Archivo | diciembre 2011

Convierte tus promesas en realidad

Convierte tus promesas en realidadComienza un nuevo año y nuestras clásicas intenciones de cambio reaparecen, este es el mejor año de nuestras vidas, ahora sí vamos a cambiar nuestra actitud, ahora sí todo saldrá tal como lo esperamos. Esta maravillosa energía poco a poco irá mermando, pero…¿qué sucedería si esta vez sí lográramos lo que tanto ansiamos, o al menos vamos allanando el camino?

Primero debemos ser concientes de una dolorosa pero gran verdad, cambiar hábitos y patrones no es una tarea nada sencilla de emprender, los muy malditos están demasiado arraigados en nuestro ser y años de condicionamiento no desaparecen en un soplido. Así que ansiedad ABSTENERSE, porque hay que comenzar el camino con mucha paciencia y amor.

Usualmente cometemos dos errores en cuanto a nuestros nuevos propósitos. Uno es el no saber exactamente quiénes somos. Esto nos invita a reflexionar sobre nuestra identidad, intentar discernir cuáles son esos hábitos dañinos que nos contaminan, y si encontramos dificultad en resolverlo por nosotros mismos, siempre podemos estar atentos a los comentarios que hacen a nuestro alrededor. Muchas veces cuando algo nos lo dicen con frecuencia, por más que no nos agrade, quizás tenga algo de certeza, a estar abiertos a los consejos.

Otro error es no tener una imagen mental clara de hacia dónde queremos ir, una meta poco clara fácilmente se evaporará. Para reemplazar un viejo hábito vamos a necesitar mucho más que afirmaciones o la euforia del momento, requiere de un conocimiento profundo de nuestro ser, una clara imagen de lo que queremos mejorar o añadir a nuestra vida, es comenzar a cambiar nuestra manera de pensar hacia una que se adecúe más a lo que en realidad esperamos de nosotros. En muchas ocasiones esto requerirá de asesoría (terapia por ejemplo), un profundo compromiso y seguimiento de nuestro comportamiento.

Si no mantenemos estos consejos en mente, nuestros objetivos y deseos quedarán relegados en el olvido, hasta que un nuevo año aparezca con su promesa de mágico cambio.

Es hora de comenzar a responsabilizarnos por nuestra propia vida y nuestras conductas. Podemos comenzar a nutrir nuestro auto control, aprender a manejar nuestros impulsos, ansiedad, nuestra negación, ser lo suficientemente humildes para admitir que algo no lo estamos haciendo demasiado bien. Siempre digo que nuestros cambios deben nacer del amor y el respeto que tenemos que tenernos, no desde el odio, porque desde este lugar nada bueno puede surgir.

Cuando por ejemplo  tenemos una resolución de levantarnos temprano y cedemos a la tentación de dormir un poco más, eso hará que nuestro día ya comience mal, porque estaremos desayunando a las apuradas, y a esos diez o veinte minutos que parecían tan importantes les vamos a reprochar con todo nuestro mal humor que las cosas no salieron como esperábamos. Las pequeñas decisiones del día a día tendrán un impacto muy fuerte en nuestra rutina a largo plazo.

Aprendamos a escucharnos cuidadosamente y seamos honestos con lo que queremos, tenemos que perseguir sueños y metas propias, no ajenas, ya que éstas inevitablemente conducirán a un camino de decepción y autodesprecio. Cuando intentamos serlo todo para todos, lo único que logramos es ser nadie para todos, de esta manera perdemos nuestro respeto y también el respeto de los demás. Las personas eficientes manejan sus vidas y sus vínculos mediante principios firmemente propios.

La realidad es que no existe un atajo para encontrar el éxito duradero (en cualquier ámbito de la vida), todo implicará esfuerzo y constancia. Hazte promesas y esfuérzate por cumplirlas, de esta manera le dirás constantemente a tu autoestima que eres fiel a ti mismo y ella comenzará a fortalecerse.

Así que este año haz tu lista, piensa qué es lo que realmente quieres cambiar o agregar en tu vida y ve hacia ello sin prisa, con calma, trabajando en ti mismo. Primero debes ser, convertirte en, es la manera en que saldrás triunfador. Sé tu propio amo.

¡¡¡¡FELIZ AÑO!!!!


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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Incertidumbre: Miedo a lo desconocido

El miedo a lo desconocido, a la incertidumbre que nos depara si tomamos un camino fuera de lo preconcebido, puede ser algo muyIncertidumbre: Miedo a lo desconocido perjudicial a la hora de hacer cambios sumamente importantes en nuestra vida.

El pensar que tomar una decisión, muchas veces la decisión correcta, nos hará perder toda la comodidad que tenemos, es suficiente para que nos quedemos paralizados. Dicen que más vale malo conocido que bueno por conocer, pero esto no tiene sentido. La vida está llena de cambios, de momentos evolutivos diferentes, de crecimiento personal, no somos lo mismos que éramos hace unos años y si deseamos seguir desarrollándonos también volveremos a cambiar en un tiempo. Las circunstancias y las personas cambian, entonces, ante un mundo tanto interno como externo que pide a gritos la evolución, ¿cómo podemos osar a dejar pasar esta oportunidad de vivir a pleno lo que la vida nos tiene para ofrecer?

Los autores norteamericanos del desarrollo personal acuñaron el término zona de confort, es ese sitio (emocional o físico) donde decimos quedarnos estancados, porque ya sabemos más o menos cómo lidar con eso, no tendrá demasiadas sorpresas para nosotros y en cierto punto no nos cuesta tanto seguir esa rutina. Por ejemplo, si ya no amo a mi marido, quizás sea más sencillo quedarme con él por la pereza de la idea de que tengo que empezar de cero, ¿a dónde voy a vivir? ¿me quedaré sola toda la vida? Ante un cambio de carrera nos puede suceder lo mismo, estudié para ser veterinaria pero me di cuenta que en realidad quiero dedicarme a las manualidades, ¿y por qué tengo que dejar esto que me costó tanto esfuerzo ahora? ¿y si me muero de hambre haciendo manualidades?

Los miedos están, siempre estarán, son parte de nuestra condición humana, el punto es: ¿qué tanta fuerza quieres brindarle? Cuando nos quedamos paralizados lo único que logramos es perdernos de disfrutar, de crecer, de vivir la vida con todas las letras. Decidir quedarnos eternamente perdidos en la zona de confort implica limitarnos como seres humanos. Sí, quizás sea muchísimo más sencillo mirar la televisión todo el día que ponerse a leer y a aprender, pero piensa, ¿qué es más productivo para ti a la larga? Quizás sea más sencillo quedarnos con esa pareja con la cual hemos construido muchas cosas, esa que ya no quieres, ¿pero qué sucede si una mejor relación te está esperando?  

Cada pequeña decisión de nuestra vida cuenta y la crueldad del asunto, es que a veces no somos concientes de que nos estamos equivocando hasta mucho tiempo después, cuando todo está arruinado o cerca de.

La vida no se ha hecho para que vivamos como zombies, en piloto automático dejando que los días se acumulen sin sentido en un rincón polvoriento del tiempo, la vida se ha hecho para vivirla, hay que evitar reaccionar cuando las cosas ya casí están perdidas.  Hay que disfrutar desde el hoy y abrir los ojos, pensar con cuidado qué es lo que realmente queremos en todo sentido e intentar ir tras ello.

Tal vez por abandonar tu zona de confort termines viviendo alguna experiencia que no querías, pero te sorprenderías que en el 99% de los casos no es así. Quedarnos estáticos tiene un precio demasiado alto, el no cambiar es demasiado costoso a la larga porque estamos abandonando nuestro capital más preciado, nuestro capital mental, espiritual y hasta físico. Siempre hay que pagar un precio por las decisiones que tomamos, no hay escapatoria, pero cuando mires hacia atrás y reflexiones sobre el camino escogido qué sería mejor, ¿vivir lleno de lamentos y reproches por esas cosas que jamás te atreviste a hacer o ver que sin importar cómo hayan sido los resultados, te atreviste a ir más allá?

La decisión siempre es tuya, a veces sin darnos cuenta somos nosotros mismos los que terminamos atascados en una circunstancia espantosa por no haber sabido escapar a tiempo. Nunca es demasiado tarde para delinear tu destino a tu gusto, ¿te atreves a pagar el precio de lo desconocido?

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

Feliz Navidad :)

Feliz Navidad

Muy felices Fiestas a todos mis amados lectores que día a día, año a año, me acompañan en este proyecto que comenzó humildemente hace poco más de dos años y medio.

Gracias por sus comentarios, por su presencia, por las lindas cosas que me escriben a mi mail o en el blog, me inspiran a seguir trajando para ustedes, a siempre buscar temas que puedan llegar a ser de su interés, a intentar iluminar un poco el camino, a despejar las dudas. Honestamente su presencia me hace sentir querida.

Les deseo una feliz Navidad y que siempre, a pesar de todos los altibajos que la vida a veces nos proporciona, sigamos aprendiendo a disfrutar de cada día, llenar de esperanza nuestro corazón, nuestro espíritu y estar abiertos a continuar creciendo como seres humanos. Muchas gracias por estar ahí, yo les prometo que siempre voy a estar aquí.

El sabotaje del perfeccionista

El sabotaje del perfeccionistaLa perfección no existe, lamento informarles. Quedarse atado a este ideal solamente va a conducirnos a la frustración y la desesperanza, por eso es hora de entender realmente esta premisa y dejar ir de una vez por todas, el cruel engaño de la perfección.

El perfeccionismo patológico podemos verlo cuando la evaluación propia de la persona depende casi exclusivamente de logros y normas autoimpuestas, excesivas. Es una actitud que está presente tanto en la manera de comportarse del sujeto como en su forma de pensar. El perfeccionista sólo admite lo mejor. El error no está permitido y cuando éste ocurre se vive con suma ansiedad, frustración y mucha culpa. Son personas cuyas expectativas son muy altas y nunca nada es suficiente. Son sumamente exigentes consigo mismos, pero a veces también pueden ser exigentes con los demás. Suele haber falta de empatía y mucha intolerancia cuando las cosas no son como esperan de acuerdo a sus altos estándares.

La hipercrítica, la extrema responsabilidad y disciplina, el deber antes que el placer, falta de satisfacción con la tarea realizada, son parte de sus características principales.

Usualmente el origen del perfeccionismo podemos hallarlo en la infancia, hijos de padres sumamente exigentes, donde existe mucha presión por las buenas notas o el destacarse del resto. Los perfeccionistas buscan la aprobación mediante la realización perfecta de todo,  haciendo lo que los demás esperan de él (o lo que la persona cree que los demás esperan) ya que sienten que el error solamente los conduce a las críticas y al rechazo, esta actitud los convierte en seres inseguros.

Ser perfeccionista, a pesar de que en algunas situaciones pueda parecer muy bueno, tiene consecuencias emocionales muy complicadas para el sujeto. Primero, la búsqueda ansiosa de la perfección genera una disminución en la eficacia personal, ya que al estar atentos a cada minúsculo detalle, se pierde demasiado tiempo en el trabajo (entiéndase este como obra de arte, trabajo para un tercero, tarea para alguna institución educativa, etc) y no es proporcional al resultado. El obsesionarse con la perfección puede paralizar al sujeto, en algunos casos se prefiere no hacer nada antes de encontrarse con un fracaso o con un mal resultado ante sus ojos, entonces la persona jamás se animará a entregar ese trabajo por temor a la crítica, por temor a crear un verdadero desastre.  Son personas insatisfechas con su vida, ya que se concentran en la falta y nunca nada alcanza la altura de sus ideales. Muchas veces sus comportamientos tienden a complicar los vínculos, debido a su crítica y ese esperar de los demás mucho más de lo que pueden o quieren dar. Por temor a equivocarse les cuesta tomar decisiones, correr riesgos. Siempre están saltando de problema en problema, una vez que algo se resuelve, aparece otro asunto urgente del cual ocuparse.

¿Cómo podemos dejar atrás el perfeccionismo? Teniendo en cuenta que la perfección no es la salida, comprendiendo que es una trampa imposible de sortear ya que su fundamento está basado en algo irreal, su búsqueda insistente solamente nos terminará frustrando e entristeciendo.

Evita pensar en términos de TODO o NADA, si por ejemplo tuviste un mal día en el trabajo, no quiere decir que tu vida no valga la pena, si te peleaste con un pariente, no quiere decir que nunca más se van a hablar. La palabra clave: flexibilidad. Intenta concentrarte en las cosas que sí funcionan, aprécialas más.

Aprende a ser un poco más gentil contigo, deja de lado tus propias críticas, sueles ser tu juez más severo y eso solamente afectará tu autoestima. No piensen en el error, sino en las cosas que sí salieron bien o el empeño que le dedicaste a una tarea.

Si crees que la perfección es posible, ¡olvídalo! Si crees que solamente eres un ser humano valioso en función de tus logros y reconocimientos ¡olvídalo! Si crees que lo peor que puede pasarte en la vida es cometer un error, una mala decisión, ¡olvídalo!  

Una equivocación o una serie de errores en todo un trabajo, no siempre cuentan, las cosas pueden estar bien y ser útiles a pesar de no ser perfectas. Evita utilizar el pero en cuanto a las cosas positivas, “me fue bien en el examen, pero no tuve una nota excelente” “fue una linda tarde, pero duró poco”. 

Cuando realices tareas evita enfocarte únicamente en el resultado, disfruta del proceso de realizarla. Haz cosas por placer también, cada acto de tu existencia no tiene por qué tener un propósito, divertirse y tomarse las cosas más a la ligera puede resultar muy enriquecedor para tu estado de ánimo.

Que tus ideales sean realistas, todos podemos cumplir nuestros sueños, aunque a veces somos demasiado exagerados, queremos lograr en una semana lo que podría llevar un año o en un año lo que podría llevar varios. Sigue tus metas de maneras alcanzables y despacio para evitar la frustración y la presión autoimpuesta.

Recuerda que lo perfecto es enemigo de lo bueno, mas vale algo satisfactorio que excelente, más vale algo que nada, no sirve un resultado perfecto en tu mente y nada en la realidad. Haz lo que puedas, en tiempos realistas y sin presionarte, comienza hoy poco a cambiar esas creencias que te limitan y te impiden disfrutar de la vida. Hoy puede ser un excelente día para no ser perfecto.

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Lic. en Psicología Mariana Alvez marianaalvezg@gmail.com

 

El verdadero optimismo

Hoy tuvimos las segunda reunión de EL CLUB DE LOS OPTIMISTAS y en esta oportunidad estuvimos charlando sobre el El verdadero optimismo importante tema del verdadero optimismo.

Hay muchos mitos en cuanto lo que significa ser optimista, muchos creen que simplemente se trata de mirar el vaso medio lleno, o esperar que la vida sea espectacular y siempre podamos vivir en un mundo lleno de felicidad y perfección. Las bases del optimismo real va más allá de decirse lindas frases de aliento o imaginarnos capaces de lograr todos nuestros deseos. El verdadero optimismo yace en la manera en que interpretamos las CAUSAS de las experiencias.

Todos tenemos hábitos de pensamiento, una manera determinada de interpretar la realidad. Esto se conoce como estilo explicatorio, el cual incluye tres puntos fundamentales: la permanencia, la penetrabiliad y la personalización.

PERMANENCIA:

Las personas que se recuperan rápidamente de los contratiempos de la vida creen que las causas de los malos eventos son temporales. El optimista es capaz de ver los sutiles matices de la vida, no piensa en términos absolutos de TODO o NADA, sino que presta atención a todos los términos medios que las situaciones nos ofrecen.

Los buenos eventos son considerados con causas permanentes, lo que quiere decir que la persona está propensa a que más cosas buenas sucedan, va a estar receptiva porque en algún punto está convencida de que volverá a triunfar ante los desafíos. Utilizan el SIEMPRE solamente en las cosas positivas, son concientes de sus habilidades y saben que siempre podrán contar con ellas.

Cuando consideramos que nuestro éxito tiene causas permanentes, cada vez nos vamos a esforzar un poco más, ya que confiamos en nosotros.

PENETRABILIDAD

Este concepto tiene que ver con cómo las causas contaminan o no todo nuestro esfuerzo. Si pensamos que una causa es negativa y que además esa fuerza irá más allá de ese evento en particular, nos sentiremos desolados. Si me fue mal en el examen de matemáticas, no quiere decir que me va a ir mal en el segundo intento, pero si yo ya estoy convencida de que así será, gracias al poder de la sugestión voy a terminar teniendo razón.

Los optimistas cuando se enfrentan a un problema, un fracaso, una decepción, hacen el duelo pertinente, sufren igual que todos, pero deciden seguir adelante con sus vidas, no se quedan enredados en lo que pasó, no se torturan pensando cómo las cosas hubieran sido distintas. Lo guardan en una cajita y siguen adelante. Si un aspecto de nuestras vidas no está funcionando, no quiere decir que nada esté funcionando.

Los eventos buenos tienen causas globales para ellos, podrán esparcirse positivamente hacia las demás áreas de nuestra vida. Los eventos negativos tienen causas específicas, arruinaron algo, pero no tendrán la fuerza suficiente para arruinar el resto.

PERSONALIZACION:

La personalización hace referencia a quién es el culpable cuando las cosas malas suceden. La gente puede culparse a sí misma, a los demás o a las circunstancias externas. Esto no quiere decir que los optimistas jamás se hacen cargo de sus equivocaciones, simplemente quiere decir que cuando se equivocan piden perdón e intentan enmendar la situación, pero no se castigan eternamente por el error cometido. No dejamos de ser valiosos porque nos equivocamos, nadie es perfecto y pueden vivir con eso.

A veces realmente son los demás o las circunstancias externas lo que nos llevan a ciertas situaciones desagradables, lo importante es saber discernir cuando realmente es nuestra responsabilidad y cuando no. Si existe un aspecto de la personalidad del optimista que dificulta las relaciones, en vez de ser duros consigo mismos intentan cambiar esa conducta, pero lo hacen desde la aceptación y el amor hacia sí mismos. La persona pesimista tiende a echarse la culpa siempre, incluso en aquellas situaciones donde es inocente.

El optimismo no es algo que vemos a simple vista en los demás, es un rasgo profundo, todos tenemos pensamientos optimistas y pesimistas, lo que hace la diferencia es cuál de los dos polos prima en el día a día.

Tanto el pesimismo como el optimismo tienen cierto componente genético en juego, pero sobre todo son aprendidos. Si nuestros familiares, maestros, las personas significativas a nuestro alrededor, nos enseñaron sin saberlo una determinada manera de explicar las causas de los sucesos, iremos repitiendo también ese modelo sin percatarnos que quizás no aprendimos la mejor manera de lidiar con las experiencias.

¿Por qué es importante aprender a ser optimista? Los estudios han demostrado que ellos viven más tiempo, tienen una mejor calidad en su salud. Ante los fracasos reaccionan como si éstos fueran desafíos, los enfrentan con energía y esperanza. Las personas optimistas piensan de manera creativa, tolerante, constructiva, generosa, relajada.

Todas estas razones son más que suficientes para adoptar un estilo explicatorio optimista, que indudablemente va a contribuir a que seamos más felices y podamos disfrutar de relaciones significativas con los demás.

 

 

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Razones para evitar ser pesimista

Por qué es una mala idea ser pesimista

El pesimismo es una teoría de la realidad la cual es aprendida de padres, maestros, incluso hasta de los medios de comunicación. Tiene consecuencias bastante terribles, ya que la persona pesimista es propensa a ser depresiva, a tener un rendimiento más pobre en los estudios, en su trabajo, en el uso de su talento. También tienen un peor estado de salud que los optimistas. Ser pesimista tiene un alto costo emocional, es doloroso.

Quienes están en riesgo de ser depresivos creen que las causas de los malos eventos que ocurren son permanentes, como esta causa siempre está presente de acuerdo a lo que piensan, entonces los malos eventos van a volver a repetirse.

Si la persona piensa acerca de las derrotas, los rechazos y los desafíos en términos de SIEMPRE o NUNCA estamos ante un estilo explicatorio pesimista. El pesimista cree que los buenos eventos tienen causas temporales, que seguramente no se vuelvan a repetir y si algo bueno sucedió fue simplemente un golpe de suerte.

Los pesimistas ante una decepción, fracaso, suelen catastrofizar, si una parte de su vida está mal automáticamente TODO está mal, lo que sí funciona pierde fuerza en un segundo, lo desdeñan. Los malos eventos son globales en el sentido que tienen el poder de arruinar absolutamente el resto de las cosas que de repente sí están funcionado. Un fracaso laboral será suficiente para llevarse mal con la pareja, una ruptura será suficiente para pensar que su vida no tiene sentido.

Los pesimistas suelen culparse a sí mismos por todo, lo que los conduce a sentirse mal, incluso en aquellas situaciones donde claramente son inocentes, les cuesta evaluar correctamente la realidad. El veredicto suele ser en su contra, si no existen pruebas fehacientes, las inventan, tuercen los hechos de manera tal que se convencen a sí mismos de que están en lo cierto.

Si los fracasos son explicados desde el punto de vista pesimista, producen pasividad y desesperanza ante un nuevo desafío, por eso es probable que se rindan fácilmente y pierdan experiencias interesantes.

El pesimismo puede surgir gracias a la influencia genética, a la manera de interpretar la realidad aprendida de los padres, las críticas pesimistas ejercidas por familiares o maestros, experiencias dolorosas sobre las cuales no tuvieron control.

El estilo explicatorio pesimista es una herramienta letal en nuestro camino de felicidad, es una trampa que nos hacemos a nosotros para creer que no hay salida, que todo nos saldrá mal, que jamás podremos cambiar. Pero como toda trampa, siempre tiene una salida y en este caso en particular sería aprender a ser más optimista. La buena noticia es que sí se puede, solamente hay que estar dispuesto a aprender una perspectiva distinta con respecto a las causas de nuestras experiencias, hay que cultivar la esperanza, hay que aprender a respetarse y a cuidarse. Sí se puede ser feliz, ¿te atreves?

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Cómo lidiar con el Trastorno Bipolar

Cómo lidar con el Trastorno BipolarEl trastorno bipolar  es comúnmente conocido bajo el nombre de trastorno maníaco depresivo. El mismo se caracteriza por cambios del estado de ánimo de la persona, oscila entre una importante euforia e irritabilidad y una depresión que puede ser profunda, además de que también la persona vive momentos de estado de ánimo normal. Suele hacer su aparición en la adolescencia o en el adulto joven.

Si bien las causas precisas que generan este trastorno no son cabalmente conocidas, sí podemos decir que intervienen en este trastorno factores genéticos, bioquímicos y por supuesto ambientales.

De acuerdo al DSM I-V el trastorno bipolar se clásica en Trastorno Bipolar I, Trastorno Bipolar II, Ciclotimia y Trastorno Bipolar no especificado.

La sintomatología del sujeto es variada e incluye las siguientes características:

Durante el período de manía podemos observar: exagerada autoconfianza, menor necesidad de dormir, actividades en demasía, autoestima exagerada, delirios de grandeza, irritabilidad y agresividad, impulsividad, fuga de ideas, compras compulsivas, infidelidades.

Durante el período depresivo: tristeza, cambios en cuanto el sueño y el apetito, enfado, ansiedad, indiferencia, apatía, sentimientos de culpa, rechazo a la interacción social, ideas de muerte.

La persona bipolar tiene un carácter muy difícil y eso puede traer dificultades a nivel social, laboral y especialmente a nivel familiar. Por eso es importante que las personas que viven con un bipolar puedan aprender a lidiar con ellos de la mejor manera posible.

Cuando el sujeto está irritado se vuelve más cruel y frío, llegando a decir cosas muy hirientes. No tienen control de lo que dicen, pueden agredir a su familia tanto verbal como físicamente. Un intento de acercamiento por parte de un familiar puede ser una oportunidad para la persona bipolar de agredir a quien en verdad quiere.

Sienten el deseo de hacer muchas actividades al mismo tiempo y desean cambiar todo, no aceptan un no por respuesta.

Es vital que quienes viven con ellos aprendan que hay que estar preparados para estos ataques, no se puede, bajo ninguna circunstancia, tomar se como personal las cosas que hacen o dicen los bipolares, ya que la agresión es simplemente una manifestación de su patología que nada tiene que ver con nosotros.

Cuando la persona bipolar está iracunda, no se puede entablar un dialogo con ella, por eso hay que esperar a un momento de más calma para plantear la importancia del respeto hacia el otro y sobre todo poner límites a estos comportamientos.

La persona bipolar necesita rutina, cierta monotonía que le brinde un orden a su vida, a su caos, necesitan descansar bien y sobre todo alejarse de todo aquello que los estressa demasiado.

Las parejas de las mujeres bipolares tienen que estar atentos ya que muchas veces existe dependencia del bipolar hacia ellos, lo que las impulsará a dominar a su pareja, tratarlos como si fueran de su propiedad. Muchas veces sienten a su pareja como si fuera un enemigo, alguien que las lastima y no les presta atención, son tan demandantes que la atención pareciera nunca ser suficiente. Son de culpabilizar al otro de lo que les sucede a ellas, suelen manipular el afecto de los demás, cuestionan a la familia en general, hay una falta de empatía y de responsabilidad emocional con el otro.

Es importante que los familiares estén atentos ante los posibles cambios del estado de ánimo. Los indicadores de manía serán el aumento brusco de la actividad, irritabilidad e intolerancia, verborragia, disminución del sueño, aparición de nuevos proyectos de manera repentina.

Los indicadores de depresión tienen que ver con la falta de apetito, apatía, sueño excesivo, malhumor, irritabilidad.

Este trastorno puede ser muy complejo de diagnosticar y a veces la persona consulta por la fase depresiva, dejando de lado la parte maníaca que es la más compleja de tratar. Con el adecuado tratamiento psicológico y psiquiátrico las personas pueden llevar una vida relativamente estable, si bien este trastorno es crónico, puede ser controlado adecuadamente.

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