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El colecho: sus beneficios y desventajas

En el terreno de la Psicología Infantil nos encontramos con una temática bastante controversial, un tópico donde vemos posiciones muy marcadas tanto a favor como en contra. El tema de hoy es el colecho, ¿es bueno, es malo para nuestros niños? Analicemos los distintos puntos de vista.

Los beneficios del colecho:

Si se tienen en cuenta las normas de seguridad, algunos profesionales tildan al colecho de una experiencia muy integradora y positiva tanto para el niño como para el padre. En muchas culturas se ha convertido al colecho en una práctica habitual y natural, aunque nuestra cultura lo califica como poco apropiada.

Algunos estudios demuestran que cuando el bebé duerme con su madre, este alcanza un sueño más calmo y profundo y amamantan más que los bebés que duermen separados. Su despertar es breve, permitiendo a lo largo de la noche un mayor descanso para ambos.

La madre está atenta a nivel inconciente de que está compartiendo la cama con su hijo, es así que podrá responder rápidamente a las necesidades del pequeño. Su bebé llorará menos durante la noche y es así que su nivel de estrés será menor, teniendo un impacto positivo a largo plazo en el desarrollo emocional del pequeño.

El dormir en la misma cama, refuerza el vínculo afectivo entre los padres y el niño, siendo el sueño compartido facilitador de una interacción familiar más profunda.

Ciertos estudios demuestran que quienes experimentaron el colecho en su primera infancia, de adultos demostraron que poseían más autoestima, más autocontrol, seguridad en sí mismos, tolerancia al estrés, mayor nivel de optimismo y grado de felicidad.

Podemos evitar la muerte súbita del bebé a la misma vez que ayudamos a que el niño siga una correcta evolución de su sueño, disminuyendo su nivel de ansiedad.

 

Las desventajas del colecho:

Los profesionales que no están de acuerdo con esta práctica consideran que es perjudicial para el bebé al existir un riesgo de asfixia o incluso de aplastar al infante. También se observa que la relación con la pareja se ve complicada al no haber naturalidad a la hora de tener intimidad.

Otras investigaciones han descubierto que el dormir con los padres acarrea diversos problemas de sueño para el niño, dormirían menos tiempo, tardarían más en conciliar el sueño y además se despertarían más veces durante la noche.

A medida de que el bebé crece se vuelve un tanto intolerable para los padres las patadas, la respiración fuerte, los movimientos bruscos. También algunos padres consideran poco higiénico compartir el lecho con un bebé.

Inquieta por el tema consulté con una especialista en niños, la Licenciada en Psicología Paula Fassari, quién nos compartió su punto de vista: “En mi opinión los extremos no son nunca buenos, por eso si bien no estoy a favor del colecho tampoco considero que nunca debe llevarse a los hijos a la cama de los padres, lo explico a continuación.

Sin dudas hay que sopesar las variables en juego. Lo primero a tomar en cuenta es que el colecho no es aconsejado para la salud y seguridad de los niños menores de 1 año por aumentar el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante. En esta etapa, además, si el bebé duerme con su madre, será más demandante por las noches despertándose con mayor frecuencia para tomar el pecho o mamadera (en gran parte porque percibirá el olor de su madre y eso lo estimulará a alimentarse). Además de esto hay ciertos riesgos en lo referido a la seguridad porque la cama no está preparada para bebés y pueden caerse, por ejemplo, razón por la cual nunca deberían quedarse solos allí (además del riesgo de que suban a la cama mascotas u otros niños).

Un argumento a favor suele ser que padres e hijos recuperan de este modo tiempo que no han compartido en el día, no obstante, no está demostrado que este sea tiempo de calidad. Todo esto sin embargo, no significa que el niño deba dormir solo y alejado. Mientras el bebé es pequeño se recomiendan espacios pequeños para dormir (como un moisés) que le dan más seguridad y puede quedarse en el cuarto de sus padres un tiempo. Hoy contamos además con los baby call que permiten a los padres escucharlos y hasta verlos durante la noche aunque estén en otra habitación. El niño se sentirá seguro si los padres acuden cuando él los necesita y si no se lo deja llorar en exceso.

Una buena estrategia es que desde el inicio se lleve al bebé a su cuna o moisés durante el día para poder jugar allí y que de ese modo lo asocie con un sitio de placer, de seguridad. Por otra parte, que duerma en su cama no significa que no podamos dejar que se duerma en el pecho para luego acostarlo. Las necesidades del bebé (tanto físicas como emocionales) deben ser primordiales. No obstante todo lo dicho, y siguiendo la línea del principio de que no son buenos los extremos, apoyo la idea de que es positivo que el niño a veces pueda compartir la cama de los padres. Un buen momento por ejemplo son las mañanas: tal vez cuando el bebé se despierta los padres aún no se han levantado y pueden traerlo a su cama para jugar o mirar dibujitos (de los que ya disfrutan bastante a partir del tercer mes). De ese modo se estará incentivando la independencia del bebé, que cuente con sus espacios propios y que sus padres también lo hagan (para que no se vea afectada su intimidad) sin perjuicio de los vínculos afectivos que tan importantes son”. Les comparto también la entrevista que realizamos para el programa de radio 

Conclusiones:

Para que el colecho realmente sea beneficioso, debe practicarse de manera natural y consensuada por ambos padres. No puede ser utilizada esta práctica como recurso desesperado para que el niño duerma ni a disgusto de uno de los integrantes de la pareja, tampoco puede ser realizada como una manera de compensar una necesidad del adulto.

Si uno decide llevar a cabo el colecho, definitivamente debe de realizarlo de una manera responsable. Entre las precauciones encontramos el no dormir en un colchón demasiado suave; evitar el uso de un acolchado pesado; no compartir la cama con el niño si eres fumador, tienes demasiado sobrepeso o consumes drogas; aleja al bebé de peluches o almohadas demasiado mullidas;  no se puede cubrir la cabeza del bebé mientras él duerme.

El colecho no debería extenderse más de los cinco o seis años del niño de acuerdo a varios profesionales. Si esta práctica no te convence, siempre puedes recurrir a algo intermedio como compartir la misma habitación pero el bebé en su cuna y tú en tu cama. Es un tema muy personal, pero si se decide practicarlo debe ser por las razones correctas y que sea lo mejor para el pequeño sin acarrear inconvenientes en la pareja. ¿Qué opinan al respecto?

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

El estímulo de la fantasía

El estímulo de la fantasía

Quiero compartirles una nota que salió publicada en el Diario El País, escrita por Gabriela Vaz. En un día tan especial como hoy, hablemos del mundo de la fantasía y el anhelo.

Para muchos niños en todo el mundo, la mañana de hoy fue una de las más mágicas del año. No importa que las generaciones actuales vengan cada vez más avezadas, más perspicaces o más tecnológicamente curtidas. No importa que entiendan mejor que los abuelos cómo funciona el iPod o qué botón apretar para encontrar los juegos en el celular. No hay arsenal científico de última generación que pueda ganarle la partida a un estímulo cien veces más fuerte: la fantasía.

Esta mañana, miles, millones de niños a lo largo y ancho del globo despertaron, es verdad, con la ilusión de encontrar un obsequio. Pero sobre todo con la de creer, de saber, que por su casa anduvo un trío de reyes mágicos, montados en camellos, que con alguna fórmula misteriosa logró visitar todos los hogares del planeta en una sola noche. Igual que lo hace Papá Noel cada Navidad. Igual que lo hace el ratón Pérez cada vez que un pequeño pierde un diente. Seres que los niños no necesitan ver, ni tocar, ni escuchar para creerlos fervientemente y que pueblan, entre otros, su vasto universo mágico.

¿Qué papel juegan estos personajes en el desarrollo infantil? ¿Qué tan importante es la fantasía? ¿Y cuál es la fórmula para manejarla en su justa medida? Si en algo hay consenso, es en que la fantasía resulta fundamental para un crecimiento saludable. “La fantasía, es decir la capacidad de experimentar mentalmente sensaciones y afectos no vinculados a la experiencia sensorial concreta, es una de las capacidades más preciosas del ser humano”, afirma el psicoanalista Luis Correa. Y agrega que la creatividad está en la base de la abstracción y de la capacidad del pensar especulativo. “La imaginación nos ha dado el arte y la filosofía, pero también es imprescindible para la ciencia y el desarrollo de la técnica. Es sabido que estas herramientas se desarrollan desde la primera infancia y que poder jugar, así como el estímulo narrativo de la fantasía (los cuentos), es decir los mundos del `como si`, son fundamentales para que un niño crezca bien. El psicoanálisis, sobre todo a partir de la obra de Bruno Betelheim, ha visto en la fantasía y en su estímulo un recurso valioso de la psiquis infantil para poder lidiar con los conflictos inherentes al desarrollo: celos, temores, rabia, impotencia, deseos prohibidos… Los seres imaginarios protectores como Papá Noel o los Reyes Magos son proyecciones fantásticas de las funciones paternas de cuidado y gratificación. Además, como están vinculados a mitos culturales, de significado religioso y ligado a los ciclos naturales, forman parte de la inmersión en la cultura a la que el niño pertenece. El ratón Pérez tiene el sentido de compensar la pérdida de un elemento corporal (un diente), con la secuela previsible de tristeza y miedo, con una compensación material que le permite el niño en cierto sentido reparar lo perdido adquiriendo algo que desea. Es decir, enseña que lo que hay que dejar atrás por el paso del tiempo y el crecimiento puede ser sustituido por objetos anhelados, con el agregado de que para obtenerlos se da una participación en las transacciones del mundo real, representadas por el uso del dinero”.

Es que los primeros años de vida son el momento para aprehender valores, normas; en sí, cimientos para desenvolverse a nivel social. En simultáneo, las explicaciones sobre las cosas que suceden se entrelazan con lo mágico. Y eso es positivo, señala la psicóloga Mariana Alvez. “La fantasía no solamente será un juego, sino una aliada para su crecimiento”. Entre otras razones, dice la especialista, porque “creer en personajes mágicos les brinda a los niños felicidad, los hace sentir especiales, ya que saben que alguien los recuerda año tras año. Más allá de los padres, cuentan con `alguien más` que los quiere y los premia por ser buenos”.

Otra licenciada en Psicología, Sandra Jegerlehner, coincide: “La creencia en Papá Noel, los Reyes y cualquier otro personaje imaginario en los niños es sano y saludable en determinadas edades; no olvidemos que su mundo se va formando de fantasías. El niño se manifiesta a través del juego y va logrando así relacionarse con el mundo externo. Allí pone lo que no puede poner en palabras y las fantasías y creencias forman parte de ese `diálogo`”.

“COMO SI”. A veces, empachados de entusiasmo, los adultos llevan adelante la materialización de la fantasía con demasiado ímpetu. Pero todos los especialistas consultados aclaran que, aún manteniendo la ilusión, ésta nunca habrá de reemplazar la realidad. Las historias debe ser contadas desde el lugar de ficción, de mundo mágico; ” allí cada uno librará su imaginación y viajará con ella”, apunta Jegerlehner.

En la misma dirección, el psicólogo Correa enfatiza que la fantasía “debe moverse siempre en el plano del `como si`, como un cuento, que no se dice que es mentira, pero al que tampoco se le da el mismo carácter que a las verdades notorias de la experiencia cotidiana. Lo que no debe hacerse es insistir con el relato imaginario más allá de la perspicacia del niño. Siempre debe respetarse su inteligencia, pero también su necesidad de ilusión”. Sobre este punto, el psicoanalista revela que ha atestiguado cómo, frente a algunos padres que desde el principio explican el verdadero carácter de los regalos de Papá Noel o de los Reyes, a veces el niño prefiere, al menos en un primer momento, creer la versión imaginaria. “Le seduce más creer en la visita fantástica de los Reyes en sus camellos que ver a sus padres esforzándose, como tantas otras veces, en darle cosas buenas. La excepcionalidad del relato imaginario sobre lo cotidiano sintoniza mejor, para esos niños, con sus necesidades psíquicas”.

También la psicóloga Alvez se detiene en la importancia de mantener a la fantasía en su justo lugar. “Como padres debemos complementar la realidad con la colorida imaginación de los más pequeños, pero, por supuesto que ellos deben distinguir lo real de lo imaginario y es nuestro trabajo ayudarlos en ese proceso. Con los límites claros, debemos motivar sus juegos, que entiendan que la magia y la creatividad son en sí mismas cosas muy buenas que debemos estimular. Está comprobado que la creatividad y la curiosidad aportan a la inteligencia”.

Esto tiene directa relación con el llamado “juego simbólico”, que no es otra cosa que la tan frecuente representación de situaciones o roles que los niños crean para su entretenimiento. “De esta manera ellos van entendiéndose a sí mismos mejor”, señala Alvez, a la vez que destaca que, en estas situaciones la fantasía “aportaría en realidad”.

SOLO PARA BIEN. ¿Existen desventajas o aspectos negativos de alimentar estas ilusiones sobre “mundos mágicos” o imaginarios en los niños? Si se lleva adelante de un modo saludable, la respuesta unánime es no. “Cuando vemos a una persona, niño o adulto, negar la realidad y refugiarse en creencias imaginarias o delirantes, la raíz de esa patología no debe buscarse en el estímulo a la fantasía sana, sino en la dureza de la realidad que a esa persona le ha tocado vivir”, reflexiona el psicólogo Correa. “Tal vez la desventaja mayor es que los Reyes y Papá Noel no pueden ser más generosos que la realidad material de los padres. Pero en términos generales y dentro de ambientes sociales homogéneos, no se advierten desventajas en `jugar` con los hijos dentro de estas ilusiones ancestrales”, añade.

Alvez concuerda, pero pone un matiz. “Las fantasías no son negativas aunque, cuando se dan ciertas condiciones, sí tendríamos que estar atentos”. Como señal de “alarma”, destaca a niños que tienen fantasías que ya no son acordes a su edad. En ese caso, “puede ser un indicador de soledad o la existencia de algún disturbio emocional”. Pero, insiste, en edades acordes, tener amigos imaginarios, hablar con muñecas, creer que las cosas están vivas (piedras, almohadas, juguetes) es totalmente esperable. Cuando el niño va creciendo la ilusión tiene que ir transformándose y la imaginación tendría que encontrar su manera de expresarse mediante, por ejemplo, la lectura. Algo seguro: “La fantasía es necesaria, positiva y tenemos que motivarla“, concluye.

EL “DESENGAÑO” DEBE DARSE NATURALMENTE

¿Cuál es la mejor manera de manejar la desilusión, cuando los chicos descubren la verdad? En general, apunta el psicólogo Luis Correa, es el propio niño el que con sus preguntas, o la ausencia de ellas, va guiando el proceso de esclarecimiento. “En el fondo lo que va a descubrir es que sus padres lo quieren, que saben fantasear sin confundir lo real con lo imaginario y que no lo han estado engañando sino transmitiéndole una tradición, con sus valores e identidades propias”. Su colega Mariana Alvez opina que el desengaño “no es tan terrible” si, por ejemplo, se le dice a los niños que tienen que guardar el secreto para los más pequeños. “De esta manera se los hace sentir importantes, cómplices, y pueden de alguna manera seguir participando de la ilusión desde un plano más maduro”.

Cuando, en general cerca de los seis años, personajes como Papá Noel y los Reyes Magos empiezan a “desdibujarse”, dando paso a las dudas, hay que “ser honestos”, apunta Alvez. Una forma de lidiar con la desilusión “es explicar que cuando nosotros éramos pequeños también creíamos y queríamos transmitirles a ellos esta magia”. La psicóloga cree importante que lo vean como un juego, que se sientan importantes de saber la verdad y de tener que guardar el secreto para los más chicos.

Fuente: http://www.elpais.com.uy/suplemento/ds/los-mitos-fantasticos-estimulan-el-ingenio/sds_686320_130106.html

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

 

Consejos para la mamá profesional

Atrás han quedado los días donde las mujeres se dedicaban 100% a su hogar, en la actualidad por razones económicas o por desafíoConsejos para la mama profesional personal, las mujeres nos vemos en una disyuntiva, nuestro hogar/pareja/bebé (o sus múltiples variables) y nuestra carrera profesional, trabajo, obligación y  crecimiento. En el artículo de hoy les voy a hablar de cómo ser madre y compaginar el trabajo dejando atrás la culpa, las dudas, los miedos y demás sentimientos contradictorios que nos pueden llegar a surgir.

Podemos ser madres y trabajar, sin duda alguna y además poder estar presentes en la vida de nuestro hijo. Así que lean con atención los siguientes consejos.

Si nuestro hijo está en sus primeros años de vida:

Vamos a necesitar que alguien lo cuide cuando no estemos, podemos contar con alguien de confianza en nuestra familia, una niñera, o también tenemos la opción de guarderías. Muchos padres se organizan los horarios de manera tal que mientras uno trabaja, el otro integrante de la pareja puede cuidarlo, aquí veremos cuál es la opción más conveniente de acuerdo a nuestro caso.

Lo importante es hacernos presentes de alguna manera mientras estemos afuera, como por ejemplo, llamar por teléfono para que alguien haga que nuestro bebé escuche nuestra voz.

La organización va a ser vital, poder dilucidar entre lo urgente y lo importante, utilizar una agenda para tener en claro nuestros horarios, una rutina definida será una excelente aliada.  Los asuntos ordenados van a ayudarnos a manejar nuestro tiempo con soltura.    

Si nuestro hijo está en etapa escolar:

Los expertos concuerdan que más que la cantidad de horas que compartimos con los hijos es la calidad de las mismas lo que en realidad importa. Podemos estar todo el día en casa y aún así no brindarle la atención que necesitan. Así que cuando regreses a tu hogar intenta haberte quitado de arriba tareas extras del trabajo, o al menos realízalas cuando el niño ya esté dormido, de esta manera podrás compartir un lindo momento con él concentrándote en disfrutarlo.

Cuando el niño quiera hablarte de su día, préstale atención, demuestra interés por sus pequeñas aventuras, anécdotas y sobre todo juega con él, permítete perderte en su mundo de fantasía.

Llevar a los niños en el coche, al colegio, a la casa de alguien, también puede ser un buen momento para compartir juegos, cantar canciones, hacer adivinanzas. Los momentos que podamos robarle al día para poder divertirnos con ellos van a ser intensamente apreciados.

Como les había mencionado, la agenda es súper importante, en ella también vamos a tener los números de teléfono de compañeros de escuela, de sus madres, del colegio. Tenemos que tener en claro los horarios de las actividades de los pequeños, si van al club, si van a inglés, si van a jugar a la casa de algún amiguito, si van a visitar a algún familiar. Estar al tanto de sus tareas, ayudarlos y saber cuándo les toca paseos es también algo a tener en cuenta.

Así como a los bebés les reconforta escuchar nuestra voz, con nuestros hijos más grandes podemos tener ciertas atenciones para que se sientan especiales, como dejarles mensajes en sus almohadas, algún dulce, pequeños detalles para que sepan que estamos pensando en ellos.

Sé que es difícil no sentir culpa por tener que dejarlos, cuando nos miran con sus rostros inocentes y no quieren que nos vayamos, pero en algún punto tenemos que hacerle entender a los pequeños que ellos son lo más importante y el trabajo simplemente es una parte más de nuestra vida.

Como mujeres no tenemos que olvidarnos que somos mujeres, eso quiere decir que tenemos derecho también a nuestro espacio individual para arreglarnos, comprarnos algo, disfrutar con nuestra pareja y no sentirnos culpables si queremos crecer profesionalmente. Si bien nuestro hijo es la prioridad, los demás aspectos de nuestra vida son importantes y tenemos que brindarle la atención que necesitan. Vivir únicamente para nuestro hijo es contraproducente para nosotras y para ellos, porque con el pasar de los años van necesitando su independencia y la sobreprotección solamente genera personas inseguras y dependientes.  Y si vivimos exclusivamente para ellos vamos a terminar, sin quererlo, anulándonos como personas lo que en un futuro nos va a generar frustración y amargura.

Así que pon en práctica estos consejos, disfruta de tu maternidad sin olvidar tu individualidad y sí, quizás tengas que hacer malabares con tu tiempo, pero lo importante es que estés ahí emocionalmente para tu hijo, sin temer poner límites saludables y sobre todo disfrutando de esta hermosa experiencia.

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Cultivando fortalezas en los niños

En el 2006 se realizó un estudio de la mano de Park y Peterson donde se trabajó con las fortalezas personales en niños de tres a nueveCultivando fortalezas en los niños años. Llegaron a la conclusión de que en los niños más pequeños el amor, el entusiasmo y la esperanza son las fortalezas que más utilizan, mientras que los más grandes demuestran sentir mucha gratitud. En todos los niños parece ser común encontrar bondad, creatividad y humor. En algunas ocasiones los niños demuestran las mismas fortalezas que sus padres poseen.

Es importante tomarse el tiempo para ayudar a los más pequeños a descubrir sus fortalezas personales, lo que les va a permitir jugar con ellas y poder aprovecharlas al máximo. Conocerlas, identificarlas y sobre todo cultivarlas es lo que importa, ya que esto posibilitará un efecto positivo en su bienestar tanto físico como emocional, bajará sus niveles de ansiedad en un futuro y podrá protegerlos de la depresión.

Para los padres es una experiencia muy emocionante poder comprender en qué se destaca su hijo, cuáles son las características que lo hacen único y especial como ser humano. Podemos educar niños optimistas y con saludable autoestima si los motivamos a comprender y explotar sus fortalezas.

Todos tenemos un potencial maravilloso, y solemos destacarnos más en algunas áreas que en otras. Por eso es importante conocernos. Si no somos buenos en matemáticas pero sí en literatura, tendríamos que ser aún mejores en literatura. Enfocarnos en lo que sí nos agrada y dónde sí tenemos potencial nos entusiasma, nos empuja a ir más allá, a dedicarnos a crecer en esa área. Todos tenemos distintos tipos de inteligencia y distintas habilidades, por eso no sería justo juzgar a alguien por su capacidad manual cuando de repente es muy bueno a nivel reflexivo, o viceversa. Comprendernos nos hace valorarnos en lo que sí somos buenos y nos acerca a ser aún mejores en nuestra área de interés.

Para identificar las fortalezas en los niños podemos utilizar diversas estrategias como por ejemplo observarlos jugar, ¿qué actitudes tienen con sus compañeritos, que fortalezas crees que está utilizando, creatividad, curiosidad? También puedes preguntarle a la maestra en qué crees que se destaca, en qué cosas se entretiene más. Es necesario exponer al niño a una amplia gama de actividades, como la danza, la música, los deportes, para ir descubriendo juntos en qué se sienten más a gusto.

Escuchemos a nuestros hijos cuando nos cuentan qué más les ha llamado la atención durante el día, o las historias que a veces crean, en estos diálogos podemos acercarnos a descubrir sus fortalezas.

Para cultivar las fortalezas en los pequeños podemos alentarlos a que utilicen las fortalezas que reconocen en sí mismos de distintas y nuevas maneras. Pueden darle a los niños cajas de madera para que vayan recolectando recuerdos asociados al uso de sus fortalezas. Podemos contarles historias donde el niño pueda verse identificado.

Descubrir y cultivar las fortalezas en los niños los inspira y los hace verse más seguros, confiados y llenos de potencialidad. Niños felices se convierten en adultos felices y productivos para la sociedad en general. Creemos felicidad en los corazones de quienes más amamos.

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Cuidado con los padres tóxicos

Existen padres realmente crueles, como las madrastras de los cuentos de hadas, pero ellos son muy reales, tienen el poder de socavarCuidado con los padres tóxicos tu autoestima, de destruir tu confianza, de generar vínculos de dependencia, de ahogarte con su amor, de insultarte y en casos extremos hasta de golpearte sin piedad. Hoy vamos a hablar de los padres tóxicos, que lamentablemente son una especie más común de lo que creemos.

El mito de que los padres aman a sus hijos de manera incondicional debe ser dejado de lado, hay personas que no saben amar, no se aman a sí mismas y no pueden brindar un vínculo saludable a sus hijos tampoco. Es aquí donde comienzan los problemas, una relación que se supone debe ser de protección y amor fácilmente puede convertirse en una pesadilla.

Estos padres tóxicos resultan dañinos para el niño y también para el adulto, ya que este adulto irá creciendo con un maremoto de emociones, entre amor y odio, incomprensión e impotencia, y muchas veces llegan a terapia con graves consecuencias emocionales a causa de este vínculo nocivo.

¿Cuáles son las características de estos padres tóxicos? Son esos padres que te dicen que no vales nada, que sin ellos no eres nadie, critican cada paso que das, nunca demuestran su apoyo a menos que hagas lo que ellos te dictan. Como había mencionado, en casos extremos son los padres que golpean por cualquier tontería al niño, justificándose con excusas tan inverosímiles como que el niño es insoportable o indisciplinado y por supuesto, se merecía el castigo. Son padres que no están disponibles emocionalmente, ya sea mediante una marcada ausencia o porque padecen enfermedades (reales o inventadas) que los consumen; en el polo opuesto tenemos a los padres que se desviven por sus hijos y no los dejan respirar, cualquier atisbo de independencia se convierte en mala palabra y los terceros (parejas, amigos, trabajo) se convierten en enemigos de ese vínculo simbiótico que el padre intentará mantener a como dé lugar. Estos padres tratan al adulto como si fuera un niño pequeño eternamente.

Por supuesto que estas actitudes van dejando ciertas huellas en nosotros, como por ejemplo involucrarnos en relaciones abusivas o de dependencia emocional, puede incluso existir el miedo al compromiso. Algunas personas creen que valen tan poco que si las conocen de verdad entonces todo el mundo se va a alejar. A veces se le da demasiada importancia a la aprobación de los padres, temiendo ofenderlos con las decisiones de vida que toma el adulto. Son adultos inseguros, sumisos, con un sentimiento de culpa desmedida. Hagan lo que hagan estos en otrora niños indefensos, jamás podrán tener la aprobación de los padres, porque no se trata de amor, sino de manipulación o de llenar vacíos ajenos, algo imposible de lograr como hijo.

Tenemos que dejar en claro que los adultos también son vulnerables, más allá de que el dolor quizás sea más intenso y menos manejable al ser un niño, las secuelas que dejan tras de sí estos vínculos tan dañinos, deben ser identificadas y tratadas para que finalmente uno pueda liberarse de esta trampa emocional. 

Susan Forward, escritora norteamericana y autora de Toxic Parents nos dice que los padres tóxicos siempre generan sufrimiento en sus hijos mediante diversas técnicas, ya sea por maltrato psicológico y físico, manipulación, demandas desmedidas, control en diversas áreas (elección de parejas, amigos, carrera profesional) o una competencia solapada. Y la realidad es que hay padres que no toleran ni la felicidad ni el éxito que sus hijos puedan alcanzar.

Los padres tóxicos usualmente provienen de historias tóxicas también e inconcientemente van repitiendo el mismo patrón con sus hijos, otros al darse cuenta del costo emocional que estas conductas negativas traen consigo, intentan hacer lo contrario que hicieron con ellos.

Este tipo de relaciones fácilmente se salen de control, es por eso que los terapeutas recomiendan hablar sobre estos sentimientos con los padres, se debería intentar llegar a acuerdos con ellos. Lamentablemente, hay casos que son muy extremos y se torna casi imposible razonar con padres que siempre justifican sus actos (por más alocada que sea la justificación para ellos tiene sentido) y es ahí donde uno puede barajar la posibilidad de alejarse concientemente de ellos, decisión muy difícil sin duda, pero a veces absolutamente necesaria.

Todos tenemos internalizado el concepto de que los padres son figuras positivas de protección y contención, pero la realidad muchas veces dista mucho de este ideal que nos ha sido inculcado.

Si has vivido o vives una relación tóxica con tus padres, el hablar será lo primordial, recuerda que si el vínculo se hace insostenible siempre puedes alejarte emocionalmente de este dolor. Comienza a liberarte de las relaciones que no te hacen bien, porque lo que importa es que aprendas a cuidarte, nunca es demasiado tarde para ponerse en primer lugar y amarse a uno mismo.

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Trastorno de ansiedad por separación

Trastorno de ansiedad por separación

El trastorno por ansiedad de separación se caracteriza por una ansiedad excesiva y poco  apropiada para el desarrollo del niño. Esta ansiedad gira en torno a la separación respecto de las personas con quienes se vincula. Hay una incapacidad por parte del pequeño de tolerar estar solo y se desespera cuando la persona emocionalmente significativa (padre, madre, tutor) debe marcharse.

Debemos diferenciarlo de la ansiedad por separación esperada en bebes de seis  meses a niños de seis años, aproximadamente. Si bien el niño va a experimentar angustia ante la separación de su figura parental, no será una angustia desaptativa, ni acompañada de ideas catastróficas de que algo malo (enfermedades, muerte) pueda ocurrirle a sus seres queridos, como sí sucede en el trastorno específicamente.

Cuando están lejos de las personas con quienes se vinculan, la ansiedad excesiva se manifestará mediante la preocupación, nervios, tensión, enojo. A nivel físico se expresará mediante dolores de cabeza y dolores abdominales. Estas manifestaciones ya comienzan cuando se anticipa el alejamiento de su persona querida.

Estos niños rehúsan estar solos, quieren dormir acompañados, detestan la idea de dormir fuera de su hogar, tienen pesadillas recurrentes de ser abandonados, a veces se niegan a ir al colegio. Cuando están en el colegio, algunas veces intentarán llamar su casa para asegurarse de que sus padres estén ahí y que están bien.

Son niños inseguros, irritables y demandan muchísima atención. Los más pequeños demuestran su temor más a nivel corporal, los más grandes verbalizan sus miedos.

El comienzo del trastorno puede ser insidioso o agudo (repentino). Cuando es agudo es porque usualmente está precedido por una situación stressante importante  como las situaciones de pérdidas, una mudanza o incluso un cambio de colegio.

El curso del trastorno puede tener etapas de intensidad y otras etapas donde los niños están más tranquilos. La ansiedad que padecen afecta negativamente la integración social, el rendimiento académico y también la autoestima.

El tratamiento consistirá en terapia cognitivo conductual y en algunos casos será necesario también la medicación psiquiátrica. Es recomendable asistir a un profesional lo antes posible para evaluar al pequeño y así poder generar el tratamiento acorde. 

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Cómo lidiar con tu hijo adolescente

Amamos a nuestros hijos adolescentes pero a veces no podemos entenderlos, es una etapa Cómo lidiar con tu hijo adolescentecompleja porque ellos atraviesan por un torbellino de sensaciones, tentaciones, mal humor, incomprensión y demás.

¿Cómo podemos ayudarlos en esta etapa? Primero tenemos que siempre tener en cuenta que nosotros debemos predicar con el ejemplo, perdemos mucha credibilidad cuando les exigimos cosas que ni nosotros somos capaces de cumplir. Es hora de que superemos nuestras propias carencias emocionales y ser mejores para ellos, tratemos de controlar nuestros propios impulsos, nuestros enojos, seamos maduros y estemos abiertos al diálogo, no asumamos nada y no los consideremos culpables hasta que nos demuestren lo contrario.

Seamos coherentes, si decidimos castigarlos porque rompieron una regla no podemos cambiar de opinión de inmediato. Si les has dicho que porque perdió ese examen no puede salir a bailar mantén tu palabra, no sucumbas bajo sus encantos, no es NO y es muy pero extremadamente importante que seas conciente de esto.

Démosle la oportunidad de que nos cuenten que les sucede, no juzguemos lo que piensan o sienten, no lo minimicemos tampoco. Recuerda ponerte en el lugar del otro, nos habilita a comprender desde la empatía lo que le sucede. Para poder tener una comunicación más fluida con los adolescentes evitemos los interrogatorios interminables, ellos no nos tienen por qué contar cada minúsculo detalle de su vida, démosle un voto de confianza, tienen derecho a su privacidad. Busquemos momentos para hablar, que sea una costumbre el compartir cosas sin invadir. Se pueden llegar a acuerdos con sentido, siempre y cuando las reglas sean claras. Hay ciertas negociaciones que podemos realizar con ellos de acuerdo a su nivel de responsabilidad y madurez.

Cuando tengamos que llamarle la atención por algo, evitemos dejarlo en ridículo con sus amigos, es una actitud que seguramente no nos perdonará con facilidad.

Podemos darle la oportunidad de crecer y ser responsables cuando les damos tareas que puedan hacer, que entiendan que sus actos tienen consecuencias y si ellos se comprometen a hacer algo deben aprender a cumplir con su palabra. En la vida tendrán que aprender a cumplir con los demás, aprender a respetar los espacios ajenos y es algo que tienen que comenzar a practicar desde ahora.

Seamos tolerantes con sus gustos en su amplio sentido, la música, los tatuajes, los lugares que les llaman la atención, su manera de vestirse.

Ellos necesitan límites más allá de que pataleen cuando se les imponen algunos, pero inconscientemente eso brinda seguridad, parámetros firmes en donde moverse, sin ser exageradamente autoritarios, tampoco podemos ser totalmente permisivos porque en lugar de hacer un bien estaremos generando inseguridad, confusión y hasta ira en algunos casos.

Así como exigimos, recuerda siempre valorar las cosas buenas que hacen, festejar sus logros, hacerles ver que estamos orgullosos de ellos.

Evita los vínculos simbióticos, ellos son tus hijos no tu posesión, tienen derecho a sus propias ideologías, elecciones, gustos, intereses. No intentes vivir tu vida a través de ellos, deja que elijan su carrera, sus pasiones, tienes que ser una guía no un amo.

Los padres son padres y no amigos, evita confundir los roles, los límites son importantes y si te comienzan a ver como un igual se pierde el respeto, la admiración, la autoridad, elementos absolutamente necesarios para ellos a pesar de que se rebelen contra los mismos a veces.

Que esta etapa no sea más complicada de lo que debe ser, juntos pueden aprovechar este tiempo para unir sus lazos y aprender a respetarse mutuamente desde sus diferencias.

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La verdadera autoestima en los niños

La verdadera autoestima en los niños

Martin Seligman en su libro The Optimistic Child (El niño optimista) nos habla del error más común de todos en el terreno de la autoestima, el celebrar todas las cosas que hace el niño aunque no le hayan salido bien y el intentar evitar el fracaso por todos los medios posibles.

No hay que enfocarse tanto en lo que el niño siente, sino en lo que el niño hace. Se le debe ayudar para que pueda tener relativo control de algunas situaciones, que se convierta en una persona persistente, debe ir más allá de la frustración y el aburrimiento y debe tener oportunidades para realizar desafíos.

Los sentimientos son el resultado de nuestros actos, la felicidad es el efecto secundario de lograr trabajar exitosamente, superar la frustración, el aburrimiento y el involucrarnos en esos desafíos de la vida que nos hacen crecer como personas o nos permiten explotar nuestro potencial.

Más importante que el contribuir en que nuestros niños se sientan bien todo el tiempo, es enseñarles habilidades para poder lidiar con los vaivenes de la vida.

Trabajar en la autoestima de los niños implica cambiar el pesimismo por una manera más optimista de ver la vida y por dejar de lado el sentimiento de indefensión (sentir que no tienes el control sobre nada y que no puedes cambiar nada) por uno de control.

No es necesario evitar las emociones negativas, estas existen y son parte de la vida además de que muchas veces tienen el propósito de defendernos del peligro, la pérdida y la agresión ajena. Por supuesto que éstas dejan de ser adaptativas cuando se salen de control, pero en su medida necesaria no tienen por qué ser un problema.

Dar cabida a aquellas situaciones  donde las habilidades del pequeño son utilizadas al máximo en aquellos desafíos que casi se les escapan de las manos. Tienen que ser actividades en la medida justa, lo suficientemente desafiantes para no caer en el aburrimiento pero que no sean imposibles para ellos.

Para derrotar el sentimiento de indefensión nada mejor que la perseverancia. Cualquier situación a la cual se deba enfrentar tendrá varios pasos, cada paso será más o menos difícil de vencer. El niño tiene que aprender a no darse por vencido, a intentar una y otra vez ir un paso más allá para lograr su meta. Los fracasos generan tristeza pero la manera de combatir este sentimiento es sencillamente actuando e intentando cambiar la situación en la que ahora se encuentra. Si se da por vencido y abandona la situación está actuando desde la indefensión y es algo peligroso porque este sentimiento conduce a una personalidad depresiva. Para que el niño aprenda a tener control en su vida es necesario que fracase, que se sienta mal, pero que no se de por vencido hasta lograr lo que quiere. Si evitamos que esto suceda les estamos dando la oportunidad de que aprendan las habilidades para ser personas optimistas y fuertes en el futuro.

Así que debemos armarnos de valor y permitir que nuestros niños se caigan, que comprendan que el mundo no es perfecto y que las cosas no siempre saldrán como quieren, lo cual no quita que ellos siempre tienen el poder de desarrollar las aptitudes que le permitirán ser adultos plenos y felices.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Autoestima desde la infancia

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En numerosas ocasiones, tanto Mariana como yo hemos empleado la palabra autoestima en el marco de diferentes temáticas. ¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de autoestima? Amor a uno mismo, es en lo primero que piensan muchas personas al escuchar este término. Esta vez nos detendremos en el mismo para ahondar sobre su significado y construcción desde las primeras etapas de nuestra vida.

No podemos hablar de autoestima sin definir antes qué es el autoconcepto; cómo la persona se representa mentalmente a sí misma. Siendo la autoestima, la evaluación que hace de esa representación.

El autoconcepto como descripción mental comprende las áreas cognitiva, comportamental y afectiva. Por consiguiente abarca otras áreas como son la laboral, académica, familiar, apariencia física, relacionamiento social, así como la ética y la moral.

Por tanto, un sujeto puede aprobarse ampliamente como profesional al mismo tiempo que desaprobarse en sus habilidades sociales.

Esa valoración que realizamos de nosotros mismos parte de una comparación que hacemos con respecto a un patrón de conducta ideal aprendido así como auto impuesto. Si es un patrón excesivamente elevado, las propias evaluaciones rara vez podrán alcanzarlo, lo que conlleva una predisposición a la baja autoestima.

Primeros años de vida

En los primeros años de la infancia, los juicios de valor que el niño realiza acerca de lo que percibe sobre sí mismo y los demás, son esenciales tanto para su conducta como para la configuración de su autoconcepto. Aquí juega un papel fundamental la evaluación tanto explícita como implícita que los padres hagan sobre el comportamiento del infante.

A través de premios o castigos, los padres van enseñando a sus hijos cuáles conductas son las aceptables y cuáles no. Si los castigos son moderados y firmes, pero sin agresividad y generalizaciones, no habría lugar para que se generara un autoconcepto pobre que diera lugar a su vez a un déficit de autoestima.

Los factores determinantes para la influencia de los castigos sobre la autoestima son; la frecuencia y consistencia de los mismos, qué tan usual sea su asociación con la agresividad, la no diferenciación por parte de los padres de una conducta específica ante un estímulo por parte del niño y de la identidad global del mismo, y finalmente, el hecho de que los padres establezcan normas de comportamiento que se basen en criterios personales tales como gustos o cuestiones de necesidad.

En la escuela

El ambiente escolar, en especial el relacionamiento con los docentes, tiene un peso importante en la construcción del autoconcepto. Investigaciones como la de Entwisle y Hayduck han demostrado que el nivel de autoestima del maestro repercute en el rendimiento de los estudiantes. Ello se debe a que tiende a desempeñar su rol de forma distante, fomentar actividades competitivas o individualistas, sirviendo asimismo de modelo a imitar por parte de los alumnos.

Autocontrol

Es un factor que influye positivamente en la autoestima infantil, ya que al ver que pueden controlar sus emociones y conducta se sienten más seguros y capaces. Ello se debe a que el autocontrol da lugar a la vez que fortalece la independencia y la capacidad de elección. Cuando los niños pueden planificar su conducta así como las estrategias para lograr sus objetivos, se ven a si mismos y son vistos por los demás, como personas más responsables y maduras, obteniendo también la posibilidad de ir participando cada vez más en actividades sociales donde se los valore positivamente. Todo lo cual, redunda en un autoconcepto y autoestima más positivos.

Las estrategias de autocontrol los ayudan a manejar mejor la influencia de factores externos reemplazándolos por la planificación interna. Esta percepción propia de control aumenta la probabilidad de poner en práctica respuestas adecuadas.

Si ello no ocurre, la idea de que no se es capaz puede asociarse a depresión, ansiedad o sentirse indefenso.

Fortaleciendo el autocontrol

La habilidad de resolver problemas de forma independiente, tiene una repercusión directa en la autoestima infantil. Fomentar el aprendizaje de este tipo de estrategias no implica indicar respuestas exactas frente a determinadas situaciones, sino enseñar al pequeño a considerar distintas posibles soluciones ante una situación problema, evaluar los elementos que están a su alcance para optar por la medida más conveniente y finalmente analizar cuáles serán las consecuencias de sus acciones.  Dicha enseñanza puede estructurarse entonces, básicamente en 5 pasos;

1)     ¿Qué se debería hacer ante el problema?

2)     Considerar todas las posibilidades reales de actuar

3)     Evaluar las diferentes alternativas

4)     Elegir la más conveniente

5)     Poner en práctica la solución escogida y luego verificar los resultados y consecuencias.

Como integrantes de la sociedad, desde la infancia somos objeto de exigencias que en mayor o menor medida significan potenciales amenazas a la autoestima. Prevenir carencias en la misma en esa temprana época de la vida, ayuda a una adaptación mayor y mejor frente a las demandas del entorno que nos rodea.

Los tuyos + los míos: el divorcio y las familias hoy

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En mi último artículo, comenzamos a abordar el tema del divorcio y algunas medidas prácticas para ayudar a los hijos a asimilarlo y a adaptarse a su actual rutina de la mejor forma posible. Continuando esa línea, hoy veremos qué sucede cuando una vez separados sus padres, éstos vuelven a casarse pasando los niños a convivir entonces, con la nueva pareja de uno de sus progenitores, ya sea que se encuentren casados o no. Pudiendo sumarse los hijos del nuevo compañero y/o los que vayan a tener en común.

 En nuestros días los segundos matrimonios no son una rareza en lo absoluto. Esta situación por supuesto, da cuenta de importantes cambios a nivel socio – cultural. ¿Y qué pasa entonces en este ensamble donde los integrantes traen consigo pautas de comportamiento correspondientes al estilo de vida que llevaban hasta hace poco? Sin mencionar la carga emocional que siempre implican las separaciones. Estos factores dificultan la adaptación, especialmente para los pequeños.

 Al encontrar una nueva persona con la que quisiéramos compartir nuestra vida y crear una familia, sería muy oportuno presentarla primero como una amistad para que los niños la fueran conociendo de a poco, ya que si se les dice desde un primer momento que es un/a novio/a es posible que lo primero que les aflore sea el rechazo.

No es aconsejable que vivan con la nueva pareja de uno de sus padres, ya sea que traiga a sus hijos o no, en el mismo sitio donde residían antes del divorcio. Permanecer en esa misma casa les ayudará a recordar todavía más todas aquellas experiencias vividas anteriormente. A su vez, puede dar pie a la idea de que el padre que ya no vive allí fue desplazado, lo que podría generar sentimientos de rencor.

Que ambos progenitores cambien de lugar físico hará más fáciles las cosas, si ello no es posible, no hay que olvidar que no es adecuado iniciar una convivencia con otra persona a poco tiempo que la ex pareja dejó la casa. Si se les transmite la sensación de que el nuevo compañero ha venido a robar su lugar, se negarán a establecer una buena relación con esta persona. Es muy importante llegar a un acuerdo de colaboración con el ex cónyuge, no es bueno para los hijos ver que el trato de sus padres es tempestuoso, ya que aunque se hayan separado de esa forma se continúa el daño.  

Si un niño que hasta el momento había sido hijo único pasa a compartir su vida cotidiana con los hijos de su madrastra o padrastro, es esperable que demuestre celos al encontrarse de repente con que ahora tiene hermanos. Aquí juega un papel muy importante el comportamiento de los adultos. Para que los infantes de ambas partes se sientan miembros igualitarios del nuevo hogar, los adultos no deben hacer distinciones en su trato. Si los niños del nuevo conyugue vienen de visita de vez en cuando, es necesario dejarles bien en claro a los que habitan la casa, que las atenciones especiales que se les brinda se deben específicamente a su carácter de visita.

Como todos sabemos, también existen aquellas situaciones en las que la nueva pareja no trae consigo hijos de un matrimonio anterior, si luego se tienen hijos en común y no puede evitar quererlos más, es necesario que controle su expresividad en presencia de los no biológicos para que éstos no lo noten.

Siempre es preciso prepararlos para la llegada de un hermano. En caso de haber un bebé en camino, para manejar mejor los celos el procedimiento sería igual que si se tuviera con la pareja anterior. No olvidar las necesidades del niño, charlar con él todo lo que fuese necesario, solicitar su opinión y colaboración en la preparación del espacio físico que ocupará el bebé y en su cuidado luego de nacer.  

 Es importante que los ex conyugues tengan la suficiente madurez como para actuar de manera adulta refiriéndose respetuosamente a la nueva pareja del otro. Lo único que se consigue al intentar poner a los hijos en contra de esa persona, es dañarlos y causarles conflictos serios. No olvidemos que no son armas para atacar a nadie, sino personas con derechos y necesidades propias, que requieren de un ambiente seguro y lo más armonioso posible para crecer psico – físicamente sanos.

Si tú mismo no te resignas a la separación y por más que has intentado volver con tu ex pareja las cosas ya no funcionan, no tienes por qué volverte amigo de su novio/a, pero definitivamente sembrando discordia quedarás peor ante los ojos de tu ex. Difícilmente ese proceder te ayude a sentirte mejor. A lo que se suma el hecho de que si ha decidido vivir su vida sentimental junto a alguien más va a hacerlo lo quieras tú o no. Por tanto, lo mejor será que te procures un espacio terapéutico donde poder analizar y trabajar sobre tu experiencia y tus sentimientos.

 No olvidemos que lo más importante es ver qué es lo más adecuado para los niños, cuáles son aquellas acciones que podemos y debemos tomar para que crezcan sanos y felices.