producto de la participación atlética. Podemos disfrutar del estado de flow, ya que la actividad deportiva requiere de toda nuestra atención, nos dejamos llevar por completo por ese momento y requiere de un esfuerzo tanto psíquico como mental de nuestra parte. Al estar involucrados en una actividad deportiva reforzamos la búsqueda de placer y compromiso con la vida, le da un propósito a nuestros días.

Hay que entrenar el cuerpo, pero sobre todo nuestra mente para ir más allá de nuestras propias limitaciones. Es vital mantenerse motivado, estar en control de uno mismo y no dejarse arrastrar por las adversidades. Evita castigarte cuando las cosas no salen exactamente como deseas, porque el trabajo arduo tarde o temprano brinda frutos.

Los profesionales del deporte no solamente deben protegerse de un auto sabotaje inconsciente, sino también de la crueldad de su público, ya que las personas pueden enaltecerlos en la gloria o desterrarlos hacia la categoría de perdedores de acuerdo a sus caprichos. La presión de las competencias es algo que siempre se debe manejar. Suceda lo que suceda a tu alrededor, si pierdes o ganas, más allá de los resultados o las contrariedades, uno debe permanecer centrado y animado. Si tu mente juega a tu favor, ya estás en camino hacia la victoria.

Se debe tener cuidado ante los efectos del stress, ya que una mente cansada resultará en un cuerpo al cual le costará recuperarse de una lesión, por ejemplo. La concentración es vital, debes mantener el objetivo, volver tu foco de atención al momento, concentrarte en cada detalle. Si caes en pensamientos temerosos de perder o equivocarte, estarás aumentando tus posibilidades de que tengas razón y termines haciendo eso que tanto intentabas evitar. Muchas decisiones de juego deben ser tomadas casi de inmediato, por eso es tan importante estar atento y en sintonía con lo que sucede a tu alrededor.

El deporte nos ayuda a disfrutar, a desafiarnos, a tomar riesgos. Podemos aprender acerca de nuestras fortalezas y ser más concientes de nuestras limitaciones, podemos aprender a trabajar en equipo y disfrutarlo, a mejorar nuestras habilidades comunicativas. Nos permite mejorar nuestra autoestima de una forma grandiosa, con cada victoria, con cada límite superado. Si confías en ti mismo los demás depositarán su confianza en ti también.  Atrévete a vivir el deporte de la manera más linda, sé positivo, trabaja en tus pensamientos, en tus metas. La mejor herramienta eres tú mismo.


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La salud puede ser un chiste

Me gustaría compartir con ustedes esta excelente nota escrita por Gabriela Vaz, publicada La salud puede ser un chisteen el Diario El País el 8 de mayo del 2011.

Primer acto: Juan Díaz cae del noveno piso. Segundo acto: Pedro Díaz cae del noveno piso. Tercer acto: Roberto Díaz cae del noveno piso. ¿Cómo se llama la obra? “Los Díaz pasan volando”/ ¿Cuál es el colmo de un sordo? Que al morir le dediquen un minuto de silencio/ Había una vez un hombre tan pero tan gordo, que cuando se caía de la cama, se caía de los dos lados/ ¿Qué es un circuito? Un lugar donde hay elefantuitos, caballuitos, payasuitos…

Si al menos uno de estos chistes le sacó una risa, atienda a lo que acaba de suceder: áreas de su corteza cerebral responsables de la memoria, zonas del hemisferio posterior izquierdo que ayudan a reconocer intenciones y regiones cercanas al área de Broca que dan sentido al lenguaje, todas, se han activado. En palabras de una investigadora alemana llamada Barbara Wild, psiquiatra y directora del Grupo de Investigación sobre el Humor de la Universidad de Tübingen, al entender un chiste “se produce una especie de fuego de artificio cerebral, como cuando tenemos buen sexo o nos enteramos de que ganamos la lotería”. Es decir que el efecto biológico es inmediato. Y positivo.

Ahora bien, ¿qué pensaría usted si su médico le recomendara que incluya, en el tratamiento de una patología incurable, películas de los hermanos Marx? No es otro chiste. A Norman Cousins le funcionó. En el libro Anatomía de una enfermedad (1979), este periodista y escritor estadounidense asegura que logró hacer retroceder un mal de los tejidos conjuntivos que suele ser irreversible mediante terapias que mantuvieron a las risas y sonrisas como columna vertebral.

Aquel fue uno de los primeros tratados en exponer una verdad que cada vez es más irrebatible: el vínculo entre el humor y la salud, tanto física como mental, es indisoluble. En las últimas décadas, investigaciones científicas aportaron más datos. Por ejemplo: una buena carcajada fortalece el sistema inmunológico y reduce las hormonas que pueden causar tensiones. E, incluso, la gente alegre tiende a ser más longeva que la “gruñona”.

El problema es que el buen humor no es siempre una cualidad natural. Si bien el hombre es el único animal que posee la capacidad de reírse, son pocos los especímenes que hacen usufructo diario de esta exclusiva idoneidad. Todos conocemos a esa persona con la sonrisa como tatuada, que mantiene la calma y el buen trato aún en las peores circunstancias, y que parece que se tomara la vida en chiste. Pero seguro que conocemos a muchos más del otro lado: pesimistas vitalicios, de los que hay que cuidarse de hablarles por las mañanas o que “se cruzan” más seguido de lo soportable. ¿De qué depende estar de uno u otro lado? ¿Existen tácticas para mantener el buen humor o reírse más seguido? Existen. Y ponerlas en práctica puede ser la diferencia entre un pasar corriente o una vida feliz.

positivos. Claro que tener buen humor no equivale a pasarse contando chistes. Más bien se trata de una actitud para con la vida. La psicología ha desarrollado una rama que va por ese camino y se hace llamar, justamente, “psicología positiva”. La disciplina, que nació hace poco más de diez años, se centra en las fortalezas y virtudes de las personas y comunidades, explica la psicóloga Mariana Alvez, especialista en esta área y responsable del blog psicologiapositivauruguay. wordpress.com.

Si bien usualmente la psicología trabaja desde la enfermedad y se queda ligada a los aspectos negativos del sujeto, “en este caso se busca cambiar el foco: en lugar de reparar lo que está roto hay que construir cualidades positivas”, aclara Alvez, quien relaciona el humor con “una manera de ver la vida más despreocupada, donde se puede apreciar el lado bueno de las adversidades, donde nosotros hacemos felices a los demás y nos divertimos mediante la risa”.

Rasia Friedler, también psicóloga, dirige la fundación SaludArte, dedicada a la promoción de la salud a través del arte y el humor. Para ella, este último es un elemento fundamental para el desarrollo sano de un individuo. “Su importancia reside en la posibilidad de percibir situaciones estresantes de una forma benigna, no catastrófica. Permite un mayor bienestar y disfrute de la vida, aún en circunstancias adversas. El sentido del humor implica cierta capacidad para entender las emociones y manejarlas, es un aspecto de la inteligencia emocional. Además, nos reconcilia con nuestros defectos y los de los demás, nos permite ver el encanto de la combinación entre virtudes e imperfecciones que hacen única a cada persona y nos impulsa a aceptarla, o incluso a quererla. El afán de adaptación social a menudo nos lleva a palabras banales o lugares comunes, desprovistos de imaginación y creatividad. El humor contrarresta esta tendencia: implica una libertad de unir de múltiples maneras características y hechos contradictorios o circunstancias ambiguas de tal modo que revela el lado absurdo de la existencia. De esa forma, nos libera de tensiones creadas por las limitaciones personales y sociales”.

remedio. Un estudio de la Universidad de Noruega, realizado sobre 53.500 voluntarios durante siete años, analizó la relación entre el humor y la longevidad y brindó conclusiones contundentes: entre menores de 75 años, los alegres tienen una mortalidad un 20% menor en comparación con los gruñones. Aunque “no es suficiente con reír mucho -aclara Sven Svebak, autor del estudio. El humor abarca formas de pensar y frecuentemente se da en el diálogo con otras personas, pero no necesita ser externalizado”.

Por aquí, ni Alvez ni Friedler dudan un momento al confirmar la estrecha relación entre salud y buen humor. “Una carcajada puede ejercitar nuestro diafragma y relajar luego nuestros músculos. El buen humor nos aleja de la ira, la culpa y demás emociones negativas, nos ayuda a ver las cosas desde una mirada más relajada y a afrontar las dificultades de la vida más como un juego de aprendizaje que como una amenaza paralizante. La risa es tan poderosa que incluso si la fingimos podemos obtener los beneficios mencionados”, dice la experta en psicología positiva. En tanto Friedler aporta: “Las personas con buen sentido del humor tienden a lograr un mejor sostén afectivo del medio social. La risa provoca efectos catárticos y procesos de relajación general de los músculos del cuerpo. También regula el ritmo cardíaco, baja la presión arterial y mejora la inmunidad. Es un factor protector de la salud. La capacidad de reírse de uno mismo es de por sí un buen indicador de salud mental. La capacidad de ver el lado positivo de situaciones adversas o conflictivas también se asocia con un mayor grado de apertura hacia los demás”.

Táctica y estrategia. La gran pregunta que muchos ceños fruncidos se estarán haciendo ahora es: ¿se puede aprender a ser más risueño? ¿Existen tácticas para controlar el humor? Las especialistas en el tema afirman que sí. Según la experta en psicología positiva Mariana Alvez, “usualmente lo que sucede es que ante los problemas reaccionamos de manera exagerada, dramatizando demasiado y creyendo que es el fin del mundo que nos hayamos derramado café en la camisa. En otras oportunidades sí debemos enfrentarnos a contratiempos importantes, que más que adversidades deberíamos considerar posibilidades, oportunidades de crecer y madurar como seres humanos. No tenemos el control sobre todas las circunstancias, pero sí tenemos el de decidir cómo queremos reaccionar y afrontar esos momentos”.

Para mejorar nuestro mal humor tenemos que colocar las cosas en perspectiva, continúa. “¿Es tan importante que hayamos llegado tarde al trabajo? ¿Las personas son desagradables con nosotros o somos nosotros quienes decidimos ver esa realidad? Hay que tratar de ser más objetivos y luchar contra ese impulso que muchos tienen de buscar las evidencias que comprueban de que todo es un desastre. Cuando las cosas no salen bien podemos sonreír a pesar de todo y podemos tener la certeza de que si no estamos en un buen día, ese día va a terminar pronto, nada dura eternamente, ni siquiera las malas rachas. Cuando estamos enojados tenemos que recordar cosas que nos hagan sentir mejor, como una buena conversación con un amigo o alguna situación divertida que nos haya pasado; recordando estamos evocando la emoción de ese momento que puede desplazar la sensación desagradable que se está sintiendo en ese instante. Hacer una lista mental de todas las cosas por las cuales deberíamos estar agradecidos y que de repente damos por sentado, como el simple hecho de poder caminar o escuchar, o ser agradecidos por nuestra familia y nuestros logros”, recomienda.

Otros ejercicios posibles son teatro espontáneo, técnicas de clown y tácticas de improvisación; todas estrategias que se llevan adelante en SaludArte, cuenta Rasia Friedler. “Entrenarse en ellas permite cultivar destrezas sociales y estados de ánimo que provocan actitudes positivas en uno mismo y en los demás. Existen distintos tipos de humor, por ejemplo, el verbal y el no verbal, y hay técnicas específicas para cada uno de ellos. Es muy divertido jugar con las palabras, las paradojas, la parodia, la silepsis, etcétera”.

Estilos. ¿Por qué algunas personas tienen buen humor naturalmente, una mayor predisposición a levantarse con una sonrisa o ver el vaso medio lleno, mientras que otras compraron el abono completo del pesimismo? Algo llamado “estilo explicatorio”, que cada ser humano posee, es la clave de esta respuesta. “Es el cómo explicamos las circunstancias en las que nos vemos envueltos”, describe Alvez. “Las personas optimistas y pesimistas tienen una manera distinta de describir los hechos buenos y malos de su vida. Los pesimistas, ante una situación negativa, consideran que la circunstancia tiene carácter permanente y que todas las demás situaciones serán iguales. Por ejemplo, si alguien a quien le gusta tocar el piano se equivoca, considerará ese error como algo terrible, concluirá que nunca podrá ser bueno en lo que quiere hacer y seguramente se equivocará en las demás obras que toque. Ahora, cuando las cosas buenas suceden, los pesimistas consideran que son hechos de mera casualidad, temporales y que seguramente no se volverán a repetir”, indica.

Por el contrario, “cuando los optimistas se enfrentan a cualquier adversidad la consideran algo temporal, circunscrita a una situación en particular, no a algo que afecta toda su personalidad: un estudiante pierde su examen pero sabe que es algo puntual, que podrá repetirlo y que seguramente el próximo será mejor. No se castiga; decide seguir adelante”.

En estos escenarios juegan varios factores. Alvez reconoce que hay personas que se crían en ambientes poco propicios para desarrollar un buen humor u optimismo y que, si bien también hay un componente genético, es algo que se puede aprender. Friedler, en tanto, señala que hay investigaciones que concluyen que el sentido del humor se correlaciona con el bienestar psicológico y la autoestima.

A veces, el estado de ánimo se generaliza. Alvez considera que los uruguayos son muy pesimistas en su mayoría, algo que es fácil de retroalimentar. “Si bien la realidad es complicada, muchas veces nosotros la complicamos más todavía. Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad: cuando todo el mundo te desalienta con que no estudies o que acá no hay trabajo, con que no persigas tus sueños, a veces se torna complicado apagar esas voces insistentes. Sin embargo, uno tiene que aprender a ser más fuerte y a seguir sus metas porque se puede y mucho. Hay muchísima gente talentosa que he tenido el honor de conocer y vale la pena ignorar los malos consejos de aquellos que se rindieron demasiado pronto”.

¿Cómo se mantiene la sonrisa frente al público en un mal día?

Maximiliano de la Cruz

actor, humorista

“Hay veces que es difícil pero también es una forma de desenchufarte y olvidarte por momentos de las cosas malas o tristes que te estén pasando. Una vez que me subí al escenario, o se prende la luz de una cámara, como que me transformo y me olvido de todo y disfruto al máximo lo que hago”.

Sara Perrone

conductora de televisión

“Cuando salís en vivo tu concentración está focalizada en el programa, eso ayuda a dejar los problemas de lado. (…) Algunas veces se nota que algo nos entristece o nos preocupa y es natural. `El show debe continuar` es una frase que no me gusta; creo que a veces el show tiene que parar”.

Graciela Rodríguez

actriz, humorista

“No tengo técnicas. Adoro lo que hago, me fascina. Siento una satisfacción enorme cuando escucho la risa o directamente cuando tengo el público cerca y siento su energía. Me hace muy feliz. Entonces puedo tener problemas, sentirme mal, tener fiebre, pero se me pasa. No sé, es como mágico”.

Fuente: http://www.elpais.com.uy/suplemento/ds/la-salud-puede-ser-un-chiste/sds_564702_110508.html

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Problemas=Oportunidades

Problemas=Oportunidades

En nuestra búsqueda de felicidad sin duda nos encontraremos con grandes obstáculos, la vida no es perfecta ni tampoco las relaciones. Los problemas, el dolor, las pérdidas son reales, están ahí para atacarnos, pero eso no quiere decir que no podemos salir airosos de estas batallas.

Cuando surge un problema, nuestra primera reacción evidentemente será de frustración y hasta de miedo en algunas situaciones. Si nos obsesionamos con lo que está mal, el problema comienza a tomar unas proporciones magnificas que nos hará sentir aún más paralizados, por eso será necesario implementar otra estrategia. ¿Qué pasaría si decidiéramos crear algo distinto? En lugar de preocuparnos por lo que está mal, por eso que no podemos cambiar, comenzar a dirigir nuestra energía hacia esas cosas sobre las cuales sí tenemos control y decidir elegir un nuevo camino, tener una nueva meta, curarnos por otros medios. Pensar en el futuro, alejarnos del dolor del presente, nos brinda paz, porque las heridas con el tiempo sanan y si ahora estamos sufriendo, no significa que por siempre estaremos en este mismo estado.

Así que concéntrate en imaginar lo que harás en un tiempo, qué quieres hacer contigo o con las situaciones que te rodean, cuáles son las opciones que tienes o que puedes generar. La promesa de un mañana mejor te ayudará a seguir adelante y el problema de hoy no será tan terrible si sabes que puede tener un final o al menos un cierre en tu mente.

Piensa en tus problemas no como problemas, sino como proyectos, como oportunidades de crecimiento. Todo tiene su enseñanza, incluso lo malo. Piensa qué es lo que quieres para ti de ahora en más, ¿estás cansado de sufrir en el amor? Toma el asunto en tus manos, no persigas más a ese mismo tipo de personalidades que no funcionan. ¿Estás aburrido de tu trabajo? Piensa cuáles son tus talentos, tus verdaderos sueños y persíguelos sin importar lo que digan los demás, hay demasiadas personas con sueños rotos que solamente tratarán de arrastrarte hacia el lado oscuro.

Comienza a actuar, toma control sobre tus decisiones, esperanzas, anhelos. No te rindas, persigue activamente ese proyecto que tienes en mente, comienza con pasos pequeños, siempre cuentan.

 ¿Y cómo saber si estás en el camino correcto? Sencillo. Si te sientes más enérgico, si sientes que la inspiración te rodea, la esperanza del futuro te hace sentir feliz y pleno, entonces sin duda estás comenzando a tomarte las circunstancias adversas de una manera distinta.

No podemos huir de los problemas, pero sí podemos transformarlos y además crear algo nuevo de esa situación. Es tu decisión, ¿te animas a intentarlo?

 

 

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