Reflexionando acerca de los logros

Dentro de la teoría del bienestar se habla del modelo PERMA y uno de sus pilares son los logros. Las personas buscamos elReflexionando acerca de los logros éxito, sentirnos más en poder de las situaciones, de nuestro entorno y de nuestras metas. Buscamos logros, el fin en sí mismo, a veces simplemente por diversión, otras por desafiarnos o para hacer nuestra vida más emocionante. Aquellas personas que logran lo que se proponen sienten mucha motivación, viven inspirados y su inspiración también sirve a los demás. 

Y para obtener logros es importante mantenernos inspirados y motivados. Lo interesante es que la motivación es como un motor que nosotros podemos encender cuando se nos está apagando, algo que podemos reanimar para continuar en nuestro camino. 

Para acercarnos a nuestras metas y mantenernos motivados al mismo tiempo es importante saber el por qué de las mismas, ¿qué es lo que estamos buscando? ¿Qué nos desafía? ¿Qué nos gustaría aprender? ¿Qué nos gustaría crear? 

Me gustaría invitarlos a realizar un pequeño ejercicio para que ustedes tengan más claridad en cuanto a sus metas y cuáles son las verdaderas razones que los están empujando a alcanzarlas: 

¿Sabes lo que realmente quieres alcanzar en esta vida? Para poder trazar nuestro camino es importante tener un punto de llegada, un marco de referencia y además ir midiendo nuestro progreso.

¿Lo que queremos lograr es algo realista? Nuestras metas tienen que ser alcanzables. No podemos convertirnos en millonarios de la noche a la mañana, no podemos graduarnos de inmediato cuando una carrera demora entre cuatro y cinco años, no podemos tener un hijo en dos meses, en fin, ¿se comprende la idea? Hay ciertas reglas de la naturaleza que no podemos quebrar, todo lo grande lleva su tiempo, su paciencia y su hermoso proceso que debemos respetar. Sin prisa pero sin pausa uno llega muy lejos. Si nos trazamos metas demasiado exigentes jamás las vamos a comenzar y ya nos estamos saboteando de antemano. 

¿Lo que deseas es tu propio anhelo o el de alguien más? A veces vamos tras metas que en realidad no son nuestras, son impuestas por los demás o el entorno. Debemos ir tras nuestros propios logros para satisfacer nuestra propia voracidad de desafíos, no ir tras algo que no está en concordancia con quienes somos. No deberíamos seguir una carrera que nos sugieren nuestros padres si no es lo que queremos, no tenemos que cambiar de trabajo hacia uno más formal si no es nuestra vocación. Aprender a escuchar nuestra voz interior será lo mejor.

¿Tu meta está alineada con tus valores? No importa que tan maravillosa oportunidad se presente si eso implica traicionarnos a nosotros mismos. Jamás perdamos de vista quiénes somos y en qué creemos, de lo contrario obtener lo que queremos solamente será un dolor de cabeza y una fuente de angustia.

¿Puedes poner en práctica tus fortalezas en la consecución de esta meta? Conocer tus fortalezas y utilizarlas en todo lo que emprendas te generará bienestar en el camino y además hará que el proceso hacia la meta sea más significativo y positivo.

Así que sin pereza ni vergüenza reflexiona en cuál quieres que sea tu logro. Es hora de poner manos a la obra y agregar un granito de arena más en tu camino hacia el bienestar.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Las comparaciones son odiosas

Las comparaciones son odiosas

Un dicho dice que las comparaciones son odiosas y estudios han demostrado que esto es muy cierto. Caemos en el error de compararnos con los demás cuando la realidad es que siempre habrá alguien mejor así como siempre habrá alguien que esté en una situación peor que la nuestra.

Dudar acerca de nosotros, creer que no somos suficientes o que nuestros logros se han quedado estancados, creernos incompetentes, quitarle mérito a lo que hemos construido, pensar que nuestra vida es un desastre o que somos unos fracasados. Una serie de pensamientos desalentadores pueden capturarnos fácilmente si caemos en esta costumbre poco agraciada de la comparación.

Sonja Lyubomirsky en su libro The how of happiness nos comparte un experimento muy interesante que ella realizó junto a sus colaboradores. El experimento consistía en resolver tarjetas con anagramas en ellas. El examinador se sentaba del otro lado de la mesa y dos personas simultáneamente tomaban la prueba. Una vez resuelto el anagrama, el examinador otorgaba otra tarjeta, además las mismas estaban numeradas. Es así que uno podía ver lo que el otro estaba haciendo, podía medir si lo estaba haciendo más rápido o más lento. El truco estaba en que quien resolvía los anagramas era un cómplice del examinador, en algunas ocasiones resolvía rápidamente los anagramas, en otras muy despacio.

Las personas más felices se mostraron satisfechas con su labor, independientemente de si habían logrado resolver los anagramas de manera veloz o lenta. Sin embargo, las personas menos felices se vieron muy frustradas cuando percibieron que su compañero les ganaba en velocidad. Esto llevó a la conclusión de que las personas felices lo son sin importar si alguien es mejor o peor que ellos.

Compararnos constantemente se convierte en algo casi obsesivo, no podemos detenernos y miles de pruebas se pasean ante nuestros ojos para demostrarnos qué tan horrible nos conducimos en la vida.

Quizás lo más sabio es aprender a compararse con uno mismo. Mira dentro de ti, ¿estás mejor que hace un año, que hace cinco? ¿Cuáles son tus preocupaciones, cómo puedes activamente trabajar en ellas?

Cada vez que tengas la tentación de compararte intenta distraerte con algo más productivo, ponte como objetivo no pensar en lo negativo más que un rato en el día, aprende a apreciarte más a ti mismo evitando quitarle valor a quién eres y lo que has logrado.

Nadie es perfecto y todos debemos lidiar con nuestras propias batallas, quítate la presión de encima, no vivas una vida para impresionar a la sociedad, vive una vida para impresionarte a ti mismo y estar satisfecho con quién eres.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Cómo perder el miedo a hablar en público

Cómo perder el miedo a hablar en públicoMuchas personas padecen este miedo a hablar en público. Sentir ansiedad el día anterior a una charla y quizás un poquito de miedo antes de salir a enfrentarse a la audiencia es algo natural, por lo tanto no tendríamos que preocuparnos.  Un miedo moderado incluso nos hace estar más alertas y hasta puede ser positivo, nos brinda adrenalina y podemos llegar a vivir la situación como una aventura. Sin embargo, a veces el miedo es demasiado intenso y termina entorpeciéndonos; es aquí cuando debemos actuar.

Al tener una conversación cara a cara con otra persona emitimos y recibimos señales del otro. Cuando nos enfrentamos a una audiencia, y sobre todo si ésta es numerosa, estamos enfrentados a un universo de rostros y un vacío en la comunicación, no hay respuesta usualmente del otro lado (a menos que hagamos chistes en el medio) hasta que termina la charla.

El silencio que se genera del otro lado puede enfrentarnos con nuestros pensamientos negativos, nuestras dudas acerca de nuestro conocimiento o la ansiedad que puede provocarnos creer que vamos a perder el hilo de la charla. Todo esto puede conducirnos a olvidarnos de lo que queríamos comunicar.

¿Qué podemos hacer cuando tenemos que hablar en público?

Seamos auténticos. Conectemos con los demás desde las emociones. Seamos vivaces y no tengamos miedo de expresar nuestro punto de vista. Las historias, anécdotas y por supuesto el humor mantienen el discurso vívido y a la audiencia capturada.

Estemos preparados. Conocer muy bien el material que queremos transmitir y cómo queremos hacerlo nos va a hacer sentir más seguros. La práctica hace al maestro. No nos atiborremos de información, intentemos ser claros y concisos acerca de las temáticas principales.

Practiquemos los tiempos. Hablar frente a un espejo, ver nuestros gestos, practicar nuestras pausas y saber cuánto tiempo nos lleva transmitir lo que queremos es importante.

El público no es nuestro enemigo. La audiencia es simplemente un grupo de personas, seres humanos como todos y si están ahí es porque quieren escucharnos. En caso de que tengamos que hablar “obligados” en una clase, simplemente piensa que tus compañeros están en la misma situación que tú y nadie te juzgará tan despiadadamente como crees.

Utilizar técnicas de rejalación. Ya sea relajación respiratoria, musculatoria, realizar clases de yoga o ejercicio físico para descargar la energía extra, todo será útil.

Así que es hora de salir al ruedo y poner en práctica lo aprendido.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com