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Cómo perder el miedo a hablar en público

Cómo perder el miedo a hablar en públicoMuchas personas padecen este miedo a hablar en público. Sentir ansiedad el día anterior a una charla y quizás un poquito de miedo antes de salir a enfrentarse a la audiencia es algo natural, por lo tanto no tendríamos que preocuparnos.  Un miedo moderado incluso nos hace estar más alertas y hasta puede ser positivo, nos brinda adrenalina y podemos llegar a vivir la situación como una aventura. Sin embargo, a veces el miedo es demasiado intenso y termina entorpeciéndonos; es aquí cuando debemos actuar.

Al tener una conversación cara a cara con otra persona emitimos y recibimos señales del otro. Cuando nos enfrentamos a una audiencia, y sobre todo si ésta es numerosa, estamos enfrentados a un universo de rostros y un vacío en la comunicación, no hay respuesta usualmente del otro lado (a menos que hagamos chistes en el medio) hasta que termina la charla.

El silencio que se genera del otro lado puede enfrentarnos con nuestros pensamientos negativos, nuestras dudas acerca de nuestro conocimiento o la ansiedad que puede provocarnos creer que vamos a perder el hilo de la charla. Todo esto puede conducirnos a olvidarnos de lo que queríamos comunicar.

¿Qué podemos hacer cuando tenemos que hablar en público?

Seamos auténticos. Conectemos con los demás desde las emociones. Seamos vivaces y no tengamos miedo de expresar nuestro punto de vista. Las historias, anécdotas y por supuesto el humor mantienen el discurso vívido y a la audiencia capturada.

Estemos preparados. Conocer muy bien el material que queremos transmitir y cómo queremos hacerlo nos va a hacer sentir más seguros. La práctica hace al maestro. No nos atiborremos de información, intentemos ser claros y concisos acerca de las temáticas principales.

Practiquemos los tiempos. Hablar frente a un espejo, ver nuestros gestos, practicar nuestras pausas y saber cuánto tiempo nos lleva transmitir lo que queremos es importante.

El público no es nuestro enemigo. La audiencia es simplemente un grupo de personas, seres humanos como todos y si están ahí es porque quieren escucharnos. En caso de que tengamos que hablar “obligados” en una clase, simplemente piensa que tus compañeros están en la misma situación que tú y nadie te juzgará tan despiadadamente como crees.

Utilizar técnicas de rejalación. Ya sea relajación respiratoria, musculatoria, realizar clases de yoga o ejercicio físico para descargar la energía extra, todo será útil.

Así que es hora de salir al ruedo y poner en práctica lo aprendido.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

¿Qué es la agorafobia?

¿Qué es la agorafobia?

La palabra agorafobia denomina el miedo intenso a los espacios abiertos, proviene del griego, agora ( Plaza Pública donde  se reunían a debatir).  Pertenece  a los trastornos de ansiedad  y se caracteriza por un miedo intenso a salir solo del hogar o alejarse del mismo, a estar en lugares donde hay multitudes, a sentirse en un sitio donde la persona crea  difícil escapar o recibir ayuda. Los síntomas que caracterizan a este trastorno son la falta de aire, el aumento de la frecuencia cardíaca, temblor en las piernas, mareos o náuseas, entre otros, que aparecen cuando se enfrentan a una de las situaciones previamente mencionadas.

La agorafobia puede estar acompañada o no por un trastorno de angustia. Las crisis de angustia básicamente es una aparición temporal y aislada de miedo y malestar intenso que puede ser acompañado por distintos síntomas como las sudoraciones, la sensación de volverse loco, despersonalización, sofocaciones, etc. O puede darse acompañada de un ataque de pánico.

Por supuesto que las situaciones que provocan la fobia intensa tienden a evitarse y muchas veces las personas necesitan de alguien de confianza que los ayude a realizar determinadas actividades para que puedan sentirse más seguras.

Las causas de la agorafobia son aún desconocidas, existen teorías que afirman que el pánico o la angustia puede deberse a un comportamiento aprendido. La agorafobia algunas veces se suscita cuando una persona ha padecido con anterioridad una crisis de angustia y comienza a tener miedo de situaciones que podrían conducir al sujeto a otra crisis. Sí podemos decir que las fobias son adquiridas por el condicionamiento y se mantienen gracias a la evitación, por lo tanto, para poder superarlas es necesario re aprender algunas creencias para poder sustituir las que están estorbando.

Todos podemos desarrollar un trastorno de angustia o pánico, en la generalidad comienza alrededor de los 25 años y suele ser más común en mujeres que en hombres.

Quienes padecen pánico o angustia a veces sienten miedo de sufrir una enfermedad seria o temen estar muriendo. Gracias a los exámenes físicos se pueden descartar enfermedades médicas y descubrir si lo que se esconde detrás de esto es un malestar específicamente psicológico.

El tratamiento recomendado en estos casos es farmacológico y psicológico, la terapia cognitivo conductual ha demostrado ser efectiva en el caso de las fobias. El objetivo de la terapia será aumentar el control de los sentimientos, reconocer y reemplazar pensamientos que generan angustia o miedo, relajarse y aprender a manejar la ansiedad ante las situaciones consideradas por la persona como disparadoras de su fobia. Lo importante es tratar lo antes posible el padecimiento para que sea más sencillo poder lidiar con las creencias limitantes.

Este trastorno puede llegar a ser incapacitante ya que entorpece el desempeño de las tareas habituales, laborales, familiares o sociales, así que si lo padeces o conoces a alguien que lo sufre, no duden en consultar con un profesional de la salud. 

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Trastorno de personalidad por dependencia

Trastorno de personalidad por dependencia

El trastorno de personalidad por dependencia nos habla de personas que tienen una conducta sumisa y dependiente en diversos contextos. Ellos se sienten incapaces de tomar las decisiones del día a día, necesitan del consejo y aprobación ajena de una manera desmedida. Es muy difícil para ellos hacer proyectos por sí mismos, siempre ceden ante el otro con tal de no estar solos.  Al sufrir una ruptura amorosa se sienten desolados y siempre les ronda un sentimiento de temor al abandono. La crítica y la desaprobación los destroza, temen al rechazo y buscan aceptación de manera continua. No confían en sí mismos y minimizan sus capacidades y fortalezas.

Van por la vida esperando que los demás tomen decisiones por ellos, son capaces de soportar cosas que les desagradan o con las cuales no están de acuerdo simplemente para agradar a los demás.

Este trastorno puede presentarse en relación a otros, como la depresión, donde se potenciaría la falta de iniciativa y la dificultad para tomar decisiones. También puede relacionarse con  la ansiedad, ya que  para su supervivencia cuentan con las otras personas, son propensos a la angustia de separación y se preocupan por sentirse potencialmente abandonados.  Al enfrentarse a nuevas responsabilidades, las cuales no se creen capaces de asumir, pueden producirse crisis de angustia. Otros problemas que pueden presentarse son las quejas somáticas,  el alcoholismo y otros abusos de sustancias.

Ellos se ven a sí mismos desvalidos e incapaces de enfrentarse al  mundo, les parece un lugar hostil y peligroso, por eso creen que la solución es que alguien los cuide y proteja. No les importa dejar de lado sus propios deseos con tal de tener a alguien a su lado feliz y contento. Al apoyarse siempre en otro, la persona limita severamente sus posibilidades de aprender a ser asertivos, resolver problemas por sí mismos y tomar decisiones. También temen ser más independientes, porque creen que si lo logran serán abandonados.

El dependiente evita el conflicto, sus opiniones no las consideran válidas, y se apega demasiado al otro, hasta el punto muchas veces de “asfixiarlo”. Las creencias subyacentes del trastorno son: “no puedo”, “nunca seré capaz de hacer eso” y “soy demasiado débil”.

El tratamiento adecuado para estos casos es la terapia cognitivo conductual, para que la persona pueda aprender a ser más independiente sin que vea esto como amenazante, que deje de lado las creencias limitantes de que no puede valerse por sí misma. Es un tratamiento psicológico intenso, pero con paciencia y esfuerzo por parte de la persona se puede salir adelante.

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Hipocondría: La creencia de estar enfermo

Se conoce como hipocondría al trastorno que lleva a la persona a interpretar ciertos síntomas físicos como enfermedad cuando enHipocondría: La creencia de estar enfermo realidad no lo son. Cuando el individuo cree tener determinada enfermedad, basada en malas interpretaciones de su cuerpo (una palpitación puede ser un ataque cardíaco, un pinchazo puede desencadenar la creencia de que tiene una enfermedad mortal) hay un intento casi angustioso de su parte para intentar que sus síntomas desaparezcan, ya que hasta se pueden despertar el temor de  morir a causa de lo que cree padecer. Las enfermedades que más suelen temer son el cáncer, sida o enfermedades coronarias.

Una de las razones por las cuales esta patología puede despertarse es porque hay un velo de negación en cuanto a lo que es enfermedad y muerte en la sociedad en general. Las enfermedades, además del dolor físico y psíquico que generan, muchas veces también son fuentes de aislamiento y rechazo por parte de los demás. El dolor se muestra como algo sumamente difícil de superar y esa creencia siempre es alimentada por frases que parecen inocentes como “esto es demasiado difícil para mí, yo no voy a superarlo nunca”. Un factor de prevención bien podría ser información adecuada acerca de nuestro cuerpo, enfrentarse a estas realidades de muerte, enfermedad y dolor no desde la catástrofe, sino desde un enfoque más maduro y desde la aceptación de que estos elementos son parte de la vida en general pero que podemos ser lo suficientemente fuertes para utilizar las adversidades a nuestro favor.

En las personas hipocondríacas se genera mucho miedo y ansiedad injustificadas. En esa búsqueda por tener síntomas la persona se va a sugestionar, cualquier sensación del cuerpo será malinterpretada o se sugestionará al punto de que si no tiene comezón, por ejemplo, el cuerpo le comenzará a picar, o le dolerá la cabeza, o se sentirá mareado. Sin quererlo, el sujeto va cayendo en la propia trampa de su mente.

Usualmente los hipocondríacos cuyos casos son más severos no recurren a un doctor, por el simple miedo del diagnostico que este le puede ofrecer, van creyendo que tienen algo peligroso para su salud y prefieren no saberlo. La persona no es conciente de que su problema es psicológico, esto puede llegar a desencadenar que vayan de médico en médico buscando la solución a su problema físico inexistente.

El tratamiento psicológico consiste en ayudar a la persona a perder esas creencias de miedo y ansiedad ante la enfermedad. Se le va a exigir que no acuda más al doctor, que evite charlar sobre enfermedades. Se le va a hacer entender a la persona que le quite fuerza a las sensaciones de su cuerpo, que se aleje de esas malas interpretaciones. Es la propia ansiedad, ligada a la creencia de estar enfermo, la culpable de que se despierten los temores hacia la enfermedad. Se trabaja en mejorar la autoestima, en fortalecerse en todas las áreas para evitar en un futuro situaciones donde se dispare nuevamente este miedo.

Si reconoces estos síntomas en ti, busca ayuda profesional de inmediato, es algo que puedes superar con el tratamiento adecuado.

 

 

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La paranoia

La paranoia

El término paranoia se utiliza en psiquiatría para describir a los individuos que vivencian delirios referidos a su persona, donde ellos son el centro de sus historias. Entre los delirios más frecuentes encontramos aquellos donde la persona se siente perseguida (pueden estar tramando algo en contra de su persona), a veces se sienten elegidos para una misión importante en la tierra, hay delirios de reinvindicación (querellantes, idealistas, inventores), delirios pasionales (celotípicos, erotomaníacos), temen ser usados.

Los delirios del paranoico tienen coherencia interna (por más que a veces no sean coherentes en la realidad, están muy bien armados), algunos delirios están tan bien delineados que hasta pueden convencer a otra persona de la certeza del mismo. Se basan mucho en el mecanismo interpretativo, están atentos a la señales y datos que pueden provenir del exterior.  El individuo se siente mirado, cuestionado por todos.

Estos delirios son infundados, creen en ellos firmemente y es difícil convencerlos de la falsedad de su creencia, son  preocupantes, persistentes en el tiempo, además de interferir en el relacionamiento social.

Quienes padecen de estos delirios suelen ser personas con características de personalidad soberbia, hostil, narcisista, son rígidos, autoritarios, intolerantes, fríos,  son altamente desconfiados y con baja autoestima.  En sus delirios podemos encontrar aspectos de su personalidad que les desagradan y no quieren aceptar, como ciertos impulsos, fantasías, temores, frustraciones, que terminan proyectando hacia el entorno.

El tratamiento es más bien psiquiátrico, ya que su gran desconfianza en los demás hace difícil poder generar empatía con el psicólogo y por lo tanto permitirse ser ayudado.

Así que si conoces a alguien a quien puedas ayudar, o tú te sientes atacado, no dudes en consultar con un profesional para poder salir adelante.

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Miedo a la muerte

La muerte es una parte de nuestras vidas, desde el momento que nacemos conocemos nuestro destino. Todos en algún momento Miedo a la muertepodemos sentir miedo por ese terrible instante, el asunto es que a veces ese miedo se convierte en irracional, en una fobia propiamente dicha que comienza a arruinar nuestra vida en general.

Quienes sufren esta fobia usualmente presentan también manifestaciones hipocondríacas. Estos sujetos son usualmente pesimistas, esperando siempre el peor escenario. Dedican demasiado tiempo a observarse su cuerpo, cualquier mísera molestia puede ser síntoma de una grave enfermedad. Asisten al médico con frecuencia pero tampoco quedan tranquilos por más que los doctores les indiquen que todo está bien.

El miedo a la muerte genera ansiedad y obsesiones, la persona pasa demasiado tiempo pensando en la muerte, tanto la propia como la ajena. Es muy común encontrar otros miedos asociados, como al dolor, al sufrimiento, a lo desconocido. 

 La consecuencia más importante de esta fobia es que se nos hace difícil vivir con ella, ¿cómo podremos disfrutar de la vida si todo el tiempo nos concentramos en cuando va a ser nuestro último día?

El temor a morir puede ser tan intenso que puede generar depresión e incluso intentos de autoeliminación, ya que consideran que la espera es intolerable, vivir todo el tiempo pensando que algo malo sucederá es una verdadera tortura.

Para vencer este temor es necesario un tratamiento psicológico, la meta será aprender a convivir con la realidad de que todos somos mortales, pero que esto no necesariamente implica algo negativo. De esta manera cada día tiene más valor, el tiempo nació para que aprendamos a disfrutarlo y hacer lo mejor de él, no desperdiciarlo inútilmente con fantasías que no nos conducirán a ninguna parte.

La espiritualidad puede ser tu aliada, sin importar en qué creas, entiende que hay algo más grande que nosotros, que en realidad no estamos solos y la vida siempre tiene sentido, aunque no podamos verlo siempre claramente.

Intenta huir de esos pensamientos automáticos y recurrentes acerca de la muerte, cada vez que te encuentres con estas ideaciones intenta sustituirlas por otros pensamientos o realiza una acción física para cortar ese hilo conductor cruel.

Las fobias pueden ser superadas y si no puedes hacerlo por ti mismo, siempre puedes contar con la ayuda de profesionales especializados que podrán guiarte en este proceso de liberación.

 

 

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Incertidumbre: Miedo a lo desconocido

El miedo a lo desconocido, a la incertidumbre que nos depara si tomamos un camino fuera de lo preconcebido, puede ser algo muyIncertidumbre: Miedo a lo desconocido perjudicial a la hora de hacer cambios sumamente importantes en nuestra vida.

El pensar que tomar una decisión, muchas veces la decisión correcta, nos hará perder toda la comodidad que tenemos, es suficiente para que nos quedemos paralizados. Dicen que más vale malo conocido que bueno por conocer, pero esto no tiene sentido. La vida está llena de cambios, de momentos evolutivos diferentes, de crecimiento personal, no somos lo mismos que éramos hace unos años y si deseamos seguir desarrollándonos también volveremos a cambiar en un tiempo. Las circunstancias y las personas cambian, entonces, ante un mundo tanto interno como externo que pide a gritos la evolución, ¿cómo podemos osar a dejar pasar esta oportunidad de vivir a pleno lo que la vida nos tiene para ofrecer?

Los autores norteamericanos del desarrollo personal acuñaron el término zona de confort, es ese sitio (emocional o físico) donde decimos quedarnos estancados, porque ya sabemos más o menos cómo lidar con eso, no tendrá demasiadas sorpresas para nosotros y en cierto punto no nos cuesta tanto seguir esa rutina. Por ejemplo, si ya no amo a mi marido, quizás sea más sencillo quedarme con él por la pereza de la idea de que tengo que empezar de cero, ¿a dónde voy a vivir? ¿me quedaré sola toda la vida? Ante un cambio de carrera nos puede suceder lo mismo, estudié para ser veterinaria pero me di cuenta que en realidad quiero dedicarme a las manualidades, ¿y por qué tengo que dejar esto que me costó tanto esfuerzo ahora? ¿y si me muero de hambre haciendo manualidades?

Los miedos están, siempre estarán, son parte de nuestra condición humana, el punto es: ¿qué tanta fuerza quieres brindarle? Cuando nos quedamos paralizados lo único que logramos es perdernos de disfrutar, de crecer, de vivir la vida con todas las letras. Decidir quedarnos eternamente perdidos en la zona de confort implica limitarnos como seres humanos. Sí, quizás sea muchísimo más sencillo mirar la televisión todo el día que ponerse a leer y a aprender, pero piensa, ¿qué es más productivo para ti a la larga? Quizás sea más sencillo quedarnos con esa pareja con la cual hemos construido muchas cosas, esa que ya no quieres, ¿pero qué sucede si una mejor relación te está esperando?  

Cada pequeña decisión de nuestra vida cuenta y la crueldad del asunto, es que a veces no somos concientes de que nos estamos equivocando hasta mucho tiempo después, cuando todo está arruinado o cerca de.

La vida no se ha hecho para que vivamos como zombies, en piloto automático dejando que los días se acumulen sin sentido en un rincón polvoriento del tiempo, la vida se ha hecho para vivirla, hay que evitar reaccionar cuando las cosas ya casí están perdidas.  Hay que disfrutar desde el hoy y abrir los ojos, pensar con cuidado qué es lo que realmente queremos en todo sentido e intentar ir tras ello.

Tal vez por abandonar tu zona de confort termines viviendo alguna experiencia que no querías, pero te sorprenderías que en el 99% de los casos no es así. Quedarnos estáticos tiene un precio demasiado alto, el no cambiar es demasiado costoso a la larga porque estamos abandonando nuestro capital más preciado, nuestro capital mental, espiritual y hasta físico. Siempre hay que pagar un precio por las decisiones que tomamos, no hay escapatoria, pero cuando mires hacia atrás y reflexiones sobre el camino escogido qué sería mejor, ¿vivir lleno de lamentos y reproches por esas cosas que jamás te atreviste a hacer o ver que sin importar cómo hayan sido los resultados, te atreviste a ir más allá?

La decisión siempre es tuya, a veces sin darnos cuenta somos nosotros mismos los que terminamos atascados en una circunstancia espantosa por no haber sabido escapar a tiempo. Nunca es demasiado tarde para delinear tu destino a tu gusto, ¿te atreves a pagar el precio de lo desconocido?

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Miedo al fracaso

Miedo al fracaso

El miedo al fracaso es nuestro gran enemigo cuando deseamos ir tras nuestros objetivos. Estamos sumamente motivados, queremos conquistar al mundo y de repente…ya no queremos saber más nada, dejamos todo por la mitad o ni siquiera nos atrevemos a comenzarlo.

Claro que esto da un pésimo mensaje para tu autoestima, te sientes impotente, triste, culpable. Esta sensación de quedarte estancado, de no hacer nada para continuar con tus objetivos, con tus planes, con tus grandes anhelos, tiene su base primordialmente en el temor.

¿Cuáles son los miedos que subyacen a nuestra idea de éxito? Existe el miedo al fracaso, el miedo a los cambios y demandas que nos traerá el futuro éxito y también puede rondar el miedo a cometer un gran error. Por supuesto que pueden estar jugando otros miedos no develados que yacen en una oscura superficie, habitando solamente para molestarnos.

Cuando estamos atemorizados, aunque esto surja de manera inconciente, el miedo se apodera de nosotros y en lugar de pensar claramente en lo que tendríamos que hacer para alcanzar nuestras metas, quedamos extenuados por el esfuerzo que hace nuestro cerebro para calmarnos ante esta ficticia amenaza que se siente como real.

¿Cómo vencer el miedo al fracaso? Primero tienes que tener mente abierta,  no te juzgues ni te critiques, solamente harás que el miedo tome más fuerza y te hará sentir muy mal contigo mismo. Intenta descubrir con qué esta relacionado el miedo, hay que conocer a nuestro enemigo. Cuando tu cerebro siente que estás bajo amenaza te paralizará o te hará huir, si reconoces estas reacciones en ti intenta no sucumbir ante ellas y enfréntate a lo que sientes.

Si prestas cuidadosa atención a lo que estás sintiendo y pensando sabrás reconocer qué es lo que te genera incomodidad, cuando te tomas el tiempo para observarte a ti mismo con cautela y no caes en la trampa del autocastigo, podrás comprender en realidad lo que está sucediendo, de qué es lo que te quiere proteger tu mente y puedes convencerte a ti mismo de que en realidad el miedo es una fantasía, algo que no necesariamente sucederá.

Abre tu mente a nuevas posibilidades positivas, no te imagines el peor escenario, piensa en las infinitas posibilidades que tienes en tus manos. El éxito (en cualquier ámbito de tu vida) es más poderoso que el temor si le permites tomar parte de tu conciencia. Cuida mucho de cómo te hablas, evita decirte que no puedes, o que no eres suficiente para llegar a lo que quieres, tampoco escuches a quienes te dicen que no puedes. Tú tienes el poder de moldear tu propio camino, así que adelante, aprende a escucharte a ti mismo con paciencia y amor.

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Miedos irracionales: Fobia Social

Miedos Irracionales: Fobia Social

Quienes padecen de fobia social se caracterizan por sentir un miedo intenso a ser observados todo el tiempo y ser calificados de una manera negativa por los demás en situaciones sociales. Esto hace nacer en el sujeto un deseo irrefrenable de evitar cualquier tipo de situación donde se sientan expuestos a este malestar.

Tenemos dos tipos de esta fobia. La denominada fobia social no generalizada donde el miedo se relaciona a determinadas situaciones específicas como hablar en público, acercarse a personas del sexo opuesto, comer delante de otras personas, ir a reuniones sociales. En la fobia generalizada o difusa el miedo se aplica a prácticamente todas las interacciones sociales.

Cuando la persona se ve enfrentada a la situación temida experimenta una ansiedad intensa acompañada de palpitaciones, temblores, tensión muscular, a veces incluso náuseas. No pueden evitar pensar que harán el ridículo, que los demás pensarán mal de él, que no son aceptados.

Quienes son más propensos a sufrirla son aquellos que tienen una baja autoestima, quienes se preocupan en demasía por lo que los demás puedan llegar a pensar de él, sujetos extremadamente sensibles ante las críticas y quienes tienen pocas habilidades sociales.

Una característica muy notoria del fóbico social es su estilo de pensamiento autoreferencial negativo, esto quiere decir que la persona estará predispuesta a relacionar todo lo que suceda a su alrededor consigo mismo. Por ejemplo, si en una fiesta hay un par de invitados riéndose a pocos metros, lo primero que asumirá el fóbico es que se están riendo de él, obviamente se trata de una manera distorsionada de interpretar la realidad, creen que llamarán exageradamente la atención en circunstancias que es muy raro que en verdad suceda.

Las consecuencias de la fobia social incluye un sentimiento de fracaso y soledad por no poder relacionarse naturalmente con los demás, es complicado para ellos tener nuevas amistades o incluso formar pareja ya que todo el tiempo se sienten a merced del juicio crítico de los otros, cuando en realidad no es así.

En cuanto al tratamiento, es importante que la persona esté dispuesta a aprender nuevas estrategias que le permitan enfrentarse de forma gradual a las situaciones interpersonales anteriormente desdeñadas.

La ansiedad por estas situaciones es algo que se aprende y por lo tanto pueden aprenderse otras técnicas que permitan mantenerla a raya y además poder disfrutar de situaciones que antes provocaban rechazo.

Es importante aprender a relajarse mediante la respiración, manejar técnicas que permitan dirigir nuestro pensamiento de una manera productiva. Se pueden recrear situaciones en la imaginación junto al psicólogo y de a poco ir quitándole el monto de fantasía que las situaciones sociales encierran para ellos.

Los miedos pueden manejarse, son solamente fantasías que atentan a nuestra calidad de vida. Anímate a probar algo diferente, las fobias tienen solución.

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¿Quién podría algún día amar a una bestia?

¿Quién podría algún día amar a una bestia?¿Qué sucede cuando damos lo peor de nosotros? ¿Qué esperamos a cambio? ¿Somos tan horribles como pensamos? ¿Queremos hacerle creer a los demás que somos más monstruosos de lo que en realidad somos?

Como les había mencionado en un post anterior, el ser humano es bastante autodestructivo y algunos más que otros. En algún punto todos creemos que somos peores de lo que en realidad somos, ¿y cuál es el propósito de esta creencia?

En cada persona varían las razones aunque puedo enumerar algunas que se repiten en varias de ellas. El creerse un ser espantoso puede nacer de una mala interpretación de la realidad, quizás sus padres no festejaron demasiado los logros de ese sujeto, es un arduo juez consigo mismo y por lo tanto no tiene derecho a equivocarse nunca, un número de situaciones donde no se tomaron las mejores decisiones y lastimaron a otras personas. Cada equivocación, cada soledad, se consideran como pruebas irrefutables de que no hay nada que amar en ellos, que si alguien se queda a su lado no tiene sentido porque seguramente volverán a hacer algo que no quieren, algo más fuerte que ellos, algo que no comprenden.

Cuando nos consideramos seres crueles y poco dignos de ser amados, buscaremos tener razón. Nos vamos a equivocar para sabotear las cosas hermosas que sí tenemos, en esa búsqueda enfermiza de autocastigo. Si somos malos entonces merecemos lo peor. No tener pareja, esquivar buenas oportunidades de desarrollo, no tener demasiados amigos, descuidarnos tanto física como mentalmente, no nutrirnos de las cosas que nos brindan felicidad, sino más bien alejarnos de ellas como si fueran la peste.

Por otro lado, sin saberlo siquiera, el comportarnos como si fuéramos criaturas realmente desagradables trae aparejado un llamado de atención. Quizás la única manera de realmente salvarnos es encontrar a alguien que nos acepte cien por ciento como somos, a pesar de que nos comportemos de la peor manera que se nos pueda ocurrir. Porque si somos despiadados, si hacemos uso de nuestro peor arsenal contra quienes más queremos y aún así ellos permanecen estoicos a nuestro lado entonces la máscara se cae. ¡Nos aceptan! ¡Estábamos equivocados! No somos tan horribles. Y ya no tendría sentido continuar demostrándole al mundo nuestra peor cara porque alguien tuvo la paciencia suficiente para quedarse a nuestro lado y descubrir lo que estaba más allá, lo realmente hermoso que como fuera estábamos intentando ocultar, guardado tan sólo para aquellos que permanecieran hasta el final, dispuestos a descubrir la verdad.

El problema con este comportamiento, con este ideal romántico si se quiere, es que en la realidad pocas personas cuentan con la paciencia o visión suficiente para encontrar que hay debajo de esas capas y capas de mentiras o maldad. Y es por eso que nuestra comportamiento autodestructivo aleja a los demás, cansados, hastiados de soportar la misma teatralidad, manipulación, secretos y todo lo que se les pueda ocurrir.

 Así que primero intenta dilucidar si tú has caído en este peligroso juego de ser quien no eres, de solamente resaltar lo espantoso que hay en ti. Si lo has hecho, no interesa, siempre se está a tiempo de cambiar. Pocas personas podrían amar a una bestia, pero seguramente podrían amar al príncipe o la princesa que tanto trabajo te está dando ocultar.

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