Miedo al abandono

La experiencia temprana de abandono genera ansiedad y miedo en los niños por sentirse Miedo al abandonoindefensos, ya comienzan a preocuparse por la amenaza de pérdida. Se sienten vulnerables psicológicamente y surge la ansiedad por la separación. Un bebé abandonado sería incapaz de sobrevivir sin cuidados. Es por eso que el miedo al abandono es casi parte de nuestra instinto de supervivencia.

Lo que realmente importa en la infancia es la capacidad de la madre de comprender y colmar los deseos narcisistas de su hijo. La capacidad de amarse a sí mismo se logra en el niño gracias a la constancia del amor maternal, su aprobación, su admiración por lo quién es y las cosas que hace.

Sin querer podemos hacer mucho daño cuando no se validan las emociones de miedos, necesidad de atención, ira, catalogándolos de meros caprichos en vez de emociones valederas. También se debe ser cuidadoso cuando no se festejan los logros del niño por temor a fomentar soberbia en él o cuando somos demasiado exigentes con los pequeños.

El temor al abandono puede verse reforzado por diversos sucesos como el divorcio, intervenciones quirúrgicas, pérdidas, abusos sexuales. De todas maneras, la inseguridad afectiva está más relacionada a un abandono percibido como tal, simbólico, que a un abandono real.

Este temor se enfatiza mucho en las relaciones de pareja, quienes sufren de situaciones de abandono en la vida adulta creen que la responsabilidad de este abandano cae sobre sus espaldas, como si siempre dependiera de ellos que los demás se marchen o no. Pensamiento que es una falacia ya que las decisiones de los demás son de los demás y no nuestras más allá de que podamos influir o no en una ruptura amorosa, no es cien por ciento nuestra responsabilidad, siempre hay otro ahí. El abandono hace mella en nuestra autoestima porque comenzamos a cuestionarnos cuánto valemos, qué es lo que hay de malo en nosotros, creemos que no somos suficientes.

Para superar el miedo al abandono tenemos que ser más realistas a la hora de evaluarnos. No tenemos que ganar el amor de todo el mundo, debemos aprender a ser quienes somos y no fingir o caer en situaciones que no nos agradan para complacer las expectativas de los demás. Si alguien no pide nuestra ayuda, no nos entrometamos en su vida a salvarlos. Si sentimos algo, seamos sinceros con la otra persona y no intentemos adivinar lo que pasa por la cabeza del otro.

No tenemos que pensar todo el tiempo en las necesidades del otro ni anticiparnos a sus deseos. Podemos ser felices más allá de estar en pareja o no, o más allá de si le caemos bien a todos o no. Concéntrate en disfrutar el tiempo a solas, que este espacio no sea algo amenazante, sino ameno y acogedor. Toma decisiones sin siempre tener miedo de cómo reaccionaran los otros, si una persona te ama de verdad te amará respetando tu esencia no deseando cambiarte. Aprende a decir que no y que te digan que no.

Los vínculos con los otros son herramientas sumamente enriquecedoras de nuestra vida, pero si no aprendemos a relacionarnos desde un sano egoísmo, entendido como el respeto hacia nosotros mismos y nuestras necesidades y tiempos, nos diluimos en la personalidad del otro y poco a poco vamos a desapareciendo. Que el miedo al abandono no sea tu cárcel, que el miedo a perder a alguien no te empuje a perderte a ti mismo.

27077699/098165994

Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com